``Cruzando dedos para que no me extienda mucho´´.
CAPITULO 6
¿Cómo describir el sentimiento que estalló en el pecho de Bilbo cuando, teniendo la ropa, vio aparecer una comitiva a pie que se dirigía hacía la casa, haciendo correr a los hobbit´s que los veían pasar?. Si creía que lo que había ido sintiendo esos días eran nervios fue porque no supo como reaccionaría su cuerpo ante la visión de aquella visita.
Por un momento, se quedó congelado al verlos, con una camisa entre las manos, imaginándose que aquello era una alucinación, que no era real. Sin embargo, oyó a Thorin abajo, oyendo como exclamaba con alegría que ya llegaban, sacándole de su ensimismamiento, recogiendo las cosas y apresurándose a bajar para preparar la casa. Revisó esta de arriba a bajo en un rápido vistazo, asegurándose de que no había polvo acumulado en ningún lugar. Después de eso, trató de tranquilizarse y se colocó junto a Thorin en la puerta, esperando a que la comitiva acabara de llegar ante ellos.
Thorin debió de notar sus nervios incluso tratando de ocultarlos como estaba haciendo porque este acabó cogiéndole de la mano, negándose a soltarlo cuando llegó la comitiva.
Era como si fuera a conocer a una diosa, pero no podía evitarlo, ya que era el único familiar directo que ha Thorin le quedaba y, como fuera, quería causarle una buena impresión para que no pensara que su hermano había cometido un error al decidir viajar en su busca.
Cuando los visitantes estaban cerca de la puerta, los soldados que iban en primer lugar se detuvieron y se hicieron a un lado, creando un pasillo por el que avanzaban dos personas.
Por un segundo, al ver al hombre rubio que avanzaba junto a una mujer morena, pensó que se trataba de Fili en persona, que había vuelto de entre los muertos para visitarlos. Sin embargo, cuando se acercó más, se dio cuenta que no eran tan parecidos. El color de ojos no era el mismo, tenía la nariz más bulbosa y tenía arrugas alrededor de los ojos y de los labios, anunciando que tenía más edad de lo que parecía.
Junto a él, avanzaba una mujer luciendo unos ropajes rojizos, de largo cabello negro, que miraba hacía abajo como si el suelo fuera más importante que las personas que tenía en frente, tratando de no tropezar con su propio vestido.
Sabía que su hermana era más joven que Thorin, pero en aquellos momentos, mientras la veía acercarse y consideraba que era una mujer Bella, parecía cansada y más mayor que su propio hermano.
Cuando se detuvieron frente a ellos, Thorin y el hombre se dieron un abrazo.
-¡Frerin, me alegro de que estéis aquí!- les dijo el enano, sonriendo.
-Pues ya podías haberte ido a vivir a algún lugar más activo. Mientras veníamos hacía aquí, he visto tantas miradas de desconfianza de parte de esos pequeños hobbit´s que, al final, hasta he pensado que he cometido algún delito.¿Son siempre así?.
-No están acostumbrados a ver extranjeros por aquí. También me costo que se acostumbraran a mi presencia, pero ahora son algo más afables.
El tal Frerin sonrió, pero, tras dirigirse esas palabras, ambos se dieron cuenta que la hermana de Thorin estaba mirando fijamente a Bilbo, haciéndole sentir incomodo y que ni se atreviera a alzar la mirada del suelo.
-¿Este es el hobbit?- preguntó esta, recordándole aquellas primeras palabras que Thorin le había dedicado cuando se conocieron por primera vez.
-Dis...- murmuró el moreno, dándose cuenta de aquello.
-Es pequeño y no le veo ningún encanto.¿Has dejado Ereborn por él?. Seguro que los hombres que llevaste para esa misión se lamentan de que él apareciera.
Bilbo sintió como el corazón le dio un pinchazo dentro del pecho, tratando de que no se notara en su expresión lo que le habían afectado aquellas palabras. No quería echarse a llorar delante de los invitados, pero era lo que sentía deseos de hacer.
-Dis,¿ por qué tienes que gastar ese tipo de bromas?- se quejó Thorin.
El hobbit alzó la vista, contrariado, al tiempo de ver como el rostro de la hermana de Thorin cambiaba y hacía desaparecer la expresión disgustada para dar paso a una brillante sonrisa mientras alzaba las manos.
