Notas del capítulo:

Sin betear.

Aclaración de lectura:

-letra normal: diálogo, narración.

-letra entre comillas + cursiva: pensamiento de los personajes.

Capítulo Cinco

Suspendido

27

Su cuerpo se había acostumbrado al dolor, sin embargo su mente no podía protegerse del mismo. Hubiese deseado escapar a la inconsciencia, alimentar ilusiones de lo que pudo ser y no fue, pero de nada valía ya. No podía sentir más que pesadez y entumecimiento mientras el agua ascendía amenazando con cubrir su cuerpo.

¿Allí terminaba todo?

Ya que no tenía ninguna otra cosa que hacer y tras infructuosos intentos por liberarse de las pesadas cadenas, consideró su vida desde su llegada a oriente. Fue feliz mientras estuvo en Japón, añoraba aquellos tiempos en los que no tenía mayor preocupación. Pero siempre sintió que le faltaba algo.

Solo un ancla le mantenía en aquel país e impidió su regreso a Japón: su padre.

Desde niño, y como todo huérfano, soñaba con tener a sus padres de vuelta, pensaba en las razones del por qué fue abandonado, nunca creyó las historias y excusas de su nana hasta que encontró una distracción en el basket. Pero se hizo demasiado hábil en ello hasta el punto de alimentar su ego como si no hubiese otro igual, ninguna motivación para luchar por ser mejor.

En Japón, el lugar que le vio crecer, así como en Aräz… siempre se sintió medio vacío y ahora estaba viviendo sus últimos minutos lamentando no poder descubrir qué era lo que le faltaba entre todo. En Japón su padre, en Aräz añoraba cuanto disfrutó en su adolescencia e incluso sus amistades.

Sí, Aomine Daiki fue medianamente feliz, pero feliz al fin. Y por aunque sonara increíble, sí tuvo amigos, pese a que nunca fue muy sociable que digamos y entre rencillas de adolescentes competitivos hizo un par de amistades.

Ahora que lo recordaba no era un buen amigo, desde su salida de Japón y su desaparición de los escenarios en el mundo del basket no contactaba con ninguno.

Sin embargo quizás era mejor así, mientras menos sean los que lamenten su muerte así lo sería la carga al dejar este mundo.

Dejó de percibir los sonidos ante la presión ensordecedora del agua en sus tímpanos. Pronto el nivel del agua llegaría a cubrir su cuerpo y con el impedimento de liberar su cuerpo se ahogaría en pocos minutos.

¿Cuánto podía soportar sin respirar antes de perder el conocimiento?

28

Si fue asombrado por la magnificencia a primera vista desde su llegada a Aräz, no lo demostró. Era, sin lugar a dudas muy diferente a las típicas ciudades de oriente, tenía un aire occidental inconfundible. No era un pequeño Manhattam, pero en ella parecía converger uno que otro poco de las grandes ciudades del mundo, así como veía transitar personas de diferentes etnias, estratos y nacionalidades.

-¿Dónde estamos?

-Bienvenido a la Reyna del desierto. Aräz es el hogar de los Al Sabah y el corazón mismo de esta parte de oriente.

El pelirrojo se detuvo ofuscado ante el saludo respetuoso de un compatriota. Los rasgos americanos saltaban a la vista.

Después del saludo protocolar fueron escoltados hacia el vehículo que les llevaría a palacio. Todo con la mayor discreción posible. Apenas habían sido avistados de soslayo por los transeúntes, de modo que nadie pareció sospechar o advertir sus identidades. Parecía el simple traslado de nuevos sirvientes.

En todo el trayecto Taiga apenas pensó en el rubio, que por igual fue en otro vehículo. No pasó por alto sin embargo la cercanía de la pelirrosa, quien no tenía ningún reparo en invadir su espacio personal. La llegada a palacio fue sucedida con el mismo protocolo hasta ser ubicados en sus respectivas habitaciones. La pelirrosa y el rubio sin embargo fueron escoltados a otro lugar y Taiga se negó a separarse esta vez de ellos, lo que le valió un rábano al resto.

Entendido. Kise y la pelirosa eran príncipes en palacio, él un puto corriente. Entonces le valía lo mismo.

Llegó a un acuerdo de no hostilidad e indiferencia con los sirvientes de palacio y sus administradores: él no los molestaría y recibiría lo mismo a cambio.

Por ventura, a diferencia de los otros, en este ostentoso palacio los criados entendían más de un lenguaje. De todas formas procuraría aprender algo del idioma local para cuando decidiese.

Lo que no esperó fue ser empujado al haren nada más cruzar al ala sur. Allí fue recibido como un príncipe y todo gracias a la pelirrosa.

Algo debía estar tramando y lo descubriría muy pronto.

29

-No creo que es buena idea lo que haces, Momoi-san.

La pelirrosa sonrió pretenciosa ante el rubio y despidió a los criados en el tálamo.

