Capítulo 2: Big Brother is watching you


Agencia Interplanetaria Gran hermano, Circular interna

Queridos Agentes, me dirijo a vosotros para felicitaros por la gloriosa campaña que acabamos de cerrar. El año pasado más de un centenar de terroristas aceptaron dejar las armas y ser reeducados en Sun Garden gracias al esfuerzo y el poder de convicción de todos vosotros. La bondad existe en todos los corazones, pero no todo el mundo está lista para escucharla y ese es vuestro deber: conducir a aquellos que son sordos de corazón hacia la luz, la comprensión y el amor. Me siento orgulloso de poder contar con personas tan maravillosas como vosotras. Lleváis a cabo una de las misiones más importantes de este universo. Seguid propagando por todas partes la palabra del Gran hermano.

Presidente Kira

Agencia Interplanetaria Gran hermano, correspondencia personal entre el presidente Kira y el Agente en pruebas X094R9E

Querido hijo.

He recibido tu petición para ocuparte personalmente de ese caso y no tengo ningún inconveniente. He escuchado de los problemas que han tenido a la llegada, así que tienes tiempo de sobra de encargarte de ellos. No parece que sean peligrosos por el momento, o si no no te enviaría allí solo.

Cuidate y espero escuchar buenas noticias pronto.

Kira.


La mano de Rean no había dejado de temblar desde el accidente y tenía miedo de que fuese a ser algo permanente. Como las quemaduras que se estaba haciendo cada vez que al coger la taza de café salpicaba para todos lados.

Al principio creyó que le habían contado un chiste de mal gusto. Tuvo que comprobar las coordenadas cinco veces y ver las fotos que le adjuntaron antes de poder creérselo. Ella no lloró. En vez de eso empezó a temblar y no había parado desde entonces. Vivía en un estado de nervios constante. A la telefonista asignada a cada misión se la consideraba miembro de la tripulación como a los demás, así que estaba tan pringada en todo el asunto del choque como el resto de los chicos, solo que ella no estaba en la tierra con ellos. Así, mientras Burn y Heat podían evitar pensar en el desastre ahogando sus penas tomando el sol, ella tenía que inventar excusas para todos y lidiar con la jefa.

La jefa que en ese momento se había parado delante de su mesa con el ceño fruncido y los brazos cruzados.

— ¿Se sabe algo nuevo de esos idiotas?

Tragó saliva antes de responder. Le hacía la misma pregunta cada día a pesar de que la respuesta nunca cambiaba.

— Pues nada nuevo, la nave sigue reparándose y ellos tratan de averiguar cosas que luego puedan sernos útiles cuando puedan retomar la misión.

Rean dudaba bastante de que ninguna de las cosas que estuvieran haciendo Burn y Reize sirviese ni remotamente para completar su misión, a no ser que se pudiese someter a un planeta bañándose en la playa, pero su cometido era adornar la historia para que su jefa, Ulvida, no los mandase delante del consejo de guerra antes de haber empezado siquiera.

O que la mandase a ella, los otros estaban en la tierra donde podrían exiliarse y dejar atrás el pasado. La única en verdadero peligro era ella. En Aliea no se aceptaba bien a los fracasados.

Ulvida levantó una ceja azul

— Mantenme informada si hay el más mínimo cambio.

—Sí, señora.

Ulvida se fue por el pasillo a paso rápido y Rean volvió a respirar. Este mes se le iba a hacer muy largo.


Las vacaciones de verano a veces se hacen largas y pesadas, sobre todo cuando vives en la costa pero eres propenso a las bajadas de tensión por el calor. Suzuno trataba de evitar salir de casa todo lo posible cuando el termómetro subía por encima de los 30 grados porque podía acabar achicharrado, con una lipotimia o todo a la vez. Más o menos como le podía pasar al enano del casco verde como no se lo quitase pronto. En eso pensaba mientras observaba bajar al grupo de seis frikis que ahora eran sus compañeros de casa con bermudas y camisas floreadas por las escaleras mientras él se quitaba las legañas y con un cartón de leche en la otra mano.

Si es que solo les faltaba llevar los calcetines con las sandalias...

— ¡Buenos días!— le saludó la chica, que siempre parecía bastante alegre cuando lo vio de pie en la cocina común observándoles.

— ¿Ya os vais?

Los seis imbéciles se levantaban más temprano que nadie para ir a pasar el día a la playa. Ya llevaban allí poco menos de una semana y su rutina se limitaba a eso. No debían de ser muy amigos del protector solar porque estaban rojos como cangrejos y bronceados de manera desigual y a ronchas por todo el cuerpo. En general tenían un aspecto aún más lamentable que cuando habían llegado, lo cual era decir mucho. Sin embargo ese día iban un poco mejor vestidos que de costumbre, no llevaban los flotadores de colores ni las palas y además llevaban unas libretas de la mano.

—Vamos a visitar a un amigo.—le contestó Midorikawa, que era el único del grupo que a Suzuno le parecía medio aceptable y educado, junto con la chica y el rubio. El pelirrojo y el de la bandana le caían fatal (y por las miradas podría jurar que el sentimiento era mutuo), y no podía formarse una opinión del chico del casco porque las veces que le había hablado no había entendido nada.

No pensaba alargar la conversación, no tenía demasiado interés en sus planes, pero su madre apareció en la cocina. Rinko Suzuno parecía siempre muy interesada en hacerles un interrogatorio sobre sus actividades cada vez que tenía ocasión.

