KAGUMARU
Cap.3: Recuerdo perdido.
Hechos de: La época feudal del antiguo Japón.
(Personajes de Rumiko Takahashi)
Había pasado ya medio día, y la luz solar brillaba con mas fuerza que siempre, Sesshomaru había pasado desde el día de ayer y la gran parte de hoy, sentando en una enorme roca alejado del castillo, en silencio, sin dirigirle la palabra a la pequeña Rin que se encontraba a su lado, en ocasiones ella le preguntaba cosas, pero al no tener respuesta, iba y venía trayendo alimentos de la aldea mas cerca, los cuales solo ella comía, el Youkai nunca tocaba alimentos humanos. Así el cansancio también se apoderó de ella, y quedó dormida sobre el cómodo césped.
No era de costumbre que luego de tan bello día, oscureciera tan de pronto, pero así sucedió, justo debajo de la cabeza de Sesshomaru, una gran nube negra ocupó parte del cielo, aquel aroma era conocido por el Youkai, y en cuanto se asomó una forma de mujer, al instante pudo advertir de quién se trataba.
-¡Sesshomaru! Hijo mío... ¡¿Como te atreviste a desaparecer del inframundo?!-
A pesar de que la mujer se notaba enojada, su rostro era tan frío y sin expresiones, al igual que su hijo, tenía en su frente una luna color lila, cabello plateado y una larga mokomoko que le colgaba en su hombro. Al no tener respuesta de Youkai, quién parecía fastidiado por su "visita" continuó hablando.
-Han habido rumores de tus que tienes una relación con una humana, y eso te ha traído muchos inconvenientes... Por eso he venido a buscarte para que impidas los deseos de tu padre, de coronar a esa mitad bestia...-
Al escuchar aquella última frase, el Youkai abrió en grande sus ojos, no podía permitir que un mitad bestia se apoderara de lo que le pertenecía, poniéndose de pié, se dispuso a regresar al inframundo con la sola idea de acabar con su medio hermano. En aquel instante, un pequeño demonio verde, se asomó por detrás de Irasue, buscando con su olfato, aquella presencia humana que sentía, y allí encontró a la niña, durmiendo a un costado de la enorme roca.
-¡Aquí está la humana! ¡Señora Irasue del inframundo! ...- Grito, en cuanto ambos demonios lo observaban.
-No seas tonto Jaken...- La voz de la mujer sonó primera, como sí lo regañara.- Es una niña... Y no tiene el mismo aroma de la mujer que vi hace unos días.-
Sesshomaru volvió a darse la espalda, ya mas seguro de que no le harían daño a la pequeña, que ahora se despertaba por lo ruidoso que era el pequeño demonio verde de nombre Jaken.
-Un sapo que camina en dos pies...- La niña lo miró muy asombrada, y enseguida le jalaba de lo que serían sus mejillas.
-No soy un sapo...- Renegaba Jaken tratando de librarse de los brazos de la pequeña, que ahora lo abrazaba como a un peluche.
-¡Jaken!- Sonó la voz de Sesshomaru, dejando pensativos a todos los presentes. -Cuida de Rin...- Fue lo único que dijo antes de levantar vuelo para desaparecer entre nubes oscuras.
-Pero… Yo... ¡No me deje aquí, amo Sesshomaru!- Ni había terminado de hablar Jaken, como suplicando a su amo, cuando Irasue lo miró burlandose de el.
-No puedes desobedecer sus órdenes.- Dijo antes de ir detrás de su hijo, desapareciendo por el cielo.
La niña reía divertida, viendo como el demonio renegaba contra sus amos.
-No se preocupe sr Jaken, le buscaré comida por sí tiene hambre.-
El demonio la miro con expresión enojada, pero la niña sin temor seguía sosteniendo una sonrisa, y enseguida corrió hacia la aldea con Jaken detrás.
- ¡Espera niña!¡El amo Sesshomaru puede matarme sí te sucede algo!
-Kagura... Sabes que no está permitido entrar muchachos a las habitaciones.- Dijo la anciana Kaede, al encontrarse en la puerta, con un arreglo de flores nuevo para la princesa.
-No está Naraku... Yo soy mayor para hacer lo que quiera, y este hombre está herido, no puedo dejarlo ir así...- Replicó la joven, volteando la mirada hacia Bankotsu, quién ahora se ponía de pié, acomodando sus vestiduras.
-Agradezco la atención, princesa... Pero este no es lugar para mi, el sr Naraku podría llegar en cualquier momento, y esto podría causarle problemas...-
-Claro que no... Kaede, ya advertí que no podía entrar sin anunciarse antes...- Se quejaba la muchacha, aún así, el guerrero ya se había marchado, llevando con sigo su alabarda.
