¡Hola! ¡Todavía estoy chillando por el capítulo de SoG! Mi corazón se estremeció por completo, fue tan genial... Y ya tan sólo queda el último episodio :'(
Bueno a lo que vine, una nueva estrega de este fic. Sin dudas las cosas comienzan a enredarse más, tengan paciencia, que todo terminará por saberse.
Agradezco enormemente por sus lecturas y comentarios. Sin más, espero disfruten de la lectura.
La pequeña mesa se vistió de almuerzo, mientras Mu servía en ambos vasos, el zumo traído por Shaka. Por el rabillo de sus ojos observó la esbelta y elegante figura del rubio, sentado en perfecta rectitud sobre una de las banquetas, cruzado de piernas con el rostro sereno, dejándose iluminar por el sol que se colaba por la ventana, desde donde observaba el movimiento en las calles del agitado barrio.
—Es una linda vista—dijo. Shaka giró suave, asintiendo mientras su vista captaba la sonrisa de Mu.
No le pareció mal devolverle el gesto. Quitó su barbijo acomodándolo cuidadosamente a un costado de la mesa, mientras dibujaba una tenue sonrisa.
—Al parecer, la comida en el hotel no está nada mal.
—Ya lo creo.
Los intervalos silenciosos en los que se veían envueltos no parecían incomodar al rubio, acostumbrado a pasar grandes tardes con Camus, donde sólo se sentía el sonido de las hojas del libro al cambiar de páginas. Pero muy en su interior, no deseaba en ese momento el silencio. Mu era una persona interesante. Sentía la necesidad de conocerlo mejor, de saber de él. Le gustaba el color de sus ojos, tan verdes, tan sinceros. Sentía la imperiosa necesidad de interactuar con una persona.
El hecho de que le llamara la atención un hombre y no una mujer, tampoco era algo que le conmocionara. De hecho y a pesar de la falta de experiencia, se sentía más a gusto con la idea de una presencia varonil en su vida. Experimentar lo que – como hombres – se siente al tocar a otra persona en intimidad, lo que sus manos le transmiten sobre el sudor masculino. Un hombre era una idea más natural para él, a pesar de ser todo lo contrario. Entonces, ¿su propio cuerpo reaccionaría diferente ante la piel de una mujer? Los besos. Serán los besos de un hombre diferente a los de una mujer. El sexo…
Deben serlo, por eso son diferentes.
Las interacciones entre las personas, siempre le suponían un interés, le llamaba la atención como cada persona se relacionaba con el ambiente, con las acciones y reacciones. Cómo él mismo podía llegar a desenvolverse en ciertas circunstancias. Dicho de otra manera, cómo actuaría ante una cita.
No sentía pavor, era curiosidad. Una enorme que anidaba siempre en su pecho y que aumentaba conforme él crecía.
Shaka parpadeó unos instantes mientras observaba como Mu le ofrecía un plato. El rostro del peli lila se notaba curioso.
—Gracias.
Y Mu…
Shaka se limpió sus labios suspirando un poco. Estaba claro que no le pasaba desapercibido la pregunta que flotaba entre ellos. Y que Mu ansiaba por hacer.
—He observado que llevas un tiempo queriéndome preguntar algo—dijo con calma, mientras llevaba el vaso a sus labios y bebía un sorbo—; Adelante.
Una tenue sonrisa se dibujó en los labios de Mu. Era cierto que desde que conociera al francés, había sentido la necesidad de preguntar sobre su enfermedad. Algo que no hizo por respeto.
—¿Qué…?
Y claro que Shaka sabía hacia donde iba dirigida su curiosidad. Tomó el barbijo entre sus manos observándolo un momento. Adelantándose a responder, no le molestaba su curiosidad, era algo natural. El hombre está hecho de preguntas. Al menos, eso creía él.