-Lo siento mucho. Pero es que lo he visto tan adorable hay, temblando a tu lado, que no he podido resistirme a gastarle una broma- se disculpó esta, inclinándose hacía Bilbo.-Perdoname, ¿sí?. No era mi intención que te echaras a llorar.
El hobbit, aun sin entender nada, se volvió hacía Thorin.
-Fili y Kili sacaron de ella su mal y retorcido sentido del humor.
-¡Disculpa!. Que a ti no te haga gracia ni significa que tenga un mal sentido del humor.
Bilbo asintió, tratando de seguirles el juego, pero de lo único que se vio capaz de hacer en aquel momento fue invitarlos a entrar mientras Thorin y su hermana compartían un abrazo, observando a la comitiva hasta llegar a la ultima miembro, la cual se detuvo junto a él.
En cierta forma, la alta muchacha elfa debía de estar algo enfadada con él, ya que había pasado ante sus narices y liberado a sus presos de las celdas de su señor. Pero, en vez de recibir unas palabras parecidas a las del rey Thranduil le dirigió la primera vez que se vieron cara a cara, esta le dirigió una titilante sonrisa, agradeciendo su hospitalidad antes de seguir a la comitiva al interior.
Bilbo suspiró, tratando de tranquilizarse, pero le fue imposible.
La mayoría de enanos de la comitiva no le suponían un problema, pero solo estar en presencia de la familia de Thorin hacía que sintiera una opresión en el pecho. Los hobbit´s eran seres tranquilos, no estaban acostumbrados a pasar por tensiones, así que aquello era una dura prueba para él.
En rápida sucesión, fue indicándoles a sus invitados cuales serian sus habitaciones, caminando con Thorin y su hermana detrás, conversando.
-Y está es su habitación- les indicó este, señalando un amplio cuarto cerca de la suya.
-Bilbo la arregló especialmente- le señaló su hermano con una sonrisilla mientras la morena mujer se asomaba al interior.
-Me gustan estas casas hobbit´s. Es como estar dentro de una montaña muy pequeña- comentó Dis, haciendo que Bilbo recordara que Kili había hecho un comentario parecido al llegar, poco antes de limpiarse las botas con el ajuar de su madre.
El pequeño hobbit suspiró con alivio. Le tranquilizaba un poco haber conseguido llegar a los estándares a los que esta estaría acostumbrada.
Pero la hermana de Thorin debió de oírle suspirar, porque volvió la cabeza hacía él, haciendo que este volviera a erguirse en toda su estatura mientras ella lo observaba, acercándose a él.
Los ojos eran idénticos a los de su hermano y aquel escrutinio le recordó peligrosamente la época en la que Thorin no se fiaba de él, cuando aun no había demostrado lo que valía y prácticamente le había menospreciado al llegar a su casa.
Pero, en vez de recibir malas palabras o una mirada aun más recriminatoría, la mujer enana golpeó su espalda con tan fuerza que pensó que había llegado a sacarle algún hueso de su sitio.
-¡Tranquilizate, hombre! ¡Que no te voy a comer! ¡Y deja de tratarme con tantos formalismos y llamame Dis! ¡Cómo sigas así de estirado, va a darte algo!
Bilbo se quedó paralizado, aunque él mismo no supo decir si por los golpes ``cariñosos´´ que esta le había dirigido o por la sorpresa que le había causado sus palabras. Después de todo, estaba acostumbrado a la fuerza bruta de los enanos, pero no esa alegría repentina. No se había imaginado a la hermana de Thorin con ese carácter.
Alzando la vista, vio que la muchacha elfa le sonreía con una mirada comprensiva. Sin duda, ella también se habría sorprendido con aquella alegría que caracterizaba a la madre de Fili y Kili.
-Creo que no nos hemos presentado formalmente- le dijo Bilbo, acercándose a ella.-Me llamo Bilbo Bolsón y espero que nos llevemos bien.
-Yo soy Tauriel, Tauriel HojaVerde- contestó.
Pero el hobbit torció el gesto.¿De qué le sonaba ese apellido?
-El señor Thranduil me acogió, así que me dio su apellido- le informó esta, sonriendo mientras veía la confusión del pequeño.
