Aclaración de lectura:
-letra entre comillas + cursiva: recuerdo.
-letra normal: diálogo, narración.
-letra entre comillas: pensamiento de los personajes.
Capítulo Tres
Atrapado – 2da parte.
12
Salvado por la campana. Taiga se deslizó entre los pasillos de palacio, sin dar espacio a la pelirosa de continuar su interrogatorio.
Al parecer una legión de hombres sometía la ciudad.
Siguió a los criados hacia los balcones y observó extrañado lo que parecía una tormenta de arena acercarse. Pidió prestados unos binoculares, pero recordó inmediatamente donde estaba.
-Deberías ir acostumbrándote. Esto sucede cada pocos meses.
Su corazón dio un salto al ser tomado por sorpresa, mas antes de reparar en quien le hablaba fue halado sin previo aviso y arrastrado por los pasillos. Todo lo que podía ver entre tanta tela era piel blanca y cremosa en unos dedos finos que no podían ser de una mujer ni debería poseer un hombre.
-Espera
Hizo acopio de toda su fuerza para frenarle y ambos cayeron al suelo, enredados en un lío de cuerpos y tela. La risa cantarina llenó los pasillos por un momento y apenas disminuyó gradualmente mientras la fuente de la misma se recomponía de su propio chiste.
El pelirrojo no veía la gracia llegar a él de ningún lugar.
-Perdón. Tienes poco tiempo en palacio, pero puedes andar con confianza de que nada malo va a pasarte dentro de las paredes del castillo. Mi nombre es Kise, tu debes ser el nuevo chico del que hablan en los pasillos.
Como si no fuese lo suficientemente descarado, el rubio desnudó el tronco de su cuello donde se veía la fea mordida.
Touché.
Algo se estaba cocinando por ahí y él no distinguía entre el olor que destilaba. Esperaba no fuese su cuerpo siendo quemado en una hoguera.
-Eso se puede infectar. Sígueme, tenemos mejor vista desde el último piso y podremos curar esa fea herida.
Pese a todo, no se confiaba de repente en un extraño. Kise parecía japonés por igual, quizás un mestizo porque dudaba que en Japón hubiese rubios de ojos dorados. Mas no por eso confiaría en él. ¿Solo por ser ambos mestizos? Ni de coña.
-Entonces… ¿vienes? Prometo que no voy a morderte, solo quiero ayudar con eso.
Ah, cierto, la mordida que le dio el desgraciado. Al parecer todo le recordaría la fatídica experiencia.
-No necesito ayuda. Solo dime dónde encontrar un maldito botiquín de primeros auxilios.
Por suerte tenía todas sus vacunas. Solo esperaba, por todo lo más sagrado, que no le hubiese contagiado algo.
-Como quieras.
13
Daiki no estaba pensando últimamente, en verdad que no. De ser así no consideraría oportuna la marcha hacia Kwuait. Sabía dentro de sí que se estaba comportando como un crío enfermo y que necesitaba alguna terapia. Mientras estuvo en Japón rara vez tuvo algún arrebato de descontrol y ni tan similar.
No sabía de dónde provenía la sed de sangre o quizás sí y solo deseaba enterrarlo más profundo, deshacerse de ello hasta que no quedase remanente alguno.
Apretó su antebrazo derecho al sentir como se acalambraba.
Debía ser ansiedad, no podía ser otra cosa.
Quería engañarse a sí mismo, pero no sabía por cuanto tiempo duraría el hechizo.
"¿Qué diría Kalid si te viese ahora mismo, eh?..."
Lanzó una mirada retadora hacia arriba, allí donde el sultán miraba la llama ardiente en los ojos de su hijo, advirtiendo en qué se estaba convirtiendo su propio hijo.
14
Los criados se apostaban a los lados en las paredes del tálamo de su señor. Cuando la pelirosa entró como una tromba, hecha una furia, y empezó a hacer destrozos en la estancia se miraron confundidos. No era la primera vez que le veían hacer una rabieta, pero les parecía muy extraño su comportamiento.
Momoi suspiró y se arregló los flequillos que apenas se despeinaron. Luego se disculpó con los criados y pidió que le dejasen a solas.
¿Por qué Daiki no se decidía de una vez por todas hacerla su esposa?
¿Por qué el Malik continuaba trayendo amantes cuando era tan obvio que su hijo no les hacía caso alguno?
"Si él no hace nada al respecto, debería aprovechar, ¿no?"
Nadie tenía por qué enterarse, ya se encargaría de hacerles entender a cada uno de ellos quien era la oficial y que más valía ser leales a ella si querían continuar recibiendo tantos lujos por ser simples decoraciones.
Iría primero por el pelirrojo, el rubio era más manejable y conocido: solo debía recordarle su lugar.
15
Taiga se sintió traicioneramente bien. A diferencia del trato común que recibía de los hombres, este parecía tan firme y a la vez "táctil…" Sus formas agraciadas no le hacían menos varonil, pero era hermoso en gran manera.
-Estás tan tenso. ¿Por qué no te relajas?
Hizo una mueca que en simple lenguaje rezaba desconfianza, sin embargo a los pocos minutos se encontró gimiendo de placer ante las atenciones del rubio.
El olor a especias hacía que su cuerpo luchase a contravoluntad para relajarse, la música típica y melodiosa solo añadía más magia de sumisión y se descubrió imposibilitado de resistir más tiempo.
Sintió algo encajar entre sus piernas y apenas logró reunir la suficiente fuerza de voluntad para hacer que sus ojos se abriesen, sintiendo los párpados tan pesados…
-Qu-qué haces…?
