Aclaración de lectura:
-letra normal: diálogo, narración.
-letra "cursiva+entre comillas": pensamiento de los personajes.
-párrafos numerados: saltos de escena y/o tiempo (generalmente minutos u horas, fácil de discernir)
Capítulo Nueve
Duro y caliente
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No lograrían salir de allí a salvo a menos que luchasen por su vida, ni resultaría tan fácil cuando sus adversarios estaban tan empecinados en ello. Además, dudaba que solo quisiesen charlar, después de todo él estaba en las mismas; cumpliendo órdenes, con la mínima diferencia de que a él le importaba su pellejo pero ellos estaban dispuestos a matar o morir en el intento.
Las salas ocultas les sirvieron mientras pudieron correr, pero llegado un momento tuvo que cargar con el pesado cuerpo de su acompañante. Por un momento pensó en dejarlo tirado allí, pero el cielo maldiga su consciencia que no pudo desembarazarse de ello tras confirmar que estaba herido, y eso que aún no sabía hasta qué punto.
El pequeño bulto, ahora envuelto y atado en un porta bebés, improvisado con trozos de tela, colgaba de sus hombros y por desgracia estaría en grave peligro si le disparaban de frente como estaba aferrado a su pecho. A su espalda, otro que dependía de él para sobrevivir; el sucio y harapiento hombre en algún momento cedería y se dejaría caer del lugar donde estaba aferrado, con renuencia pero agridulce situación de imperiosa necesidad.
Pero por suerte,- azar, destino o lo que fuese estaba con ellos aún- logró ingeniárselas. ¿Cómo? No sabía, no era el ser más brillante sobre la tierra pero lo hizo quizás por iluminación divina. Avistando una carro que bien podría ser lo suficientemente viejo y defectuoso como para provocar un accidente en la arriesgada empresa, lanzó el peso muerto del hombre en su espalda haciendo saltar un montón de polvo de la carreta, luego dejó el pequeño bulto sobre el cuerpo maltrecho de aquel hombre- dios libre no ser un malhechor al que tenga que matar, porque estaba dispuesto-, y se lanzó tras la carreta para protegerse a sí mismo de los disparos, rumiando por una puta arma. Mataría por conseguir una.
Y de modo tan literal.
Había perdido a los chicos de Himuro hace rato y no veía ni rastro de ellos, por lo que tocaba ingeniárselas como pudiese. Pero ¿cómo lograría quitarse a sus perseguidores de encima? ¿Tirándoles polvo en la cara? Para ello precisaba estar en igualdad de condiciones.
Maldijo por lo bajo al no haber pensado en tomar alguna arma mientras huía y rogaba que no descubriesen los cuerpos escondidos en el carro, aunque eso significase que se las tomaran con él, por lo menos el bebé debía hacerlo con bien sino no se lo perdonaría aun después de muerto.
Los disparos sonaban ensordecedores al pasar entre la madera del carro y juró que le daría una tunda a su hermano por meterle en aquel lío. Aunque él mismo aceptó de buena gana.
Se arriesgó y comprobó cuántos hombres había fuera, consciente de que aunque la fortaleza no tuviese ventanas o trincheras en cuanto llegasen al techo le perforarían a balazos. Una bala le rozó la mejilla, arrancándole un gruñido de queja ante el agudo dolor.
Ahora podía hacer la comparación entre cortadura por papel y por balas.
Los disparos se detuvieron y escuchó pasos. Solo eran dos, lo había comprobado y también que debían estar diciendo alguna palabra sucia si el tono de voz no significaba otra cosa como que estaban bien cabreados y acojonados como para querer disfrutar lo que planeaban hacerle.
Entonces el sonido de un disparo cercano se dejó escuchar.
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Su madre siempre le había amonestado por meterse en problemas y él solo podía lanzarse a ello como demasiado empecinado para respetar tan siquiera una orden de su progenitor y eso fue lo que minó toda relación entre ellos hasta el punto que luego del divorcio de sus padres esta era la fecha en que no se hablaban.
Bueno, debía ser el karma, puesto que nada más terminar la escuela se había lanzado de cabeza a estudiar medicina decidiendo que se uniría al equipo misionero y viajaría por el mundo.
Entonces el mundo pareció demasiado grande cuando fue a parar a aquellas tierras y se metió en más de un lío gordo.
