KAGUMARU
Cap 2: El engaño.

Hechos de: La época feudal del antiguo Japón.
(Personajes de Rumiko Takahashi)

-Señorita Kagura... Aún no puede levantarse, está débil.-

La muchacha la observó con preocupación cuando la princesa se levantaba a vestirse con su kimono.

- Ka... Kagome... ¿Cuanto tiempo ha pasado desde que me dormí?- Susurro la joven con la voz entre cortada.

-Han pasado dos meses, señorita…-

Kagura bajó la mirada, frenada en la puerta de la habitación, el último recuerdo que tenía, fue una tarde en la que estaba sentada en la entrada del castillo junto con su padre, y su hermana menor, Byakuya, sirviente de Naraku, había venido a pedir su mano, y ella...

-¿Que me ha sucedido, Kagome?-

Volvió a ver a la muchacha, que le acomodaba la habitación.

-Usted a sufrido un golpe en la cabeza, no sabemos porque se desmayó.. ¿Ya se siente mejor?-

La princesa asintió con la cabeza, pero tenía la sensación de estarse olvidando de algo, de algo que realmente era importante.

- Amo Sesshomaru... Aquí es el castillo donde vive la señorita Kagura.-

Luego de haber pasado casi la mitad del día, desde la noche anterior, fría, en que se habían llevado a la princesa, al fin llegaba al castillo en donde la tendrían oculta, aunque Sesshomaru no se guiaba por la niña que lo acompañaba, sino que sentía el aroma de Kagura.

- ¿Puedes entrar? Solo asegúrate de no ser vista.-

Le dijo a la niña, sentándose en una piedra grande, al costado del inicio de la aldea, aún le sorprendía como a pesar de ser un demonio, aquella niña inocente confiaba en el, y lo seguí hacia donde fuera. La pequeña Rin, por su parte, corrió hacia el palacio, el cual estaba rodeado por grandes murallas hechas de arbustos, y en el centro, había una larga escalera; la niña pasó por debajo de los arbustos para no ser vista, yendo directamente hacia la habitación de la princesa.

- Señorita Kagura... Señorita Kagura.-

Entró casi a los gritos, encontrando a la doncella recostada sobre sus cojines.

-Pequeña Rin... ¿Que haces aquí? Ya está cayendo el sol, debes volver a tu casa.-

La niña sonrió, sintiendo alivio al ver a Kagura con vida, sabía que eso haría feliz a su amo.

-¡No se preocupe, Señorita! Porque el amo Sesshomaru, ha venido por usted, y no dejará que nos suceda nada malo.-

En ese instante, tomó la mano de la joven, comenzando a correr, mirando hacia todos lados que no haya nadie que las delatara.

-Ses... Se-ssho-ma-ru...- Tartamudeo confusa siguiendo a la niña que corría entusiasmada, pensado sí alguna vez habría escuchado aquel nombre…

-Amoo... Sesshomaru...-

Tras ambas lograr pasar victoriosas las murallas, corría Rin lo mas rápido que podía para alcanzarlo, trayendo de su mano a la princesa Kagura. Al llegar ambas en presencia del demonio, Rin saltó alegre alrededor de ellos, y Sesshomaru, al verla nuevamente, con vida, sana y salva, casi hacía escapar una leve sonrisa en su serio y frío rostro, aún así, su felicidad no sería completa, en ese instante la doncella Kagura, retrocedió algunos pasos hacia atrás.

-Tu… Tu eres... ¡UN YOUKAI!-

El terror ahora se apoderaba de su mirada, quería escapar, sabiendo desde pequeña que un youkai había asesinado a su madre. Tomó de un brazo a la niña a su lado, e intentó alejarla cuando el se acercaba a ellas intentando tranquilizarla, hacerla entender.

-¡BANKOTSU... JAKOTSU! ¡AUXILIO... UN YOUKAI!-

Llamó de manera desesperada a los guerreros de su padre, quienes no tardaron en aparecer.

-¡Otra vez tu aquí!.. Maldita bestia...- Dijo el comandante Bankotsu, sujetando con fuerza su alabarda.

-¡NO! ¡Amo Sesshomaruuu!-

La niña intentó volver con el demonio quién era atacado, pero enseguida Kagura la tomó en sus brazos, y corrió al castillo para ponerla a salvo.