Este asintió y le indicó con la mano que siguieran a todos los demás mientras Thorin parecía hacer una visita guiada a sus congéneres por la casa.
-¿Está a gusto con la señora Dis?- le preguntó el hobbit a la muchacha elfa.
-Al principio, su carácter me sorprendió, pero sí, estoy a gusto con ella. Es una gran persona y... me está ayudando mucho.
Ambos sabían de lo que le hablaba. Vivir con Dis le proporcionaría un montón de información de la vida de Kili que ella desconocía, al igual que consolarse mutuamente.
Sin embargo, no hablaron más mientras Bilbo preguntaban a los presentes si tenían hambre.
La mayoría de las respuestas fueran afirmativas, así que este se concentró en cocinar mientras Thorin les hablaba de las costumbres de los hobbit´s, de todas sus comidas, de la algarabía que se montaba en sus mercados, de como todos parecían ser parientes de todos por uno y otro lado.
-Pues entonces es casi lo mismo que con los enanos- comentó Frerin, haciendo que el resto riera.
Bilbo comenzó a traer viandas, que colocó sobre la mesa que había preparado para que todos tuvieran cabida, pero, con sorpresa, descubrió que, aunque comían con buen apetito, no fue tan arrollador como había vivido anteriormente.
-A llenado tanto la despensa que podrían durar años sin salir de casa- comentó Thorin hacía sus parientes con una de sus sinceras sonrisas en los labios.
Cuando sonreía de aquel modo, era como si se quitara cincuenta años de encima y hacía que el corazón de Bilbo latiera más rápido y más lento al mismo tiempo.
-¡¿Pero qué imagen dieron tus hombres de los enanos?!- exclamó Dis, fingiendo estar indignada.
-Pues la que tenemos. Debiste de ver la cara de los elfos de Rivendell cuando comimos en su mesa. ¡Ni siquiera había algo de carne!- exclamó, como si fuera alguna clase de locura que no hubiera imaginado nunca.-Sin ofender- añadió, mirando hacía Tauriel.
Pero esta negó con la cabeza, luciendo una sonrisa.
-He notado nuestras diferencias. No se preocupe.
-¿Cómo podéis comer solo verduras?- preguntó Dis, mirando hacía ella.
-Podemos comer de todo, como ya ha visto. Pero las verduras tienen unas propiedades únicas. Demasiada carne puede hacer enfermar el cuerpo.
Aquella afirmación arrancó risas entre los presentes.
Los enanos nunca tendrían demasiada carne. Era como si le dijeran que tenían demasiadas montañas o demasiadas minas. Pero Tauriel disfrutó del buen ánimo de la mesa y aceptó beber de la copa que Dis le tendió, animándola a beber.
Bilbo se había abastecido de bastante vino y cerveza, tanto que el hobbit al que se lo compró le preguntó si se estaba abasteciendo ya para celebrar su cumpleaños.
Los cumpleaños de los hobbit´s en la Comarca eran distintos de los del resto de la Tierra Media. Donde los demás aceptaban regalos en una fecha tan señalada, los hobbit´s daban a sus congéneres pequeños detalles o juguetes a los niños y montaban fiestas.
-¿Desde cuando vive aquí, señor Bolsón?- le preguntó Frerin, sonriendo y con una copa también en las manos.
-Mi familia siempre ha vivido aquí y siempre habrá un Bolsón en Bolsón Cerrado- afirmó el hobbit, por fin terminando con la comida y sentándose junto a Thorin.
Este le colocó un brazo en torno a los hombros y, aunque se sonrojó y notó las sonrisas de los demás, ante ese gesto, sobre él, no intentó apartar al enano y permaneció en su lugar, aceptando la copa que este le ofreció.
-¿Eso significa que no saldrá de nuevo de su casa?- le preguntó Dis, inclinándose hacía él desde el otro lado de la mesa, dirigiéndole una sonrisa divertida.
-¡Oh, no! ¡Claro que no! Es cierto que preferiría no tener que enfrentarme a otro dragón. Pero, ahora que he visto el mundo que hay ahí fuera, no puedo permanecer siempre aquí. Me gustaría volver a ver Ereborn y recorrer los caminos.
-¡Viva el espíritu aventurero y que no nos abandone nunca! ¡Nunca se sabe donde podremos encontrar una buena pelea!- exclamó Frerin, alzando su copa, haciendo que victorees se alzaran al igual que las copas y acabaron vaciando sus contenidos.