Convertirse en médico solo alimentó su vena problemática, su madre le dejó ser a final de cuentas para ver si curaba esa inclinación, hasta el momento no lograba frenar el impulso ni la inclinación o el disfrute en cada hecho.
Y es que él se metería en más de una si cada vez podía sentir más que satisfacción por agravar la causa, un espécimen como aquel que admirar.
-¿Quién eres?
Vio que su anterior amante intentaba ganar tiempo mientras sus soldados volvían, ya podía escuchar sus pasos, pero su pronto-a-ser-nuevo-amante le ganó la mano.
-¡No lo mates!
Y él como siempre metiéndose al medio, recibió el derechazo de aquel hombre.
Y joder si no tenía un brazo de hierro. Él no se consideraba tan débil como para caer por un derechazo, su cuerpo no era solo grasa o fibra por genética, estaba bien trabajado y se dio el derecho a pulso de ser considerado un hombre fuerte pese a ser catalogado como un marica, pero aquel hombre rebasaba todos sus estándares.
Cuando pudo ponerse nueva vez sobre sus pies y recuperar los sentidos, se descubrió siendo tirado al exterior y colgando con el culo al aire y la cabeza colgando.
Pellizcó y mordió aquellas nalgas, jadeando ante la percepción de su dureza incluso allí.
-Madre santa, ¿estás construido en roca?
Emitió un quejido al ser tirado sin ceremonia en la parte trasera de un jeep y descubrió para su desconcierto que estaba siendo secuestrado.
-Bien pudiste pedirlo y dejarme tomar mis pertenencias.
El silencio fue toda respuesta y así se extendió por largo tiempo mientras su captor conducía en medio de aquel desierto como si andase por una ruta interestatal que conociera.
-No eres un hablador, mi enigmático secuestrador. ¿Cierto?
La mirada pesada no se apartó del camino hasta unos minutos más tarde, cuando se detuvo en medio de la nada.
-Espero no estés considerando dejarme aquí.
-¿Por qué no lo haría? Solo me servías para el escape.
-Pero puedo ayudarte de muchas otras maneras.
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Entre el suspenso y el shock, sus ojos se abrieron desmesuradamente y al hacerlo pudo darse cuenta de los dos jeeps estacionados detrás de unas palmeras, camuflados.
El dolor no se hizo presente, pero sí una sensación sorda de entumecimiento en el costado. No obstante el instinto de supervivencia le hizo saltar. Si iba a morir, ¿por qué no luchar hasta el último segundo?
El llanto inconfundible de un bebé rompió entre los ruidos de enfrentamientos, disparos, revueltas y demás. Fue más que un impulso primario al que no supo darle nombre ni detener. Cuando pudo recuperar la lucidez y ser consciente, vio dos cuerpos a sus pies y otra bala le rozó esta vez el cuello.
No se detuvo a pensar y tomó las armas de aquellos cuerpos sin vida mientras corría en dirección a las palmeras como si fuese perseguido por el mismo diablo pero sin dejar de disparar y cubrirse la espalda a sí mismo; nada fácil a la verdad.
-¡Putos cabrones!
Arrancó en el momento que- cual hormigas- innumerables hombres salían al patio y se llevó unos cuantos por delante, apenas salvándose de algunos disparos a zonas vitales por el blindado del vehículo. Frenó bruscamente al lado del carro, casi lanzando este y cruzando internamente los dedos para que su preciada carga estuviese bien. Usando el jeep como escudo logró pasarlo al interior y el otro cuerpo a la parte trasera, por causa de esto recibió un par de disparos en la pierna derecha pero le valió una verga mientras continuaba en su empeño por ponerlos a salvo hasta que uno de los malditos hijos de puta logró llegar, aprovechando que había bajado la guardia y dejado de disparar en pro de conseguir los dos en el vehículo.
El sexto disparo sorpresivamente llegó desde la cabina del jeep y sorprendido- y ¿por qué no?, también eufórico- comprobó que se trataba de su carga más pesada.
-Al fin despiertas, princesa.
-Cierra la puta boca o arranco sin ti.
Se lanzó al lugar que antes ocupase el moreno en el momento justo que el otro arrancaba y se encargó de tumbar unos cuantos de camino.
Ufff. Suerte de impulsos que se hizo de dos armas o para entonces no la contaba.
Suerte de novato que aprendía rápido cuando la necesidad apremiaba.
