¡Hola! Aquí les traigo un nuevo capítulo, un poco más largo de lo acostumbrado ^^

Espero lo disfruten.


Bihar, India. Veinte años atrás.

No hacía falta ser demasiado observador para entender el porqué del odio – envidia – de la población. Bastaba con sólo mirar su grácil cabello rojo ¡ROJO! Como las llamas del infierno, y a su lado… el rubio hijo de Dios.

Asmita Radhav pretendía llevar una vida tranquila en las fértiles tierras de un pueblo perdido a las orillas del Río Ganges. Los aldeanos cultivaban en dichas tierras, armaban tiendas donde comercializaban sus productos naturales, raros y regionales. Las mujeres se encargaban de las tareas del hogar. Y de vez en cuando, se efectuaban arreglos beneficiosos para una u otra familia, uniendo en matrimonio a sus hijos.

Asmita había arribado al olvidado pueblo cuando mediaba los veinte años y ya contaba con una mujer y un pequeño de dos años. Si bien, como en las grandes ciudades de donde pretendían huir, el pueblo tampoco los recibió con buenos ojos, pudieron hacerse de unas tierras y cultivar sus propios alimentos, nadie comercializaría con ellos. Los rumores de desgracias hacían de la familia Radhav un misterio. Los ancianos de la aldea acostumbraban a soltar la lengua, lanzando injurias, mismas que acarreaban la deshonra de Asmita y su pequeña familia. Se decía que habían sido enviados por Dioses malignos…

¿Cómo iba a saber el joven, que la desgracia si se cerniría sobre ellos?

Él lo tenía todo, una hermosa esposa, huérfana como él, llamada Indara. Ambos habían huido de la casa donde trabajaban siendo esclavos desde niños. Se casaron contando con dieciocho años y un año después nacería Shijima Radhav, su primer hijo. Sí. Asmita lo tenía todo.

¿Cómo cambian las circunstancias en tan poco tiempo? ¿Cómo transforma un hombre su bondad en hielo?

Indara lloró el día que la anciana que vivía cerca de su casa – única persona que la ayudaba – le advirtió que estaba embarazada. Su segundo hijo. Asmita también lloró al enterarse, pero ya no había vuelta atrás ¿o sí?

Tal vez todavía tenía oportunidad… pero le costaría caro. Demasiado.


Actualidad.

Hacía alrededor de una hora que había despertado, pero no tenía intenciones de abandonar la cama aún. O tal vez no tenía ánimos, había pasado una noche infernal entre los recuerdos y la burla. Porque sí, se sentía burlado, usado y humillado.

«Eso te lo tienes merecido por confiar en los demás»

Claro que había confiado. Shijima a pesar de no ser tan mayor, si apenas lo superaba por cuatro años, le parecía un hombre atento, dedicado y leal. Nunca se imaginó que fuera… tan canalla.

Su rostro se ensombreció nuevamente. Le gustaba, porque negarlo. Le había atraído la cortesía y elegancia del pelirrojo, más allá del increíble atractivo.

No era más que un niño mimado. Un niño rico que obtenía todo cuanto quisiese… pero Mu no estaba en planes de ser un objeto más para el ingles ¡Claro que no!

—Faltaba más—resopló—y yo aquí de estúpido lamentándome por un patán.

No dudó en levantar las sabanas y salir de la cama, se daría una ducha, desayunaría y saldría a recorrer todo lo que aún no había visto de Atenas. Shijima no estropearía sus planes… y si no lo dejaba entrar en su corazón, no había porqué temer.

Ilusiones de juventud…

Se observó en el espejo luego del reparador baño, había escogido unos jeans náuticos de color celeste y un suéter blanco. Las ojeras levemente oscuras que surcaban debajo de sus ojos aun no desaparecían, pero no importaba, por lo demás se sentía bien, ya repuesto de su primer desaire amoroso. Si es que se le puede llamar así a un simple beso.

Chasqueó la lengua malhumorado al darse cuenta de su sonrojo, producto del recuerdo del apasionado beso, espantó los recuerdos y salió de la habitación.

Cuando llegó al comedor del hotel, se ubicó en una mesa algo apartada, mientras ordenaba su desayuno al mozo. Shaina no tardó en unírsele, estaba ansiosa por saber cómo había terminado la noche.

