Aclaración de lectura:

-letra normal: diálogo, narración.

-letra "entre comillas+ cursiva": pensamiento de los personajes.

Atrevido

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El sol aún permanecía en lo alto, la arena caliente quemaba los pies de aquellos que transitasen en medio del desierto y el calor se multiplicaba exponencialmente en aquel terreno.

Kalid había heredado su tozudez a su hijo, por la misma razón había hecho caso omiso a las advertencias de guías y caravanas cuando se dirigía en sentido contrario a ellos. La gente pensaba que se trataba de alguien que había enloquecido por el calor y veía ilusiones, un típico caso en aquellas tierras al que las personas se hacían ignorantes e inhumanas pues ya no les importaba socorrer a nadie que se adentrase entre dunas así hubiese un atisbo o amenaza de tormenta.

El ojiazul se había despojado de sus caras vestimentas en el camino, intercambiándolas por agua y alimento cuando sus reservas se agotaron; incluso tuvo que disponer de su montura.

Su llegada a las agrestes tierras de Kwait fue silenciosa, disfrazado como un transeúnte más. A su paso confirmó la mala administración del lugar, le habían dejado pasar así como así, alguien desconocido, de dudosa procedencia, vestido pobremente y ni siquiera pidieron identificación.

Estaba de más adivinar sus pensamientos al respecto, los suyos eran los primeros en recibir castigo si desobedecían sus órdenes o de algún modo las torcían.

Lo que no esperó fue ser testigo de un complot en frente de sus narices. Al parecer tenía amenazas poco comunes en su gobierno, entre su gente se disputaban por participar en saqueos a su nombre e incitaban a sus relacionados. Por suerte todas las empresas familiares no estaban a nombre de los Al Sabah ni tenían ninguna relación entre sí.

Logró infiltrarse en la cámara del emir que él mismo había dispuesto hace meses para gobernar Kwait provisionalmente, encontrando ciertas documentaciones sobre negociaciones entre personas desconocidas- seguramente hombres de poca monta- que incluían los tesoros de la casa señorial, terrenos de tierra y Kwait misma, promesas de cederlas en cuanto su familia dejase su cargo como regentes y señores de las tierras de oriente. De poseer otra personalidad Kalid no cejaría en cortarle la garganta al emir y perseguir a sus seguidores, pero era mejor que eso.

Al parecer los años "pasivos" habían terminado.

Logró esconderse tras las pesadas cortinas del balcón cuando alguien dio paso a las oficinas del emir. Afortunadamente solo se trataba de un criado, uno que le recordó a su antiguo concubino favorito.

El peso de consciencia no tenía lugar en su pecho más, pudo constatarlo cuando el recuerdo apenas le dejó un sentir de melancolía ínfima, menos al escuchar las siguientes palabras dichas por el chico a otro criado.

-Deberíamos escapar mientras hay tiempo y avisar al Malik, pues cuando este se entere del atentado contra su hijo y lo que planea el emir, todos estaremos bajo la misma sentencia.

El otro chico se veía escandalizado y pálido de terror.

-¿Y si es cierto lo que dicen de su ira? Podría incendiar la aldea.

Aunque Kalid pudo bien revelarse ante los criados no se confiaba de ninguno, no importa lo temerosos de él que pudiesen mostrarse; había aprendido a la mala a desprenderse de la confianza de terceros, solo su emir principal podía decir que contaba con una porción de ella y beneficios bajo su beneplácito.

Hablando del susodicho tendría que hacerle llegar algún mensaje, pero no contaba con los medios ni podía jugárselas enviando un mensajero…

Como siempre se las arreglaría, mientras tanto debía informarse sobre el paradero de su hijo y los planes del futuro fenecido emir de Kwait.

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Había perdido la cuenta de las veces que despertaba sin saber de sí mismo, en ocasiones incluso no recordaba su nombre; sospechaba que el sedante era muy fuerte y junto con el dolor se llevaba también la lucidez.

"Esta es la última vez que me dejo arrastrar a un hospital."

Por suerte había funcionado su vieja segunda identidad cuando fue trasladado al hospital más cercano, desgraciadamente suponía otro riesgo hacerse pasar por japonés tanto o mayor que dejarse arrastrar a un hospital cualquiera y desconocido.

Cuando pudo moverse con libertad retiró las sábanas para ver con detalle la parte inferior de su cuerpo, al momento una enfermera entró a auxiliarle creyendo que deseaba ir al baño.

