Hola a este segundo capitulo. No os soltaré el rollo ahora, así que disfrutad de la lectura y ya nos leeremos después.
Chao.
VOLVEREMOS A VERNOS – CAPITULO 2
….
Tras conseguir que Thorin bajara de la Colina del Cuervo, con un Bilbo preocupado, viendo como transportaban a este como si fuera más un saco que una persona, viendo como su pie seguía sangrando, el rey Thranduil permitió que uno de los suyos curara sus heridas y pidió humildemente, cosa que hizo que los enanos se sorprendieran, que él y los suyos pudieran asistir a los funerales de sus sobrinos.
Cuando Thorin supo del fallecimiento de Kili, su expresión se endureció de tal forma que Bilbo pensó que este rompería lo que fuera que encontrara a mano. Sin embargo, solo observó a la elfa que había junto al rey, la cual tenía una expresión más desolada que la del propio Thorin.
-Esa es la elfa que curó la herida de Kili en la casa del humano- les contó Bofur.-Empleó la magia élfica para curar sus heridas. Es la cosa más sorprendente que he visto en mi vida.
-También hablaron cuando estuvimos en las celdas del reino del bosque y parecían llevarse bien- comentó Dori.
-En realidad, parece haber estado siguiéndonos todo el camino y ayudándonos todo este tiempo- afirmó el enano que siempre parecía tener problemas con su trompetilla.
Bilbo la observó y comprendió entonces qué había estado haciendo allí y porqué quería asistir al funeral. Según lo que había oído, un grupo de elfos habían traído el cuerpo de Kili hasta la montaña y ya la había visto allí cuando Thorin fue a ver los cuerpos caídos de sus sobrinos.
Que amor más efímero había sido aquel y cuantos años de recordarlo en soledad le quedaban. El corazón del hobbit no pudo evitar apiadarse de ella.
A veces, la larga vida de los elfos era más una maldición que una bendición.
-No tengo inconvenientes para que asistáis- les dijo Thorin, aun con aquella expresión helada.-Y tomareis de regreso aquello que afirmáis que os pertenece. Pero tengo que informar a mi hermana que sus hijos han caído en la batalla. Ella...querrá venir aquí. Para el entierro- les contó, más para decir que aquello llevaría días y que habría muchos enanos bajo aquella montaña que para tratar de echarlos de allí.
-Aun así, permaneceremos aquí- afirmó la muchacha elfa.-Yo permaneceré aquí todo el tiempo hasta que...el funeral haya pasado, con los días de luto.
Una imagen de esta permaneciendo eternamente al lado del ataúd de piedra de Kili hasta que el mundo dejara de existir inundó la cabeza de Bilbo, sorprendiéndolo por la triste imagen, haciendo que se acercara a ella antes de que se le ocurriera algo que decirle.
-Kili era un gran hombre y estoy seguro que hablo por él cuando digo que no puedes permanecer al lado de su lugar de descanso para siempre- fue lo que emergió de sus labios cuando esta bajó la vista hacía el mediano que se colocó a su lado en silencio.
Un resplandor de lagrimas brilló en los ojos de esta, pero hizo todo lo posible por contenerlas, elevando la vista para pararlas, tomando aire.
Si alguno de los enanos presentes no había entendido qué hacía allí, ese fue el momento de entenderlo. Y aun más cuando el rey Thranduil colocó su mano sobre el hombro de esta, tratando de consolarla en silencio, como si, con la muerte de Kili, se hubiera creado un vinculo entre ellos.
-Enviad un cuervo a mi hermana diciéndole que venga a Ereborn. Pero...no le digáis los motivos. Quiero hablar con ella personalmente- le ordenó Thorin al enano que tuvo más cerca.
Este solo asintió y, llendo a buscar uno de los cuervos que habían vuelto a las montañas, enviaría el mensaje de inmediato.
Bilbo permaneció con ellos aquella primera noche, oyendo las canciones que empezaron a circular por los salones, donde hombres, elfos y enanos compartían la comida y el vino, oyendo sobre la muerte de Smaug, la guerra que los unió contra los orcos y como Thorin había acabado de una vez y para todas con el pálido orco.
