CAP. 2: Solo quedaron cenizas

POV Ana

No caben en mis ojos el indeseable personaje de mi pasado que estoy viendo. Mi corazón se agita, no de alegría precisamente, y la ansiedad comienza a atacarme. En cuestión de segundos aparecen miles de imágenes por mi mente haciéndome pasar por un gran matiz de emociones. No sé cómo pero logro poner un alto a mi vorágine mental y las palabras terminan saliendo solas

-Christian- Lo miro a los ojos. Están vacíos. Fríos y calculadores, como la primera vez que lo vi. -Tanto tiempo ¿Cómo has estado?-

-Muy bien Anastasia- me responde sin quitarme su mirada de encima. - ¿Estás trabajando aquí? Llevas puesto el uniforme.

Quién es él para preguntarme siquiera algo, me molesta. Lo notó ebrio. Intento hacerme creer que su intención es sacar charla para hacer el momento más ameno. -Sí- Les contesto a secas mientras saco mi cigarrillo y lo enciendo. Confío en que por lo menos no es un soplón.

Se sorprende. - ¿Por qué estas fumando?

Y a ti que te importa le recrimino para mis adentros. -Cada cual tiene sus vicios Christian-

Primer indirecta. Comienza a irritarme su presencia. Y como era de esperarse, el silencio incomodo se presenta. Desvío mi mirada y doy unos pasos para atrás.

- No querrás que el humo de este cigarro llegué a ti ¿O si?

Permanece callado. Sí, lo sé, quiero pelear con él y lo estoy provocando. Pero no es raro que no mueva un dedo o no reaccione ante una situación de tensión. Tan común en él, tan pasivo, tan cobarde, tan idiota. El calor en el pecho me agobia y necesito escupirlo.

-Oí que te has casado. Felicitaciones por cierto.- Se dibuja en mi rostro la sonrisa mas cínica jamás vista en todo el mundo.

- Si, veo que te has enterado-

-Dime quien no se ha enterado y será mucho más fácil- le respondo sin modificar la falsedad obvia que despliegan mis labios. Le pego una última pitada a mi cigarrillo. Me agachó, lo apago en el piso y lo tiro en un cesto ubicado afuera./

-Debo volver a trabajar. Si me disculpas-

Y sin mirar hacia atrás comienzo a caminar hacia el bar. Entro con un nudo en mi garganta. Esto no era lo que yo me creía aquellas noches cuando conciliar el sueño era imposible, donde en mis reencuentros imaginarios con Christian podía entender todo, perdonarlo y seguir con mi vida. Cuántas sesiones más de terapia debo pagar para enterrar a este maldito y borrarlo de mi mente. Se supone que había aprendido a convivir con todo esto. Me resigno ante el dolor que empieza a hacerse presente en mi corazón y amenaza con hacer que las lágrimas escapen de mis ojos. Lo admito, hay muchas heridas sin sanar.

POV Christian

Y allí la veo alejarse. No importa cuanto lo intente: Anastasia no sabe mentir. Quería descargarse pero ignoré sus provocaciones. Está dolida, enojada y tiene todo el derecho del mundo en estar así. Me comporté como un patán el último tiempo juntos y no estuve cuando más me necesitaba. Fijo mi vista sobre una radiante rosa roja y muevo la cabeza en forma de negación. Llamo a Taylor y le digo que venga buscarme inmediatamente. Voy a volver a mi casa. Esto ha sido suficiente por hoy. Me despido de Elliot y de sus amigos y emprendo mi viaje hacia el Escala.
Llego a mi hogar más rápido de lo que hubiese podido imaginar, había muy poco tráfico. Solo hay dos veladores encendidos en la plena oscuridad de la sala. Quiero estar limpio. Voy directo hacia el baño, abro la ducha, me saco mi ropa y comienzo a bañarme. Mientras el agua cae sobre mi cuerpo, y me va despabilando de la borrachera que había cogido, empiezo a recobrar imágenes con mayor claridad sobre lo que había sucedido: allí la veo, proyecto su pelo que estaba más oscuro que lo de costumbre y también más largo, veo esos ojos azules profundos, recuerdo esos labios rojos exhalando el humo llenos de sensualidad; en la silueta de su cuerpo y su andar mientras se iba alejando de mi (otra vez). Estaba hecha una mujer, más hermosa que antes inclusive. Me molesta muchísimo que fume, le daría un par de azotes con mi mano para que entendiera lo mal que le hace ese hábito asqueroso. Y cuando me doy cuenta, la temperatura de mi piel ha subido de tono y no puedo reprimir las fantasías que comienzo a tener. No puedo guardar todo esto. Termino de enjuagarme el jabón, cierro las canillas, me seco con la toalla y luego me cubro la cintura y piernas con ella. Me dirijo a mi habitación, para ser más exacto hacia la cama. Me inclino y susurro en el oido de Simon.