Pasó al interior de la cabina entrando por la ventana del asiento del copiloto y colocó el pequeño bulto agitado a salvo con todas las protecciones que podía brindar un todoterreno como aquel; no había carro de bebé, ni lo esperaba, pero los cinturones estaban ahí y con eso trabajaba.
-Entonces, princes- ¡Ouch! ¡maldición!
¡El muy hijo de puta le estaba atizando las heridas, que ahora sabía tenía mucho antes de pasar en frío!
-¡Eso duele!
-¡Para que dejes de tocarme las pelotas con ese puto sobrenombre, baka!
Le devolvió el favor golpeándole en el costado y no lo lamentó pese a que el vehículo se descarriló cuando el conductor perdió todo el aire y color- aún bajo tanta mugre se notó-, amenazando con provocarles un accidente en plena huida y tuvo que ayudarle tomando el volante con su brazo bueno, porque el otro no respondía y él aun ni caso hacía- heridas en frío, luego se daría cuenta cuando la adrenalina bajase-. Aquello solo provocó que ambos quedasen incómodamente pegados y el vehículo se deslizase en solo dos ruedas. Empujó todo su peso al otro lado para enderezarlo, todo esto mientras el jeep seguía en movimiento y cuando al fin se decidía a tomarse un respiro para recomponerse un avistamiento de tormenta esto le dio una idea.
-¡Gira!
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Aquello iba con más de un sentido, y especialmente uno demasiado obvio.
Le dejó ser mientras las manos ajenas invadían su espacio personal, tocando sobre la tela de su torso sin decidirse si ascender o bajar.
-Soy médico, puedo conseguir muchas provisiones y ayudarte en el caso que lo necesites.
No lo dudaba, aunque su perfil parecía algo más; no aparentaba precisamente ser alguien que solamente se dedicaba a los pacientes, a menos que en su oficio ocupase violarlos. Sin embargo parecía alguien muy manejado en artes duales, como: la manipulación, la observación y el acecho, el morbo, lo pragmático y el sexo, terreno peligroso.
Esto último parecía sobrar con tantas señales directas.
Hizo caso omiso de sus avances hasta que su cuerpo pareció responder.
"Maldita naturaleza humana, débil ante la carne."
Sus dedos se cerraron alrededor de aquella invasora que se había aferrado a su miembro sobre la ropa. Su tacto le había excitado sobre manera, paulatinamente mientras recorría su cuerpo y él procuraba serle indiferente, ignorando los efectos de cada toque.
-Descansemos en la siguiente aldea. Necesitaremos provisiones y combustible.
Fue necesario detener el jeep hasta entonces no solo él terminó afectado al parecer el perro se estaba excitando con sus propios juegos, si no le engañaban el sonrojo, la respiración acelerada y los leves espasmos en su cuerpo mientras frotaba sus piernas juntas.
-Eres estúpido o te haces, no nos detendremos.
Podía dejarlo tirado allí, pero primero le daría su merecido.
Quería ser follado, ¿no? Cumpliría su deseo y luego lo dejaría tirado en la aldea más cercana.
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No conocía el camino que tomaba-¡Rayos! ¡Era el puto desierto! ¿Se esperaba más?-, mas sus instintos algunas veces funcionaban y decidió dejarse guiar nueva vez por ellos. Si se adentraban en la tormenta el riesgo sería muy grande cuando ambos estaban heridos, ni qué decir de su misión se iría al caño dependiendo de un bebé que obviamente no podría sacarles del apuro cuando el nivel de endorfina en su sangre bajase y no pudiese moverse, al igual que su acompañante.
No supo cuánto tiempo duró conduciendo a ciegas cuando la tormenta de arena amainó y pese eso les alcanzó- por lo menos fue el remanente de la misma y pudieron esquivar las embestidas atroces de las fuertes ventiscas-, pero en algún momento el vehículo se detuvo apagándose el motor. Quizás se agotó el combustible o la arena al fin inundó los conductos y logró lo que no hicieron las balas. Hasta entonces no había notado el peso muerto en su hombro o que los llantos habían cesado en algún momento.
Miró en derredor, arena y más arena; la luz de la luna llena bañaba las dunas y permitía que lograse avistarse el terreno árido. Si bien todo estaba cubierto de polvo, aun así con la suficiente arena y metal en el como para crear un efecto alucinante de colores que les permitirían ver por lo menos bajo sus pies. Además el cielo estaba claro, aunque algunas nubes se movían lentas y apenas podían distinguirse unas pocas estrellas en el oscuro manto azul.