— Anda, ¿ya tenéis amigos por aquí?

— No exactamente. Ya lo conocíamos de antes.— intervino Atsuishi.

— ¿Y puedo preguntar quién es? Conocemos a toda la gente de la zona.

Suzuno puso los ojos en blanco e iba a regañar a su madre, pero vio a los imbéciles entrar en pánico y pensó que igual era más divertido ver cómo salían de aquella.

—El chico del taller... Des, estoooo, Saginuma— contestó Nagumo, que para Suzuno era el idiota mayor del reino.

Y tenía un serio problema con los nombres. A Midorikawa le saltó una ceja casi imperceptiblemente.

—Sí, sabemos quién es. Es un chico muy guapo— contestó la madre de Suzuno. Básicamente el 70% de hombres menores de 35 le parecían guapos, así que su opinión no era imparcial.— ¿Y de qué lo conocéis exactamente?

El ahínco y poco descaro con el que los acribillaba a preguntas era digno de admirar en cierto modo.

—¿Es amigo de nuestros padres?— contestó Midorikawa, aunque con tan poca seguridad que sonó como una pregunta y Rinko ladeó la cabeza.— Quiero decir, sí, es amigo de nuestros padres. De los míos y de los de Nozomi.— dijo dando demasiados detalles como para que sonase convincente. Rinko sonrió de oreja a oreja.

—Bueno, pues no os entretengo más. ¿Os esperamos para comer?

—Sí, claro, hasta luego.

Se dieron prisa unos a otros para salir en tropel por la puerta, y apenas habían traspasado el umbral cuando su madre ya estaba a su lado sacudiéndole un brazo emocionada. Se lo estaba pasando pipa con todo ese asunto.

—¿Has visto que poco creíble era su historia? Seguro que van a tener alguna reunión con el resto de los mafiosos.— para estar hablando de un supuesto grupo criminal los ojos le brillaban más de lo normal.

—¿Todavía sigues con eso?

Los chicos habían dicho por toda explicación que eran un grupo de estudiantes de vacaciones, cosa que no había convencido ni a su madre, ni a Hitomiko, la otra inquilina de la casa. Ambas habían mantenido una conversación sobre sus teorías. A Suzuno, la de Hitomiko le parecía mucho más plausible: tenían pinta de haberse escapado de casa, o de un internado, o de alguna parte. Su madre en cambio, más amante de las conspiraciones, había inventado toda una trama sobre clanes mafiosos y luchas de poder.

—Dime tú a mí por qué iban a mentir de una forma tan descarada si no.

—Pues no lo sé, pero tienen más pinta de pardillos que de criminales sediciosos y asesinos.

Rinko torció el gesto y puso los brazos en jarras.

—Lo que tendrías que hacer es hacerte amigo suyo. Así tendríamos respuestas.

—¿Yo? Si ni siquiera me caen bien. ¿Por qué tengo que hablarles más de lo necesario para que tú puedas marujear?

—¿Y si Hitomiko tiene razón? Si son adolescentes que se han escapado de alguna parte sus padres estarán preocupados.

— Qué se busquen la vida, no haberse escapado.

— ¡Fuusuke! No seas tan insensible.

— Preguntale a Fubuki. Parece llevarse bien con ellos.

Fubuki había coincidido unas cuantas veces con los chicos nuevos y hasta había quedado con ellos para merendar.

— De verdad que con ese carácter que tienes no me extraña que no tengas más amigos.

Su madre salió malhumorada de la cocina mientras él le echaba cereales a la leche, que salpicó por todos lados. Tenía el don de sacarlo de quicio desde buena mañana.

— Tampoco me hacen falta.


Pasado el susto inicial y el shock cultural de los primeros días, la adaptación a la tierra estaba yendo muy bien, al menos en su opinión. Tuvieron ocasión de catar el mar el segundo día de su estancia y les había encantado tanto como presuponían, les gustaba tomar el sol, jugar en la orilla y descubrir la comida de la tierra. A veces hasta olvidaban que su trabajo, su futuro y su vida pendían de un hilo, uno bastante fino. Al menos hasta que llamaba Rean histérica al borde del llanto y se lo recordaba.

El problema era que aún había cosas que tenían que pulir. En esa semana habían metido la pata en infinidad de ocasiones y se habían ganado miradas extrañas por parte de las personas con las que convivían. Al acercarse a comprobar como iban las reparaciones le habían comentado a Desarm los problemas que habían tenido y él se había ofrecido a quedar con ellos y resolver sus dudas para poder tener un aspecto más "terrestre".

— ¿Pero entonces este planeta no tiene capa protectora contra las radiaciones nocivas del espacio?— Burn estaba indignado. Se indignaba una media de diez veces al día por casi cualquier cosa. Cuando Reize lo había conocido allá en sus días de academia participando en una competición de cuantas rebanadas de pan de molde eran capaz de comer en menos de un minuto le había parecido un chaval bastante bruto pero muy animoso. No se había imaginado que podría llegar a ser tan quejica.

— Pues no, no tenemos nada de eso, así que os aconsejo que os compréis crema, porque a parte de lo ridículos que parecéis tenéis todas las papeletas para un cáncer de piel.

— ¿Qué es un cáncer?

— ¿No es un signo del zodiaco?

— Da igual... seguro que en vuestro planeta tenéis cura.

Desarm tenía un corazón de oro con los animalitos abandonados y tenía dos perros adoptados en casa.

Esta situación no le parecía demasiado diferente.

