Aclaración de lectura:
-letra entre comillas: voz no presente, llamada telefónica, etc.
-letra normal: diálogo, narración.
-letra entre comillas + cursiva: pensamiento de los personajes.
Capítulo Cuatro
Roto
20
Abrir sus ojos y ser cegado por la brillante luz del sol debió ser su primer pensamiento, pero al igual que su reacción estaba suspendido en su propia mente.
Sentía la piel lacerada y las extremidades tan adoloridas como si le hubiesen dado la paliza de su vida, la garganta reseca y lastimada, no podía hablar y las lágrimas escapaban por sí solas haciendo su vida más lamentable.
Era una vergüenza de hombre.
"Deberías verte ahora mismo, tan frágil y lamentable…"
Le tomó poco tiempo darse cuenta qué era real y qué no. Daiki tiró de sus manos solo para descubrir que se encontraba de espaldas en el suelo, atado de manos y tobillos, con las extremidades estiradas y sus ropas empapadas de sangre.
Un gruñido fue lo único que logró escapar de su garganta al intentar hablar.
-Tsk. No me pagan suficiente para esto.
Sus ojos brillaron amenazadoramente hacia la figura sentada en una esquina de aquella estancia. Se forzó a si mismo hablar, aunque aun sentía la boca pastosa.
-No me gustan estas clases de bromas.
El sujeto que le vigilaba se puso de pie de un salto. Al verle acercarse distinguió con mayor detenimiento dónde se encontraba, no realmente su ubicación sino en qué.
Parecía… un pozo…
Maldijo a su atacante en tanto este pisoteaba sus muñecas fijadas al dorso sobre el suelo, el daño infringido al nervio le arrancó un dolor sordo que fue directamente a su cerebro y su cabeza dio un par de vueltas. Su atacante siseó nueva vez su descontento por hacer aquel trabajo, jurando que podía hacer algo más interesante que ser niñera.
-Libérame y tendrás una muerte rápida.
-Yo en tu lugar rogaría por ella, no tendrás tal privilegio.
21
Sin ningún peso de consciencia imaginaba que era otro cuerpo el que yacía bajo el suyo, bien construido y de formas duras, arqueándose de placer ante el tacto de sus dedos, provocando que su boca se hiciese agua al probar su piel y el néctar de su boca; pero en ningún momento durante el acto besó los labios del rubio, quien se entregaba sin reservas ni tapujos. Al fin y al cabo ambos eran simples desconocidos navegando en un mar de placer, sin sentimientos ni compromiso de por medio.
Cada uno visualizando en el otro el objeto de su real entrega.
En carne Kise se entregaba al pelirrojo, imaginando que se trataba de su amante, en cambio Taiga lo hacía con un desconocido, un sujeto sin rostro, pero tan familiar a su tacto que lo encontraba jodidamente correcto. Era un sueño húmedo en la vigilia y un fantasma al despertar.
No sabía de quién se trataba, si era una mera ilusión o la recreación de sus deseos más vergonzosos tomando la forma de un hombre que anhelaba.
Pero todo se detuvo abruptamente ante el estruendoso ruido, ninguno de los dos tuvo la satisfacción de correrse y de modo hilarante la excitación se les fue de golpe al ver las puertas entreabiertas.
-Espera.
Esta vez no hizo caso al rubio y logró liberarse del agarre, se vistió con prisas procurando verse lo más presentable antes de que alguien tuviese la grandiosa idea de inculparle por follarse uno de los concubinos del rey.
-Está bien. No tienes que alarmarte, hombre.
Kise se veía demasiado calmado para su propio bien. Taiga empezó a considerar el hecho de que quizás había vuelto a caer en otra trampa.
De milagro estaba vivo a esta altura de juego con tantas metidas de pata.
Pero si le iban a inculpar de algo no sería en la misma escena del crimen, por lo que abandonó la estancia rápidamente y dejó a un lado buenos modales, etiquetas y amabilidad al dejar plantado al rubio.
Nada más salir al pasillo consideró que cada vez que salía había un nuevo revuelo. Los criados parecían excitados y temerosos, corriendo de un lado al otro. La barrera del idioma le impedía informarse por lo que fue en busca de la información él mismo.
Al parecer había un enfrentamiento en el salón principal, no tuvo reparos en ir directamente allá y las puertas le golpearon al abrirse brusca e inesperadamente a la vez que un cuerpo colisionaba contra él.