"Azul."
Era la primera vez que veía un cielo nocturno de tonalidad y profundidad tales.
Se desperezó; debía encontrar la manera de evitar que les encontrasen, conseguir un refugio para tratar sus heridas y lograr contactar…
Cierto, había olvidado en su urgencia por salvarse el pellejo que había perdido los chicos de Himuro.
-Bueno, estamos solos.
Bah, lo estaba él, con dos tíos durmiendo a pierna suelta.
Bien, el bebé actuaba lo normal para uno de su edad: la norma era comer y dormir… er… y hacer la parte difícil que aguardaba al cambiar un pañal.
Dios le amparase y resolviese pronto la situación; si no moría por heridas infectadas, por causa de una bala o atrapado infraganti en medio del desierto, sería por el olor de esa cosa; eran legendarias tanto o más que las historias de terror, solo que más real.
El otro sujeto no estaba tan seguro. Por la respiración agitada, y si la alta temperatura de su cuerpo era un indicio, tenía un caso grave entre manos.
Buscó en todo el vehículo, mas no dio con un botiquín.
Se creían inmortales los canallas, que no llevaban un puto kit de primeros auxilios.
Respiró profundo, aunque con ello solo logró hacerse consciente del dolor que ya empezaba a manifestarse en su cuerpo, y decidió comprobar primero al bebé.
A salvo y milagrosamente sin un rasguño.
-Eres un sujeto con una maldita suerte…
Después la prioridad era él mismo, mas consideró que el otro sujeto podría precisar cuidado inmediato y empezó a rasgar ropa.
-Joder…
Hizo una mueca al ver tantas magulladuras, bajo la escasa luz del vehículo logró hacer un reconocimiento de todo el cuerpo contrario maldiciendo por lo bajo al descubrir tantas heridas.
¿Cómo no había reparado en el sangrado?
Ahora el estado de palidez del otro tenía sentido.
Consiguió las provisiones del vehículo y las juntó todas por si tenía que abandonarlo apresuradamente, además dudaba que pudiese remolcarlo si se había estancado allí, él no era precisamente un mecánico.
Encontró agua y- aunque por un momento dudó en utilizarla pensando en que luego la podría necesitar-, hizo a un lado el pensamiento aunque no de buena gana, entonces procedió a limpiar las heridas del inconsciente desconocido.
Con tanta mugre el agua no fue suficiente y para cuando esta se acabó tuvo que dejar la tarea.
El dolor subió de nivel hasta hacerse insoportable y todo fue construyéndose en su cabeza hasta hacerle perder los estribos y maldecir todo bajo el cielo.
Tuvo a bien alejarse para no despertar al bebé. Enfurecido consigo mismo y con todo el mundo decidió que bien podía sacar su frustración caminando.
"¿Por qué diablos no se manifiesta algún estúpido refugio en medio del desierto?"
-¡¿Acaso es pedir demasiado?!
¿No decían que la gente veía cosas en medio de la desesperación? Porque él estaba enloqueciendo allí. Solo el dolor le hacía permanecer consciente, aunque alimentaba la ira y la frustración por todas las vicisitudes pasadas hasta ahora.
Se olvidaría de sus promesas de venganza si tan solo pudiese recuperar su antigua vida y volver a casa. Pero era si bien no un sueño imposible algo no muy cercano.
Cuando logró enfriarse- tanto porque se le pasó la locura como porque el desierto era peligrosamente frío durante la noche-, volvió al vehículo, encontrando que el estado de su acompañante parecía agravarse por momentos.
-Bien. Queda mucho trabajo por hacer, Taiga.
Ató sus heridas y aunque le costó probó arrinconar el dolor en un espacio lejano de su mente mientras empujaba el vehículo entre dos dunas. Si lograban sobrevivir a la noche, buscaría la manera de cruzar el desierto mismo, costara lo que costara, y cumpliría con su misión.
Aunque viéndolo de cerca no creía que el moreno soportase mucho.
Estúpidamente se dio cuenta que no podía sacar sus manos de él; aunque estaba sucio y ensangrentado del costado hacia abajo su cuerpo se enredó con el otro, quizás en busca de calor pues desgraciadamente el otro era como una braza ardiente y no podía evitarlo sin los cuidados adecuados, solo podía ayudarle a apalear la fiebre con el trozo húmedo de tela que no serviría mucho tiempo por la escases de agua.