- ¿Y dejar pasar la oportunidad? Pronto Daiki y su padre volverán, con ellos nuestros papeles serán definidos en su totalidad; tú, siendo el único de los concubinos del sultán, fácilmente serás ascendido y yo tomaré mi lugar al lado de Daiki como su esposa.

El rubio le miró ceñudo. En cierta forma sería conveniente, por otro lado no tendría tanta libertad por más que ese puesto fuese tan codiciado.

-¿Se sintió bien su polla en tu culo? ¿Fue un buen orgasmo? ¿Gemiste su nombre mientras te corrías?

La chica disfrutó como el chico se transformó en una cafetera viviente, su tono de piel nacarado y cremoso siendo sustituido por el rubor más enardecido.

Sin embargo sabía que no era un santo ni mucho menos. Había tenido su cuota de diversión y poseía cualidades engañosas a simple vista. Como quien no rompe un plato cuando ha roto todas las vajillas.

Sus palabras eran una lisonja injusta; claro que lo disfrutó, por supuesto que desearía repetirlo y más de una vez, pero la pronta llegada del sultán dificultaría cualquier futuro encuentro.

-¿Qué harías si te dijese que puedes probarlo nueva vez? Kalid y los demás tardarán en venir, nadie dudará si nos fingimos demasiado agotados para salir del tálamo y mientras podemos disfrutar de él.

Dejarse llevar siempre fue divertido sin embargo y cualquier artimaña que entretejiese la pelirrosa siempre podía contrarrestarlo con un buen argumento, aunque el que menos saldría librado sería el pelirrojo, él haría lo que fuese por protegerlo.

-Asegúrate que Taiga esté dispuesto para después del almuerzo.

Siempre se sentía excitado después de comer.

30

Le picaba la duda por saber qué rayos maquinaban esos dos, pero le fue prohibido profundizar e ir más allá del tálamo principal. Sin lugar a dudas los amantes y concubinos vivían más que bien en aquel lugar, lástima que para él aquello no fuese más que jaulas de oro. Él amaba la libertad, gracias.

-El primer ministro requiere su presencia.

Suspiró resignado abandonado las suaves colchas donde apenas minutos antes terminara de echar una siesta tras maquinar todos sus movimientos a partir del momento. Hasta entonces no había sentido agotamiento, cada día de las últimas semanas apenas había pegado un ojo por su vida.

Era tiempo de ejecutar el plan.

31

Kalid envió todos sus hombres primero, dividiendo estratégicamente. La ciudad se había convertido en un fuerte y por increíble que parezca todos habían sido trasladados con éxito fuera de la misma. Su pueblo ignoraba el peligro que le acechaba por el momento, lo prefería así; la histeria y el temor no tenían lugar en el campo de batalla, no se ganaba nada con lloros ni lamentos. Menos en aquel continente donde todos eran ávidos codiciosos del oro negro y cada pedazo de tierra por muy desierto que parezca era una mina de oro.

¿Qué no hubiese dado por trucar su suerte con algún highlander? Pero allí había nacido, la ambición y la aceptación tenían límites de mutuo acuerdo. Cero conformismo y menos vanidad.

A la vieja usanza, tomó un semental y dejó detrás la fortaleza en que se había convertido la ciudad, seguido de cerca por su sombra.

No esperaba encontrarse con los cuerpos empalados de sus hombres en plena limítrofe con los emiratos unidos.

Mucho menos con aquellas prendas ensangrentadas.

Eran las mismas que usase su hijo antes, incluso aun poseían parte de su perfume.

Inhaló profundo captando las esencias extrañas en la pieza de tela, rasgó esta en dos partes y ató uno de los despojos alrededor de la muñeca derecha. La mirada en sus ojos era tan fiera como la expresión en su faz.

-Han sido los de Baréim, Malik! Es una declaración de guerra!

El soldado tragó forzadamente, mas le sostuvo la mirada al rey quien de un golpe a puño cerrado le estampó el trozo de tela sobrante, manchando con sangre el pecho y sacándole el aire al chico.

-Sin dilación irás a la capital. Haré que te desmiembren si empiezan a correr rumores. Ponedlo a salvo.

El soldado asintió a la orden y dio la vuelta sin esperar una segunda.

Kalid miró al cielo, luego en las cuatro direcciones. Todo era desierto. Tenía que darse prisa antes que llegara la noche. Su hijo debía ser prisionero en algún lugar, alguien sabía de él lo suficiente como para no hacerle parte de la hilera de hombres empalados en la frontera ni dejar su cuerpo o parte de este en el camino.

32

Se fingió complaciente con todos durante el almuerzo y se dejó hacer mientras era arrastrado de vuelta al tálamo. Allí se encontró con una imagen que poblaría los sueños húmedos de cualquier hombre.

Divina, desnuda, dispuesta.

Aquella mujer debía cambiarse el nombre, preferible uno que empezase con D y fuese con su personalidad. Era algo más que una Helena, ¿una Diana quizás?

Aceptó la invitación. Dos podían jugar este juego.