Pero este no parecía precisamente el que deseara que más le prestaran atención y solo permaneció en la mesa porque así era su obligación, escuchando las canciones que se sucedían a su alrededor con una buena copa entre las manos, sin mostrar ninguna alegría.
Aunque la actitud en general era de euforia, sobretodo entre los enanos, el peso de los caídos asolaba sobre algunos de los miembros de la sala. Aquella fiesta era su modo de honrarlos también, pero no todos podían hacerlo de la misma forma. Algunos, seguramente, les gustaría alejarse y llorar en soledad por aquellos que ya no se encontraban entre ellos.
Le hubiera gustado quedarse hasta que la madre de Fili y Kili llegara, decirle lo honrado que se sentía por haber podido conocerlos y haber compartido aquel viaje con ellos, ver como era la hermana de Thorin y, de ser posible, darle algún tipo de consuelo ante la horrible realidad que era haber perdido a sus dos hijos. Cuando el rey bajo la montaña tuviera que decirle aquellas difíciles palabras a su hermana, no quería ni imaginar como esta reaccionaria.
Pero quería regresar, quería volver a ver su casa, quería sentarse en su sillón, rodearse con sus cosas y aspirar el aroma familiar de su cama. También, aunque no lo admitiera en voz alta, quería alejarse de Thorin cuanto antes. Este ahora era un rey oficialmente, muchos enanos vendrían a Ereborn para ponerse bajo sus ordenes y él tendría que asumir las autenticas responsabilidades de un rey. No podía perder su tiempo con un hobbit cuando tenía todo un reino que reconstruir. Cuando antes volviera a casa, antes podrían todos volver al curso normal de sus vidas.
Y, aun sabiendo que eso era lo correcto, lo que tendría que hacer por el bien de todos, no por ello le resultaba menos duro saber que tendría que hacerlo.
Observó al enano en la cabecera de la mesa principal, sentado junto el rey Thranduil. Ambos hablaban por lo bajo con expresiones serias, así que poco podía adivinar de qué estarían hablando. Bardo caminaba entre los suyos, más pendiente de las necesidades de los demás que lo que había pasado en batalla, asegurándose de que sus hombres se recuperaban de sus heridas. Los enanos no dejaban de cantar canciones y los elfos trataban de encontrar un sentido a sus maneras, cantando canciones propias si así se lo pedían.
¿Volvería a verse alguna vez una union como aquella entre elfos, hombres y enanos?, pensó Bilbo, pensando que lo que ocurría en aquellos instantes en aquel mismo salón también tendría que ser algo que pasara a la historia, que se contara como una leyenda para que todos recordaran que una unión como aquella era posible.
Pero su mente tornaba una y otra vez al hecho de que tendría que marcharse pronto. A más tardar, al día siguiente si quería llegar cuanto antes a casa. La mayoría de los elfos volverían a los bosques, solo permaneciendo un pequeño grupo junto a su rey y a la muchacha elfa. Los enanos empezarían cuanto antes con la reconstrucción de Ereborn y estaba seguro que Bardo haría lo mismo con Valle, empezando con el trabajo en cuanto Thorin le entregara el dinero prometido.
¿Cómo podría decirle a los 11 que quedaban de la compañía que se iba?. Ni siquiera sentía fuerzas para que le saliera la voz ante aquel pensamiento. Pero, quisiera o no, tendría que encontrarlas. No podía irse sin decirles nada. No como si hubiera hecho algo malo por lo que tendría que salir huyendo.
Thorin le había devuelto mithril, pero, incluso cuando le dijo que esa era toda la recompensa que necesitaba, este insistía en el hecho de que debían repartir el tesoro allí existente antes de que las minas volvieran a ponerse en funcionamiento y aquel lugar se llenara de actividad.
-No se volverá a decir que Thorin Escudo de Roble no tiene palabra- afirmó este.
Aun le parecía sorprendente todo aquello por lo que había pasado. Las peleas con los trolls, el paso por Rivendell, la casa de Beorn, cruzar el Bosque Negro, su paso por la guarida de los trasgos, su encuentro con Gollum, verse cara a cara ante el hocico de un dragón, verse envuelto en una batalla entre 5 ejércitos...Tenia tantas cosas que contar que le faltarían años para ello cuando llegara a la Comarca, pensó para sí.
