¡Hola! ^^ Pude hacer un lugarcito en mi domingo para poder publicar el capítulo y no dejarlas abandonadas XD

Quiero agradecer a Ina-Stardust R, PrincessVirgo, Danabel 94, Cassiopeia Solo-Weasley y zukilove por sus comentarios, de verdad que me animan muchísimo.

Espero y disfruten de la lectura.


Camus había bajado a lobby del hotel para comunicarse con su padre, por alguna razón la recepción de la señal en la habitación no era buena, y estaba seguro que si no le informaba a Dégel que habían llegado sanos y salvos, al hombre le daría un infarto.

Antes siquiera de poder marcar el número, sintió como algo chocaba con él, acción que le valió soltar su teléfono que cayó al suelo. Aturdido vio desaparecer escaleras arriba una cascada de cabellos lilas.

—Vaya, pero que cortés—ironizó, mientras se volvía para recoger su accidentado teléfono. Justo en ese momento un hombre se agachaba para recogerlo y entregándoselo.—Muchas gra…

El hombre levantó una ceja confundido al repentino mutismo del joven. El rostro de Camus palideció de inmediato y sus ojos se agrandaron tanto que pareciese, se saldrían de sus cuencas. Jamás en su vida había dado tales muestras de turbación, pero es que ese sujeto…

—¿Se encuentra usted bien?—preguntó en griego. Camus no tuvo problemas en entenderlo, ya que conocía varios idiomas—¿Señor?

Camus sacudió su cabeza espantando la conmoción de su rostro. Tomó su teléfono observándolo con inusitada curiosidad, luego volvió su vista al hombre que seguía con una expresión confusa.

—Si, disculpe, muchas gracias—dijo moviendo el teléfono en su mano con nerviosismo. El sujeto hizo un asentamiento con la cabeza y marchó con parsimonia escaleras arriba.

La mirada escarlata del francés lo siguió incluso permaneció estática en la escalera a pesar de que el misterioso hombre ya había desaparecido. Sus ojos, sus facciones… incluso su porte eran tan parecidos a su hermano que le produjo escalofríos. Lo único que lo diferenciaba eran los cabellos particularmente rojos como los de él. Característica llamativa y que pensó jamás encontrar en otra persona.

¿Qué posibilidades había? A decir verdad no sabía nada de la familia biológica de su hermano. Recordaba habérselo preguntado a sus padres, quienes nerviosos sólo se limitaron a decir que la adopción fue en un orfanato, y que todo había sido legal, que no conocían a sus padres biológicos. Aquello nunca había terminado de cerrarle, pero tampoco quiso indagar más… si sus padres lo habían abandonado, de nada valía investigar el porqué.

Sacando esos raros pensamientos se dispuso a llamar a su padre.


¿Qué tan mal le haría salir a conocer un poco del lugar?

Shaka se encontraba sentado en uno de los sillones que adornaban la habitación. No era que él jamás había salido de su casa, pero podía contar con los dedos de su mano, las veces que había podido convencer a sus padres – con ayuda de Camus – de permitirle salir a recorrer un poco las calles y plazas, admiración de la bella Normandía, donde viven. Sólo serían unos pasos por el pasillo, tal vez vería a personas, y con suerte, ninguna se asustaría de su barbijo. Así que decidido se incorporó del sillón con rumbo a la puerta. Abrió la misma y salió de la habitación dando unos pasos en solitario, el lugar estaba iluminado con bellas arañas que colgaban del techo, giró su cabeza en ambas direcciones esperando encontrar a alguien. Ni un alma transitaba por ahí. Era de esperarse debido a la hora y se sintió tonto al pensar que encontraría con quien conversar.

Los ruidos de pasos en la escalera lo alertó e inconscientemente se tensó, pensó en volver a su habitación, pero también podría tratarse de Camus. Sonrió, seguramente si era su hermano se llevaría una gran reprenda.

Pero quien apareció no era Camus. Sino alguien totalmente distinto. Shaka abrió sus ojos al ver la tristeza reflejada en el rostro del muchacho que caminaba con pesadumbres en los pasillos sin percatarse de su presencia hasta que estuvieron frente a frente.