Reize levantó la mano, como si aquello fuese una clase del colegio.

— Yo lo que quiero saber es qué puñetas es un móvil, porque ayer Fubuki me pidió mi número de lo que sea eso y cuando le pregunté me miró como si fuese un bicho raro.

Desarm soltó una carcajada.

— Es cierto, los móviles. Tendría que haber empezado por ahí, no hay nada más humano.

— ¿Qué son?— Pandora levantó la vista de su libreta, era la única que lo estaba apuntando todo. Hasta estaba haciendo dibujos al lado.

— Pues en principio servían para llamar. Ahora hacen de todo.

— ¿Es algo así como un intercomunicador?— Sora se abanicaba con la libreta. Al estar en compañía de extraterrestres le habían permitido quitarse el casco y estaba disfrutando del aire fresco.

— No sé como serán los que usáis en vuestro planeta, pero sí. Y realmente pareceréis lo que sois si no tenéis uno ni habéis oído hablar de ellos. Tendríais que haber vivido en una cueva subterránea durante varias décadas.

— Pues estamos apañados. Ya podemos hacernos con uno y decirle que era broma. Luego dices que soy yo el que mete la pata.— Burn le dio un golpe a Reize en el brazo. Este solo suspiró.

— Me pregunto cuantas meteduras de patas más podremos hacer pasar por bromas.

— No sé, pero una cosa que deberíamos hacer sería evitar hablar en ruso fluido con la gente.— acusó Atsuishi.

— Eh, la ruedecita se movió mientras dormía, ¿cómo iba yo a saber en qué idioma estaba?— se excusó Nepper.

— Pues hay que tener cuidado y revisarlo todo antes de salir.

— A mí me gustaría poder quitarme el casco más a menudo. Me aso con él.

— Denegado.

Desarm miraba a unos y otros como si fuese un partido de tenis. De vez en cuando se olvidaban de él y se ponían a discutir entre ellos quién tenía la culpa de según qué cosas. Se preguntaba que clase de mentes preclaras habían decidido que era una buena idea meter a semejante panda en una nave. Quizás lo que querían era librarse de ellos. Si era así estaban cerca de conseguirlo.

— No os agobiéis mucho. Si no os han echado ya de dónde vivís no creo que vayan a hacerlo ya. Conozco a Suzuno-san y anda un poco corta de dinero, sois como un regalo llegado del cielo para ella.

Nunca mejor dicho.

Tras un par de horas y unos cuantos consejos más, principalmente sobre temas de conversación aceptables y normales y otros que no, Desarm se excusó diciendo que tenía cosas que hacer. Quedó en avisarles en cuanto tuviese novedades sobre su nave. Pandora empezó a guardar sus cosas, pero parecía distraída y pensativa. Los demás no se dieron cuenta, pero Heat sí. Se acercó a ella.

— ¿No te parece sospechoso? La actitud de Desarm, digo — le preguntó. Movió la rueda del traductor antes para hablar en su propio idioma. Por si las moscas.

Heat movió la cabeza afirmativamente. Él estaba pensando lo mismo.

— Hace demasiadas pocas preguntas, ¿verdad? Ni una sola vez nos ha preguntado qué es lo que hacemos aquí.

— Dirige un taller clandestino, puede que no hacer demasiadas preguntas sea necesario para el negocio pero... no sé. Si yo fuese él ya hubiese intentado sonsacarnos algo de información. Y en vez de eso nos está ayudando. En teoría. Y tiene nuestra nave en sus manos. Sé que nos lo recomendaron desde casa pero... aún así.— Pandora se mordió el labio nerviosa. Heat observó a Desarm, que estaba hablando con uno de sus empleados. Parecía muy amable en apariencia.

Pero ellos también.

— Volvamos a casa. Llamaré a Rean y que busque toda la información que pueda sobre él. Mientras tanto deberíamos venir a ver como van las reparaciones cada poco tiempo. Por si acaso.


Burn había quedado con Reize y Pandora para comprar el dichoso móvil. En realidad la idea era salir los tres juntos, pero se había quedado dormido en la habitación y se había encontrado al despertar con una nota de Reize de que se adelantaban y lo esperaban en la plaza a una hora concreta. Él hubiese preferido escaquearse y pasar la tarde libre a su bola, pero al parecer ser el capitán de la misión hacía que tuviese responsabilidades. Saliese bien o mal iba a pedir su dimisión de la armada al terminar este trabajo. No estaba lo suficientemente bien pagado.

Bajó las escaleras de madera de dos en dos, con un cuidado extremo, esperando no cruzarse con nadie. No tenía demasiadas ganas de soportar un interrogatorio de la dueña o las miradas de desaprobación de Hitomiko (en toda la semana aún no había hablado con ella. Se limitaba a mirarlos y torcer la boca cada vez que los veía) recién levantado y poco despierto como para salir de aquello airoso. A pesar de los crujidos de la madera logró salir al jardín sin complicaciones solo para encontrarse con el mayor punto negativo de la tierra sentado debajo del mismo árbol de la primera vez, mirándolo por encima de la cubierta de su libro.

Suzuno era su némesis en ese planeta.