—Si te dijera que es la primera vez que me siento con un extraño a almorzar, ¿me creerías?—Mu no respondió, entendiendo como retorica la pregunta—.En realidad, es la primera vez que salgo de mi casa, sin que mi padre o mi hermano estén presentes. Desde que nací llevo esto conmigo. Ha mutado de formas, hubo épocas en las que parecía desaparecer y al tiempo volvía con intensidad, dejándome al borde de la muerte—el rostro de Mu se veía afectado, lleno de empatía—. De niño padecí de cáncer, pude curarme, pero mi sistema inmunológico prácticamente dejó de funcionar.
—Lo siento—.Un extraño y horrible nudo se había formado en la boca de su estómago.
—Sí, lo he escuchado bastante en mi vida. Podría decir lo mismo, pero nunca me compadecí por esto, tampoco dejé que otros lo hicieran. Preferí aceptar y luchar; aún lo prefiero.
—Eres muy valiente…
Y era sincero al decirlo. Shaka lo sabía. Es que Mu no pudo dejar de pensar en su propia vida. Shaka le hacía frente a una enfermedad desde hacía dieciocho años y él, ante el primer signo de dolor, de flaqueza. Huyó.
—Es por eso que me encuentro en Grecia—continuó el rubio—, mi hermano insistió en tratarme con el Doctor Caristeas, al parecer es un genio. ¿Y tú, Mu? ¿Qué haces en Grecia?
¿Qué hacía allí? Una vez más se preguntaba lo mismo. Pero por primera vez, lo tenía bien claro. A pesar de que se lo dijo una y otra vez cuando su padre falleció. A pesar del dolor por dejar a su madre sola, por dejar a su amigo, su tranquila vida en el pueblo de su Tibet natal.
Por primera vez podía afirmarlo con convicción, con honestidad.
—Busco mi identidad…
«No huyo. Busco.»
Milo sonreía mucho. Por todo. De eso se había dado cuenta Camus en el poco tiempo que llevaba conociendo al profesional.
—Te encantará el lugar, la comida es exquisita—dijo observándolo un momento para volver después la vista al camino—.Aunque yo cocino mucho mejor.
Otra era la enorme confianza en sí mismo.
«Arrogante.» Pensó.
Pero esa misma confianza que podía palparse de inmediato al tenerlo cerca, era justamente la que le daba confianza a él. No podía explicarlo concretamente, pero sentía que era contagiado por esa determinación. Algo muy dentro de él le dictaba que podía tener fe en ese hombre, que no se habían equivocado cuando le hablaron del doctor Caristeas.
Camus sonrió también… todo en Milo era contagioso.
Sonrió al pensar que había sido justamente Hilda quien le habló del griego, cuando en televisión había salido una nota de toda su investigación, con muy buenas críticas. Desde ese momento Camus pasó día y noche investigando sobre el doctor, haciendo interminables llamadas para dar con él, no quería hablar con su secretaria y que su pedido terminara en un fichero del que nunca saldría. No. Él no era de esas personas que se conformaban con un «tal vez» incluso removería cielo y tierra para conseguir lo que buscaba. Y eso hizo. Horas en línea, días sin resultados, hasta que su sacrificio dio frutos, y fue atendido por el médico. Aún recordaba su reacción al tenerlo frente a sus ojos.
Había visto incontables fotografías de Milo por internet, en revistas, en televisión. Pero, en persona, su belleza era infinitamente mayor.
Tan sumido en sus pensamientos estuvo, que no se dio cuenta, cuando Milo detuvo el motor de su auto frente a un restaurante bastante elegante.
Como había hecho al ingresar al auto, Milo descendió primero para abrirle la puerta a su acompañante. El lugar, era justamente el mismo restaurante donde días atrás se había encontrado con su primo y su novia. Claro que a Camus no le sorprendió que sea tratado con tanta familiaridad por los empleados del mismo. Una mesa fue dispuesta de inmediato para ambos, en un sector un tanto apartado, podría decirse que era la parte VIP del lugar.
