KAGUMARU

Cap.6: Solos los dos.
Hechos de: La época feudal del antiguo Japón.
(Personajes de Rumiko Takahashi)

En el pasado.

-¿Y está, señorita Kagura?- Preguntó la pequeña Rin levantando algunas hierbas que había sacado de la entrada del pantano.
-No, Rin... Esas dijo Kagome que son venenosas... Busca las que tienen pétalos azules.- Aclaró la joven de cabellos oscuros, mientras se detenía cerca de un árbol, a acomodar las hierbas que habían estado recolectando toda esa mañana. Un poco de distracción por parte suya y la pequeña había desaparecido de su vista.
-¡SEÑORITA KAGURA!- Aquel grito de Rin, alertó a Kagura, quién localizó a la niña enseguida a pocos metros, en el suelo, observando a un joven herido, que parecía estar dormido, tenía el cabello largo y plateado, y su rostro se veía tan pacifico mientras dormía, que enseguida Kagura tuvo la ilusión de tocarlo.
-¿Es un Youkai? Mire señorita... Tiene una luna en el centro de su frente.- La voz de Rin hizo que la princesa sonriera.
-Sí Rin... Parece ser un Youkai.-

-No parece ser malo.. ¿Vamos a curarlo? Su traje se ve muy rarísimo... Debió haber peleado con alguien más.- La niña hablaba tanto, que enseguida el youkai abrió los ojos, pero algo le imposibilitaba moverse. A un costado tenía a la niña que le miraba preguntando muchas cosas a la vez y le sonreía.

-¿Está despierto? ¿Como se llama? ¿Por qué está aquí? Yo soy Rin...-
Y a su lado opuesto, una señorita de cabello largo y oscuro, hacia un envuelto con hierbas, y a la vez se reía por cada pregunta de la pequeña.
-Jm... No puedes curarme como a un humano.- Fue todo lo que dijo el youkai, cerrando los ojos como sí se burlara de ella.
-Esto no es para curarte... Ya sé que eres un youkai, pero estas atrapado por una sacerdotisa, y sé como liberarte.-
-¿Tú? No creas que necesito de tú ayuda... Los humanos son repugnantes.-
-¡No debe ser grosero con la señorita Kagura!- Intervino Rin, trayendo la rosa azul. -Ella está siendo amable...-
-Deja Rin... También los demonios son repugnantes, así que quédese ahí, que cuando venga quién lo atrapo, acabará con usted.- Molesta dejó aquello que hacia, y tomando demás hierbas que habían sobrado, comenzó a caminar en dirección contraria al demonio. -Vamos... Rin.- Susurro. Y en ese instante, la pequeña comenzó a correr tras ella.
-Espera... ¿Tú eres una sacerdotisa?- La voz grave sonó fuerte, pero aún así, ella lo ignoro caminando con la pequeña a su lado que le pedía volver.
-¿No va a volver señorita Kagura? Sino lo ayudamos... Puede que abuela Kaede lo encuentre...
-El no es nuestro problema... Y además, es un grosero.
-Pero no tenemos que ser como él.- Dijo como último la pequeña, y con una sonrisa le extendió la flor azul a la princesa Kagura.
-Está bien... Pero vayamos antes de que venga Kagome y nos descubra...- Así fue como ambas optaron en volver al lugar donde el youkai atrapado, había cerrado sus ojos nuevamente, como resignándose; sin decir nada, ambas se sentaron a su lado, terminando con el preparado ya teniendo la rosa azul.
-No crean que voy a agradecerles por esto.- Dijo el Youkai, sin abrir sus ojos, aunque no tuvo respuesta, sino de la pequeña.
-¿Cuál es su nombre?- Preguntó de manera inocente, aprovechando que el demonio aún no podía más que abrir sus ojos, para tocar las marcas de luna en su rostro. -¿Eso es pintura? He visto muchos niños que se pintan así...-
Aquellas palabras, pronto hicieron reír a Kagura, que se acercaba con la "medicina".

