Creo que puedes consumirte intentándolo.- La sonrisa de Ino era malvada-. Te gusta el sexo. Mucho. Y me has dicho que no puedes decir "no, gracias" a algún ardiente chico con la velocidad apropiada, obedientemente erecto detrás de jeans ajustados.- Contorneó sus pestañas-. No lo creo.
Me haces sonar como una adicta al sexo.- Ahora Sakura estaba seriamente perturbada. Quizás lo era. No-. Todavía no he hecho m camino a través del equipo de béisbol.
Ni siquiera cerca, pero vas a caer del vagón del celibato de vez en cuando. Y sales mucho. Demonios, el teléfono nunca para de sonar por aquí.
Salgo mucho, y pienso poco.- Sakura sacudió la cabeza, y el gancho saltó de su torrente de cabello dejándolo caer.- Bien, quizás exageré a propósito el atuendo por la ocasión de la noche, pero la verdad lo he intentado demasiado. Agotadoras cosas como esta.- Se arrancó el ajustado top-. Y estos.- Pateó de a uno y abandonó los tacones. Los refugió bajo el sofá-. Me veo como una de esas rubias tontas en un calendario de estación de servicio.
Un poco, uh, ostentosa, pero esa eres sólo tú, Sakura. Es quien eres.
¿Ostentosa?
¡Eso es!- Sakura miro fijamente a su amiga, como si estuviera iluminada, ya que hasta ahora había sido peligrosamente una cabeza hueca-. Falsa publicidad, ese es mi problema. El paquete que he estado presentando está diseñado para pescar los chicos malos, completamente desorientador.
¿Desorientador?
Sumemos a eso mi truco de caer por caras guapas con perfectas sonrisas de comerciales de chicles, y aparece un perdedor todo el tiempo.
Entonces te gustan los chicos lindos. ¿Ese es un crimen?
Si siempre espero encontrar un buen y tranquilo contador o plomero, eso es.
¿Así que ahora quieres un sucio plomero?
Absolutamente. Seguro, sano y serio como un pastor.- Sakura estaba enardecida. Debería haber visto eso antes. Sabía exactamente que tenía que hacer-. Tengo que renovar y reempacar.
Ino le dio una mirada incómoda.
No empieces, Sakura…
Sakura la ignoró, rodeó el sofá, y le dio un golpecito a su mentón.
Primer paso. Evitar la tentación. Segundo paso. Re- virginalizar.
Ino le disparó una mirada, alarmada.
Dios, no estás hablando de una cirugía, ¿lo estás?
Por supuesto que no.- Parpadeo-. ¿Puedo hacer eso?
¡Sakura!
Bien, bien. No, no hablo de cirugía, hablo de actitud. Necesito una transformación. Necesito lucir como la seria persona no absurda que intento ser.
No la ropa, por favor- suplicó Ino-, eres la única mujer que conozco que usa su ropa como arma. No creo poder hacer otra de tus cruzadas de armario.
Esto no es "otro" nada. Hablo en serio. Necesito cambiar la forma en que me veo y pienso. Dejar al exterior reflejar el interior. Para hacerlo, voy a vestir informal, profundamente y dejar las carreras de citas fuera.- Tomó un profundo, profundo respiro-. Y quedarme célibe hasta arreglarme y poder ver más allá del paquete-de-seis-abdominales, sonrisas de perlas blancas que dicen duerme conmigo, a las cosas reales.
¿Cuál es?
Un buen chico, uno encantador, que trabaje duro, sea honesto, estable como un sencillo granjero. Un chico con manos callosas y corazón suave quie quiera una pareja para siempre como… como un ganso de Canadá.
¿Un ganso de Canadá?
Exactamente.
Ino suspiró y frotó su sien.
¿Hay algún vino aquí? Necesito un trago.
Hazlo tú misma.
Ella se detuvo, recogió sus tacones altos, colgados de sus dedos, y sonrió.
¿Yo? Nunca toco las cosas.
Sasuke Uchiha caminó por el pasillo del cine Neo, golpeando el periódico contra su muslo. Hizo caso omiso de los trabajadores instalando los asientos en su teatro pronto-a-ser-abierto y se dirigió a la oficina detrás de la taquilla en el vestíbulo.
Algo seriamente semejante a la preocupación se hincó en sus entrañas.
Necesitaba algo a la moda, sin quebrar la promoción y lo necesitaba lo antes posible. Encerrar los derechos de pantalla para No amigos en absoluto, lo que sucitaba más interés y lo más hablado de la comedia para golpear el escenario del cine independiente en años, no significaba nada si no conseguía correr la voz. No amigos en absoluto era una carga de asientos de éxito seguro, y el cine Neo necesitaba cada dólar que pudiera arrastrar. Demonios, su préstamo tenía más términos y condiciones que el acuerdo prenupcial de un multimillonario paranoico. Necesitaba multitudes, y lo necesitaba desde el primer día.
Puso el pedazo de papel que contenía el número de Sakura Inc. sobre el escritorio. Hinata, su asistente, le había dado el número esta mañana. En waveside Bay, al parecer, esta persona, Sakura era para publicidad y relaciones públicas. Mejor que lo sea.
Marcó y se inclinó hacia atrás en su silla.
Sakura Ink. Habla Ino. ¿Puedo ayudarle?
Puede, si me pasa con Sakura Haruno. Soy el propietario de Cine Neo, la nueva sala de cine en la ciudad. Me gustaría hablar con ella acerca de hacer la promoción de nuestra apertura.
Sakura está fuera ahora. Algo sobre un nuevo pájaro, pero puedo programarle una cita con ella.
¿Pájaro?
La mujer, Ino, se echó a reír.
Sí, ella se ha apuntado para la observación de aves, pero no se preocupe, no va a durar.
No estaba preocupado, sólo estaba tratando de imaginar a un observador de aves haciendo sus relaciones públicas.
Bien, ¿qué hay de las tres y media? – continuó la mujer-. Allí lo he marcado abajo.- Sonaba como si acababa de terminar de hacer una copia del libro de kells-. Cine neo en la calle front, ¿verdad? Vaya, la otra línea, me tengo que ir.
Clic.
Sasuke retiró el teléfono de su oreja y se quedó mirándolo. Un observador de aves y una cabeza de chorlito. Realmente le daba confianza a un hombre.
A las tres y veinte Sakura estaba fuera del teatro mirando la marquesina casi terminada, los toques de la decoración en las anchas puertas delanteras. Agradable. Quien quiera que este tipo Sasuke fuera, estaba haciendo un gran trabajo. Waveside Bay necesitaba una sala de cine, y como un proyecto, sería divertido trabajar. Más divertido que sus cosas actuales: una franquicia de neumáticos y una tienda de descuentos de alfombra.
No es que estuviera divirtiéndose estos días. Era una mujer seria con una agenda seria, azotando su magullada mente, poniéndola en forma para ser una buena chica. Había sido una mujer reestructurada durante meses; ni citas, ni tentaciones. Sólo veintiún meses, dos días y quince horas para irse. Pero oye, ¿Quién lo estaba contando?
Hizo un control sobre su actual meta – conseguir esta cuenta- y abrió la puerta. Entro en el teatro, con firmeza de carácter, una mujer de negocios sin tontería alguna que habría hecho a Joan Crawford temblar en sus plataformas.
Una mujer decidida a hacer una venta.