-Tienes permiso para tocar.

¿O quizás tres?

Kagami Taiga era un puto, pero un puto con suerte y lo sería más si lograba salir de aquel país ese mismo día como tenía planeado.

-Haré lo que deseéis con una condición.

-Lo que sea, solo ven aquí.

Aquella mujer era demasiado fogosa y pechugona para su propio bien, pero qué más daba.

Pateó su molesta consciencia, aquella que le decía que aquello estaba mal. Por la misma se había metido en aquel lío.

Fue encerrado en medio de dos cuerpos, el calor dejó de importar a los pocos minutos cuando los tres estaban desnudos en el suelo. El lecho y sus sábanas resultaban molestos desde que se interponían entre sus cuerpos. El pelirrojo ni se sorprendió al darse cuenta que la mujer no era virgen, tampoco demostró sorpresa cuando los dos dieron rienda suelta a sus fetiches. Kise se volvía masilla si le trataba con dureza y la chica rebelaba una faceta muy sucia al correrse mientras veía a otros teniendo sexo.

No tenía dos pollas pero sí una lo suficientemente dotada como para ir por dos.

Momoi olvidó toda idea sobre el pelirrojo mientras este devoraba su sexo y tuvo a bien hacer lo propio con el rubio quien terminó soltando una gran cantidad de esperma en su garganta. Ella no era muy vocal, pero descubrió que el rubio apenas y podía contenerlo mientras el pelirrojo le hacía empalarse sin dejarle correrse. El momento más orgásmico fue tenerlos a los dos a la vez. Fue su primera experiencia recibiendo por el culo y vaya que lo disfrutó al punto de embriagarse de placer y mandar al diablo todo compitiendo con el rubio en sus expresiones lascivas y hambre de sexo.

Sus piernas estaban bañadas de sus propios fluidos y otros ajenos mientras lamía el culo prieto del rubio y el pelirrojo le impulsaba con sus embestidas desde atrás logrando que su lengua fuese más profunda y haciendo que el rubio llorase de placer.

Kagami nunca había visto un par más atrevido que esos dos hasta que la pelirroja se aventuró y metió cuatro dedos en el culo del rubio, luego la mano completa en forma de puño. El chico casi a punto del desmayo pidió por su polla y cumplió sus deseos antes de correrse por quinta vez en su interior. Era exquisito sentir aquellas paredes ordeñarle y apretarle hasta hacerle rugir, la chica no quedaba atrás, su cuerpo olía embriagante y le calzaba a lo justo como anillo al dedo. Le hizo correrse solo lamiendo su clítoris y usó sus propios jugos para lubricarse y hacerle calbalgar.

Era solo sexo por igual. Uno muy bueno debía reconocer, pero no le llenaba lo suficiente. Por un momento se creyó un monstruo. Su polla yacía tiesa y amenazante mientras sus dos amantes de turno yacían desparramados en el piso, completamente saciados y chorreando semen en abundancia.

-Debemos repetir. Encontraremos la manera.

"Es una lástima, por más buena y tentadora que sea la oferta."

Para entonces él estaría fuera de su alcance.

33

"¡Hey!"

Fue sacado de la bruma de la desesperación mientras aun forcejeaba por liberarse de las cadenas, aunque sabía que era inútil no quería morir allí, menos de aquella humillante manera.

"¡Dense prisa!"

Apenas registró tumulto allá arriba, no le dio mayor importancia pensando que se trataba de alucinaciones, además no podía escuchar, solo veía semejanzas de luz en frenético movimiento.

Hasta que algo golpeó su cara y el nivel del agua pareció aumentar.

-¡Lo tenemos!

35

-Es tiempo de volver a casa.

Al parecer la pelirrosa y el rubio no eran tan vanidosos como para no soltar prendas, eso o supo jugar bien sus cartas con el sexo. También consiguió lo suyo del primer ministro cuando le contó los detalles del acuerdo con el Malik, este demostró tal desconfianza en su persona y sus palabras que le facilitó las cosas otorgándole un pase, un coche con suficiente combustible y un salvoconducto para transitar aquel país con mayor garantía de sobrevivir hasta llegar a su destino.

Las alhajas fueron otro añadido, no eran baratijas y fueron más que suficientes para comprar su pase hasta el aeropuerto más cercano en Barëim, pagar el boleto de avión y hasta falsificar papeles, lo que fue menester hacer ya que estaba indocumentado en aquel país.

Le costó algo más o menos por todo el paquete: la mitad de las joyas, un buen polvo con uno de los guardas de seguridad en sus minutos de descanso y otro tanto tras bastidores con las agentes de viajes. Eso le valió un pase gratis a los asientos VIP.

Se había convertido en todo un prostituto para sus propósitos y no se sentía menos persona por ello.

Entonces, justo cuando abordaba el avión lo vio.

El motivo por el que estaba varado aun allí en aquel territorio maldito.

-Tatsuya?

Debía ser una alucinación.

TBC