Se habían caído mal desde el primer momento. Quizás porque lo llamó tonto con todo el descaro el primer día, porque se rio de ellos cuando se equivocaron con el nombre o cuando vieron el mar o quizás simplemente porque así como hay gente con la que conectas inmediatamente, hay otra que se te atraganta desde el primer momento. Suzuno era del segundo tipo. Reize era el que se estaba encargando de llevar sus relaciones públicas en este planeta: había hecho migas con Fubuki y le había visto hablar de vez en cuando con Suzuno. Le había dado la lata a él para que también colaborase un poquito e intentase reconducir su relación que con tan mal pie había empezado, aunque solo fuese en aras de una pacífica convivencia.

Quizás mereciese la pena intentarlo, aunque solo fuese por quitarse al pesado de Reize de encima. Que por cierto, tenía un rango ligeramente inferior al suyo y se comportaba como el jefe.

— Hola

— Buenas — dijo volviendo a su lectura.

Habría que insistir un poquito más.

— ¿Qué haces?— fue la interesante pregunta que se le ocurrió en ese instante.

— Tengo un libro.— Suzuno lo levantó.— Se llama "leer". Deberías probarlo alguna vez.

Burn respiró hondo. En un mes podría reventarle ese bonito libro en la cara y el pensamiento le dio fuerzas para contestarle a la bordería con una sonrisa.

— Los libros los dejo para el invierno. El verano es la época para disfrutar fuera de casa.

— ¿Tanto te ha gustado el mar?

— Me gusta más la playa. Caminar por la arena es divertido.

— No lo es. ¿No te quemas los pies?

Burn se encogió de hombros.

— Tengo bastante resistencia al calor.

Suzuno volvió a su libro como si ese breve intercambio de palabras hubiese sido suficiente para el resto del día.

— ¿Siempre te sientas debajo del mismo árbol?

— Me gusta leer aquí. Es un sitio tranquilo excepto cuando se empeñan en venir a molestarme.

Si pilló la indirecta en esas palabras no lo demostró.

— ¿Y nunca vas a la playa?

— A diferencia de a otras personas, a mí el calor no me va nada. Ir a la playa sería un sufrimiento innecesario.

— No sé como puedes tenerla tan cerca y no aprovecharla.

— Quizás por que la tengo tan cerca no le veo nada de especial. Pero ¿qué pasa contigo? ¿De donde vienes para no haber visto el mar nunca antes?

Burn no había previsto ese giro de la conversación, y no supo qué contestar a eso. Había estudiado bien el país en el que estaban y sabía que era una isla, resultaría raro que nunca antes hubiese estado en la playa.

— He vivido en el extranjero hasta hace poco — fue lo que se le ocurrió decir. Suzuno entrecerró los ojos.

— ¿Dónde?

— En... ¿Suiza?

Recordaba algo así de una tableta de chocolate que les había regalado Rinko. No tenía ni idea de situarlo en el mapa pero debía haber dicho algo con sentido porque Suzuno pareció mirarlo con menos sospecha. Desgraciadamente no le quitó las ganas de hacer preguntas.

— ¿Y por qué vivías en Suiza?

— Mis padres trabajan allí. De hecho mi familia aún vive allí— "en un sitio muy lejano" Tampoco era tan falso lo que le estaba contando.— Pero quisieron que yo volviese para conocer el país del que venían originalmente.

— Eso explica muchas cosas. ¿Y tus amigos?

— Hijos. De los socios de mis padres. Es una gran empresa japonesa.

La historia no había por donde cogerla. Suzuno se empezó a reír y volvió a su libro.

— No me creo nada.

— Pues peor para ti, porque es cierto — Ya que había empezado, no le quedaba más remedio que seguir hasta el final y hundirse con el barco.

— Bueno, tampoco tengo por qué meterme en vuestras cosas. Solo os pido que si estáis metidos en algún rollo raro o sois de la yakuza o algo así por favor tengáis cuidado de resolver vuestros asuntos fuera de esta casa. Tuvimos que rehipotecarla por la falta de inquilinos y aún la estamos pagando.

Había muchas palabras que Burn no comprendió de aquella frase, pero una retirada a tiempo es una victoria, así que dejó a Suzuno debajo de su árbol y se apresuró a reunirse con Pandora y Reize, dispuesto a echarle en cara a este ultimo el lio en el que le había metido su idea de socializar.


— Suiza.

— Sí. Suiza.

— Al menos me podrías haber dejado elegir a mí mi supuesto país de nacimiento — se quejó Reize.

— No hubo tiempo. Tenía que inventar una excusa convincente en escasos segundos. Fue toda una muestra de agilidad mental — Burn estaba en cierto modo orgulloso de su capacidad de inventiva. Reize no estaba muy convencido.

— Lo que te has sacado de la manga es de todo menos convincente, lo sabes, ¿no?

— Al menos ha acertado en algo — Pandora removía con alegría su te frío de melocotón con la pajita sentada en una terraza. Al lado en una silla tenían una bolsa con seis móviles, todos iguales y elegidos por la chica de la tienda. — Suiza no tiene salida al mar, así que tu pretexto para no conocer el océano es medio creíble.— A ella le chiflaban los mapas y se había estudiado el de la tierra a conciencia.— O bueno, lo sería si no hubieses inventado lo de que somos hijos de acaudalados empresarios, ¿por qué nuestros adinerados padres nunca nos han llevado a la costa?

— No sé, ¿son ejecutivos sin corazón que no nos prestan la suficiente atención? Aportad vosotros también a la historia, joder, que tengo que hacerlo yo todo.

— Es que el culebrón que te estas sacando de la manga es mucho más interesante que cualquier cosa que pueda yo inventar — contestó Reize.