-¡Por aquellos que ya no están pero volveremos a verlos!- exclamó Thorin, uniéndose Tauriel en aquel grito, vaciando de nuevo sus copas poco después de haberlas llenado.
-¡Por que mi hermano por fin a sentado la cabeza y a dejado de ser el tipo estirado que miraba a los demás con suficiencia!- exclamó Dis, riendo.
-¡Eh!- gritó Thorin.
Pero la gente volvió a gritar y vaciar sus copas entre risas, ignorando el malestar que pareció correr durante un momento por él. Un trozo de carne voló hasta la mejilla de Dis, que rió por lo bajo, bajo la atenta mirada de las silenciosas figuras que se había paralizado al verlos, mientras llevaba una de sus manos hacía el cuenco de zanahorias asadas.
Antes de que Bilbo pudiera detenerlos, la comida empezó a volar y, cuando oyó el primer plato estrellarse contra el suelo, solo se levantó en busca de la escoba, sabiendo por experiencia que sería inútil cualquier cosa que dijera para tratar de detenerlos, haciendo nota mental de todo lo que se rompía para tener que reponerlo.
…...
-Tampoco es para tanto. Solo se han roto tres platos y unos pocos vasos- comentó Thorin, mientras ambos estaban metidos en su cama, con Bilbo dándole la espalda, con los brazos cruzados y mostrándose enfurruñado.
-Eran platos con más de cien años- murmuró por lo bajo.
-Pues con más razón. Era hora de que los cambiaras. Te hemos hecho un favor- le dijo este, tratando de sonar divertido.
Pero Bilbo resopló con malestar.
-Vamos. No puedes estar realmente enfadado conmigo, ¿verdad?- le susurró junto al oído, arrancando al pequeño hobbit un pequeño estremecimiento involuntario.
-Si no hubieras empezado a lanzarle comida a tu hermana, esto no hubiera pasado.¿Sabes lo que me costará quitar los trozos de carne de las paredes y el techo? Eres peor que un crío.
-¡Oh, vamos! ¿En serio me estás regañando?- le preguntó este, depositando un beso en el cuello de el hobbit, en el punto donde el cuello se unía a la mandíbula, haciendo que Bilbo volviera a temblar sin querer.
-Estate quieto- le advirtió.-Tu hermana y tu cuñado están al otro lado de la pared- le recordó este, sintiendo como la mano de Thorin le envolvía la cintura, haciendo que se pusiera extrañamente nervioso, sabiendo que estaba jugando con él.
-¿Y qué? Ya deberían suponer lo que hacemos- susurró este, continuando con aquellos besos suaves que le hacían que la piel se le erizara ante cada contacto.
-Incluso aunque a ti no te importe, cosa que dudo, a mi sí. Además, estoy enfadado contigo- le dijo, tratando de parecer serio e inamovible en su decisión.
-¿En serio? ¿Estás muy enfadado conmigo?- le susurró Thorin, llevando la mano que había dejado en su cintura hacía la unión de sus piernas, haciendo que se encogiera sobre sí mismo y gimiera sin remedio cuando sintió aquella amplia mano sobre él, sabiendo donde tocarle.
-¡Thorin, para!- le pidió, sintiéndose asombrado de que este de verdad estuviera haciendo aquello con semejante desvergüenza.
No podía estar pensando en hacer algo aquella noche, con su hermana en la habitación de al lado y arriesgándose a que los escucharan. Bilbo no había tenido que contener nunca la voz por la presencia de alguien más en la casa, así que no confiaba en que pudiera ser silencioso.
-¿Por qué no paras de decir que no? Tu cuerpo no opina lo mismo- afirmó el enano, moviendo la mano para que comprobara cuanto había crecido bajo sus atenciones y acercándose a él, haciéndole notar como se encontraba él mismo en aquellos momentos, mientras seguía mordiendo y lamiendo su cuello.
-Nos van a oír- dijo Bilbo con apuro.
A aquellas alturas, el enfado se le había pasado, completamente olvidado aquello que fuera que se hubiera roto, y sabía que estaba a punto de ceder antes él, deseando que Thorin entrara en razón y se detuviera.