Mu levantó la vista algo desencajada para clavarla en las claras pupilas del hombre que estaba frente suyo. Sin saber por qué se sobrecogió al verlo con el barbijo puesto. Pero más al observarlo con detenimiento… no podía ser él ¿o si?

—¿Asmita?—preguntó temeroso.

—Disculpe usted, me confunde con alguien más—dijo con la voz algo apagada por el barbijo. Había hablado en un exquisito francés.

—¡Oh!—por suerte Mu tenía conocimientos en el idioma.

Guardó silencio mientras sus ojos eran atados con una fuerza magnética a las pupilas de ese joven, que a juzgar más detalladamente, debía tener su edad o tal vez menos. Sus ojos sin dudas eran un portal cristalino. Mu se sintió invadido e inseguro de decir o hacer algo, y es que era tan parecido que lo aturdía.

¿Qué tenía el destino con él y aquellos hombres?

—¡Shaka! ¿Qué haces ahí, vuelve a la habitación?

Escuchó a otro hombre gritar algo alarmado, e inmediatamente el joven rubio corrió dentro de la habitación cerrando la puerta de golpe. Mu giró para ver algo molesto al sujeto que había gritado de esa manera. No tenía derecho a tratar así al muchacho.

—Creo que fue un poco duro—dijo con el ceño fruncido encarando la perturbadora mirada rubí de Camus, quien sostuvo el duelo de miradas con frialdad. Tanta que Mu terminó por rendirse y desviar su rostro, mordiendo ligeramente su labio—.Disculpa si incordie a tu novio, o a ti.

—¿Novio?—Camus abrió sus ojos sorprendido por tan absurda conclusión, que no se parecieran no significaba que fueran novios precisamente—.Él es mi hermano, no sé por qué ha hecho tan ridícula suposición.

Mu se ruborizó con fuerza, pidiendo que la tierra se lo tragase ahí mismo.

—¡Oh por Dios! Disculpa, es qué…

—Descuida, no es para que te pongas así—Camus caminó rumbo a su habitación, pero antes de abrirla se dirigió a Mu una vez más—Y no fui duro con él, sólo lo protejo.

No dijo nada más e ingresó a la habitación cerrando la puerta tras de sí. Mu suspiró con fuerza antes de continuar su camino hasta su propia habitación, donde ni bien ingresó se hecho a la cama, recogiéndose en ella como un ovillo.

La noche había sido demasiado perfecta para que terminara así de mal…se sintió un estúpido al corresponder el beso.

Llevó sus dedos a sus labios, la sensación aun perduraba, había sido tan placentero. Tal y como se lo había imaginado todo este tiempo… su primer beso.

Los ojos celestes cristalinos del rubio en el pasillo se apoderaron de su mente. Eran tan atrayentes, tan serenos y profundos, como un lago donde te sumerges sin hallar el fondo jamás. Eran del mismo color de Shijima. Pero eso no era lo más sorprendente, sino el hecho que era parecido – por no decir idéntico – a Asmita, el hombre del andén.

Shaka.

Así lo llamó su hermano cuando le gritó «sólo lo protejo» le había dicho, y el rostro cubierto por una mascarilla de tela le dieron una idea de que el joven podía estar muy enfermo. Sintió dolor y pena por él. Era demasiado joven y hermoso como para sufrir algo grave.

Suspiró una vez más antes de cerrar sus ojos y dejar que el sueño lo abrace. Los ojos de Shaka y el beso de Shijima fueron sus últimos pensamientos.

Había apretado la cintura con fuerza e intentado profundizar más el beso, pero la demanda de aire le obligó a separarse del tiritante cuerpo del menor. Ese sonrojo imperante en su rostro y el estremecimiento de sus labios le conferían una ternura que jamás había sentido.

¿Por…? ¿Por qué lo has hecho?—preguntó Mu entrecortadamente, aun con sus ojos cerrados.

¿No era acaso éste el fin de la cita?—dijo casi con arrogancia, produciendo que Mu abriera sus ojos y lo observara con desconcierto—.Yo pagué la cena, merecía algo en recompensa—sonrió de lado con sonra.