—¿Te agrada?
—Es muy bonito—se limitó a responder—¿Puedo hacerle una pregunta?
—La que quieras—respondió mostrando sus perfectos dientes al sonreír.
—¿Cómo es que una persona tan joven puede tener tanta experiencia? No me malinterprete, jamás traería a mi hermano con alguien, si no estoy seguro de su seriedad y profesionalismo, pero me es un tanto curioso.
—Bueno Camus, la verdad es que yo…—se acercó al joven, como quien va a contar un secreto—; soy un genio…
El rostro contrariado de Camus fue digno de la fresca risa del griego. De inmediato el francés frunció el ceño, con evidente enojo. No le gustaba que lo tomaran por tonto.
—Enojado eres aún más encantador, pero ya, disculpa—dijo deteniendo su risa, para de inmediato adoptar una seriedad autentica—. No es una mentira, me resultó demasiado fácil recibirme, pero no quería terminar como uno más de tantos médicos mediocres, quienes se limitan a negociar en vez de curar. A decir verdad la verdadera razón por la que elegí esta profesión fue por mi padre—hizo una pausa mientras la comida era dispuesta en su mesa, cada uno agradeció a la mesera, retomando instantes después la conversación, la cual había captado la completa atención del menor—. Cuando mi padre falleció, me prometí que me esforzaría por evitar cuantas muertes me sea posible…
—Comprendo muy bien lo que dices—confesó Camus con algo de tristeza en su mirada—, me gustaría poder ayudar a mi hermano a que tenga una vida normal.
—¿Estudiarás medicina?—interrogó.
—No, historia antigua…—Milo enarcó una ceja.
—¿Por qué? Me pareces un joven inteligente, y si tu voluntad es ayudar a tu hermano, por qué eliges una carrera tan aburrida—Camus lo observó sorprendido de la sinceridad en sus palabras—Disculpa si te ofendí, pero no lo comprendo.
—Mi madre lo era, cuando murió mi padre estuvo muy deprimido, creo que el que siguiera los pasos de mi madre, le haría feliz…
—¿Y a ti? No es cuestión de hacer feliz a los demás Camus. Qué sentido tiene vivir si no se es feliz con uno mismo… tú, que tienes la posibilidad de serlo, eres joven, estás a tiempo de replantear tus decisiones, estoy seguro que tu padre estará orgulloso sea cual sea la decisión que tomes.
Estar a tiempo. Claro. Ya había dado un paso importante antes, cuando cansado de fingir, había decidido enfrentar sus verdaderos sentimientos.
«Qué sentido tiene vivir, si no se es feliz con uno mismo» Cuánta razón tenía. Su vida no había sido particularmente emocionante, acostumbrado a la rectitud de su padre, a la enfermedad de su hermano, evitó a toda costa pensar en sí, en lo que realmente le alegraba el corazón. Y pensar en salvar vidas, era algo en lo que, sin duda alguna, sentiría genuina felicidad. Dar su vida y poder contribuir a la recuperación de Shaka, formaba parte de su más anhelada felicidad. Podrían llamarlo sacrificio, pero él lo haría con gusto. Siempre.
Un sacrificio del cual, jamás, se arrepentiría.
Increíblemente, fue algo en la mirada de Milo, lo que hizo intensificar ese anhelo. Su mirada le había transmitido esa seguridad. En las fotografías de las revistas científicas, en la televisión, más que hablar con sus labios, Camus sentía que Milo lo hacía con la mirada. Sentía que podía confiar siempre es esa mirada… y en su sonrisa.
—Confío en usted—dijo de repente.
Milo, que tenía un bocado a medio masticar, tragó con dificultad mientras un tenue sonrojo decoraba sus mejillas. Camus lo observaba con intensidad, viéndose reflejado en esos singulares irises rojizos. La sinceridad que transmitía el francés, le provocó un enorme cosquilleo en el vientre, sintiendo como el calor de esos ojos – aparentemente fríos – lo incineraba, de una manera hermosa, pura. Genuina.
