Nota del Capítulo:
Para más información sobre la segunda parte, sobre cuando se publicará, el título y otros detalles, visitar esta página.
Aclaración de lectura:
-letra normal: diálogo, narración.
-letra "entre comillas": diálogo por teléfono/otra línea.
-párrafos numerados: saltos de escena, cambio de punto de vista y/o tiempo por escenas.
Epílogo
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Le tomó tiempo desentrañar la identidad de su captor, pero quién imaginaría que la información estaría tan al alcance de sus manos. El de por sí extraño comportamiento de su amante había cambiado durante su visita al palacio de Arätz, donde fueron convocados todos los señores de las tierras de esa parte de oriente, hasta donde el conflicto con otros países aún no llegaba mas no tardaría en dar alcance. El motivo del festejo no era otro que el nombramiento de un nuevo soberano en la casa Al Sabah, que en los últimos tiempos había parecido caer en desgracia y catapultarse hasta su desaparición como otras familias prominentes, hasta que apareció un bastardo.
La revelación agitó las masas sin lugar a dudas; todo apuntaba que esta familia perduraría en los anales de la historia, ya sea a punta de disturbios por su causa.
Previo a la aparición del nuevo patriarca, muchas familias- y el pueblo de la zona costera en general que había retornado a la ciudad- armaron revuelos por sus diferencias, que irónicamente les llevaron a sumarse en un considerable fuerte de oposición al gobierno de extranjeros. Cabe decir que por más que hiciese el Ministro Stevenson por contentarles, el recelo era arraigado en las poblaciones de cualquier país y en especial en oriente; de todas formas los gobiernos en aquella parte del mundo eran encabezados por figuras que seguían una religión estricta; la aversión del Ministro en sumarse a la religión que profesaban tan celosamente los arätzis fue la gota que colmó el vaso de aquella aparente calma reinante en Arätz durante más de medio año, por igual el que tomara como pareja al concubino real a la luz pública en vez de sumarle votos agitó a los partidarios reformadores tanto como a los conservadores y el poder se dividió en dos, hasta que surgió entre ellos un cabecilla.
Decir que la derrota en la cara del ministro fue impactante era poco; apareció en todos los diarios digitales y extranjeros.
Pero nada excitó más la población, incluso fuera de Arätz, que la aparición del supuesto fenecido Malik: Kalid Rassha Al Sabah, en su magnífica gloria; vestido con sencillas túnicas y porte regio liderando ambos fuertes de oposición. A diferencia de otros tantos supuestos muertos vivientes este no solo mostraba una apariencia hecha al carbón del anterior Malik, sino también los dones de su ascendencia que le fueron otorgadas al heredero como a otros varones nacidos en aquella familia. Debió ser vergonzoso, pero no más que la disposición del hombre en recuperar lo que por derecho era suyo; un equipo conformado por médicos y otras figuras religiosas ofició la ceremonia para confirmar rasgos solo heredados a algunos miembros varones de la familia Al Sabah y sin embargo igual se realizaron las pruebas médicas pertinentes con una muestra de ADN pues no podía ser coincidencia entre tantas similitudes.
Solo que las pruebas arrojaron verdades más impactantes; el hombre frente a ellos no era el asegurado fenecido Malik quien volviese de la muerte, ni siquiera consanguíneo, pero sí del Malik anterior.
Al parecer uno de sus antecesores había fallado al confiarse en sus métodos para no dejar hijos bastardos.
Mostrando su rostro al desnudo en la plaza de Séfora, el nuevo Malik fue ungido como el anterior. Para no dar lugar a sospechas y más excitación, ciertos detalles quedaron confinados dentro de las paredes del castillo y el círculo del concejo Arätz.
Nadie pudo negar el parecido, y el hecho de que el equipo religioso así como el equipo médico fuese conformado por representaciones de cada señorío dio lugar a mayor credibilidad.
El nuevo Malik parecía tan consciente de sí mismo que no mostraba alteración o sentimiento alguno al ser tratado como a un difunto, y no necesitaba vestir nada más ostentoso para mostrar su nobleza y señorío cual su actitud.