— Tío, perdóname porque te he subestimado. Cuando te conocí no valore la tremenda habilidad que tienes para tocar los huevos.

Pandora puso paz.

— De todas formas, os complicáis mucho, capis. No hay necesidad de inventar tanto.

— ¿A qué te refieres?

Dejó el vaso sobre la mesa y sonrió enigmáticamente.

— Os haré una demostración.

Se dio la vuelta resuelta y le hizo un gesto al camarero, un chico alto con gafas de sol azules que se acercó rápidamente.

— ¿Puedo ayudaros en algo?

— Ya lo creo ¿cómo te llamas?

— Shirai Ikkaku — El camarero correspondió a su sonrisa — ¿Puedo preguntar tu nombre?— Al parecer Reize y Burn eran invisibles para él.

Pandora parpadeó un par de veces antes de responder.

— Pues verás, en mi bolsillo llevo una identificación falsa que dice que me llamo Kinki Nozomi, pero es mentira. En realidad me llamo Pandora y vengo del planeta Aliea. Tenía como misión conquistar la tierra, pero nos estrellamos con la nave al llegar y nuestras armas no funcionan sin ella, así que tenemos que esperar a que la arreglen fingiendo ser uno de vosotros, ¿qué opinas?

Shirai se quedó momentáneamente sin palabras hasta que de pronto estalló en una carcajada

— Opino que si quieres ligar conmigo hay formas mejores de hacerlo.

— Tsk, me has pillado— contestó Pandora con falsa inocencia.

— Al té invita la casa — dijo el camarero sonriente antes de marcharse.

Pandora se volvió hacia los dos capitanes mientras se acomodaba en su asiento

— ¿Veis como no hay que complicarse tanto?


Cuando el sol bajó demasiado como para poder leer fuera, Suzuno entró en casa. La mayoría de los inquilinos estaban fuera así que había más paz de lo habitual. Su madre estaba preparando la cena y lo llamó desde la cocina.

— Te ha llegado una carta, hijo.— canturreó alegremente.— No la encontré esta mañana porque nos llegan tan pocas que casi no me acuerdo de mirar el buzón.

Suzuno puso cara de extrañeza.

— ¿Una carta?

— Sí, una carta. Con sello, vía postal. El modo rudimentario que teníamos de comunicarnos en la prehistoria antes de los ordenadores.

— Sé lo que es una carta, lista, lo que no sé es quién me puede escribir a mí — cogió el sobre de encima de la mesa.— ¡Eh, la has abierto!

Ella sonrió.

— Es que es de una celebridad local.

Le dio la vuelta al sobre para encontrarse escrito, con una elegante caligrafía, un nombre: Afuro Terumi.

Afuro Terumi era una leyenda en la ciudad. Había sido muy amigo de Suzuno y Fubuki de pequeñitos ya que jugaban en el mismo equipo de fútbol, pero cuando sus padres se separaron se fue a vivir con su madre a Corea. Mantuvieron el contacto unos años más a través del correo electrónico y él les contaba que su madre lo llevaba a castings y a agencias de modelos, estaba obsesionada con hacer de su hijo una estrella. Poco a poco la relación se enfrió y dejaron de saber de él hasta que un día se encontraron con su amigo, mucho más alto y mayor de como lo recordaban y con el pelo muchísimo más largo, en un dorama coreano de la tele.

— Ahora resulta que vuelve para pasar el verano y como no sabe mi dirección de correo electrónico nueva me ha mandado una carta. Dice que nos quiere ver a todos — le comentó a Fubuki mientras le pasaba la carta. La leyó mientras Atsuya tiraba de la correa para continuar paseando. Se había acercado porque Suzuno le había avisado de que había algo que tenía que contarle.— Y lo peor es que mi madre ha abierto la carta, así que quiere que le hagamos una fiesta de bienvenida.

— No me parece una mala idea. — A Fubuki nunca le parecía mal nada— Tengo ganas de ver a Afuro. Pero, ¿somos gente suficiente como para montar una fiesta? La mayoría de los amigos que teníamos entonces ya se han mudado.

— Mi madre dice que invitemos a los suizos.

— ¿A quién?

— A nuestros inquilinos. Tus amigos los raros.

— Ah, ellos. No es mala idea.— Suzuno refunfuñó. Esperaba más cooperación por parte de Fubuki.— No te pongas así, puede ser divertido.

— ¿Con Afuro aquí? Mucho. Eso es lo que me da miedo.


Burn y Reize se pasaron el resto de la tarde haciendo cuentas en su habitación. Los móviles les habían costado un dinero con el que no contaban.

— ¿No teníamos un dinero para imprevistos?

— Sí, todo. Todo esto es un imprevisto.

Habían hecho las cuentas de tres maneras diferentes e hiciesen lo que hiciesen iban a empezar a pasar hambre como no encontrasen una forma de conseguir más dinero.

— ¿Y si llamamos a casa nos darán más?— preguntó Reize.

— Ni de coña. Ya están bastante descontentos con lo que ha pasado aquí. Nos dirán que nos las apañemos solos.

Reize miró a la libreta de cuentas como si una solución mágica pudiese aparecer allí. Él tenía una idea, pero no le gustaba, y sabía que a Burn tampoco le iba a gustar.

— Solo tenemos una opción. Trabajar.

Burn reaccionó como él esperaba.

— No tío, no vamos a trabajar en la tierra. Esto puede ser un desastre. Imagínate al imbécil de Gringo dando el cante.

— Él está descartado, pero los demás por qué no.