Milo sonrió, al percatarse de todo lo que ese joven le provocaba y no estaba seguro de poder ser correspondido con la misma intensidad, pero lo intentaría. De ahora en más tenía dos objetivos claros y primordiales; salvar a Shaka y enamorar a Camus.
—Y yo confío en ti—se sintió fascinado por la sonrisa de Camus, viendo como esas níveas mejillas tomaban color—, estoy seguro que juntos, vamos a lograrlo.
Juntos. Qué bien sonaba eso.
Cerca. Nunca se sintió tan cerca de su padre, de su madre… de su hermano. Su brazo temblaba mientras pulsaba el botón del timbre. La mano de Sísifo se apoyó en su hombro a modo de aliento, necesitaría fuerza para enfrentar lo que venía.
Cuando la puerta de la casa se abrió, ambos jóvenes pudieron ver a una mujer, que distaba mucho de la imagen que se habían hecho en su mente. Shijima, no la recordaba muy bien, al fin y al cabo tan sólo tenía cuatro años cuando estuvo en el orfanato y su mente, tratando de no sufrir, había bloqueado mucho de ese entonces.
Ciertamente era una mujer algo mayor, pero hermosa, bien arreglada y esbelta. Shijima si tenía muy nítida la larga cabellera negra purpurea, que aún conservaba con esplendor. Cayó en cuenta de que no debió ser más que una jovencita en aquella época.
—Si son vendedores, váyanse. No me interesa nada de lo que puedan ofrecer—dijo tajante la mujer con un semblante de pocos amigos.
Era su voz. Ahora lo recordaba. Esa mujer siempre había tenido una voz muy áspera, propia de la imagen salvaje que siempre mostraba. El semblante del pelirrojo se mantuvo en calma, interiorizando para sí, el vendaval de emociones que comenzaban a moverse por su cuerpo. Dio un paso hacia el frente, cuando se percató de que la mujer estaba dispuesta a cerrarles la puerta en la cara. Sísifo se adelantó, evitando que lo hiciera. Ingresó a la casa, seguido de Shijima.
En el interior de la vivienda, se podía apreciar mucha elegancia, siguiendo con los estándares que ya se veían en la fachada. Alarmada, la mujer dio un portazo, Shijima la observó en el mismo instante que el rostro femenino palidecía.
—Veo que comienza a recordarme—habló suavemente, mientras recorría el living de la casa—.Es una casa muy bonita, sin dudas la venta de niños deja muy buen dinero—ironizó ácidamente.
—¿Qué quieren aquí? ¡Déjenme en paz!—colérica, la mujer gritaba.
—Le recomiendo que se calme si no quiere que involucremos a la policía en todo esto—habló Sísifo, mientras tomaba asiento en uno de los amplios sillones que decoraban el lugar, instando a la mujer a hacer lo mismo, cuando palmeo el espacio a su lado—¿Violate, no es así? Coopere y no habrá necesidad de involucrar a más personas.
—Lo único que me interesa saber, es qué fue de mi familia—Shijima se ubicó en un sillón individual.
La mujer se llevó una mano al pecho mientras suspiraba y se sentaba junto al castaño. Se veía nerviosa y a la defensiva. Había llegado a Grecia en busca de paz, pero todo lo que en el pasado había hecho, nunca dejó de atormentarla.
—¿Dónde está su esposo?—interrogó el pelirrojo.
—Muerto… lo asesinaron hace mucho tiempo ya—dijo sin un ápice de emoción—.Pierdes tu tiempo en buscar respuestas aquí. Nosotros sólo nos encargábamos de vender aquellos niños, de sus familias poco y nada supimos.
—Pero fue mi padre quien me dejó ese día, él iba con mi hermano—Shijima apretaba sus puños con fuerza, comenzaba a impacientarse.