Se dijo que solo se dejaba guiar por el instinto de supervivencia mientras enredaba sus piernas entre las contrarias y rodeaba con sus brazos el cuerpo contrario.
Esperaba no sufrir un infarto si despertaba abrazando un cadáver al día siguiente.
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Había decidido no tomar riesgos sin embargo, pese a que no confiaba en lo absoluto en aquel sujeto y menos cuando aceptaba todo tan "de buena gana", se aseguró que no conociese el camino, vendando sus ojos mientras cruzaban el desierto. Al avistar la aldea más próxima y a punto de quedarse sin combustible- debía agradecer que los idiotas de Baréim llevaban por lo menos suficiente reserva de combustible para cruzar el desierto antes de que se agotase todo-, le hizo caminar hasta el interior de una posada, donde no pasaría más que el tiempo que tomase en follarse a ese insufrible pero tentador y dispuesto hombre.
El propietario hizo demasiadas preguntas, él solo jugó su papel como un hombre más del desierto que gustaba de placeres carnales sin inhibiciones como todo el que llegaba allí. Estando cerca de la frontera era un peligro en sí mismo, pero más no descubrir quién estaba conspirando contra su familia.
Mientras disfrutaría del papel que tocaba ensayar.
Bebió la imagen del cuerpo desnudo y dispuesto de aquel sujeto quien yacía espaldas contra el colchón, manos extendidas a ambos lados del rostro, rizos negros revueltos, piel lechosa y sin embargo sin ningún atisbo de fragilidad.
Sus manos retiraron toda la ropa antes de contemplar al completo el cuerpo bajo su escrutinio, negándose a darle más placer del que estaba dispuesto. Eso significaba que sus manos no estaban acariciándole, simplemente se dieron a la fuga entre las piernas contraria, separándolas y alzando una de estas sobre el hombro del mayor. Sus dedos tantearon la entrada y la prepararon sin molestar en provocar sensación alguna durante el acto antes de que cumpliese con aquel estrecho y tentador culo.
Un gemido ronco rumió en su interior mientras se adentraba de a poco, quería hacerle sentir por largo rato como su longitud se metía por segundos en sus entrañas, cuando hubo casi completado el recorrido a todo lo largo retiró su polla antes de volver a incrustarla en el palpitante y sangrante agujero.
Casi y hace el amago de sonreír ante la impertinencia del chico; sabía que estaba en el dolor, pero aun así el placer le ganaba más y era muy vocal el jodido.
-¡Fuck! ¡Más duro! ¡Jódeme!
Debía enseñarle quién daba las órdenes allí. Al parecer perforarlo lenta y dolorosamente al principio no había funcionado realmente, eso o que le dio ritmo muy pronto y el chico disfrutaba de alguna torcedura sexual.
No se atrevía a dudarlo. Además a sí mismo le estaba costando no joderlo como dios manda. Después de todo tenía tiempo sin disfrutar del estrangulamiento delicioso de un culo estrecho. Concubinas no le faltaban, mozos tampoco, pero todos estaban tan usados que muchas veces ni necesitaban preparación.
Dejó los pensamientos a un lado, acordando que solo dejaría espacio en su mente a la parte lógica para no bajar la guardia, pero disfrutaría de aquel chico.
-¡Dios! ¡Dios! ¡Dios…!
Le hizo callar con un beso voraz y algo brusco, pero así era él no tenía que tener cuidado al tener sexo con un hombre y esa era una de las tantas ventajas.
No hizo nada por detenerle cuando se retiró la venda de los ojos, tampoco cuando rodeó con uno de sus brazos su cuello mientras le cabalgaba o procuraba mirarle a los ojos aun cuando eso prometiese un infierno de dolor más tarde por la postura de su cuello.