Por eso, tan concentrando pensando en todo aquello como estaba, no sintió las miradas que Thorin le dirigía de vez en cuando, mirada que el rey Thranduil, sentado a su lado como estaba, no podía evitar captar.
Thorin veía la turbación de Bilbo por lo que era y temía lo que el hobbit fuera a decirle cuando se acercara a él, pues no dudaba que este se le acercaría a aquella noche para hablar o, a más tardar, al día siguiente, bien temprano. No habían viajado tanto tiempo juntos, pasando por tantos peligros, para no notar que le pasaba algo y que andaba dándole vueltas a algo.
Ya seria difícil darle la terrible noticia a su hermana cuando esta llegara.¿Cómo podría soportarlo si el hobbit también se marchaba?. Gandalf le había comentado algo de que no tardaría en partir, pero, aunque apreciaba al mago, que en aquellos momentos estaba sentado junto a Beorn y un nervioso Radagas, que más deseaba haber partido con las águilas que permanecer en aquellos salones, que este partiera era algo que esperaría de él y que no le causaría un gran malestar, pues sabía que contaba con su amistad y que volvería a verlo en alguna ocasión.
Pero con Bilbo era diferente. Si él se iba, si decidía marcharse sin más, algo dentro de él lo golpearía como un mazazo y lo hundiría definitivamente.
Ya había sido difícil verse ante los dos cuerpos de sus sobrinos, sabiendo que estos habían muerto por su imprudencia, por enviarles a explorar un lugar que debería haber sabido que era una trampa, que solo parecía vacío para que se acercaran y atraparlos en su interior. Thranduil le había comentado que Kili había muerto protegiendo a Tauriel, la muchacha que lo acompañaba, pero, aun así, él seguía echándose la culpa de su muerte, pues ni él ni su hermano tendrían que haberse encontrado en aquel lugar.
-La piedra del Arca se guardará a buen recaudo hasta que el trono esté restaurado- le había afirmado Balin, con una gran sonrisa en su anciano rostro.-Aun tenemos mucho que restaurar.
Pero, para ese entonces, cualquier importancia que Thorin le hubiera otorgado a aquella piedra ya había desaparecido. Solo era una piedra, una piedra brillante que los enanos habían llamado ``el corazón de la montaña´´ y que había sido nombrada la piedra del rey. Pero nada más. Su valor no iba más allá de la que ellos mismos le dieran. En realidad, todos los tesoros que se encontraban bajo aquellas montañas, tesoros que Smaug también había arrancado de Valle y otros lugares, no significaban nada en comparación con la importancia que les habría dado en otro tiempo y, sorprendido, se encontró preguntándose porqué su abuelo había perdido la cabeza ante un simple metal brillante.
En esos momentos, el hecho de que Bilbo decidiera irse o no era más valioso que todo el oro de aquella montaña.
-La pérdida de seres queridos es un sentimiento horrible. Durante años, incluso durante el resto de tu vida, puede ser una herida en el corazón que te acompañará allí donde vayas, tomes la decisión que tomes o te digas a ti mismo que el dolor pasara- le comentó Thranduil, contemplando el interior de su copa como si allí se encontraran los secretos del universo.
-Es muy cierto. Pero, incluso aunque el dolor dure, mis sobrinos estarán vivos en nuestros corazones y nuestras canciones les honraran. Serán recordados durante generaciones y las madres enanas pondrán sus nombres a sus hijos, deseando que sean igual de valientes y fuertes- comentó Thorin, de manera distraída.
-Creo que no me he expresado del todo bien- suspiró este, dejando la copa sobre la mesa.-Como alguien quien perdió a la madre de su hijo, te advierto que no crees en ti mismo semejante dolor cuando tienes la opción de no padecerlo. No mates en vida a tu propio corazón.