Imayoshi miró desde el palco la religiosa ceremonia, sin demostrar alteración por la extraña tensión que irradiaba el mercenario a su lado. El tiempo que llevaba de conocerlo nunca se había alterado en presencia del público ni cuando le acompañaba en actos oficiales como aquel, aunque sin duda este no tenía precedentes.
-Sin dudas muy apuesto el Malik.
El esperaba que fuese cosa de posesividad el gruñido bajo pero presente que obtuvo en respuesta antes de ser abandonado junto a su séquito; ser parte de la corte de un gobierno como el de su señor le brindaba ciertos beneficios y libertad así como riquezas, pero muchas veces se sentía solitario hasta la muerte. No era un destino que pudiese aceptar fácilmente y por eso se las jugaba a costa de su propio pellejo; claro que a la vista de todos era un extranjero y libertino, nada por lo que avergonzarse, pero sabía que si saltaba mucho y tan lejos de la valla el control sobre su persona se reanudaría y caería la opresión sobre él con fuerza de años que luchó por desprenderse del dominio de su hermanastro. Su encuentro con su amado mercenario había acentuado esas ganas de volar lejos, solo esperaba poder lograrlo y lo haría algún día bajo las narices de su captor.
— Uno de tus hombres no es muy adepto a ti al parecer, hermanito.
Él puso su mejor sonrisa ante la expresión burlesca de su hermano.
— Solo les dejo hacer a su antojo; a diferencia tuya, her-ma-no, sé cómo tratar a mis chicos, no por nada obtengo lo que deseo sin necesidad de pedirlo.
Debía agradecer que se tomó la molestia de entablar algún lazo con su único pariente vivo. Si bien no estaban atados por la sangre, el jeque era muy apasionado con los lazos hasta rayar en lo obsesivo; nunca le haría daño a menos que lo presionara a ello, con algo como la traición, por eso se había guardado tantas cosas consciente de que un día cosecharían los frutos de su locura aunque a él mismo le salpicara por mantenerse callado.
Imayoshi no olvidaba que vivía en una cueva de serpientes, sin embargo había aprendido a lidiar con ellas y algo de su naturaleza se le había contagiado.
— No te desveles hasta tarde, hermano bebé; dudo que el nuevo Malik se te abra de piernas como intentaste con el anterior —. Susurró solo para él. Había conocido la atracción enfermiza en el chico desde que fuese un adolescente y siguiese a su padrastro en todas las reuniones de los jefes de la región; Cam había tenido un flechazo por el en ese entonces Sheikh Al Sabah, pasaba cada noche entre encuentros oficiales alardeando de su magnífica voz y cuerpo, incluso de que en una ocasión había visto su rostro; cosa de la que los hombres nobles eran muy celosos guardarse tanto o más que las mujeres, por celo de su propia privacidad; esto les permitía libertad de andar fuera de sus papeles de príncipes y señores, como hombres comunes y corrientes; el poder dedicarse a los placeres a aquellos que preferían obtenerlo no solo por sus títulos o riquezas, otros incluso lograr algo tan cursi como encontrar el amor. El asunto es que parecía hasta parte de la cultura, más que una moda era como una fiebre, pero su hermano nunca tuvo esas inclinaciones; él quería siempre brillar y cegar a todos con su apariencia e ingenio, que por desgracia fueron cambiando conforme el paso de los años: cada vez más hermoso, más ingenioso pero ciego a sus propios deseos. Para peor, el principal objeto de su deseo nunca sucumbió a sus encantos, prefiriendo las mujeres y luego inclinándose por mozuelos sencillos. Ima empezó a temer por el concubino real cuando este ascendió con su extranjera y exótica belleza, empañando al resto de los amantes del Malik y ocupando de privilegios que su hermano consideraba solo suyos; la imposibilidad de poder hacer algo al respecto al parecer empujó su cordura y fue coleccionando amantes con un mismo perfil o parecidos al ex Malik; su muerte solo le empujó aún más en la locura, mientras más lejos Kalid estuvo de su alcance sus objetivos sufrían mucho más hasta la mutilación.