—Buen día Mu—saludó con su escueta sonrisa.

—¡Shaina! Buen día—dijo sonriente—¿Gustas acompañarme?

—Gracias, en cuanto te vi, vine corriendo y es que ¡Cuéntame Mu! ¿Cómo te fue anoche? Te vi en el restaurante anoche, Kanon, Milo y yo cenamos ahí—volvió a sonreír algo ansiosa.

—¿Milo?—preguntó confundido.

—Oh si, el primo de Kanon, no le des importancia ¡vamos cuéntame!—vio como el peli lila desviaba su rostro algo consternado y su mirada se tornó triste—¿Qué sucede?

—Pasé una noche agradable en el restaurante, Shijima además de apuesto es muy inteligente…

—Entonces porqué llevas esa cara de amargura ¡acaso se propasó contigo!—casi gritó alarmada.

—¡No! Bueno… me besó y yo correspondí—el carmesí producto del bochorno se intensificó—Pero luego él… simplemente es un idiota, dijo que lo hizo porque pensó que esa había sido mi intención al invitarlo.

Bajó su mirada al plato de frutas que justo habían traído junto a una taza de café y un tazón de yogurt griego. Aguardó unos instantes en silencio, le avergonzaba no saber como actuar en ocasiones como esas.

—¡No lo puedo creer! Y yo que pensaba que era un hombre correcto—la mirada verdosa de la mujer se afligió, mientras tomaba las manos de Mu—.Discúlpame Mu, creo que cometí un error en insistirte para que lo invitaras—Mu le sonrió al tiempo que hacía un gesto de negación.

—No te disculpes, creo que ambos nos dejamos engañar por su bonito rostro.

—¡Ah, pero así quería atraparlos!—Kanon había llegado donde estaban con una sonrisa socarrona, la cual cambió por una carcajada al ver que Mu quitaba sus manos de la de su novia y se sonrojaba furiosamente—.Ya cálmate Mu, sólo bromeaba—dijo mientras se ubicaba en la mesa—Sucedió algo extraño ésta mañana.

Shaina y Mu se observaron y luego volvieron la vista al griego.

—¿Qué sucedió?—preguntó su novia, curiosa como nadie.

—¿Recuerdas a los huéspedes que llegaron ayer en la noche?

—Lefebvre—recordó la peli verde—.Tomé su reserva hace una semana, creo que Shura los atendió cuando llegaron, no he tenido oportunidad de conocerlos personalmente.

—Pues han salido temprano en la mañana, pero eso no es lo curioso, sino que el señor Shijima—Mu se tensó al escuchar el nombre del pelirrojo—, salió corriendo tras ellos en cuanto los vio, no llegó a alcanzarlos y me pidió el nombre, luego salió como alma que lleva el diablo, parecía desencajado, nunca me lo hubiera imaginado así.

—Vaya, es muy extraño, ¿no lo crees así Mu?

—Tal vez los conozca—dijo sin mucho interés en el asunto.

—Uno era pellirrojo como él, el otro rubio, pero no eran más que niños, tal vez tendrían tu edad Mu…

Pelirrojo y rubio… eran con quienes se había cruzado en el pasillo después de su cita. Recordó los ojos celestes del rubio Shaka. Así se llamaba ¿Los conocería Shijima?


Shaka observó curioso por demás las actitudes de su hermano. Nunca en lo que llevaban de vida, lo había visto sonrojarse así ante alguien, tampoco lo había visto tartamudear o sudar. Camus era más bien austero a la hora de expresarse, no por nada le decían que parecía un tozo de hielo.

—En cuanto leí tu caso, me interesé al instante, debo de confesar que jamás había visto algo parecido—el medico le hablaba a él, sí, pero miraba a Camus con insistencia—.Tu hermano tuvo la amabilidad de enviarme previamente tu historial clínico, pero hay algo que me llama la atención, en tu condición los análisis de rutina para monitorear tu estado, deben hacerse con un mínimo de tres meses entre cada estudio—Milo sorbió un poco de agua antes de continuar—pero aquí, el último data de hace casi un año ¿Falta alguno?