-No tenga vergüenza alguna ni se moleste, la sonda hará el trabajo por usted. ¿Necesita que compruebe el vendaje?

Por muy tentadoras que se viesen sus tetas no quería ser tocado allí por nadie.

Aunque habían hecho más que toquetearlo en la sala de cirugía. Peor aún, él estuvo dormido entonces.

-¿Dónde está la doctora Aida?

La mujer le miró como si le estuviese hablando en algún otro idioma, lo cual le cabreó un poco.

Al parecer estaba recuperando su mal humor habitual.

-No tenemos ningún médico registrado con ese nombre, señor. ¿Algún médico misionero o voluntario extranjero?

Bueno, eso disparó todas sus alarmas. Recordó haber firmado unos documentos de confidencialidad y consentimiento para la cirugía así como el traslado al hospital. La doctora castaña, quien le había atendido unos días antes, había hecho los arreglos para que fuese trasladado desde aquella instalación improvisada a un hospital donde pudiesen ayudarle con "su problema" y tratar mejor su condición de salud que apenas mejoró tres días después de ser ingresado en aquel hospital, claramente conociendo que el equipo médico de la doctora carecía de las herramientas para realizarle ella misma el procedimiento y necesariamente debía ser en una sala de cirugía cualificada.

¿Significaba que le habían dejado tirado allí a su suerte?

Al parecer la escasa buena fortuna conseguida tras su rescate se había agotado. Tendría que ingeniárselas para escapar antes de involucrarse en un problema mayor, además debía contactar a su padre.

¿Cuántos días habían pasado desde su salida? No lograba conectar previo a despertar en la cueva hasta el tiempo actual. Suponía máximo una semana.

-Quisiera ver mi expediente y hablar con el cirujano.

La chica le miró con suspicacia, al parecer no era tan estúpida porque bien pudo ver la desconfianza en sus ojos.

-Avisaré al doctor que ya despertó.

Y él se iría tan pronto encontrase una oportunidad, claro no sin antes informarse de todo lo que habían hecho a su cuerpo en aquel lugar mientras estuvo dormido.

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-Debemos encontrar una forma de contactar al malik.

A Momoi le sorprendía el temple del viejo, por más que el rubio se le insinuase no caía. Debía ser eunuco pues no le conocía hijos o pareja y con los años que se cargaba… era raro.

-¿No hay noticias suyas todavía?

La apariencia de consternación y amante preocupado no se la tragaba, el viejo emir tampoco ni disimulaba su incredulidad.

-No se le ha invitado a esta conversación, joven Ryouta. Haría bien en volver a sus aposentos.

Uff… por la mirada de este tendría que cuidar de la espalda del viejo.

-¿Me permite acompañarle en su paseo al jardín, emir?

Como esperaba fue rechazada, eso no le dolió ni un poquito, aparte de que lo esperaba por el bien del anciano hombre, si Kise notaba algún favoritismo para con su persona sobre él o dejaba que quedasen las cosas tan tensas… mejor permitirle distraerse con el conocimiento de que ella misma no tenía un trato especial por parte del segundo al mando.

-También debería preocuparse por el Sheikh, quien sabe en qué problemas se habrá metido el chico.

Esa amenaza no la dejó pasar por alto y le tiró del brazo.

-¿Qué estás insinuando, Kise?

Las doradas pestañas se agitaron en una falsa actuación de ignorancia.

-Solo estoy preocupado por ellos ya que hace días no sabemos del paradero de ninguno de los dos.

"Tú planeas algo, rubiecito y pronto nos vamos a enterar."

Decidió seguirle el juego y hacerse la agraviada, dando una vuelta con expresión disgustada.

No convenía que el chico desconfiase de ella o le prestase más de la debida atención, ya que no confiaba en más nadie para velar por el bienestar de Daiki y su padre.

"Enviaré una misiva al emirato en Kwait a nombre del Sheikh, eso debe desorientarles un poco y bridarnos alguna pista del paradero de Daiki."

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Si no fuese porque ya estaba acostumbrado al trato indiferente de Himuro, Taiga hubiese mostrado alguna otra señal aparte de escepticismo.

El moreno le había abandonado a merced de los mastodontes que tenían por guardias en aquellas celdas y después que le habían dado la paliza de su vida, asegurándose de darle incluso en los huevos, le tiraron en una celda húmeda y maloliente hasta llegada la noche cuando un criado seguido por un par de centinelas le sacó a patadas de allí.

-Mi señor dice que calles y obedezcas. Haz caso, extranjero, ha salvaguardado tu vida, el jeque no sería tan benevolente.