— Uff… que suerte que estás aquí.
Terminada la ceremonia todos fueron a sus habitaciones correspondientes; si le pareció extraño ver a su amante más fuera de lugar en aquellas habitaciones no lo demostró.
— ¿Qué pasa? ¿Te comieron la lengua? Mataría al que lo hiciera.
Por un momento creyó ver un brillo burlón en aquellos ojos, la única parte visible además de sus manos que el mercenario dejaba expuesta mientras había luz y estaban a resguardo de algún techo, por lo demás sus ojos incluso los llevaba cubiertos cuando estaban fuera.
Se acercó, reduciendo la distancia a nada, tras asegurar las puertas con pestillos dobles y sus manos fueron despojándole de aquellas pesadas vestimentas.
Le había tomado tiempo ganarse el derecho de desnudarle sin temer perder algún miembro, pero era algo que valía la pena el riesgo; confirmó, mientras su tacto le permitía disfrutar de la firmeza de aquel torso desnudo y caliente.
— Vamos a la cama; ambos estamos cansados por el largo viaje y la aburrida ceremonia — dando un bostezo, se dejaba arrastrar sobre el mullido lecho y tiraba de su amante antes de que este escapara.
Él le ayudó a desvestirse sobre la cama, a su lado, para que no tuviese excusas. Cuando toda esa tela y armadura calló al suelo, el galeno se encontraba caliente frotándose contra el musculoso cuerpo de su amante que no estaba por cooperar- lo normal-. Tuvo que resignarse únicamente a dormir o hacerlo solo mientras su amante yacía a su lado sobre su estómago.
— Ok. Ya entendí el mensaje, jefe. Solo dormir —. El menor besó el ceño fruncido de su amante haciendo que este entrecerrara aquellos bellos ojos. Imayoshi haría todo en proteger a su hombre si su hermano intentaba poner sus manos sobre él, porque no le quedaba dudas- al ver tal magnificencia desnuda- que él tenía entre sus brazos un hombre que había escapado victorioso de un destino peor que la muerte. Las cicatrices lo confirmaban.
Si bien le pareció extraño cuando el mercenario había desaparecido sin dejar rastro y por tanto tiempo, para el mismo momento en que se extendiese el rumor del asesinato de Malik Kalid Rassha Al Sabah, y llegando con marcas de quemaduras así como heridas infectadas y rastros de ciertos químicos en su sangre, sus alarmas se dispararon y su curiosidad sobre la identidad de su amante ganó terreno. Seguramente había sido una fea pelea a la que se había enfrentado, y tantas coincidencias solo le llevaron a sospechar hasta que viendo a sus ojos lo descubrió.
Solo había un hombre en todo oriente con unos ojos como aquellos, no había reparado en ello hasta el momento; uno que su propio hermano deseaba con extremada locura y que él mismo había presenciado aquel fatídico día en que su obsesión nació.
No sabía las razones exactas por las que había abrazado su destino, abandonando a su gente y título, pero lo averiguaría y si de algo estaba seguro era que si bien su amante no le diría se lo demostraría, porque en su mirada podía ver el fuego de un hombre que no se daba por vencido.
— Descansa tranquilo, mi amado rey.
Quizás era el hecho de que ambos vagaban en solitario lo que les había permitido encontrarse, o el que ambos avanzaban en la búsqueda de algo. Sin embargo Imayoshi nunca podría estar más agradecido por las fatalidades que permitían a los amantes el unirse. Él estaba consolidando en cada beso y en cada caricia un juramento de fidelidad y devoción para con este hombre; su vida empezaba a tomar sentido desde allí, dividiéndose en un antes y después las historias de ambos, a partir del momento en que sus vidas se cruzaron. Prefiriendo ignorar entre todas las verdades de lo perra que es la vida, cuan doloroso es amar.