—No—dijo Shaka con la voz apagada detrás del barbijo—.Realmente mis últimos estudios fueron hace un año. A decir verdad luego del fallecimiento de nuestra madre, mi padre estuvo muy depresivo y temeroso de que algo me sucediera, tal vez obró mal, pero no tuvo malas intenciones, sólo protegerme, y es por eso que prácticamente me prohibió salir de la casa.

Milo arqueó sus cejas y frunció ligeramente el ceño, claro que había sido una imprudencia, pero no lo diría, al menos por ahora, lo importante era realizarle cuanto antes estudios y análisis completos, luego ya tendría tiempo de reprochar las acciones del hombre.

—En ese caso, es esencial realizarlos cuanto antes, quiero tener ideas claras de tu organismo antes de actuar. Por cierto, puedes retirarte el barbijo aquí, contamos con un sistema de purificación de aire continuo—dijo señalando un pequeño aparato incrustado en la pared—al trabajar con pacientes inmunológicamente deficientes, es importante—sonrió volviendo la mirada al pelirrojo.

Camus, haciendo uso de todo su autocontrol, volvió a la seria mirada, mientras observaba como Shaka se retiraba el barbijo y suspiraba aliviado.

—¿Cuándo comenzaría con los análisis?—preguntó el francés de ojos rojos.

—Creo que si no tiene inconvenientes, ahora mismo—Camus y Shaka asintieron—entonces déjenme llamar a mi ayudante, él te preparara Shaka.

No tardó en aparecer un hombre castaño y con rostro pícaro, quien le sonrió al rubio de forma coqueta mientas se lo llevaba para prepararlo.

Gloria para Milo, que tendría al menos unos minutos a solas con el bellísimo pelirrojo.

—Descuida, serán sólo los exámenes de rutina, por ahora con eso me es suficiente—habló rompiendo el silencio al percatarse de la mirada de Camus.

—Lo sé, hemos pasado muchas veces por esto…

—Eres un buen hermano, ¿se llevan muchos años?—preguntó al azar—Porque no lo parece.

—En realidad… no, para cualquiera que lo ve de afuera, somos mellizos.

Milo abrió sus ojos asombrado y algo alarmado. Eso quería decir que Camus también tenía dieciocho años ¡vaya su suerte! Contaba con que el francés tuviera al menos veinte, así no se sentía tan mal cortejarlo. A sus veintiocho años, la diferencia se notaba.

—Así que también tienes dieciocho, vaya—dijo algo apesadumbrado, Camus levantó una de sus cejas curioso por la actitud del medico—.Y… ¿Cómo es Paris?—preguntó cambiando completamente de tema, confundiendo aun más al pelirrojo—Digo, nunca he estado en Francia, pero dicen que es una bella ciudad.

—Lo es, pero no vivimos allí, sino en Normandía.

¡Claro! Lo había leído en los papeles. Un ligero rubor se instaló en sus mejillas, se sentía algo tonto, Camus observó de reojo las reacciones del doctor, mordiéndose ligeramente el labio. Si que era endemoniadamente apuesto.

—Normando… ¿vikingos?—Camus sonrió.

—Celtas.

—¡Vaya! Mi intuición me ha abandonado por completo el día de hoy—y luego sonrió ampliamente—.Pero ya sabes lo que dicen… el amor altera la percepción.

Le guiñó el ojo provocando esta vez un sonrojo descomunal por parte del menor. Milo sonrió encantado antes de ser llamado por su asistente. El rubio hizo un gesto con su cabeza y luego se disculpó con Camus por retirarse. El francés no dijo nada mientras veía la cabellera del medico mecerse al compás de su andar. Suspiró.

—Contrólate Camus que tú no eres así—se dijo a sí mismo.

Toda su vida había mantenido cierto distanciamiento con las personas y los sentimientos – aun con Hilda – y no iba a venir un hombre que apenas y lo conocía a desestabilizar toda una vida de calma ¿o si?


Contar con las facilidades que otorga el dinero, en esos momentos era una bendición. En media mañana había hecho algunas llamadas y para ese momento ya contaba con información sobre Camus Lefebvre. Ciertamente no era mucha, más que su edad y procedencia, además de que era uno de los herederos de un millonario vinicultor. Su madre había fallecido hacía un año y tenía un hermano mellizo.

—¿Podría ser…?