Antes de que ella pudiera volver a hablar, tomó la palabra la anciana, quién era también una de las sacerdotisas de la aldea.
-Disculpe, princesa... Pero muchas cosas han cambiado desde que usted quedó inconsciente hace dos meses atrás... Su prometido, el Sr. Byakuya, le envía este arreglo de flores todos los días para usted...-
-Pro... ¿Prometido? ¡Yo no tengo ningún prometido, Kaede... Y llévate esas flores que aquí nadie está muerto...-
Dijo Kagura con enojo, saliendo de la habitación, en dirección a buscar respuesta a todas sus preguntas, no recordaba nada de lo que le decían, solo tenía una nube negra en su cabeza... Una nube negra como la que ahora cubría el cielo, una señal de que llovería, pero aquel aroma que percibía, el que su viento le traía, le alcanzaba el recuerdo de un rostro en particular.
-Sesshomaru...- Susurró recordando aquel nombre que había mencionado la pequeña Rin la mañana anterior, posiblemente ellos tendrían la respuesta a su cuestionario, y el porque aquel Youkai se le hacia conocido.
-Tonterías... Un Youkai no puede tener algo que ver conmigo.- Renegó Kagura, caminando hacia la escaleras del jardín, la cual tenía un sendero donde al final se encontraba parte de la aldea, en donde a unos metros, estaba la casilla de la familia de Rin, a pesar de eso, en aquel humilde lugar no se encontraba nadie, nunca había conocido a su madre, incluso se solía pensar que la niña vivía sola, ya que siempre andaba correteando por la aldea e incluso por el jardín del castillo.
-No tenías que hacerle eso al señor Jaken...
-Te he dicho muchas veces que no debes andar caminando con ese Youkai por ahí, es peligroso que los guardias del castillo te encuentren...
-Pero no pasará nada... Kagome, el amo siempre cuida de mí y...
-No, la próxima vez que te vea con alguno de ellos, se lo diré a la abuela...
Kagura se había detenido tras la casilla, escuchando la pequeña conversación entre la niña y la sacerdotisa. En cuanto Kagome se fue, la princesa aprovechó la oportunidad para asomarse.
-Niña... Pequeña Rin.- Al escucharla, la niña sonrió y corrió abrazarla como acostumbraba hacer cada que la veía.
-Señorita Kagura... Creí que se había molestado conmigo.
-Claro que no... Pero dime, ¿Quién es el señor Jaken?
-El señor Jaken es una mascota nueva que me dio el amo Sesshomaru...
-¿Una mascota? Rin... Porque sigues hablando con ese Youkai...- Dijo en un suspiro, arrodillándose a la altura de la pequeña.
-El no es malo...- Aclaró Rin.- ¿Como no lo recuerda? Usted y el estaban muy enamorados hace unos días... Y ahora usted le t...- En ese instante, una mano cubrió la boca de la niña, era la anciana Kaede, quién ahora la reprendía.
-Rin... Sabes que no debes molestar a la princesa... Mis disculpas, señorita Kagura, está niña se ha criado sola.
-No te preocupes, Kaede, es una buena niña.- Sonrió aún confundida por lo que la niña le había contado, Rin jamás le mentía, pero esa confesión la dejaba sin saber que pensar, se puso otra vez de pié, y acomodando su ropa, corrió hacia el castillo.
-Rin... - Kaede sujeto a la pequeña antes de que ella escapara. -Dime donde está el Youkai.-
-Por aquí, abuela... -La pequeña comenzó a correr para guiar a la anciana hacia una cueva no tan grande, la cual estaba sellada con el poder espiritual que solo Kagome tenía, el pequeño demonio estaba dormido aunque era imposible saber sí era por el poder espiritual o solo cansancio.
-¡SR JAKEN!- Gritó la niña contenta al ver a quién creía su mascota. -Sr. Jaken, yo creía que usted era mas fuerte...- Dijo sonriendo la niña, cuando fue interrumpida por la anciana a su lado.
-Rin, silencio... Esto nos pone en peligro a todos los aldeanos, tendremos que acabar con el, llamaré a la exterminadora...- La anciana dio media vuelta siendo seguida por la niña.
-¡Pero no puedes matarlo abuela! Los Youkai no son malos... No mate al señor Jaken.- Le suplicaba la pequeña, pero sus ruegos no fueron escuchados, la anciana ya iba camino hacia la hectárea de los exterminadores.