-Llévenselo de mi vista.
Un par de centinelas le quitaron el peso muerto de encima y alguien le ayudó a incorporarse. Notó la mirada de la pelirrosa, descubriendo que era la única mujer presente y todos los ojos estaban fijos en ellos.
El malik se notaba aparentemente sereno, pero su postura podría engañarle. Sus manos estaban manchadas de sangre, no mucha pero lo suficientemente llamativa por el contraste entre su piel y la tela blanco inmaculado, ahora manchada, que vestía.
-Necesitarán un cebo. Este hombre podría servir.
"¡¿Ha?!"
-Un momento. ¿Estás loca, mujer? No sé en qué me estés involucrando, pero lo que sea no conozco estas tierras ni nada que le involucre.
Ella le dio una mirada demasiado dulce, haciéndole estremecer.
-Eso no interesa, solo tienes que seguir la corriente y lucir guapo. La gente de oriente, especialmente de este extremo, tienen ciertas debilidades e inclinaciones que parecen ser cortadas por el mismo patrón. Incluso los hombres.
Taiga notó que todos entendían su lenguaje. Bueno, a excepción de algunos centinelas.
-Tomaré en cuenta tu sugerencia, ahora largo, Satsuki.
La pelirrosa hizo un puchero y obedeció tozudamente la orden del ojiazul. Ni siquiera le esquivó al pasar y el ojirrojo tuvo que frenar una maldición al sentir los tacones puntiagudos pisotearle como advertencia.
¿Qué era ella?
No se perdió la discusión y los murmullos que se armaron en derredor de la gigantesca estancia. Lástima que no pudiese entenderlos.
El sultán le pidió acercarse y cuando algunos hicieron el ademán de querer obligarle a inclinarse el ojiazul les despidió con un ademán de su mano. Todos abandonaron la estancia sin rechistar, quedando solo ellos dos.
Su mirada glaciar le recorrió entero y una sonrisa sutil pero burlesca adornó el varonil y atractivo rostro. El malik no podía superar los treinta años, pese a las líneas tensas en su ceño y párpados, aunque en sus ojos se avistaban signos inequívocos de un hombre que ha vivido mucho.
Sus labios se movían al hablarle, pero el pelirrojo se hallaba perdido en su observación y esto lo notó su interlocutor, quien tomó su barbilla entre dedos fuertes y ásperos hasta hacerle alzar la vista y anclar sus miradas.
Agua y fuego se encontraron. Sus cuerpos sintieron el estirón al chocar la mirada, pero ninguno de los dos le dio mayor importancia.
Taiga sin embargo lamentó haber perdido el toque de aquellas manos cálidas.
-Sería peligroso hacer caso a las ideas de Satsuki, pero no niego que suele acertar en la mayoría de los casos. Es una mujer habilidosa y criada con otras costumbres.
Esperaba no le diese vueltas al asunto.
-Su estancia en esta parte causa revuelo y ahora más que nunca podría estar en peligro. Aquí es donde entras tú. Ambos serán trasladados al palacio principal. Irás en calidad de sirviente junto con otros tantos. Solo una fachada, tendrás que protegerla y actuar con cautela si quieres llegar vivo. Te las arreglarás. ¿No lo has hecho así todo este tiempo?
Su mirada escéptica fue burlada.
-No tengo experiencia de guardaespaldas, apenas puedo salvar mi vida.
-Pero lo harás y lo harás bien, te conviene. Serás recompensado grandemente. Tienes mi palabra.
A ver, a ver. ¿Qué se estaba cocinando aquí?
-Con el debido respeto, no sé si pueda creer en la palabra de alguien que desconozco.
"Oh, Dios. Su sonrisa es arrebatadora. ¿Qué magia tiene la gente de este país?"
-Todo lo que quiero es regresar a mi país. Haré cuanto sea necesario para ello.
-Lo sé, por eso te escogí para este trabajo. Tengo personal suficiente para ello, pero esta es tu oportunidad y he decidido brindártela.
Demasiado bueno para ser verdad. Taiga le miró desconfiado, buscando en su interlocutor alguna señal de que aquello se trataba de alguna mala broma.
Había truco allí.
-¿Qué está sucediendo realmente?
Él le miró fríamente.