-Rin, ¿No te he dicho que debes ser más discreta con los adultos?-
-A el no parece molestarle.- La pequeña encogió sus hombros aún manteniendo su sonrisa y sus ojos emocionados.
-Tal vez sientas ardor...- Dijo la doncella al acercarse al youkai, tomó su mano, y en ella comenzó a volcar la hierba molida. El por su parte, entre abrió sus ojos para verla de reojo, así pudo ver su rostro delicado más de cerca.
-No mire así... Está claro que no soy una sacerdotisa.
-Tampoco eres humana...- Respondió el, en aquel instante, abrió sus ojos en grande, sorprendida. Una vez cuando era más pequeña, Kagome, su amiga de la infancia, le había dicho lo mismo.
-Se llama Kagura... Y es heredera del amo Naraku... No es humana, es una princesa.- Rin habló sonriendo divertida, acercándose casi al oído del youkai. -¿Verdad que es linda?- El por su parte, casi sonrío también, pero creía ser el efecto de la sacerdotisa.

-Rin... Ya debemos irnos.- Susurro la princesa, levantándose del suelo.
-Pero aún no se ha liberado.
-Lo sé... Pero hará efecto en minutos, y cuando se suelte puede ser peligroso.
-Buenos pero... ¿Cual es su nombre?- Volvió a preguntar la pequeña.
-Se...Sesshomaru.- Dijo en cuanto se soltó su mano. Rin fue corriendo tras Kagura, y sonriendo agito su mano.

-Adiós... ¡Sr Sesshomaru!-

Actualidad.

Apenas el sol salió, comenzó a molestar en su rostro, enseguida Kagura abrió sus ojos trayendo a su mente el último recuerdo de un youkai a punto de atacarla, pero también había algo más, ahora estaba a salvo, gracias a…

-Sessho... Maru...- Susurro la doncella, al encontrar al demonio a algunos metros cerca de ella, sentado contra un árbol con los ojos cerrados, y tranquilidad en su rostro.

Se levantó como pudo, e intentando no hacer demasiado ruido, comenzó a correr hacia donde suponía que estaba el castillo, aunque así estuvo largo rato y siempre llegaba al mismo lugar, donde el youkai aún dormía.
-Estoy dando vueltas en círculos...-

Dijo enojada apretando sus puños, y enseguida una leve sonrisa se asomó en el rostro de Sesshomaru, la cual Kagura ignoro por intentar una vez mas correr al castillo. Cuando regresó al mismo lugar, el youkai ya no estaba, para sorpresa de la princesa.

-Qué... Se atrevió a dejarme sola en este lugar...- Su afirmación fue callada al ver a un costado, al demonio sentado en una roca, con su misma expresión de tranquilidad, observándola de reojo.
-¿Dónde me tienes? ¿Por qué no puedo salir de aquí?- Preguntó a los gritos mientras se iba acercando a cortos pasos. -Puedo darme cuenta de que has hecho una ilusión para que siempre regrese aquí... Pero te aseguro que no te va a durar mucho tiempo. Los guardias de mi padre deben estar buscándome.-

En ese momento se cruzó de brazos, sin darse cuenta que el youkai siquiera le escuchaba.
-Rin... Ha dicho que esto les gusta a los humanos.- Dijo Sesshomaru, extendiendo una bandeja de hojas, con frutos frescos. -Debe haberte cansado correr demasiado...-

En aquel instante quiso reír, pero debía mantener su posición firme, así que se decidió voltear caminando a sentarse nuevamente en el árbol. Kagura quedó sorprendida por esa escena que no imaginó jamás de un Youkai, por lo que se volvió hacia aquel árbol.

-Grac...ias...- Susurro aun sin entender y se sentó tomando una de las manzanas. -Y... ¿Por cuanto tiempo pretendes tenerme aquí?
-Hasta que termines de comer...
-No voy a comerme todo esto sola... ¿Tú no comes?
- Detesto la comida que ingieren los humanos...- Dijo entre dientes, apartando la mirada con el ceño fruncido.
-¿Por qué? No tiene nada de malo he conocido muchos youkai que dicen que la comida es...
-No me compares.- Interrumpió Sesshomaru, antes de que ella pudiera terminar de hablar.
-Claro, de seguro se te ha acabado la amabilidad.- Dijo la princesa apartando la mirada al mismo tiempo. -Ya puedes dejarme ir...- Se volvió a levantar, caminando hacia los árboles.
-Camina tranquila... Ya no habrá ilusiones.- Sesshomaru siquiera volteó a verla otra vez.

-Que poco caballero... Pero que se puede esperar de un demonio... No tienen siquiera un poco de consideración.- Iba a regaña dientes la princesa mientras avanzaba por el bosque, ahora ya no regresaba a dónde estaba Sesshomaru, lo que significaba que estaba pérdida...