-¡Rin! ¿Cómo puedes estar cerca de un youkai? Ellos no son amigos...-

La princesa hablaba enojada, sin escuchar los reclamos de la pequeña, quién se sentía temerosa de lo que pudiese pasarle a su amo. En ese preciso instante, un grito aterrador se escuchó desde el lado de afuera, y sin poder soportarlo mas, Rin se escapó de los brazos de Kagura, corriendo a la salida, la princesa por su parte iba detrás de ella con afán de detenerla... Al llegar ambas, todo estaba en silencio, no estaba Sesshomaru, tampoco Bankotsu.

-¡Amo Sesshomaruuuuu!-

Comenzó a gritar la niña, corriendo hacia el bosque.

-Sesshomaru... Ese nombre…- Por curiosidad, y porque deseaba volver a ver a el youkai, siguió a Rin adentrándose en el bosque, hasta que ambas quedaron perdidas.

El sol comenzaba a ocultarse, y los árboles le impedían la poca luz lunar.

-Perdone... Señorita Kagura, por mi culpa ahora ambas estamos perdidas.- Dijo la niña sentándose para abrazar sus rodillas, y llorar con tristeza.

-Tranquila… Ya vendrán a por nosotras...- Susurro la princesa, sentándose entre las hojas secas para acunar a la niña y tranquilizarla, abrazadas, quedaron dormidas.

A la mañana siguiente, la primera en abrir sus ojos, fue Kagura, la niña aún estaba en sus brazos, pero ambas estaban dentro del castillo, entre las mantas de seda y los cojines de pluma. Dejó dormida a Rin, y enseguida se asomó por la puerta de la habitación, donde se oían ruidos, entre los arbustos se asomaba la cabeza de Bankotsu, quién estaba gravemente herido, y casi inconsciente.

-Fue... Fue ese youkai...-

Asustada fue a buscar a Kagome, quién era además una sacerdotisa que curaba con poderes espirituales.

-Kagome... Kagome.-

La muchacha, que apenas sí tendría 15 años, la miró con preocupación y enseguida ambas fueron en busca del herido.

-No se preocupe, señorita Kagura… Aún puedo salvarlo.-
-Puedes llevarlo a mi habitación... Después de todo, esto ha sido culpa mía.-

A pesar de que las doncellas tenían prohibido entrar muchachos a las habitaciones, entre las dos, lograron entrar a Bankotsu, en ese instante, la pequeña Rin despertó, reconociendo de inmediato a su anterior atacante.

-Rin... Mejor ve a casa, debemos curar a este hombre herido.- Le susurro Kagura, mientras que Kagome preparaba algunas yerbas medicinales para curarlo, la inocente sin decir una palabra, salió corriendo hacia la salida, en el fondo de su corazón, se sentía feliz de pensar que su amo había salido victorioso.

-Rin...-

La voz gruesa de Sesshomaru sonó detrás de la pequeña, haciendo que ella brincara de alegría.

-¡Amo! ¡Amo Sesshomaru!-

Se acercó corriendo pero aguantando sus ganas de abrazarlo.

-Vamos...- Fue lo único que dijo el demonio, dando media vuelta en dirección al castillo, enseguida Rin lo acompañaba dando saltos, sin siquiera sospechar que algo andaba mal. Al llegar a su destino, cruzó la entrada como sí se tratara de su propio castillo, siguiendo el aroma de la princesa Kagura, el cual a medida que avanzaba, se mezclaba con la sangre de su contrincante.

-Ponle estás hierbas sobre las vendas.. Y hemos terminado.-

Kagome ya se estaba levantando, cuando Sesshomaru entró a la habitación, encontrando a Kagura, curando con cariño cada herida del guerrero... Una nube de celos inundó su corazón, pero su rostro no emitió ninguna emoción, la sacerdotisa hizo una seña de negación al demonio, y este retrocedió, saliendo del lugar antes de ser descubierto por la princesa Kagura.

-¿Que sucede Kagome?-

Preguntó está curiosa, buscando con la mirada lo que se suponía, ella observaba.

-Nada... Solo que... Los demonios intentan poseer este cuerpo débil... Vuelvo en unos minutos.-

La joven salió apresurada, intentando detener al youkai, pero ya era tarde, no se encontraba por ningún lugar de la aldea.

-Todo ha salido como lo planeaste... Naraku...- Susurro la niño de cabellos plateados, de pié el la entrada del castillo.