Sin betear.

Aclaración de lectura:

-letra normal: diálogo, narración.

-letra entre comillas + cursiva: pensamiento de los personajes.

Capítulo Seis

Entre Víboras

35

Se sentía caliente, tanto que su cabeza parecía más pesada de lo normal y sus ojos se humedecían.

Algo frío y líquido tocó sus labios, insípido, quizás agua pero no sabía a ciencia cierta.

-Vamos, bebe.

Llevó una mano a su rostro para frotar sus párpados y ver mejor a quien sea que estaba a su lado, descubriendo que tenía algunas manchas en su piel- hematomas-, así como uno que otro cable conectado a su cuerpo que llevaban el contenidos de bolsas incoloras.

-¿Dónde estoy?

Su garganta estaba reseca y dolía al hablar, pero le importaba muy poco. Sentía como si le hubiesen aplastado bajo toneladas de peso sólido.

Miró en derredor de la estancia, o más bien lo que podía abarcar en un ladeo de cabeza. No parecía estar en alguna instalación de sus captores y dudaba que aquellos quienes le salvaron fuesen del mismo bando que sus atacantes.

El chico moreno que le asistía tampoco parecía oriundo de aquellas tierras.

-Estás en una guarida de ladrones.

Y se la daba de chistoso o no tenía un solo nervio en su cuerpo.

-Ouch. No me pegues, Riko-san.

Alguien más estaba en la habitación, se dio cuenta por la exclamación de dolor por parte del chico, quien le había dado la espalda para hablar con aquella persona que le había interrumpido.

Notó que estaba imposibilitado de moverse, incluso sus miembros inferiores estaban atados.

-Estabas pateando muy fuerte, acabamos de liberar tus manos también en cuanto bajó la fiebre. ¿Cómo te sientes?

-¿Quiénes son ustedes?

La persona que le atendía parecía conocer de esto; examinaba con cuidado sus heridas mientras tomaba algunas notas. Cuando sus manos quisieron pasarse más allá de la cintura le detuvo con un agarre fuerte.

-No nos equivocamos con el pronóstico, eres fuerte tanto física como mentalmente y vas recuperando muy bien. ¿Puedes mover las piernas?

Le costó un poco de esfuerzo, pero sí. La terapia mecánica le provocó dolor y esto ayudó a recuperar la movilidad así como sensibilidad de sus miembros, lo que no estaba seguro era de su entrepierna.

Tragó forzadamente y miró con seriedad al galeno.

-¿Qué pasa con mi…?

La expresión de la mujer lo dijo todo.

-Fueron cercenadas. Tuvimos que terminar de extirparlas del saco.

Su mandíbula se quejó ante la presión ejercida y su paladar se llenó del sabor metálico de la sangre. El monitor cardiaco se disparó en fuertes latidos en conjunto con alarma que marcaba una aceleración abrupta en la frecuencia respiratoria.

Sin embargo el médico permaneció imperturbable mientras le daba el diagnóstico y continuaba su examen.

-La pérdida de sangre fue abundante, sumada a la hemorragia interna y de las heridas externas, diría que tuvo más que suerte al ser rescatado a tiempo y no presentar rotura bronquial o algún trauma torácico. Sin embargo la infección continúa siendo un problema y seguirá en observación hasta salir del mismo cuadro.

Entonces se había salvado por los pelos.

Se negó a ser ayudado, pero aun así lograron acomodar la almohada mientras con toda su fuerza de voluntad se impulsaba hacia arriba para permanecer semi sentado en la cama de hospital y lograr tener una mejor panorámica del lugar donde se encontraba.

En verdad era una cueva.

-Estas son instalaciones médicas improvisadas, por suerte andábamos con los equipos necesarios para auxiliar las aldeas que quedan en medio del enfrentamiento entre clanes ocurrido unos días atrás. Nuestros exploradores realizaban un viaje de reconocimiento cuando dieron con usted. ¿Recuerda algo? ¿Puede hacer una denuncia contra sus atacantes? Necesitamos sus datos para el archivo, ya que no dimos con su identificación y cualquier documento que llevase consigo se echó a perder por la humedad.

Denuncias. Allí nada de aquello servía, la gente del desierto debía arreglárselas por sí mismos cuando estaban fuera de su territorio e intentar ir más allá buscando retribución por daños excitaba a la rebelión e irremediablemente solía terminar en guerra, muchos morían en batalla, aldeas desaparecían y todo por una nimiedad si comparaban el sufrimiento de uno con el de la cifra mínima de los caídos en rebeliones.

Viéndolo desde su punto de vista él no estaba dispuesto a iniciar una guerra, pero sin duda peinaría el desierto en busca de aquellos malnacidos.

Y cuando los encontrase, el infierno los amparase.

36

-Dejaste que se escapara.