El enano lo observó con el entrecejo fruncido, pero este ya se había vuelto para hablar con la muchacha elfa sentada en su otro costado. Esta a penas había hablado a lo largo de la noche. Y, por la expresión de su rostro, tampoco parecía que fuera hacerlo en el tiempo que le quedara a la fiesta. Más parecía estar conteniendo las lagrimas en todo momento con una mascara de frialdad pintada en su rostro que encontrarse allí sentada.
Su sobrino parecía haber escogido una buena persona a quien amar. Y eso fue un nuevo peso que se posó en el corazón de Thorin por ellos, pues su imprudencia había cortado radicalmente su tiempo juntos.
Su vista volvió hacía Bilbo, que solo parecía hablar cuando los 10 enanos con los que había viajado le hablaban directamente, rodeado por estos como estaba, tratando de sacar una sonrisa mientras no dejaba de chocar las copas con todo aquel que se lo pedía, dando el parecer que estaba en la fiesta con todos los demás cuando no era realmente así.
Si no se encontrara en un salón lleno de otras razas más que la enana, se pondría de pie en su asiento y le preguntaría a este directamente si había decidido irse o no, que lo sacara de aquellas dudas y que, de querer herirlo, que lo hiciera de la manera más rápida posible. Sin embargo, se obligó a permanecer sentado en su lugar, con una copa en la mano, viendo a la gente ir y venir por el salón, oyendo canciones.
…...
Aquella noche, Bilbo no se sintió con el valor necesario como para contarles al resto de sus compañeros que debía marcharse, que había tomado la decisión de volver a casa. Había hablado con Gandalf sobre que lo esperara si el mago había decidido irse también de la montaña y, aunque este solo había asentido, sin comentarle que no debía hablar de eso con los demás, temía que el mago lo comentara con alguien en algún momento y estos aparecieran de repente para preguntarle.
Así que, acostado en la cámara que le habían proporcionado en el interior de la montaña, contemplando el techo de piedra, se dijo que, sin falta, les daría la noticia al día siguiente, que la despedida seria mejor cuanto antes se realizara y que los dejara realizar sus deberes sin que su presencia los molestara.
No durmió mejor tras decidir eso, pero se obligó a relajarse, a tratar de dejar la mente en blanco, concentrándose en qué se sentía cuando se tumbaba en su cama de la Comarca, de su almohada de plumas, así como había tratado de hacer la primera vez que había tratado de dormir sobre el suelo, sin demasiado éxito. Y, al parecer, en aquel día, ocurriría lo mismo. Aunque tratara de pensar en cualquier otra cosa, su mente siempre volvía al hecho de qué palabras les diría a los enanos para despedirse. Pero, por más que las pensaba, la garganta se le cerraba cuando trataba de practicarlas en voz alta.
Así pasó la noche, entre jadeos llorosos, imaginando las caras de todos cuando les dijera que se iba así, sin más. Thorin no habría repartido el tesoro, así que podía quedarse su parte. De todas formas, si necesitaba oro, sabía de un buen lugar, que aun apestaría a troll, que contaba con un buen montón de ello. A parte, le hubiera gustado revisar el lugar, ya que podría haber más armas como su Dardo u otros tesoros de edades pasadas.
Era posible que el rey de Rivendell se alegra si, al pasar por sus tierras en un futuro, le llevara algunas más de aquellas espadas de antaño que poseían nombre y habían peleado en grandes batallas.
Observó como el sol comenzaba entrar por las pequeñas y altas ventanas de la habitación donde se encontraba y, con el rostro ojeroso, el ánimo cansado y con pocas ganas de hablar, se esforzó en levantarse de la cama, vestirse y prepararse para cuando los demás se levantaran. Si tenía suerte y los pillaba aun medio-durmiendo, era posible que la despedida se hiciera menos dura.
Pero toda idea de ello desapareció cuando comenzó a recorrer los pasillos y se encontró con Thorin, que, del mismo modo que él, se quedó paralizado cuando lo vio frente a él.
-¿Ya te has levantado?- le preguntó el enano, tratando de sacar alguna conversación.
-Sí, bueno...Supongo que todos tenemos cosas en las que pensar, ya que parece que tú ni siquiera te has acostado- comentó el hobbit, observando que Thorin lucia exactamente igual que en la fiesta.