Le importaba un pepino quién fuese ese tal jeque. Él había llegado allí y pasado tantos malos tragos por seguirle la pista ¿y así era recompensado?

-Tienes una misión, si la pasas podrás estar cerca de mi señor.

En cuanto tuviese oportunidad atraparía al moreno, le arrastraría al aeropuerto y de vuelta a casa entonces luego tendrían una larga y extensa conversación.

-Dile a tu señor que no haré nada sin explicaciones.

Al parecer allí hasta los criados tenían potestad, le habían regalado veinte azotes en la espalda tan solo por pronunciar aquellas palabras.

-Aprenderás a ser obediente.

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La llegada de misiva a nombre del Sheikh causó algo de revuelo dentro de las oficinas del emir, tanto que Kalid no tuvo que valerse de los criados. Pudo discernir en el estilo de escritura al escuchar la misiva leída en voz alta frente al emir, que se trataba de la chica pelirrosa. El ojiazul sintió mayor estima por la mujer, aunque su misiva solo podía confirmar que sus sospechas eran ciertas acerca de la desaparición de su hijo.

Kalid tenía una gran batalla por delante: su hijo o su pueblo.

-Aomine-san, veo que ha pasado rápidamente el efecto de la anestesia.

El moreno frunció el ceño ante la figura del galeno que se daba cita en su habitación de hospital; no era una suite pero por lo menos no tenía otros pacientes en la misma, lo cual agradecía enormemente, sin embargo todo mundo parecía sentir libertad de interrumpirle cuando intentaba mirar bajo las sábanas.

Tocarse estaba lejos de considerarse.

-¿Quién eres?

Esa sonrisa le traída desconfianza, no sabía por qué.

El pelinegro señaló la identificación en su bata pulcramente blanca y leyó "Dr. Imayoshi." Así que era japonés…

¿Acaso estaban invadiendo medio oriente o qué?

Sus labios dibujaron una fina línea, en espera del veredicto.

-Checamos en sus antecedentes y no vimos ningún problema en realizar la intervención recomendada, por lo que ahora no debe tener problemas extrañando sus gónadas. Si bien prótesis o implantes no resuelven del todo el problema, por lo menos ya no sentirá que le hace falta "algo" salvo en caso que deseé tener descendencia, para ello recomendaríamos un transplante que por desgracia en este país no contamos con las facilidades para realizar.

-Estoy bien así.

Entonces tenía "relleno", con razón sentía algo de peso allí y aunque- como dijera el galeno- eso no resolvía del todo el asunto, por lo menos no parecería un eunuco.

-Viéndolo por el lado bueno, no tendrá que contenerse a la hora de tener sexo.

-No tiente a la suerte, doctor. Soy algo temperamental.

No sabía cómo es que tan rápidamente había dejado que el moreno se abriese espacio a su esfera, quizás porque extrañaba sus viejos amigos del instituto o las pasadas experiencias le habían trastornado, o las drogas en su sistema habían hecho el trabajo, el asunto era que se sentía bien y a la vez tan extraño no ser del todo desconfiado aun en medio de problemas…

Imayoshi estuvo con él el resto de su estadía en el hospital y le ayudaba a escaparse un rato de vez en cuando para tomar aire, estirar las piernas o perderse cuando algún policía rondaba los pasillos. El día en que se escapó del hospital también le ayudó y resultó tan descabellado como inverosímil que alguien desconocido le ayudase de aquella manera.

-Somos compatriotas y amigos, o eso es lo que quiero creer, ¿Porqué no debería ayudarte?

-Quizás porque te costará tu profesión.

El de ojos rasgados solo había sonreído antes de robarle un beso que hizo sonrojar al moreno.

-Siempre puedes pagarme después.

Y Daiki había sido tan fácil de decir "lo que desees" sin saber cuánto había perdido de sí mismo en tan pocas palabras.

44

El ojirrojo no obtuvo respuestas por parte de Himuro, este incluso había desaparecido como si se le hubiese tragado la tierra y su sirviente era un maldito demonio llegado de los infiernos.

En cambio ahora parecía un perro con nuevo amo; la princesa de aquellas tierras era sin dudas muy hermosa si tomaba en cuenta las ovaciones a su persona cada que pasaba por algún lugar o acompañaba al jeque en actos oficiales, pero apenas hablaba y en susurros a un siervo que le servía de vocero, el mismo siervo de Himuro.

No parecía tan fiel el perro.