-No necesitas saberlo. Ve a alistarte. Mis hombres están esperando y las criadas ya deben haber terminado con Satsuki y Kise. Ellos dos deben llegar sin un solo rasguño. ¿Entendido?
"No soy uno de tus hombres, sultán. ¿Arriesgar mi vida para salvar la de otros?"
Él no tenía ningún complejo de héroe. Haría lo propio para cumplir con el trato, nada más.
-Lo que no está escrito no está hecho. Precisaría por lo menos de una nota por escrito que estipule lo acordado.
22
Kalid vio salir al chico con paso firme y confiado. Le gustaba su actitud.
-Mi señor, es hora de partir.
Dio el consentimiento para que fuese recogida la sala. Todos los documentos importantes fueron guardados, la gran mayoría de ellos iría bajo tierra y otros pocos consigo.
-¿El traslado está asegurado?
-Sí, mi señor. Todo fue comprobado hasta el último minuto. Los túneles son seguros y una buena parte ya ha cruzado sin causar revuelo. Todos dan por sentado que se trata de alguna celebración y pueden coger un atajo para llegar a Sabah.
-Y será afianzado con la llegada de Satsuki.
-Pese a ser extranjera y actuar de manera imprudente, muy diferente de nuestras costumbres, parecen estar de acuerdo que sea la prometida del Sheikh, aunque muchos son conservadores, mi señor. Su traslado no será un paseo al campo y no será bien vista por todos, allá también su vida correrá peligro.
-Nos encargaremos de eso. Ahora, ¿dónde está nuestro invitado? No he podido darle la bienvenida que se merece.
23
-Al parecer el principito está emocionado.
-"Yo también, no sabes cuánto. Y no podemos olvidar a nuestro amigo. ¿Quieres ver quién está más emocionado de los dos, mi príncipe?"
-¡Púdrete! Voy a disfrutar torturándote hasta la muerte. Vas a maldecir cada puto día de tu jodida vida.
Escupió la pantalla y gruñó iracundo, forcejeando para liberarse, pero estaba atado con cadenas pesadas e imposibles de romper con solo la fuerza bruta.
Sintió escalofríos al escuchar el gemido lascivo tras el auricular.
-"Cuando me hablas así solo puedo excitarme más. Sobrevive a la prueba, precioso, y voy a recompensarte. Vas a cumplir tus palabras y torturar mi pene en tu culo hasta la petite mort."
Su mandíbula dolía de la fuerza aplicada. Hacía todo el esfuerzo por frenarse. Ahora sí, era definitivo. No le daría el gusto de responderle de ninguna forma, ni con amenazas que quizás no podría cumplir viendo las circunstancias en las que se encontraba. Un pozo, solo podía significar tres cosas: le dejarían abandonado allí, atado, sin posibilidad de escaparse para que muriese de hambre, deshidratación e insolación, le ahogarían o enterrarían vivo. La última era poco probable si esto era una prueba, conocía la forma en que su captor jugaba, le gustaba dar una via de escape a sus presas, a los que consideraba juguetes y por alguna razón se había "encariñado" con él. El término que usaba para referirse a él no tenía mayor connotación y esperaba que no descubriese que en verdad le quedaba como anillo al dedo. Hace tiempo, antes de que incluso él mismo supiese su ascendencia había quedado en la mira de aquel enfermo coleccionista, hasta entonces él era solo un chico sin ningún trauma y desde el momento en que quedó en sus manos no era más que un muñeco roto intentando sobreponerse a las pesadillas, que no había podido frenar por sí mismo las secuelas ni deseaba que nadie supiese acerca de sus cicatrices internas. Había puesto todo de su parte hasta lograr frenar todos los impulsos, lo único que no podía controlar era la inestabilidad emocional que padecía cuando se cabreaba. Creyó que tendría tiempo, que no volvería a cruzarse con aquella pesadilla otra vez y lograría sanar.
Juraba que si tenía la oportunidad de salir vivo de esta le haría pagar, cerraría ese capítulo y curaría sus traumas con la muerte de su perpetrador.
Si salía vivo, no dejaría que siguiese marcando las pautas de su vida. Tenía que pasar esa prueba.
-Si me matas, perderás solo un juguete más.
-"Confío en ti, no me decepciones."
Fue arrojado al fondo mientras su captor discutía los detalles con su gente y el pago por supuesto.