Mu se estremeció y removió de su abrazo para observarlo con furia.

La única intención que tenía era la de disculparme por mi comportamiento.

Entonces… disculpa aceptada—dijo mientras volvía a arrinconar a Mu entre su cuerpo y la pared, pero el peli lila se zafó de un empujón.

Eres un cerdo—dijo con rabia y salir corriendo hacia su habitación. Shijima sólo lo dejó ir mientras sonreía y caminaba hacia el interior del hotel.

Estaba echado sobre la cama con los brazos cruzados por detrás de su nuca, con la vista fija al techo.

—Tal ve fui muy duro con él…—susurró.

No le dio mayor importancia al asunto, se recostó de lado para disponerse a dormir. Luego pensaría en una disculpa que le permita volver a probar esos labios.


—¿En qué estabas pensando Shaka?—cuestionó su hermano una vez dentro. El rubio se limitaba a observar la calle por el ventanal.

—Discúlpame, sentí curiosidad y decidí recorrer un poco, no te preocupes Camus, apenas y había entablado palabras con ese tipo… no moriré por eso—dijo algo melancólico.

Camus suspiró con fuerza, acortando la distancia entre ellos y abrazándolo por detrás, apoyando su mentón en el hombro de su hermano. Ese contacto también era peligroso, pero era el único "descuido" que se permitía el pelirrojo para con su hermano.

—Sé que no lo harás—dijo deshaciendo el contacto—, pero debemos tener precaución, al menos hasta que veamos al doctor. Ahora es mejor que nos acostemos, la cita con el Doctor Caristeas es muy temprano y me costó mucho dar con él, no podemos desaprovechar.

Shaka se giró para abrazarlo un momento.

—Gracias por preocuparte por mí Camus, eres el mejor hermano que alguien pudiera tener, lo que más quiero es poder curarme para que tú también comiences a vivir.

—No digas tonterías, que yo soy feliz así…

—Lo sé, eres un antisocial del demonio—sonrieron para luego acostarse cada uno en una cama.

Temprano en la mañana Camus había pedido el desayuno en la habitación. Ambos ya estaban arreglados para su cita con el medico. Shaka tomaba un zumo de naranja y comía unas tostadas untada con mermelada, pero Camus apenas y había probado bocado, se sentía tenso, nervioso.

—Recuerda que soy yo al que le harán las pruebas—dijo sonriendo el rubio—deja de estar tan nervioso.

—No puedo evitarlo.

Unos momentos después ambos bajaban la escalera. Kanon estaba en recepción y observó curioso al par, claro que él no se encontraba ayer de turno cuando llegaron. El chofer ya aguardaba fuera del auto, así que sin mucho preámbulo ambos se dirigieron a él.

Shijima también había decidido levantarse temprano ese día, había conseguido después de mucho tiempo información del orfanato donde él estuvo hasta ser adoptado. Tenía la esperanza de que supieran el paradero de la familia que se había llevado a su hermano.

Shijima se hallaba en Grecia por que en una de las investigaciones, unos directores corruptos del hogar de niños, le habían dicho que la familia que tenía a su hermano radicaba en Atenas desde hacía varios años.

Esa información para su pesar, había sido falsa. Pero a pesar del golpe duro no se movió de la capital griega, todavía le faltaba la información de la mujer del hombre que por aquellos años era presidente del orfanato. Habían sido ellos, los que se mudaron a Grecia, la información se había tergiversado dejando a Shijima una vez más sin nada.

Cada vez que sentía que estaba cerca de hallarlo, lo engañaban dándole falsos testimonios. Era una decepción tras otra, pero él no se rendiría nunca. Costara lo que le costara, lo encontraría. Hallaría a su hermano.

Los laberintos del destino estaban a punto de desaparecer. Aunque nadie sabía que la sangre había llamado a la sangre. Aún.