-Tengo que pensar en como decirle a mi hermana sobre Fili y Kili. Sus muertes pesan sobre nosotros, pero ellos eran sus hijos- le dijo este, mirando hacía abajo.
Se encontraban en uno de los pasillos altos, así que había una buena vista hacía abajo. Bien podría estar observando desde lejos el lugar donde sus sobrinos estuvieran descansando o las minas, mucho más abajo, como una caída que no tuviera fin.
-Yo...quería deciros algo a todos- consiguió comentar Bilbo.
-Te vas,¿verdad?- le cortó Thorin, aun sin mirarle.
-¿Cómo lo sabes?- le preguntó el mediano, sorprendido. Había pensando que nadie había notado sus pensamientos.
-Eres la persona que más pensaba en su casa que he conocido en mi vida- comentó Thorin, con una pequeña sonrisa triste emergiendo en sus labios.-Lo lógico es pensar que querrías irte en cuanto tu trabajo se hubiera terminado, deseando volver al hogar.
-Sí, en eso llevas razón. Estoy seguro que Ham (por si alguien no lo sabe, Ham Gamyi es el padre de Sam, familia de jardineros que parecen haber trabajado para los Bolsón desde hace mucho tiempo) ha estado limpiando mi casa, pero, aun así, me gustaría volver y encargarme de mis cosas. Ademas, tengo toda una despensa que reponer. Os lo comisteis prácticamente todo cuando estuvisteis en Bolsón Cerrado.
La broma logró que Thorin lo mirara, dirigiéndole directamente la sonrisa hacía él, haciendo que el corazón de Bilbo saltara dentro del pecho de este.
-Eso es cierto. Deberíamos pagarte eso también.
-¡No,no!. No hace falta nada de eso. Además, me gustaría irme hoy mismo. Estoy seguro de que no te daría tiempo a hacer el reparto.
-Ya esta hecho y preparado para el viaje. Tendrás que llevar un poney extra para la carga. Sé que te marchas con Gandalf y él hará un buen trecho con Beorn, así que sé que estarás protegido.
-¿Tan claro tenias que me iba?- le preguntó Bilbo, sin dejar de parecer sorprendido.
-Bueno...ha sido mucho tiempo viajando juntos,¿cierto?.
-Espero que tengas un reinado próspero y tranquilo- le dijo el hobbit, tendiéndole la mano a este.
Thorin la contempló, tragando saliva, sintiendo como si se le hubiera hecho un nudo en la garganta. Pero, elevando la vista hacía el rostro de este, que tan bien se había aprendido ya, estrechó aquella mano con fuerza y atrajo el cuerpo de Bilbo sin dificultad hacía su cuerpo, abrazándolo como tiempo atrás había hecho en un amanecer, con las águilas perdiéndose a su espalda.
Sin embargo, allí donde solo había habido cariño y admiración, ahora un sentimiento mucho más grande latía en el silencio, saliendo de ambos sin que el otro pudiera escuchado, demasiado perdidos ante el dolor de la separación como para poder prestar atención.
Cuando Thorin logró soltarlo, ambos se despidieron con un asentimiento de cabeza y siguieron su camino.
…...
Una vez más de mañana, cuando todos se hallaron levantados, se encontraron con Bilbo en las puertas, completamente preparado para partir junto a Gandalf y Beorn, dejándolos sorprendidos, ya que no se habían esperado para nada que este se marchara de semejante manera.
-Si pasáis por Bolsón Cerrado, ceno a las 4. Y entrad sin llamar- fue todo lo que este pudo decirles sin que se le saltaran las lagrimas, arrancando risas a los demás.
-Ha sido un placer conocerte, muchacho- le dijo Balin, palmeando su brazo.
Dori y algunos más incluso llegaron a abrazarlo, pues consideraban que se estaba llendo uno de los suyos, incluso sabiendo que tendrían un lugar en la mesa y el hogar de este si así lo quisieran.