El muy maldito sabía que quedaría tan dañado que bajaría la guardia en algún momento y lograría atraparlo de nuevo. Él solo había sido tan estúpido de ir directamente a su trampa.
Pensó en los centinelas que le acompañaron. Todos habían perecido intentando protegerle, no habían llegado a la primera línea de regimiento que marchaba rumbo a Kwuait, frente a sus propias narices, sus atacantes aprovecharon la ocasión y nadie se dio cuenta cuando sus hombres fueron rebajados por los forajidos y él atrapado como botín.
Esto podría ser un problema si su gente encontraba los cuerpos. Podría ser malinterpretado como un ataque de Baréim y eso pondría en conflicto a las dos potencias.
"Kalid…"
Su padre, Momoi, Kise y todos los demás estarían en peligro por su estupidez.
La mirada cálida de unos ojos rojos le recibió en la oscuridad antes de ser despertado con brusquedad.
-Vamos, eres el invitado de honor, no puedes perderte el espectáculo.
No podía ver en la oscuridad, solo sentir el dolor en sus extremidades y su mandíbula, donde había sido golpeado para sacarle de la inconsciencia. Tenía el labio partido, el dolor latente lo hacía evidente así como el sabor metálico de su propia sangre.
Inspiró profundo, preparándose para lo que viniese.
24
-Los vi teniendo sexo. Que descuidado, chico nuevo. Podrían ahorcarte solo por tocarlo.
-¿Quieres callarte? Si nos descubren no seré el único en tener una muerte horrenda.
-¿Tan bueno es el sexo entre hombres? ¿Mejor que con una mujer?
Taiga invocó paciencia. Apenas llevaban media hora de camino y la chica ya había salido de su escondite. Su cabello había sido escondido bajo un antifaz al igual que el resto de su cuerpo, para hacerle pasar como un chico, ¡pero allí estaba desnudando su pecho para mostrárselo!
El rubio iba en otro camión con la mitad de los criados, todos haciéndose pasar por mercantes, lo más común en aquella ruta. Maldijo su suerte. Le tocó la pajilla más corta.
Lo peor de todo era que carecía de información.
-Sé útil y suelta la sopa. ¿Qué rayos está pasando? ¿Y por qué tanto secretismo? Tienen derecho a guardarse los asuntos que no me competan, pero estoy arriesgando mi pellejo por proteger el tuyo aquí.
-¿Qué me darás a cambio de la información?
Debía ser la oferta de un trato con el mismo diablo.
-¿Qué pides?
No iba a decir "lo que sea", por esa boca ya había caído en suficientes problemas, pero en verdad necesitaba informarse para saber en qué lío estaba metido y ver cómo salir.
-No te dolerá ni costará tanto, relájate. Quiero dos cosa, te diré cuando lleguemos a nuestro destino, si es que llegamos.
Obviamente no le gustaba el asunto y ahora su curiosidad picaba, por la urgente necesidad de supervivencia.
Los instintos son una cosa poderosa, él nunca había sido tan curioso, pero ¡hola! Su vida estaba en peligro allí y no sabía en qué se la jugaba.
25
Alguien lloriqueaba. Sus gemidos se alternaban entre quejidos de dolor.
-Por favor, misericordia. Mi señor, no lo hice por voluntad, lo juro.
Kalid no mostraba ninguna emoción en su faz mientras miraba el pequeño hombre encadenado a la pared en aquellas mazmorras. Todo su bello cuerpo, del que había disfrutado varias ocasiones, estaba mutilado y lleno de hematomas de tamaños considerables; ninguna parte de su cuerpo estaba libre de daño.
-Haz puesto en peligro mi familia, Sassha. Una afrenta imperdonable.
-Pero… mi familia… ellos iban a matarles.
-Lo hicieron igual.
Su grito lastimero incluso él mismo lo advirtió. Ceder ante las demandas de un criminal no aseguraba nada bueno, no eran hombres de palabra, cuando amenazaban con hacer algo era porque ya estaba hecho.
-Tendré clemencia en dejar que tengas una muerte rápida. Ya no tienes nada por lo cual vivir y serías un paria.
-¡Por ti, mi señor! Conoces mis sentimientos. Haría lo que fuese por ti, ya no tengo familia que proteger, por favor, solo me quedas tú.