-Darte la bienvenida, por supuesto.
Sus labios fueron tomados en una caricia sutil que luego perdió todo toque de ligereza en cuanto su labio inferior fue mordido y halado. Una sonrisa traviesa bailó sobre él y sus manos automáticamente se encajaron alrededor de la estrecha cintura.
Kise era esbelto, lo que compensaba que su cuerpo no pareciera una simple exhibición de músculos y extremidades. Las mismas se sentían tan bien bajo su tacto mientras recorría todo su cuerpo desde la pantorrilla hasta el cuello, sintiéndole arquearse al contacto y frotar sus pelvis juntas sin dejar de devorarle la boca.
Taiga no era virgen ni mucho menos, tenía tanta experiencia con las tres especies de géneros sexuales como con sus manos, y eso era decir mucho porque tras cada juego quedaba tan duro y a la vez tan cansado que la mejor opción era darse un trabajo manual, lo que conllevaba que tras su descanso saliese en citas que casi siempre terminaban en un lío de sábanas.
Su mano, ni lenta ni perezosa, se había hecho del miembro del rubio, descubriendo como bien sospechaba que el chico no llevaba ropa interior debajo. Aquella debía ser la norma en aquella casa, siempre dispuestos a comando.
Esto arrancó un gemido de sorpresa del rubio, quien terminó bajando de su regazo.
-Preparémonos ambos a la vez.
No sabía a qué se refería, pero pronto lo averiguaría.
16
-Con el debido respeto, majestad, nuestro Sheikh podría correr peligro al dejarse arrastrar por sus impulsos. Además de un tiempo para acá se comporta demasiado violento, más descontrolado que su majestad cuando fue un mozuelo.
Kalid no se sintió ofendido por sus palabras. Si había algún vasallo que gozase de tal beneficio como el hablar abiertamente con el sultán de aquellas tierras, era el viejo emir que había cuidado de él durante su niñez y servido hasta el momento. Era el único al que le permitía el beneplácito de aconsejarle en asuntos personales. De igual manera concordaba en su opinión. Ya había esperado el tiempo suficiente para que su hijo saltase aquella etapa. Podría ser algo drástico, pero le hará saltar de ser necesario. No podía simplemente considerar la idea de tener otro hijo de reserva solo porque el primero se llevó a sí mismo a los seguros brazos de la muerte, enceguecido por la locura.
-Quizás fue muy pronto para hacerle volver.
O quizás su hijo le estaba ocultando algo. Y Dios le ampare si así fuese.
Se movió del balcón tras lanzar una mirada resuelta en respuesta al desafío de su hijo e hizo llamar a sus guardas.
-No debe llegar más lejos de la última línea. Las fuerzas de Baréim seguirán la retaguardia. ¿Necesito ser más específico?
Ambos soldados se miraron entre sí antes de negar y realizar el saludo protocolar. Kalid les despidió.
Dejaría que su vástago probase la emoción de unirse a la marcha, atado.
17
Daiki se creyó vencedor cuando vio su séquito alistarse para partir.
-¡Moveos niñitas! ¡Vamos a tomar Kwuait frente a sus ojos!
Sabía que su padre tenía un contingente protegiendo la ciudad, solo bastaba que un representante de la familia Al Saba estuviese presente para defenderla y evitar que Baréim se haga con ella. El destino de la provincia quedó incierto con la muerte de su primo, pero la familia política seguía pensando que tenía derecho alguno y privilegios por encima de los lazos de sangre.
Kwuait era provincia gracias al sultanato del oeste, pertenecía a los Al Sabah y ningún otro tomaría lo que por derecho era suyo.
Si alguien no respetaba ese acuerdo, entonces solo tenía que olvidarse de la diplomacia.
18
Taiga no pudo seguirle el ritmo al rubio cuando este le engulló tan profundo en su garganta, después de eso se habían trasladado al suelo cubierto de mullidas pieles y sin dilación fue introduciéndose en el resbaladizo canal.
No fue tan bruto como su atacante. En respuesta a su "hospitalidad" el rubio merecía un mejor trato que eso, por lo que decidió hacerle disfrutar.
Probó cada pedazo de su cuerpo desnudo, con cuidado de no dejar marcas, prodigándole caricias y besos de un amante ni tan experto ni tan párvulo, pero devoto. Sus dedos estaban humedecidos con los fluidos propios del rubio, a quien preparó a consciencia considerando su tamaño. Entonces todo se tornó más movido a partir de allí.
Ninguno de los dos se tomó la molestia de asegurar las puertas, embotados por su propio placer todos sus sentidos estaban en sentir al otro y hacerle disfrutar de un buen momento. Sin ninguna palabra cariñosa, promesa o recompensa alguna. Un simple acto de dar y recibir.
En sí era un acto egoísta y a sí fueron descubiertos, en el acto carnal y desenfrenado, probando todas las posiciones posibles sobre la superficie, continuando entre cada corrida con otro ansiado intento por alcanzar el orgasmo.
19
-Como bien reza la trillada frase, el principito ha mordido el anzuelo.
Unos kilómetros distantes de la línea de marcha esperaba un jeep. No fueron tomados en consideración al no suponer ninguna amenaza, de todas formas ellos no estaban centrados en la comitiva sino en otro objetivo.
Entre la conmoción nadie se enteraría y cuando se conociese su ausencia ellos estarían muy lejos de su alcance.
-Shun, envía el mensaje. Lo tenemos en la mira.
TBC