— Porque no me fío. Ni de ellos, ni de ti, ni de mí. Ya metemos bastante la pata en los cien metros cuadrados de esta casa interactuando solo con tres personas como para salir fuera a ampliar el círculo.

— No es que la idea me seduzca a mí tampoco, pero a ver qué hacemos. O vendemos los órganos de Gringo en el mercado negro o trabajamos.

— Prefiero la opción de los órganos.

— Burn, sé serio.

— Va en serio.

A Reize le fastidiaba bastante la falta de resolución de Burn. Empezaba a estar un poco cansado, pasaban demasiado tiempo juntos y se le estaba poniendo un dolor palpitante entre los ojos. Antes de que pudiese replicar, tocaron a la puerta. Cuando fueron a abrir se encontraron con la habitual cara adormilada de Fubuki.

— ¿Estabais ocupados?

— No. Bueno, un poco, ¿qué haces aquí?

— La madre de Suzuno me manda a que os invite a ver Olimpus High School con nosotros. Ha preparado la cena y pastel para todos.

Burn se tocó la oreja para ver si la ruedecilla del traductor se había movido, porque no había entendido nada de nada. Y por la cara de Reize él tampoco.

— ¿A ver qué?

— Es un dorama coreano. Es que el protagonista es amigo nuestro y vamos a hacerle una fiesta de bienvenida aquí a la que estáis invitados. A la madre de Suzuno le ha parecido buena idea que veamos unos capítulos todos juntos, así sabréis quién es cuando llegue.

A Reize le dolía demasiado la cabeza y estaba demasiado ocupado angustiándose con sus propios problemas como para salir y fingir normalidad con más gente. De hecho le apetecía estar un rato solo, sin nadie alrededor. No tenía cara de que Nagumo fuese a aceptar la invitación de propio intento, así que decidió que bien valía la pena jugarse el cuello por una tarde tranquila.

— Uy, pues verás, es que yo estoy muy ocupado porque tengo que estudiar.— enseñó la libreta con las cuentas que tenía de la mano, sin darse cuenta que estaban en el sistema numérico de su planeta, aunque por suerte Fubuki ni reparó en eso — Pero Nagumo está libre y puede ver la serie con vosotros.

A Burn aquello le pilló por sorpresa

— ¿Cómo dices?

Vendió a su compañero sin ningún pudor empujándolo antes de que tuviese tiempo de decir que no.

— Sí, ¿no me estabas comentando que te aburrías? Anda, ve y pásatelo bien.

Cerró la puerta y echó el cerrojo por si acaso. La venganza sería terrible pero una tarde de paz para él solo bien valía el intento de asesinato posterior.

Burn siguió a Fubuki de mala gana por las escaleras. El enorme perro estaba en el rellano esperando a su amo y le gruñó en cuanto lo vio aparecer. Abajo estaba ya Pandora, que charlaba con Hitomiko muy animadamente, Gringo, que se había puesto al lado del ventilador y se intentaba subir el casco en un vano intento de que le entrase algo de aire por debajo y Heat, que estaba cortándose un trozo del pastel de chocolate que Rinko había sacado. Fue a reunirse con él.

— ¿Quieres pastel? Está rico.

Burn miro el pastel como si estuviese envenenado.

— Esta familia es muy rara.

— Es posible, pero al menos la comida es buena. ¿Y Reize, no baja?

— No, el muy cabrito ha encontrado el modo de librarse arrastrándome a mí a esto. ¿Y Nepper?

Heat se rio como si fuese a contarle un chiste muy bueno.

— No está. Ha ido a pedirle de salir a una chica.

A Burn casi se le cae la cuchara de postre que había cogido al suelo.

— ¿En serio?

— Y tan en serio. La chica que trabaja en la librería que está al lado de la cafetería. Todas las veces que hemos pasado por la puerta se ha quedado embobado mirándola a través del escaparte. Dudo mucho que ella se haya fijado siquiera en su existencia, pero él tiene ganas de ir a hacer el ridículo.

— Tío, me acabas de alegrar la tarde.

— Espera a qué venga y nos reímos de él.

— No sé si me haría más gracia que la chica le dijese que sí, y ver el drama que montaría dentro de un mes. ¿Se acuerda siquiera de para qué estamos aquí?

Heat se encogió de hombros

— Y yo que sé. Yo nunca lo hubiese traído a esta misión, la verdad. Pero si te soy sincero, tampoco te hubiese traído a ti.

Burn gruñó

— Estoy tan pero tan contento de ser tu amigo y contar con tu apoyo.

— Sé que me aprecias por mi sinceridad.- dijo Heat dándole una palmada en el hombro

Habían dispuesto sillas alrededor de la tele y habían llenado la mesa con sandwiches y bebidas. Aquello parecía más bien una fiesta de cumpleaños infantil. Realmente esa familia era tan rarita como ellos. Burn vio a Suzuno sentado en una silla con un sandwich de pavo. Fue a sentarse a la silla más alejada, mientras Rinko salía con un dvd.

— ¿Os ha explicado Fubuki qué es lo que vamos a ver?

— Un dorama coreano de un amigo vuestro — Pandora parecía emocionada, como cada vez que tenía ocasión de descubrir algo de la Tierra. Burn no pudo evitar pensar que le gustaría compartir su optimismo cuando la chica se sentó a su lado.

"Olimpus High School" era un dorama ridículo hasta en el título. Hitomiko se llevaba una mano a la frente como si le doliese la cabeza solo con oír hablar de él.

