Hizo un control sobre su actual meta – conseguir esta cuenta- y abrió la puerta. Entro en el teatro, con firmeza de carácter, una mujer de negocios sin tontería alguna que habría hecho a Joan Crawford temblar en sus plataformas.

Una mujer decidida a hacer una venta.

¿Sasuke?- llamó Hinata en la oscuridad de la sala poco iluminada-. ¿Estás ahí?

-¿Sí?- Sasuke luchó con el sillón defectuoso y lo saco al pasillo para que el instalador lo sustituyera, un capricho de un trabajo que no había tenido la intención de hacer, sobre todo, sin las luces del techo completas.

Iba a decirle a Hinata que subiera las luces cuando agregó:

-Sakura Haruno está aquí.

-Ya voy.-Hizo un par de notas mentales de cosas por hacer, dio media vuelta y se dirigió por el pasillo hacia su oficina.

Una mujer se acercaba por el pasillo a su encuentro. Estrechó la mano con la fuerza de un político fresco de solitario.

-Sakura Haruno, de Sakura Ink –dijo-. Es un placer conocerlo.

Él le tomó la mano, no pudo distinguir la cara, sólo el halo de cabello brillando como ascuas encendidas contra la luz proveniente de las puertas del teatro todavía abiertas detrás de ella.

-Encantado de conocerte- murmuró, sin soltarle la mano. ¿O era que ella aún sostenía la suya? De cualquier manera, estaban trabados, su sacudida de mano tenía el suficiente entusiasmo como para hacer salir petróleo. Entrecerró los ojos para tener un mejor vistazo de su cara-. ¿Mi oficina?- Hizo un gesto hacia el pasillo-. Por lo menos tendremos luz allí.

Ella le soltó la mano.

Guíame.

En el vestíbulo iluminado, Sakura se giró, componiendo su sonrisa corporativa, y… se quedó con la boca abierta.

Sasuke Uchiha era el pecado en carne y huesos.

Alto, moreno y terriblemente guapo. Maldición.

Tentación. Un imán de mujeres si es que alguna vez vio uno.

Oh, no….

Su estómago se revolvió y su mente quedó cubierta de nieve. Obviamente, la Diosa de todas las cosas virginales estaba dándole una prueba. ¿Por qué si no iba a presentarle dos metros de material de hombre de póster que olía a almizcle y menta?

Oh, no…

Su cuello se puso caliente y más caliente.

En ebullición. Si tuviera un abanico estaría trabajando lo suficientemente fuerte para enfriar el condado vecino. Él tenía ojos negros… ¡a ella le encantaban los ojos negros!

Su estómago se hundió bajo el peso de las mariposas. ¿Y ahora qué? No había estao dentro del margen olisqueándolo durante más de treinta segundos y sus rodillas eran fideos, eso sólo significaba problemas. Porque, en su caso, era una atracción instantánea muy, muy mala, seguida por un huracán de hormonas que sumergió su cabeza en aguas profundas y volvió lo que quedaba de su cerebro en una roca de sal. Su mirada cayó desde sus ojos verdes a sus vaqueros azules que encajaban muy bien en torno a todas las partes correctas de su cuerpo. ¿La tela sobre su cremallera estaba desgastada, suavemente blanqueada por lavar… y otras presiones? Se preguntó si él alguna vez… Basta.

Ella levantó la mirada bruscamente. Se encontró con la suya.

El hombre la miraba como si fuera la mayor decepción en una vida repleta de ellas. ¿Nivel de interés? Punto cero y cayendo.

Perfecto. Comenzó a respirar de nuevo mientras decía una pequeña oración de agradecimiento al máximo poder de opciones de moda

Sasuke trató de apartar la mirada.

Error. Esto tenía que ser una broma. Una mala broma.