No obstante ambos eran excelentes actores; cerraron sus ojos, fingieron dormir e incluso engañaron sus cerebros y sus cuerpos, pero sus mentes se mantuvieron alertas; uno para no ser tomado con la guardia baja, el otro por temor a que su secreto fuese descubierto; ambos intentando apaciguar al otro, fingiendo y mintiéndose con sus silencios; la trampa de los amantes que al final les empujaría a hacerse daño entre ellos.
65
-¿A dónde con tanta prisa, Daiki?
Se exaltó ante el inesperado abordaje; al parecer no había burlado la seguridad de su pareja del todo.
— ¿O debería decir, su alteza? — Ante esto el moreno fulminó a su interlocutor, por alguna razón su voz le parecía familiar; ver aquel sujeto en aquellas pintas como un guardaespaldas solo alimentó su recelo; conocía a todo el personal que servía a su pareja, desde su manager hasta su chofer, y el perfil ni la voz los reconocía.
Las alertas en su cabeza se dispararon aún más ante la realización de sus palabras.
— ¿Quién eres? — el aludido solo sonrió de manera tan sutil que si no estuviese versado en el lenguaje corporal no lo distinguiría en aquella persona que parecía no muy habituado a sonreír —. No tengo tiempo para perder con gente rara, piérdete.
— ¿Esa es la actitud que profesas? Me parecías un poco diferente por teléfono. — Daiki se detuvo a unos pasos, a punto de perder su vuelo. — Esperaba conocernos en otras circunstancias
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— "¿No crees que quizás solo salió a caminar?"
— Daiki no sale a caminar solo, ¡menos a media noche!
Cierto pelirrojo intentaba mantener la calma en medio de gritos; caminando de un lado a otro en la cocina con un irritado bebé peliazul que no paraba de llorar y el teléfono pegado a la oreja.
— "Calma, hombre. No vayas a armar un escándalo sin haber pruebas. A ver… sus ropas siguen en el closet, ¿cierto?" — el pelirrojo frunció el ceño y suspiró molesto. Su silencio había sido una confirmación para la persona en la otra línea; sí, había rebuscado todo tres horas más tarde, desde su despertar sin indicios de que su amante estuviese de vuelta, para confirmar que todo seguía en orden.
Todo en el mismo lugar que se suponía debía estar; demasiado ordenado para ser el hogar de dos hombres, cosa que debía agradecerlo al servicio de limpieza, aunque le molestase contar con tantos sirvientes- y eso que solo tenía guardaespaldas y de vez en cuando el servicio de limpieza, todo ello monitoreado por su manager-. Estaba todo en orden y en su sitio, todo excepto lo más importante: su pareja.
— Todo sigue en el mismo orden que se supone debe estar, como tanta lata das cada vez que vienes a mi casa y vez una mota de polvo.
— "Kagami, tienes un bebé en casa, sabes que debes cuidar de todo detalle si quieres permanecer con la custodia del pequeñín por tiempo indefinido y aunque sabemos que no somos como el común de los hombres- desordenados por naturaleza- tampoco el epítome del orden. La próxima semana será la última entrevista y podrán obtener la certeza que ese chico será tan suyo como si lo hubiesen procreado ambos."
— Biológico o no, Tetsu no tendrá otros padres aparte-…
— "Lo sé, lo sé, bakagami. Ahora deja la paranoia; hasta ahora no ha habido ningún problema, las cosas se atrasaron por la dudosa procedencia del pequeñín, pero sabes que el dinero y las influencias juegan un papel importante y de eso nos sobra. Solo démosle esa semana, por más que escarben no encontrarán nada, hago bien mi trabajo y de eso puedo regodearme. De todas formas, quizás Daiki está pensando sobre el asunto y salió a caminar para invocar paciencia a su dios, sabemos lo temperamental que es el hombre."
— Lo sé. Gracias por todo, Kasamatsu.