Kalid no necesitaba desviar su atención para ver a su mentor darle una mirada de lástima a los dos. Sasha era un buen chico, le había servido desde su adolescencia sin ningún interés más allá de lo honorable, para mantener su familia, hasta que cedió a sus inclinaciones y le ofreció al chico convertirse en su amante. Lo había adorado y era reconocido como su favorito hasta la llegada de Kise. Nunca debió dejarse llevar de los comentarios, el rubio apenas ocupaba su lecho algunas noches, o más bien él iba a su tálamo, cuando quería darle descanso al pelinegro. De todas formas no era tan adherido a ello, solo por simple necesidad cuando se le antojaba, era hombre después de todo mas no un adicto al sexo.
Sintió, entre las convulsiones producidas por las heridas infringidas en el cuerpo pequeño, un estremecimiento diferente y familiar de excitación cuando sostuvo la mejilla lastima del chico. Este se inclinó en la caricia, en busca de mayor contacto y sin importarle el dolor.
-Yo te amo más que a nada, mi señor. Sabía que iban a matarlos, pero tenía que hacer el esfuerzo. Intenté advertir al Sheikh, pero…-los sollozos no eran de su gusto, pero qué le importaba en aquel momento. Era una muestra de su propia debilidad. Había olvidado el momento en que juró no volver a caer en aquellas tretas de los sentimientos, pero era humano.- No quería ponerte en peligro a ti, no obstante tampoco podía hacer nada por ellos. Odio ser débil. No me odies tú también, por favor. Perdóname.-
Cortó su aliento con un beso inesperado. Él mismo no se tomaba esas libertades frente a otros. Era una despedida, Sassha lo sabía y respondió al beso aferrándose a él como si fuese la vida misma, sintiéndose dichoso de al menos recibir una muestra de afecto de su amante. No frenó sus lágrimas ante la caricia en sus labios y rostro. Él nunca se creyó agraciado, no era bonito ni tan llamativo como los demás, pero su señor siempre pedía por él a su lecho, por dichosos años. Aquellas noches llegaron a su memoria, previo y después de yacer juntos era acariciado de la misma manera finalizando con una caricia en sus cabellos, todo terminaba cuando estos eran colocados tras sus orejas y esta vez no fue la excepción. Se mordió los labios para no llorar, aunque sus lágrimas le traicionaron hizo el intento de sonreír al verle salir.
-Te amo, nunca lo olvides.
Kalid abrió con furia la puerta contigua donde esperaba quien recibiría toda su furia. Necesitaba calmarse para pensar con cabeza fría y nada más que un merecido traidor para servirle de saco de boxeo.
Sassha miró al anciano hombre, sintiéndose avergonzado por su expresión de lástima y estremeciéndose de temor al escuchar los gritos procedentes de la mazmorra contigua.
-Oraré por ti, pequeño Sassha.
25
Daiki ya no sentía los labios ni las extremidades, el dolor lacerante entre sus piernas era lo suficiente intenso como para obviar incluso otras heridas y el latido en su cabeza.
-Si no gimes no sabré si lo estás disfrutando y deseo que lo hagas.
El respirar era una tortura tras tantos golpes a sus costillas. Estaba de cara al suelo, sus rodillas y manos dejaron de sostenerle hace tiempo después del trigésimo latigazo y todo dolor dejó de importar cuando sus entrañas se fundieron con la caída de sus bolas.
Cielos… sin mayor anestesia más que el dolor en todo el resto de su cuerpo, fue desprendido de la mitad de su hombría y se felicitó por mantenerse sin darles el placer de escucharle gritar, pero sabía que cuando pasase el shock lo haría.
¿Qué otra cosa le arrebatarían? Su cuerpo no le importaba, ya estaba dañado y roto al igual que su alma.
-Uno por uno. Si sobrevive, el jefe lo quiere lo más estrecho posible.
La violación, la corona del pastel, por qué no lo advirtió antes...
Le dio una patada en los huevos al primero, pero el siguiente logró inmovilizarle y se cobró la pasada patada en el rostro. Por esa osadía le habían encadenado más corto, no podía más que arrodillarse mientras hacían lo que se les antojaba con su cuerpo y él se refugiaba en su rota mente.
-Parece que le gusta besar el piso, solo necesitamos su culo. Déjenlo pegado de cara al suelo. Cuando terminen con él ya saben qué hacer.
TBC