Thorin no salió a despedirle en aquella ocasión, aunque ya lo había esperado. Después de todo, ellos dos ya habían tenido su propia despedida aquella misma mañana y no creía que las fuerzas lo hubieran acompañado si lo hubiera visto en aquella puerta mientras montaba sobre su montura.
Contempló las puertas de Ereborn para retenerlas en su memoria, recordar lo que allí se había vivido. Pero, sus ojos no se centraron en ningún lugar en particular, por lo que no vieron a Thorin en una de las ventanas con las que esta contaba, contemplando su marcha desde lejos, pues no se sentía de ánimos como para poder dejar marchad al hobbit.
Ya observándolo desde allí era como si un hilo invisible se conectara entre su corazón y la montura de este, tirando de él fuera de su pecho con cada zancada.
Se obligó a mirar hacía el interior de la montaña, aunque en aquellos momentos fuera para él un enorme lugar vacío y frío, tratando de que aquella horrible sensación cesase. Pero no lo hizo. Incluso dándole la espalda, aquel hilo seguía tirando de su corazón con fuerza.
Aun así, aunque la sensación de desgarro continuara, se obligó a sí mismo a caminar lejos de allí, internándose en la montaña, tratando de centrar toda su atención en el hecho del funeral de sus sobrinos y la llegada de su hermana, incluso cuando él mismo sintió como la oscuridad empezó a rodearle sin remedio.
Fin del capitulo 2.
Uoooo. Cuantos sentimientos tristes. Se ve que me ha pillado en un momento sensible o algo. Pero estoy completamente de acuerdo en el hecho de que la union de elfos, hombres y enanos era algo que debía hacer historia. No suele ocurrir a menudo con Tolkien. Elfos y hombres se han unido en muchas ocasiones, pero los enanos siempre han permanecido más alejados y en raras ocasiones ayudan de semejante forma a las otras razas. Sobretodo a los elfos, pues los acusan, al menos en las primeras historias de la Tierra Media, de haberles quitado sus tierras y haber puesto otros nombres a todas las cosas.
Incluso Gimli, en el Señor de los Anillos, es el único enano que se une a la guerra que asola a la Tierra Media. Parece como si al resto le importara muy poco el destino del mundo.
¿Y alguien en esta película recordó al final que Fili también había muerto?. Sé que el pobre no tuvo mucho protagonismo, pero mientras Bilbo lloraba a Thorin y Tauriel estaba con Kili, este fue completamente dejado de lado. No salió mucho, pero me caía bien y protegió a su hermano enviándolo a los salones de abajo. Estoy segura de que sabía que arriba había alguien y por eso se quedó él. Es que da la impresión que hasta encontraron su cuerpo de casualidad, como diciendo``¡Dios!.¡Es verdad!. Fili también murió´´. Eso me sentó mal.
Hay una cosa curiosa que también me gustaría comentar. En la primera película del hobbit, cuando Bilbo consigue salir de la guarida de los trasgos gracias al anillo, Bilbo les cuenta una milonga para que dejen de preguntarle como a conseguido escapar de esos seres. Sin embargo, aunque en el libro lo hace al principio, al final les cuenta que tiene un anillo que lo hace invisible y estos solo se comportan como ``Ah, bueno. Eso lo explica todo´´. No sé si prefiero que lo sepan o que no. Después de todo, se suponía que los anillos de poder eran cosas muy extrañas y escasas.
También reafirmar que los únicos elfos que me caen bien son Legolas y Elrond. Los demás...lo siento pero no. Incluso Tauriel, con la bonita historia que tiene con Kili (totalmente invitada, ya que los elfos del bosque no son así en el libro) no me termina de gustar. Por no hablar del carácter de Thranduil...
Bueno...Creo que iba a decir algo más, pero son las 1:53 de la mañana y estoy medio durmiendo. Estoy escuchando una canción de Julieta Venegas que siempre ponían en un salón de rehabilitación para la espalda al que tuve que ir de pequeña por un accidente de coche. Como allí me divertía haciendo los ejercicios, me trae buenos recuerdos.
Veré si empiezo a escribir el siguiente capitulo o me voy a la cama. Aunque no tengo ganas de acostarme, a pesar del sueño.
Nos seguimos leyendo y manteneos sanos.