Según tenía entendido, los mellizos no precisamente debían parecerse. Ya había averiguado que Camus era el pelirrojo. Suspiró haciendo acopio de toda su memoria, trató de recordar algo con respecto a su hermano, pero a su mente sólo llegaban recuerdos confusos, de un bebé envuelto en mantas que él no alcanzó a ver, pues estaba más concentrado en correr y seguirle el paso a su padre.

Cerró sus ojos sintiendo la adrenalina recorrer su cuerpo como aquella vez, el miedo y la confusión.

«Mamá, mamá ¡¿Dónde está mamá?!»

Shijima abrió sus ojos de golpe. Sintió la garganta seca y las lágrimas acumularse en sus ojos. Aquel recuerdo fue tan vivido que sintió escalofríos ¿qué había pasado? ¿Por qué huían?

Una casa, una casa grande con una inmensa cruz encima: el orfanato donde estuvo antes de ser adoptado. Su padre lo había dejado allí prometiéndole que regresaría. Se fue con el bebé en brazos y jamás regresó…

Shijima se dio cuenta que lloraba, que la angustia había aparecido tan de golpe que ahogaba. Apretaba su garganta como manos invisibles que le cortaban la respiración. Se abrazó a sí mismo en un vano intento por serenarse. Nunca llegó a ser feliz después de eso, aun a pesar de que sus padres se desvivieron en entregarle amor y cuidados, que lo trataron como un príncipe y le dejaron todo lo que poseían. Los amaba, claro que los amaba, pero nunca fue feliz porque su verdadero padre lo abandonó, sin ninguna explicación, privándole de saber de su madre y su hermano. Ahora que el recuerdo había aflorado en su mente, sabía bien que nunca llegó a ver el rostro siquiera de su hermano… se sentía tan perdido.

—¿Te hallaré algún día…? ¿Estarán vivos?

El cabello del rubio era exactamente como el de su padre, como lo recordaba. Pero el pelirrojo… ¿será él?

—Camus…—susurró—debo verte, debo comprobar por mí mismo que eres tú, que eres mi hermano que he buscado incansablemente.

El destino estaba a punto de cerrar las puertas, encerrando así en sus dominios al pasado y el presente. Y sus protagonistas, deberían hallar cómo salir, sin herir, sin dañar…sin morir.


—Esto si que es una sorpresa—dijo Milo asombrado leyendo los resultados de los análisis, ante la expectante y temerosa mirada de los hermanos—.Ciertamente tus glóbulos blancos son escasos, pero a pesar de todo, los resultados son mejor de lo que podría haberme imaginado para alguien en tu condición.

—¿Cómo es eso doctor?—preguntó Camus entre asombrado y aliviado.

—Bueno, alguien que ha padecido leucemia, no cuenta con buen conteo de plaquetas y en contrario, como ya deben saber, la producción de leucocitos son excesivas además de defectuosos… en ti Shaka, los tratamientos y operaciones han logrado contrarrestar la enfermedad pero en consecuencia, terminaste con una inmunidad débil… lo que te ha mantenido con vida son las radioterapias de niño y las transfusiones de plaquetas… fuiste operado de un trasplante de medula—Shaka asintió aunque sabía que fue más una afirmación que una pregunta—, me imagino que tú fuiste el donante, ¿verdad?—ésta vez su atención fue hacia Camus y su asombro al verlo negar—.Ya veo, aunque suele suceder que aun en grandes familias, ninguno sea compatible.

Shaka observó a Camus, el ceño del pelirrojo se frunció visiblemente consternado ante la curiosa mirada del doctor, pero luego lo vio asentir. Para tener la posibilidad de un tratamiento efectivo, no debían omitir ningún detalle y eso lo sabían, aunque a Camus le molestara.

—Esa opción queda nula—habló el rubio—, si tiene en cuenta de que soy adoptado.

—¡Oh!—Milo trató de ocultar su asombro—ya decía yo que no eran muy parecidos para ser mellizos—bromeó con una sonrisa, misma que contagió a Shaka, no así a Camus.

—Los mellizos pueden o no parecerse—dijo el pelirrojo con los brazos cruzados.