— Son dioses del Olimpo que van al instituto — les explicó Suzuno.— Su personaje era un secundario al principio. Él es Afrodita travestí, un chico que se hace pasar por chica por problemas familiares, pero a los fans su personaje les encantó y desde entonces fue ganando protagonismo. Ahora la serie gira en torno a él y en exactamente cuántos dioses se lo quieren tirar. Se ha quedado hasta con Aphrodi como nombre artístico.

— Si fuese solo eso lo único malo de la serie... Zeus y Hades son profesores y están liados. Atenea está acomplejada por que lleva gafas y aparato y está enamorada de Ares, toda la serie es un insulto a la mitología griega — si Hitomiko fruncía el ceño un poquito más una de sus cejas se montaría encima de la otra.

— Ahm — ellos se limitaron a asentir. A duras penas podrían localizar Grecia en un mapa, mucho menos tenían idea de la mitología.

Al final todos se sentaron alrededor de la televisión a verlo. Lo cierto es que sin tener mucha idea de programas terrestres (en el Aliea había formas de entretenimiento bastante similares) la serie les pareció mala. Los actores sobreactuaban todo el rato y Aphrodi todo lo que hacía en la serie era pasarse la melena de un lado a otro, hacerle caídas de ojos a la cámara y poner poses adorables de niño indefenso cuando era oportuno.

— Basicamente lo que saben que hace que las fans se bajen las bragas — comentó Suzuno.

— ¡Fuusuke!

— Si es la verdad, mamá.

— ¿Es ese vuestro amigo, el rubio de las melenas? Pues es verdad que parece una tía.

— Le sienta esa faldita corta mejor que a mí — opinó Pandora.

— Fíjate, ni un solo pelo en las piernas, seguro que le obligaron a depilarse con cera. Cómo me pienso reír de él — dijo Suzuno.

Fubuki era un buen chico y nunca se metía con nadie. Pero cuando se las ponían tan a huevo hasta él tenía que atacar.

— Ha pasado mucho tiempo e igual no lo recuerdo bien pero ¿no eras tú el que seguía a Afuro a todas partes como un perrito faldero?. Si hasta te querías teñir el pelo de rubio para parecerte a él

Suzuno no dijo nada, se limitó a ponerse rojo como un tomate y fulminar a Fubuki (que parecía bastante orgulloso de sí mismo) con la mirada como si hubiese cometido una traición imperdonable. Nagumo sin embargo parecía contento como un niño al que le acaban de regalar un juguete nuevo.

— Mira, a lo mejor lo de la fiesta es interesante y todo.

— No puedes venir, te desinvito

— Tú no puedes desinvitar a nadie, Fuusuke.

— Sí puedo, es mi casa.

— No, es la mía porque la pago yo. Nagumo cariño, puedes venir y puedes reírte de mi hijo cuanto quieras.

Suzuno se dejó caer en la silla cruzado de brazos. Nagumo le sonrió desde su sitio como si acabase de ganar un punto decisivo en un partido.

—¿Sois muy amigos?— preguntó Heat por reconducir la conversación a terrenos menos pantanosos.

— Lo eramos. Hace mucho de aquello — explicó Fubuki — Teníamos un equipo de fútbol...

— ¿Fútbol? ¿Qué es fútbol?

Algo le dijo a Gringo que no debería haber hecho esa pregunta. Quizás el ver las miradas asesinas de Heat y Pandora al volverse hacia él con el cuello rígido.

Fubuki y Suzuno también le miraban, pero más bien extrañados.

— ¿Venís de Europa y no sabéis lo que es el fútbol?

— Sí que lo sabemos. Es que no sabía si os referíais a fútbol sala o fútbol americano o de otro tipo — intentó arreglar Heat de la mejor manera posible.

— Hablamos de fútbol normal. Del de los once jugadores

— Ya.

Tras un tenso silencio volvieron a mirar a la pantalla. Nadie se atrevió a dar más conversación

Había pasado una semana. Si conseguían sobrevivir tres más, ya daría igual todas las metidas de pata anteriores.


Reize estaba leyendo disfrutando de la paz de su cuarto y de la soledad. Él era de la clase de personas que necesitaba pasar algún tiempo solo de vez en cuando, y estar las veinticuatro horas del día con sus compañeros estaba agobiándolo un poco. Necesitaba estar en silencio para pensar pero, cuando darle vueltas al mismo tema empezó a ser demasiado angustioso, cogió el libro que tenía en la mesita de noche, al lado de su cama. Era el mismo que había sacado de la estantería la primera noche. Al examinarlos todos al día siguiente a la luz del sol vio por los títulos y las encuadernaciones más bien cutres que tenían toda la pinta de ser libros baratos o de propaganda que la madre de Suzuno había colocado por las estanterías de las habitaciones más por no dejarlas vacías que por proporcionar un verdadero entretenimiento a los inquilinos. Aún así se había interesado por el suyo, "proverbios y refranes populares". Pensó que podría darle un toque más realista a su modo de hablar metiendo alguna que otra expresión hecha. Estaba bastante ocupado memorizando expresiones cuando oyó un sonido que pensó que provenía de su recién estrenado móvil. Lo cogió pero la pantalla estaba apagada.

Lo que sonaba no era su móvil sino el intercomunicador de la nave que tenían encima de la mesa.

— Hola— saludó alegremente a quién ya sabía que estaría al otro lado de la línea.

— Dame buenas noticias.