-No tienen porqué. Las paredes no son tan finas. Tranquilo. No tienes ni que moverte- afirmó este, alzando sus ropas de dormir hasta su cintura con manos expertas, haciéndolo lentamente para que el pequeño hobbit supiera que era lo que se le avecinaba y esperara su toque, haciendo que gimiera por lo bajo cuando fue tocando su piel.
Era como si ambos se hubieran convertido en una bola de calor, una gran bola que solo fuera creciendo cuanto más se acariciaran, cuanto más estuvieran juntos. A penas y sí podía respirar sintiendo aquellas manos sobre su cuerpo, conociéndole tan bien como él mismo.
-¿Ves? Al final, tú lo estabas deseando tanto como yo- afirmó Thorin, acercándose más a él, viendo como Bilbo se tapaba la boca con una mano, tratando de silenciarse, y solo era capaz de inclinarse hacía él.
Dejó que él moviera su pierna para hacer más fácil su entrada, pero, cuando finalmente se fundieron, el gemido de ambos resonó en la oscuridad del cuarto, haciendo imposible que el pequeño hobbit volviera a quejarse mientras sentía como Thorin le sostenía, aferrado entre sus brazos.
Aquel vaivén lento le destrozó los nervios, pero lo volvió líquido por dentro, haciendo que solo pudiera intentar ocultar sus gemidos contra la almohada, sin mucho éxito. Además, oír los jadeos de Thorin contra el oído solo amenazaba con que su culminación llegara antes de tiempo, sintiendo como hasta los dedos de los pies se le encogían bajo aquel abrazo, perdiéndose en la sensación de su cuerpo, en lo que le hacía sentir, en como lo alteraba con el mero sonido de su respiración y su corazón parecía estallar de lo colmado que estaba.
Cuando ambos se abandonaron finalmente a la sensación arrasadora que corrió por ellos, ni siquiera pensaron si fueron oídos, pero, en aquellos momentos mientras recuperaban el aliento, ni siquiera les importó, aun sosteniéndose el uno al otro, tratando de que sus respiraciones volvieran al compás normal, que el calor que los había arrollado volviera a ser la agradable llama que siempre titilaba en sus corazones.
-¿A qué ya no estás enfadado conmigo?- susurró Thorin, riendo cuando Bilbo trató de golpearle y no consiguió llegar a su destino.
Fin del capitulo 6.
Bueno, nuevo capitulo que ha llegado. Sé hasta donde quiero llegar con la historia. Lo que no sé es como llegaré a ello. Ni siquiera tenía pensado meter esta escena de cama. Pero, como estaba escribiendo las siguientes partes de mis novelas que envié al concurso y me pilló justo en una escena intima, se ve que todavía esta con mi lado pervertido activado.
De aquí quería comentar precisamente esa parte donde se habla que los elfos solo comen verduras. Al menos, en las películas es lo que siempre se muestra. Sin embargo, lo que he leído en los libros, comen carne perfectamente. Es como en las películas del señor de los anillos, donde Legolas no había forma humana de emborracharlo y en las del hobbit se ve como los elfos de su reino caen rendidos por la bebida.
Gazapos de esos hay unos cuantos. Como cuando en el señor de los Anillos, Gandalf dice que los orcos de Mordor detestan la luz del sol, por eso Sauron eleva un manto de vapores desde el este para allanar su camino. Sin embargo, en el Hobbit, los orcos caminan perfectamente bajo el sol sin ningún problema. ¿Qué les ha pasado para que se degradaran tanto?. Los otros eran de Guntabad, pero se supone que los orcos se crean del mismo modo. De hecho, los de Isengard tenían sangre de duende o algo así, lo que los hacia mejores. ¿Que está pasando aquí?.Como se nota que en el libro eran trasgos y no orcos. Aunque, gracias al cambio, Thorin murió con más dignidad y grandeza. O, al menos, pudimos ver como murió.
Del mismo modo que me resultó curioso cuando leí sobre los cumpleaños de los hobbit´s. Me pareció gracioso eso del que el cumpleañero regalara cosas a las gentes de su pueblo y no al revés. La gente estaba encantada con eso con Bilbo, ya que era muy esplendido con sus compañeros.
Pero, en fín, os dejo para ponerme con el siguiente capitulo. Espero que os haya gustado, nos seguimos leyendo y manteneos sanos.
Bye. -^^-