— "Encargarme de todo es mi trabajo; tu solo preocúpate de estar en forma para los juegos y vivir tu vida, yo me encargo del resto; kami sabe que no toda la gente talentosa puede disfrutar de sus vidas con libertad ni privacidad." — Taiga se calmó por el momento, sintiéndose agradecido y en cierto modo culpable. Sabía que era todo un pedazo encargarse de manejar su vida profesional y cubrirle la espalda, más después de aquella caída cuando fue a parar a esas tierras olvidadas de Dios, pero el chico tenía las pelotas suficientes para manejar incluso un público de fanes y espectadores excitados por su desaparición así como todo un equipo descontento y preocupado, más los miles de comentarios y publicidad de chismes.
Había saltado a la fama tras pasar de novato talentoso del año a celebridad cuando se había creado la historia para el público de que estuvo ausente casi dos años por presunto secuestro, intento de asesinato y enfermedad. Cabe decir que maquillaron un tanto la historia, pero parte de ella era cierta y el culpable de la casi irremediable caída de su carrera profesional estaba ahogado en la miseria y tras las rejas, y todo lo que le restaba de vida no daría para su condena a menos que fuese inmortal.
Al cabo de unos minutos reparó en que el pequeño había quedado dormido por agotamiento; secó su carita húmeda por el llanto y los mocos, pasándole un paño con agua tibia para que no quedase pegajoso y llevándole a su lecho; a sabiendas de que el calor del mismo y la esencia de sus dueños le permitiría tener un sueño tranquilo mientras se encargaba del asunto de la desaparición de su pareja.
Fue entonces cuando reparó en el escrito sobre la cómoda.
— "¿Sigues ahí?"
— Sí, sí, perdona — respondió al cabo de unos minutos en silencio. — Te llamaré luego, disculpa por despertarte tan tarde de la noche.
— "No hay problema, en tu lugar también estaría irritable viniéndose una fecha tan importante y sumándose una pronta visita de protección infantil con tanta publicidad. Me llamas cuando tu marido aparezca."
— Claro. — respondió sin pensar tan siquiera que se trataba de una broma o prestar real atención a sus palabras mientras cortaba la llamada, sin dejar de mirar aquel papel con la familiar letra de su pareja en ella; temiendo lo incierto.
La mañana llegó, rayos de sol bañando la piel y el cuerpo tenso del pelirrojo, quien tuvo que abandonar la vivienda- no sin antes ordenar a sus guardas cuidar del pequeño, por sus vidas- pues necesitaba descargarlo todo.
Dos horas en la cancha no fueron suficientes, menos cuando estaba solo y la ira burbujeaba bajo la piel con cada latido.
En un último enceste clavado que rompió la canasta creyó ver alguien acercarse, alguien muy específico, y aunque una parte de sí mismo le gritaba que estaba cometiendo un error se lanzó sobre aquella persona, empotrándole contra la malla; la resistencia del otro solo le enfureció a un más pero no estuvo lo suficientemente ciego para cometer una locura.
— Por kami… extrañaba tus besos, pero nunca me habías dado uno con sangre ni tan fuerte desde que eras un enano.
— Tú…
Fue envuelto en un abrazo cálido tras caer de rodillas. Unos labios lastimados y sangrantes tocaron su frente mientras unos dedos peinaban hacia atrás los rebeldes mechones rojos.
— Sí, yo. Estoy de vuelta, nunca más te dejaré, te lo prometí. Ahora ya no hay nadie que se interponga entre nosotros.
Taiga gritó de rabia, tan fuerte que las aves nocturnas y diurnas se agitaron y huyeron de allí; un grito de rabia y dolor, una declaración de guerra.
Aquella sonrisa en labios del moreno siempre auguraba tempestad, por eso Himuro prefería evitar sonreír para él, ya que parecía una maldición cuando lo hacía en momentos así.
Luego de unos minutos en la misma posición, el abrazo fue roto; Taiga se incorporó seguido del moreno, con una misión en mente.
Nadie se burlaba de él dos veces, ni siquiera el destino.
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En otra parte alguien gemía por dentro, de dolor físico y mental, mientras se dirigía en un vuelo al encuentro con el pasado y el comienzo de una lucha entre el poder y el deseo.
CONTINÚA EN LA SEGUNDA PARTE