—Lo sé, lo sé, no quise ofenderte… Shaka—Milo volvió a la seriedad que ameritaba el asunto—, es probable que tú, a pesar de lo que te han dicho toda tu vida, no seas un paciente terminal… por lo que he podido vislumbrar, los médicos en Francia sólo se han encargado de mantenerte con vida, pero no se molestaron en buscar una solución a tu enfermedad, dijeron que no tenía cura y te mantenían a base de transfusiones y aislamiento, pero… lo que quiero decir es que el hecho de que tus glóbulos blancos funcionan correctamente, a pesar de la escases, que ninguno presente deficiencia es la luz que necesitamos… tú no padeces una enfermedad irreversible y me encargaré de ponerle un fin.

Milo sonrió con convicción al tiempo que Shaka abría sus ojos y Camus apretaba sus puños. Él lo sabía, su hermano sobreviviría…

—Sería un sueño poder ponerle fin a todo esto, que mi padre y mi hermano ya no se preocupen por mí.

—Shaka…—Camus tomó su mano, gesto que enterneció a Milo.

—Ve y pasa el día recorriendo las plazas, verás que llegado la noche te sentirás mejor, no tengas miedo Shaka, ni tú tampoco Camus.

—Gracias doctor Caristeas—sonrió francamente Camus mientras extendía su mano que el rubio no dudó en estrechar más de la cuenta.

—Milo, por favor, sólo llámame Milo.


Ya mejor recuperado del chasco de su cita, Mu disfrutó del agradable calor que el sol sobre Grecia le regalaba. Había ido a una excursión guiada en el Partenón de Atenea Nike, maravillado por las ruinas de la soberana Diosa. Para el mediodía ya estaba de regreso, aun no se decidía si almorzar en el hotel o en algún comedor de la zona, aunque esa idea le agradaba más.

Estaba a punto de ingresar a un restaurante modesto cuando sentados en la plaza frente al monumento del soldado anónimo divisó a Shaka y su hermano pelirrojo. Dudó, pero luego decidió acercarse y saludar, después de todo, no había sido muy amable la noche anterior (ni Camus tampoco).

—Cálmate Camus, si tanto te preocupas, regresemos al hotel no me importa, creo que ya tuvimos bastantes emociones el día de hoy—Shaka a decir verdad estaba un tanto cansado por el comportamiento de su hermano.

Sonrió para si, por más que tratase de disimularlo y negarlo, Camus era exactamente igual a su padre, en el fondo el pelirrojo no podía estar tranquilo si él no estaba en una habitación, como si el refugio de cuatro paredes le diera cierta inmunidad.

—Podemos comer algo en el comedor del hotel antes de descansar…

Shaka iba a decir algo pero calló al ver acercarse al joven de cabellos lilas que había visto en el hotel. No podía confundirse ya que el muchacho había llamado poderosamente su atención.

—Hola—saludó Mu ante la atenta mirada del rubio y la no muy amistosa de Camus—.Anoche no tuve la oportunidad de presentarme, me llamo Mu—sonrió y por alguna extraña razón que escapaba a su conocimiento, Shaka sonrió en respuesta.

—Hola Mu, soy Shaka, y mi hermano "el ogro" es Camus—dijo sonriendo mientras Camus bufaba. Mu también sonrió—Ya íbamos de regreso al hotel.

—Justamente estaba regresando cuando los vi—dijo. Después de todo, ya no le parecía tan mala idea volver al hotel.

—Entonces, vamos juntos—propuso el rubio.

—Vamos…—sonrió.


Bueno, ¿qué les pareció?

Ya sabemos algo más del pasado de los virgos, aunque todavía falta develar cómo es que terminaron cada uno por distintos puntos del globo.

Quisiera pedir disculpas por el hecho de utilizar un tema tan delicado para la enfermedad de Shaka, no quiero herir sensibilidades u ofender con ello. No es ni remotamente mi intención, y también que los hechos que narro son casi ficticios y exagerados, no sé mucho de medicina (mi área de especialidad es la contable... muy lejos de la medicina) He leído un poco por Internet, y lo demás es meramente mi invención, por ello vuelvo a repetir, pido disculpas si ofendí a alguien con ésto. Sinceramente espero que no.

Ya en los próximos capítulos comenzara la acción, Shijima no se quedará quieto ahora que tiene tan cerca la verdad y Asmita tomara un rol más trascendente... ¡Y el romance comenzará intensamente y a montones! XD

Esperoque hayan disfrutado de la lectura, será hasta la próxima, gracias por leer.