No fue tan insensible como para solo disfrutar él mismo del cuerpo contrario, la mano que no aferraba cual pinza las caderas del pelinegro había viajado a la parte inferior, disfrutando de las burlas sobre el torso desnudo contrario, sus espasmos eran deliciosos- fingidos o no era una delicia el solo verlo y aún más percibirlos contra sí-, el calor de su interior cobijaba su miembro y aumentaba la hinchazón del mismo, las paredes rugosas y pulsantes le apretaban espasmódicamente ejerciendo aun mayor presión cuando se retiraba para volver a empujar con cada embestida como si no quisiese dejarle salir; su cuerpo poseía un perfume profundo pero apenas notable si prestabas atención; como el tronco de un árbol en maduración a punto de liberar su primera corteza, fresco y relajante, nada que pudiese relacionarlo con su oficio- medicamentos, sangre o enfermedad- olía a vida, olía a…
Prefirió cortarlo allí y dejar de hurgar en el cuello contrario; esa era la trampa más vieja conocida, entre las clavículas y el cuello estaban la perdición de todo hombre, el efluvio era una mezcla de hormonas volátiles que emergían con el más leve sudor en aquellas zonas y resultaban un efectivo potencializador de la libido. Se había prometido no dejarse atrapar de aquella manera por nadie después de su ex esposa, era algo demasiado íntimo como para compartirlo tan libre y livianamente. En cambio hizo inclinar el cuerpo contrario mientras corría un camino de mordiscos y besos por la línea de vértebras, al final encontrando la típica postura de pistón con la que logró someter el cuerpo contrario bajo el suyo y penetrar hasta la empuñadura en aquel delicioso pasadizo, logró dar con el afamado "punto g masculino" cuando rozó a su paso la glándula fibrosa a través de los pliegues de aquel lugar. Para algunos era un mito, para hombres "rectos" una ofensa, pero la verdad era que estaba comprobado, la estimulación de la próstata parecía la alternativa al trabajo manual y lograba mejores beneficios, entre ellos más orgasmos.
Bueno, su amante de turno lo sabría mejor que nadie en aquellos momentos, pues el ojiazul se había empecinado en follarlo a consciencia y al golpear aquel músculo recibía incluso más placer por las respuestas del cuerpo contrario que se contraía de maneras que deberían ser imposibles y la sensación electrizante con cada choque de la punta de su miembro contra la carne reticente.
Deseaba probar aun un poco más de profundidad.
El pelinegro jadeó tanto de dolor como excitación cuando fue girado y alzado aun con la verga endurecida en su interior. Negro y azul chocaron, cuerpos sin dejar de moverse, brazos enredados en el contrario y labios que se encontraron por primera vez antes de que un nuevo nivel de excitación les hiciese imponer más energías en la labor.
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Hizo acopio de todas sus fuerzas para alzar los párpados y en medio de la penumbra sintió la respiración pesada y acompasada de alguien a su espalda. Se dijo que no lucharía tanto por escapar de lo inevitable; el destino estaba empeñado en hacerle sufrir y acabar con su existencia, bien podía aceptarlo y terminarlo de una buena vez por toda, para qué alargarlo.
Su vista logró aclararse en medio de la penumbra, sabía que eran lágrimas y lo atribuyó a la fiebre: su respiración era tan caliente como el horno que parecía poseer en su pecho.
Algo golpeaba insistentemente contra su pecho y rostro en movimientos descoordinados, logró detener el objeto infractor dándose cuenta que no se trataba de una "cosa" sino de un muy enfurruñado bebé.
¿Qué rayos estaba haciendo?
Sus gemidos eran tan bajos que apenas podía escucharles, o la fiebre le tenía tan aturdido que no lograba ubicarse bien con sus sentidos. Bien, pudo comprobarlo cuando se percató de lo que acontecía con el mocoso. Al parecer había babeado todo su pecho en busca de alimento- si no eran prueba de ello los enérgicos intentos de pegar sus labios húmedos y ¡oh, bendito!, su lengua se sentía fría comparado con la temperatura de su cuerpo…
"Maldición, estoy delirando."
Solo podía obtener aquella explicación como para tan siquiera considerar que estaba siendo usado de aquella manera.
Envolvió uno de sus dedos con la tela que cubría al bebé- la parte interna debía estar lo suficientemente limpia o por lo menos más que su cuerpo y propios dedos-, llevando estos a la ansiosa boquita en busca de alimento. Eso tendría que trabajar por el momento.
Suspiró, recargando su cabeza hacia atrás antes de tomar en cuenta contra qué- o mejor dicho contra quién- estaba apoyándose.
La fiebre- o quizás la debilidad por causa de sus heridas-, le impidió permanecer más tiempo despierto, aunque pasó toda la noche en un estado de duerme muelas. Cuando volvió a abrir los ojos dio por finalizado que había muerto mientras la luz y el aire fresco le guiaban a un hermoso paisaje.
TBC