El jeque no le inspiraba confianza alguna, sus ojos y sus labios siempre estaban prestos a una sonrisa que le daba escalofríos, aunque aparentase jovialidad y calma sospechaba que era un puto sádico.

No parecía muy adepto a tocar a su esposa más allá de frugales caricias y sin ningún pudor o respeto por la misma se iba a follar al tálamo, o en este caso buscar quién se lo folle.

Taiga se vio librado un par de ocasiones por requerimiento de la princesa, que siempre le requería así fuese para tomar asiento en el jardín mientras ella meditaba.

Las vestimentas de ambos príncipes podía ser rica y lujosa, pero ninguno revelaba su rostro fuera del lecho y dentro de este nadie tenía permitido mirar sus rostros.

En aquella ocasión fue la vez primera que Taiga fue llamado al lecho de la princesa y aunque por un momento creyó que sería llamado para cumplir con otros "servicios" se encontró deseando que así fuesen.

-Tenemos que desenmascarar aquellos que quisieron hacernos daño, Taiga, pero primero debemos asegurarnos de contar con el apoyo de gente poderosa, mientras no somos nada.

-¡¿Por eso te disfrazas de mujer?!

Vaya que un duro golpe al ego, descubrir que su hermano tenía esas inclinaciones.

-¿Entonces es todo un teatro eso que tienes con el jeque?

Se preguntó si el mismo estaba al tanto de los planes del moreno.

Su asentimiento fue toda respuesta.

-Pero si queremos contar con todo su apoyo debemos asegurarnos que él obtenga el control total de este gobierno. Verás…

Lo siguiente fue una descripción de la división familiar en aquella provincia, la misma estaba en una crisis política que amenazaba con destruir todos los esfuerzos de Himuro por desenmascarar a la persona tras su secuestro y el presunto atentado de asesinato contra Taiga, que le llevó a la necesidad de esconderse por su vida y lanzarse en busca de su hermano. Tendrían que salvaguardar el legado de aquella familia regente y entonces el jeque cumpliría su parte del trato y tendrían un juicio justo en aquellas tierras, a la manera bárbara- una forma de disfrutar la venganza cual plato frío- de aquellas tierras, luego podrían volver a su país y limpiar sus nombres para nunca más volver a oriente.

Si su hermano decía que los culpables estaban en aquel país, le creería.

-Tendrás contigo los centinelas en quien confío y enviaré un equipo de apoyo cuando estés allá. Ahora promete que te cuidarás y volverás a salvo.

Si decía aquello era porque tenía un plan B, ¿no?

-No me hagas prometer eso cuando me mandas a cometer suicidio.

Su cara de póker decía que no era broma.

-Haré cuanto pueda y más vale que estés listo para partir de regreso a Estados Unidos cuando vuelva.

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Aunque sus heridas no habían cicatrizado y la sutura tardaría algo de tiempo en ser removida de su cuerpo, Daiki se movió entre dunas y carreteras teniendo cuidado de no toparse con ningún militante u otra persona, así fuese de su propia tierra, adoptando un bajo perfil y vistiendo ropas raídas que le permitan pasar como un proscrito al que la gente le huyese como la peste. No llevaba dinero consigo, pero con su apariencia de pobre muerto de hambre conseguía de vez en cuando algo de alimento y agua cada que pasaba por alguna aldea, en otras tantas no tuvo mucha suerte como la última, unas porque no eran tan hospitalarios- como en todo el mundo sitios así había- y otras porque solo eran escombros, aldeas de las que apenas quedaba cenizas y cuerpos carbonizados.

En su camino hacia Araz sin embargo se topó con un problema, una caravana de traficantes que llevaba mujeres y niños para usar como juguetes sexuales. Queriendo hacerse el valiente les encaró y logró rescatar a uno por lo menos, el chico al parecer ya había sido abusado el resto había perecido en medio de la tormenta de arena que se desató horas antes y en la que- de no haber sido lo suficientemente astuto como para conseguir refugio y pelear por él- hubiese perecido por igual.

-¿Cuál es tu nombre, chico?

Se dio por vencido al ver que sus intentos por hacerle hablar no daban frutos y aunque lo creyó una carga al principio resultó provechoso en los momentos que la fiebre le azotaba y no podía más. Gracias al mismo pudo llegar al siguiente refugio para la siguiente tormenta.

Horas más tarde el destino creyó a bien abofetearle una vez más cuando en su escondite apareció nada más y nada menos que aquel pelirrojo.

TB