Dos rubios yacían sobre un lecho desnudo, al igual que sus cuerpos, ninguno preocupado por cubrirse mientras la claridad entraba libremente gracias a los ventanales de la enorme estancia decorada ricamente cual si fuese de un rey.

Cuando pertenecía realmente a uno.

-Mejor no te distraigas, Ryouta. Tus fijaciones podrían hacerte caer en desgracia y perder todo por lo que has luchado, ni resta más decir lo que planeamos lograr.

-Es demasiado excitante ir contra el peligro cuando esto se relaciona con sexo. Lo acabas de probar, mi querido "esposo."

Ni tan bueno en su opinión. El rubio mayor consideró ser paciente con la actitud de su esposo, ellos estaban unidos por la ley en su país, sin embargo eso no significaba nada en un país extranjero y funcionaba a su favor. Mientras el rubio mayor hacía su trabajo de embajador, que se había ganado a pulso porque fuera de la cama el sultán no era influenciable e incluso dentro de ella todo un reto, Kise Ryouta usaba sus influencias fuera y dentro del concejo. Para ellos mismos no era desconocido que hasta el mismo sultán conocía de la actitud libertina del ojidorado, pero le servía igual para desfogarse de vez en cuando, después de todo Kise no dejaba de ser deseable y atractivo ante los ojos de todo el que le viese. No obstante y aunque esa misma fama que se cargaba el rubio menor imposibilitase su salto a la nobleza de ese país convirtiéndose en pareja oficial del sultán, ya había logrado ser reconocido como el concubino real y ese privilegio era mejor que el título de reina del desierto cuando se trataba de un valorado amante, estos lograban más que las esposas oficiales e incluso que las reinas y emperatrices.

Pero ahora le había tomado el gusto a ese pelirrojo y fue necesario librarse del chico. Jhonathan no le había dado tanta importancia porque logró descubrirlo a tiempo; a la llegada del chico lo despidió con más de lo que merecía para que no volviese a palacio, pero quizás debió darle un escarmiento para que el miedo le ahuyentase cualquier idea o el tan solo considerar volver allí.

Sabía que Kise causaba ese efecto, era lo único que mantenía su relación, eso y que podía utilizarlo para sus propósitos.

-Y planeo seguir disfrutando de tus atenciones. Kalid tendrá un percance en el camino y mientras tendremos tiempo de sobra para dar los retoques finales.

Los ojos dorados refulgieron de admiración, pero más profundo que aquella mirada se escondían pensamientos desconocidos y peligrosos.

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-Estás vivo.

Los labios tensos habían dibujado una sola línea de dureza mientras ojos rojos y fieros se clavaban en los de su interlocutor. Con un gruñido de frustración intentó librarse de las ataduras, tan solo para irse de espaldas con todo y silla.

-No debiste ir tras de mi, Taiga.

Un rostro que nunca había visto revelar mayor expresión que una sonrisa apenas notable o hipócrita, le regalaba calidez y ternura en un solo gesto.

No rehuyó al contacto de su mano cálida contra su mejilla. Su olor no había cambiado, pero podía advertir con solo mirarle que todos esos meses habían hecho mella en la persona de su persona más amada.

-Juré que siempre estaríamos juntos. No he roto esa promesa y voy a llevarte de vuelta a casa.

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La pelirrosa se mordió lo interno de las mejillas mientras escuchaba a esos dos, cuando las palabras dieron paso a la acción consideró que había tenido información suficiente. Hizo caso omiso cuando los criados le miraban de manera extraña mientras espiaba en las habitaciones del sultán.

No solo habían mancillado el lecho del rey, estaban conspirando contra él.

Debía avisar a Daiki, tenían serpientes entre sábanas y no eran precisamente domesticadas. Por suerte su fachada había servido hasta el momento, pero no podía permanecer más tiempo inactiva.

-Vamos a dar una fiesta de máscaras y recaudaremos fondos para los chicos sin hogar.

Tenía a las damas de la corte de su lado, pese a que algunas destilaban envidia y ponzoña, no llevaban sus sentimientos de oposición cuando se disponía a favor de su pueblo y consideraban mejor una extranjera como princesa que un puto extranjero como concubino real.

Mientras Kise lamía las bolas arrugadas de los viejos del concejo, Momoi ganaba adeptos fuera y dentro de palacio anotándose tantos en la lucha interna por el derecho a ser parte de la nobleza Al Sabah y ganar influencia sobre una nación hartamente rica.

Otro tanto a su favor era que tenía al Emir de su parte, el viejo podía ser intransigente con sus costumbres por lo que no era tan estúpido de caer entre las piernas de su rival. Mientras lo mantuviese a salvo el poder no caería sobre la pareja de víboras, hasta que el sultán y su príncipe volviesen al reino.

TBC