Sakura Haruno era la mujer más insulsa que había visto nunca, y estaba envuelta en suficiente tela de color beige para decorar las ventanas de una nueva subdivisión. Su fuerte no eran las mujeres que llevaban un montón de maquillaje, pero ésta podría utilizar un frasco o dos de algo. Cualquier cosa. ¡Y su pelo! A excepción de los pequeños rizos que luchaban con la correa y reflejaban la luz de la puerta abierta, se enroscaban lo suficientemente apretados como para causar daño cerebral. Interesante color, aunque, al igual que las cejas, una especia de color rosado, y…

Piel genial. Clara. Suave como la crema. Lo que la hacía ¿qué? Inclinó la cabeza, mirándola fijamente. Muy a principios de los veintitantos. Maldijo interiormente, primero Hinata, luego a sí mismo por estar de acuerdo con su sugerencia u con esta reunión. De ninguna manera podía esta remilgada tener la experiencia que necesitaba. Estaba abriendo un teatro, por el amor de Dios, no un maldito convento. Y qué demonios era ese olor que llevaba. Le recordaba a esas cosas de bolsitas de lavanda que su abuela ponía en su armario de la ropa.

-¿Sr. Uchiha?- Ella le frunció el ceño.

- Aquí- murmuró, y señalo su oficina. Una vez detrás de su escritorio planeaba deshacerse de ella, lo más rápidamente posible-. Tome asiento- dijo.

Se sentó, los metros de tela de su falda cubriendo la silla hasta el suelo. No cruzó las piernas, solo las ladeó y metió los pies debajo de la silla como si fuera la fea del baile de la escuela.

Tobillos sorprendentemente delgados.

Apoyó un amplio portafolio contra su silla y volvió a sonreír, una sonrisa sincera y brillante, el tipo que venía con sueños y grandes esperanzas.

Sasuke se sentó, juntó los dedos y se tocó la barbilla. Si iba a frustrar esas grandes esperanzas, mejor hacerlo de una vez.

-¿Exactamente qué tipo de trabajo ha hecho usted, señorita Haruno?

-Un poco de todo- dijo, moviéndose hacia adelante en su silla. La acción dando un breve atisbo de pechos reales en su camisa almidonada. Interesante. Probablemente malditamente exuberante.

-¿Cómo…?- Se pinchó, sorprendido de estar tan concentrado en su territorio topográfico camuflado.

- Tengo muestras en mi portafolio. Pero lo que importa es lo que quiere y si Sakura Ink puede ayudarlo. ¿Puede decirme algo sobre el Cine Neo? ¿Sus planes para Waveside Bay? ¿Este es su primer teatro?

- No, este es mi sexto. Los otros cinco están ubicados en pequeñas y medianas ciudades de Washington y Oregon. Pero…

- ¡Eso es realmente impresionante!- Sus ojos verdes se abrieron, y sus cejas rosadas se alzaron-. ¿Y ha usado un anunciante y una firma de relaciones públicas local para todas aquellas aperturas?

- Por lo general, funciona de esa manera.

Se estaba poniendo fuera de pista.

Eso en sí mismo son buenas relaciones públicas. Las pequeñas comunidades tienden a apoyar a los suyos.

- Uh-huh. Tiendo a pensar que sí, pero mire, Señorita Haruno…

Sakura, por favor,

Por supuesto.- Sasuke se rascó el cuello, tomando una profunda respiración. Quería que dejara de mirarlo como un hambriento pájaro expectante. Y más que eso deseó no estar repentinamente intrigado por qué clase de cuerpo podría estar bajo la tienda de campaña que llevaba. Demasiado trabajo. No suficiente sexo, decidió, teniq que ser eso, si estaba pensando en la señorita sentada delante de él como material ded dormitorio. Demonios, ella era la mujer menos apetecible que había visto nunca. Y teniendo en cuenta eso, mejor sería terminar con esto. Mire, Sakura, esta apertura es crucial. Tengo mucho dependiendo de ello.- Incluyendo a un hermano con una soga económica alrededor de mi cuello-. Necesito a alguien con mucha experiencia. Necesito grandes cosas, cosas que le permita a la gente saber que el Cine Neo no es una sala de cine independiente de segunda que muestra basura artística que no va a volar en las pantallas grandes.- La miro fijamente-. Para ser honesto, no parece alguien que pueda hacer eso.