Descendió de las escaleras, saludando cordialmente a Kanon, se dirigía al comedor del hotel donde tomaría un desayuno simple antes de partir, pero algo llamó su atención. Shijima abrió sus ojos alarmado al observar al pelirrojo de la noche anterior entrando a un auto con un joven rubio… tan rubio como el hombre de las fotos, de su padre.

Corrió con todas sus fuerzas, sorprendiendo a Kanon que lo observó atónito, jamás se hubiera esperado semejante reacción del calmado hombre.

—¡Espera!—gritó a todo pulmón, pero el auto ya se hallaba lo suficientemente lejos como para que lo escucharan.

Ingresó con prisa de nuevo al hotel hasta ver a Kanon que seguía observándolo pasmoso.

—¿Sabes quiénes eran ellos?—preguntó agitado. Kanon parpadeó unos instantes antes de virar su mirada hacia la entrada del hotel.

—No—respondió con algo de culpa por el estado penoso del pelirrojo—.Llegaron anoche, déjame buscar el registro.

No era algo que se estuviera permitido en el lugar, dar información sobre los huéspedes, pero al ver como se encontraba el hindú, Kanon no dudó en ayudar, parecía que esa información era de vida o muerte.

—Gracias—dijo Shijima algo más calmado.

—La reserva esta hecha a nombre de Camus Lefebvre.

—Lefebvre… Gracias señor Argyropoulos, y disculpe mi descortesía de hace unos momentos.

Kanon asintió repetidas veces mientras veía como el pelirrojo salía del hotel a pasos decididos. Ahora tenía que investigar a ese tal Camus…


El consultorio del doctor Milo Caristeas estaba ubicado en un imponente complejo médico, donde se hallaban los más importantes en cada especialidad, su oficina se encontraba en el piso ocho, un conserje los guió en el ascensor. Al ingresar a la sala, una joven rubia se hallaba detrás de un escritorio con ordenador y varios teléfonos que sonaban a cada instante, justamente la joven hizo un movimiento a los dos recién llegados de que se ubicaran en los sillones, mientras ella terminaba la llamada.

—De acuerdo le haré un lugar, pero tendrá que venir más temprano, de lo contrario perderá el turno, hasta luego—colgó y se dirigió con una sonrisa a los presentes—.Disculpa haberles hecho esperar, como veran los teléfonos no dejan de sonar. Mi nombre es June, ¿en qué puedo ayudarlos?—Shaka y Camus se ruborizaron al ver la bella sonrisa de la joven.

—Muchas gracias, tenemos turno con el Doctor Caristeas, soy Camus Lefebvre, hablé con él personalmente hace unos días para acordar la fecha y horario.

—¡Oh, claro! El doctor estaba ansioso por recibirlos—Camus arqueó una ceja algo sorprendido por lo dicho por la joven—.Por favor acompáñenme, el doctor llegará en unos momentos más.

Los hermanos siguieron a la joven al interior del consultorio de Milo y les indicó que se ubicaran en las sillas que estaban frente al escritorio. Luego se marchó dejando solos a los dos franceses.

—Que amable chica—dijo Shaka para romper el silencio.

—Sí—se limitó a decir Camus.

Tampoco le dio tiempo a más, pues la puerta se abrió en ese momento, donde Milo ingresó.

—Buenos días señor Lefebvre, es un placer conocerlo al fin—dijo un distraído griego que venia leyendo unos informes y no había levantado la vista.

—El gusto es mío Doctor Caristeas, gracias por atender a mi hermano.

Camus extendió su mano para estrecharla con el joven ¡y precioso! Medico. Milo sonrió antes de dejar la carpeta sobre el escritorio y levantar la vista sólo para abrir sus ojos y su boca en un gesto poco profesional y que hizo ruborizar furiosamente al francés de rojos cabellos.

Shaka arqueó sus cejas algo confundido por el accionar tanto del medico como de su hermano.

—Es un placer—dijo Milo un tanto recuperado de la emoción y sonriendo abiertamente.


¿Y, qué les pareció? No hay mucha acción romántica todavía ¡paciencia! Que al menos ya se conocieron XD

Mu no apareció mucho en este capítulo, pero ya volverá, no por nada es uno de los principales.

Será hasta la próxima. Gracias por leer.