Rean llamaba a diario hasta dos veces y cada vez parecía más histérica que la anterior. Decir que estaba haciendo horas extra sería un eufemismo. Más bien parecía que desde el incidente dormía en la oficina y no le estaba haciendo ningún bien a la salud. Sobre todo a la mental.

— No hay nada nuevo, ya te dijimos que te llamaríamos nosotros a ti cuando hubiese algún cambio y no...

— ¿Os creéis que esto es un juego?— le interrumpió

— Rean lo estamos intentando pero...

— Pues no lo intentáis lo suficiente.

— No tengo yo la culpa, ¿Qué quieres, que intente arreglar la nave yo mismo?— Reize entendía la posición de su amiga e intentaba ser comprensivo, pero tampoco solucionaba nada echándoles la bronca dos veces al día.

— Sería más de ayuda que tomar el sol todo el día.

— No te pongas borde conmigo, yo no tengo la culpa.

La oyó respirar hondo al otro lado de la línea

— Vale, perdooona. Es que vosotros estáis ahí como de vacaciones pero la que tiene a Ulvida encima todo el día soy yo. Si pasa algo la pagará conmigo. Vosotros siempre podréis huir llegado el momento y rehacer vuestra vida en la tierra. Yo no tengo escapatoria posible.

— Lo que pasa es que no hay nada que podamos hacer salvo esperar.

Esperar.

No llevaban ni una semana ahí y ya sentía simpatía por casi toda la gente que había conocido. Suzuno, su madre, Fubuki, Desarm... ¿Qué pasaría cuando llevasen ahí un mes? Todo se estaba complicando horriblemente. Quizás hubiese sido mejor haber pasado ese tiempo viviendo como ermitaños en mitad del bosque sin relacionarse con nadie.

— Vale. Pero comprende que me ponga nerviosa, estoy aquí sola y... uy

— ¿Uy?

— Es que estaba jugando con el interruptor apagando y encendiendo la pantalla — Reize puso los ojos en blanco. Rean estaría muy estresada pero tampoco es que fuese muy seria en su trabajo — y ahora me sale una señal como de otra nave espacial en las inmediaciones.

— ¿Otra, como que otra? ¿No será la nuestra en el taller? Quizás han conseguido encenderla.

— No, no, la vuestra la tengo localizada. Es otra, en otro cuadrante del mapa a las afueras de la ciudad donde estáis. Ha llegado hace un rato. Pero si fuesen de los nuestros me lo habrían comunicado.

— No me fastidies, Rean, ¿quién puede estar también interesado en la tierra?

Lo que menos le apetecía además de todos sus problemas era tener que luchar por la soberanía del planeta con otro interesado. De hecho, en lo que a Reize respectaba no pensaba luchar, si alguien quería la tierra toda para él, y que lo discutiese con la flota cuando llegase, a él no le pagaban tanto como para eso. Se asomó al balcón por acto reflejo, como si así pudiera ver quién es.

— Pues no lo sé, voy a llamar a relaciones interplanetarias y a preguntar sí saben...

— No hace falta. Lo conozco

— ¿En serio?

— Sí. Ha venido hasta aquí.

El pelo rojo de Gran tocando al timbre de la puerta de entrada era inconfundible.


Gran, el único tripulante de la nave llamó al timbre de la dirección que tenía apuntada en un papel. Este trabajo podía significar su ascenso de agente en pruebas a agente a secas. Además era el primero que hacía sin supervisión, pero para Gran era importante por otros motivos.

Los conocía a los dos, a Burn y a Reize. Una de sus primeras misiones había consistido en hacerse pasar por recluta dentro de la escuela de la armada de Aliea. Solían enviarle a veces trabajillos de estos a los nuevos; al fin y al cabo Aliea constituía el 70% de sus quebraderos de cabeza, si había alguna ocasión de reconducirlos antes de que llegasen a la edad adulta era mejor intentarlo.

En su momento le parecieron tan diferentes que no se lo pudo creer cuando se enteró de que iban juntos en la misma nave. Burn estaba en esto por devoción, Reize por obligación por mucho que se afanase en hacer las cosas. No se lo había podido sacar de la cabeza desde que lo conoció. Quería salvarlo.

Tenía la dirección de donde se encontraban y todos los detalles de su situación, como era habitual en la agencia. Siempre era así y nunca se cuestionaba el por qué.

Al fin y al cabo el Gran Hermano lo sabe todo y lo vigila todo.


Lo siento, sé que prometí el capítulo bastante antes, pero miradlo por el lado bueno, son más de siete mil palabras toditas para vosotras. Por lo demás, no sé si tengo algo que aclarar. Le he puesto nombre a la madre de suzuno porque llamarla "madre de Suzuno" todo el rato se me hacía muy pesado. No soy partidaria de los ocs, pero no me quedaba más remedio que buscarle una madre al chico, y en cuanto al nombre, fue el que eligió una amiga por twitter al azar. Lo mismo para el origen supuestamente terrestre de los aliens, otra amiga dijo Suiza y con Suiza se quedaron y al final hasta me ha venido bien. Si no os queda claro quién es el chico de la cafetería, lo podéis buscar en el Diamond Dust, y podéis apostar quién es la chica de la librería. Y ahora que ya tengo a todos o casi todos los actores en escena espero poder ir más rápido.

Muchas gracias a Fres por betearmelo, a vosotras por leerlo y si tenéis algún comentario estaré encantada de leerlo.

Besitos!