Ella entrecerró los ojos. Tenía su pálida cara de repente no tan pálida, dijo:

¿Qué parezco?

Como alguien que probablemente hace un gran trabajo en las campañas publicitarias de las tiendas de rosquillas y empresas de servicio de origen local.- Parecía un poco aturdida, se volvió una sobre oscura de color rosa. Piel fabulosa… Dios, es mejor que no se ponga a llorar. Era pésimo con mujeres llorando. Así que mejor darse prisa en salir pronto de aquí. Se puso de pie-. Pero gracias por venir a verme. Siento que las cosas no salieran bien.- Al ver que no decía nada, añadió-: ¿Está bien?

Eso creo.- Se puso de pie y lo miró a los ojos-. Sólo estoy tratando de averiguar si he sido insultada.

Ningún insulto concebido. Pero el escenario del teatro independiente se basa en una particular y muy voluble, presión demográfica: las personas que son inteligentes, jóvenes a la moda, supongo que dirías. Gente al día con las películas. Quieren algo nuevo, algo que no hubieran visto antes.- Hizo una pausa-. Tanto en la pantalla como en la promoción.- Sonrió, con suerte la sonrisa de un galán-. De alguna manera no creo que esa sea su escena.

Y ha decidido eso con sólo… mirarme.- Ella se quedó mirándolo fijamente, la incredulidad y el asombro batallando en sus brillantes ojos verdes-. Definitivamente he sido insultada.- Tomó su portafolio y lo apretó contra su pecho, lo miró como si fuera una cucaracha y ella un veterinario del ejército preparada para la acción.

Pero gracias por…- comenzó, con la intención de verla salir.

…Nada – Terminó-. Por lo menos no todavía. Pero no crea que se puede deshacer de mi tan fácilmente.

No creo…

- Obviamente, no. Si creyera, estaría pensando en cómo ofender a alguien de la propia comunidad.- Ella golpeó una mano contra el portafolio que sostenía contra su pecho-. En este caso moi. No está del todo bien que alguien de relaciones públicas golpee de su parte, sobre todo si las personas que enumeró están en una primera base de nombres de todas esas "tiendas de rosquillas y empresas de servicios" de los que se burló.- Apretó el portafolio fuertemente debajo del brazo y enganchó una especia de bolsa de abuela sobre su muñeca derecha. Sasuke tuvo la fugaz impresión de la reina de Inglaterra-. La gente de Waveside Bay no ve con buenos ojos eso del todo, si un cierto alguien decide darlo a conocer.

Esta usted amenazando…

Ella levanto la mano, continuando:

Para protegerlo del contragolpe de la ciudad, le voy a hacer un favor. Volveré en dos días, con la presentación en mano. Pero por ahora… adiós, señor Uchiha.- Salió y cerró la puerta no muy tranquilamente a sus espaldas.

La mandíbula de Sasuke colgó lo suficientemente bajo como para calentar su esternón. Como salían las llamadas de ventas, esta sin duda abría un nuevo camino. En primer lugar ella lo había chantajeado, luego lo había intimidado. Increíble. Debería estar infernalmente cabreado, en vez de eso, se sintió sonreír.

¿Quién lo hubiera imaginado? Bajo todo ese pelo apretado y metros de tela yacía el espíritu de un policía de calle. Tal vez el cuerpo de una mujer de verdad.

Sacudió la cabeza. Si tuviera tiempo, habría… pero no lo hizo. Regresó a su asiento detrás de su escritorio. Qué hora tuvo, no iba a desperdiciar dinero en alguien que parecía como salido de las páginas de una edición de 1950 del Ladies Home Journal. Pulsó una serie de números en el teléfono, se frotó la frente mientras esperaba que atendieran la llamada. Hudson Blaine le costaría a lo grande, pero una cosa era cierta, le daría al Cine Neo el tipo de promoción que necesita.

Sakura Haruno, la del traje desafortunado y aún más lamentable personalidad, era historia.