—Una de las mujeres que trabajaba en el hogar te recibió, para nosotros no eran más que objetos de negocios y tú, con tu rostro exótico, con esos cabellos rojos, eras sin dudas, una mercadería invaluable… tuviste suerte en ser vendido a esos viejos… muchos terminaban en lupanares de la zona.
—¡No hables así de mis padres!—Shijima se había incorporado furioso de la manera tan inhumana de hablar que tenía esa mujer—¿Por qué entonces no se quedaron con mi hermano también? Estoy seguro de que era igual de exótico como dices, que yo… ¡¿Por qué?!
—Cálmate Shijima, no ganas nada con enfurécete—tranquilizó su amigo.
—Shijima…—susurró la mujer—; conservaste tu nombre—no obtuvo respuesta—.A pesar de que puede haber sido un niño interesante también, no contábamos en ese momento con lo necesario para mantener a un recién nacido… era contraproducente. Escúchame bien Shijima…—el cuerpo del pelirrojo se tensó al ver la expresión seria de la mujer—, tiempo después de que tu padre te dejara en nuestro orfanato, llegaron unas personas buscándolo a él y a sus hijos. Al parecer tu padre les debía algo y el pago por ello era tu hermano… ¿entiendes? Tu padre pensaba vender a tu hermano y es por eso que tuvo que abandonarte en nuestro hogar…
El silencio gobernó en él, mientras en su mente desmembraba cada palabra que había oído. Vender… vender a su hermano… Su padre había sido capaz de hacer algo tan… sintió que todo se desmoronaba en su interior. Como su corazón se hacía pedazos incapaces de juntar. Llevó su mano temblorosa a su rostro, refregándolo con brusquedad, juntando toda la voluntad de la que era capaz, para mantener la calma y no sucumbir ante las lágrimas, que sin dudas, estaba necesitando dejar correr.
El odio que mantuvo por aquel hombre que alguna vez fue su padre, resurgió con violencia, mientras su mente desfiguraba una y mil posibilidades de las que su hermano pudo haber padecido… más que nunca necesitaba hallarlo.
—El que te vendiéramos en ese tiempo, fue una alivio para nosotros—continuó hablando la mujer—, no queríamos involucrarnos con esa gente… pero terminaron por enterarse y asesinar a mi esposo. Tuve que huir y cambiar mi nombre para que no me encontraran, vendí la mayor cantidad de niños, el resto, fue dejado en la calle…
—Eres una miserable—Sísifo sentía asco de lo que oía, no podía creer que hablara con tanta naturalidad de algo tan siniestro—.Deberíamos denunciarte y que te pudras en la cárcel por todo lo que hiciste.
—¡No, esperen!—grito alarmada—.Les daré un nombre a cambio de que me dejen en paz, si lo hallan, podrán saber qué fue de tu hermano.
—¡Habla!—Shijima ya se había puesto de pie, junto a Sísifo.
Estaba mareado, necesitaba con urgencia salir de esa casa, o desfallecería. Todo lo que había oído no hacía más que revolverle el estómago. Se sentía sucio, su propio padre era un miserable… agradeció su suerte, pero no podía estar tranquilo sabiendo que su hermano, tal vez, había tenido la peor de ellas.
—Shion Qing… él fue quien asesinó a tu madre y quien buscaba a tu padre para recibir a tu hermano como pago…
Un segundo después, el mundo se volvía oscuridad y silencio para el pelirrojo. Shijima había perdido el conocimiento.
¡Chan chan chan! Ahora sí que se pudrió todo XD
En el próximo capítulo, Shaka comienza definitivamente con el tratamiento y habrá más roces con Mu... Milo y Camus ya van por buen camino. Y Shijima, bueno, él seguirá en la búsqueda, mientras cofcofinteneta-conquistar-a-Mucofcof
Será hasta el próximo capítulo. Gracias por leer.