-Simon- y le doy un beso en sus labios -Despierta-

-¿Christian?- se remueve en la cama- ¿Qué haces aquí? Pensé que estabas Vancouver.- Me mira y me da un tierno beso. -Te extrañé.

-Yo también.- Miento cruelmente. -Te quiero en el cuarto de juegos en quince minutos- Me alejo.

Me mira confusa con sus ojos verdes. Realmente es una holandesa muy hermosa, de tes blanca, alta, de un cuerpo escultural, inteligente y de gustos finos. Ella odia que sea así de directo y frío pero cumple con lo que le pido sin quejarse. Está profundamente entregada hacia mi, ciegamente enamorada y yo… yo sigo siendo un maldito egoísta que se irá al infierno. Pero ser consciente de esto no impide que yo siga haciendo lo que está mal.

Luego de una intensa sesión de actividades en el cuarto, y ya encontrándonos en la cama nuevamente, me dispongo a cerrar mis ojos y al fin descansar. Simon ya duerme, quedó agotada. Y mientras logró conciliar mi descanso, mi mente juega a saltar entre recuerdos, sueños y pesadillas:

...

Ya perdí la noción del tiempo, no se cuanto hace que estoy encerrado en la oficina de mi casa. Necesito terminar de revisar estos contratos, debo hacer dinero. Si cierro negocios con esta empresa, se convertirá en una mina de oro que estará exclusivamente en mi poder. Golpean la puerta.

-¿Quién es?-digo a secas. Odio que me interrumpan.

-Sr. Grey, soy Gail. Disculpe las molestias, pero la señora Grey me mando a buscarlo. Dijo que lo llama a su celular y no le contesta. Se siente adolorida y lo necesita.-

-¿Está haciendo reposo como le indico el médico?-

-Si, señor.-

-Eso para mi es suficiente. -Muy bien. Dile que en un momento iré con ella.-

Escucho como los pasos de la Sra. Jones van desapareciendo, y a su vez también voy olvidando el pedido de Anastasia; solo para volver a concentrarme en mi trabajo. Las horas pasan y nunca voy a su lado.../

...

La observo a Ana. Esta mirando concentrada una nueva serie en la televisión, mientras que con una de sus manos se lleva un galleta de arroz a su boca. Me enfoco nuevamente en preparar la cena pero sus llamados a los gritos me sacan de mi tarea. Su voz reboza de alegría y entusiasmo por lo que mi reacción inicial de alerta, se relaja. Dejo las cosas en la barra de la cocina y voy hacia el sillón.

-Christian, rápido- me reclama con una completa sonrisa.

Y sin darme tiempo, coloca mi mano sobre su hermosa panza: nuestro pequeño se esta moviendo por primera vez y lo estoy sintiendo. Un sentimiento indescriptible se atraviesa en mi alma y de manera automática, apoyo mi cabeza sobre el vientre de Ana y me quedo allí con los ojos cerrados…

...

Un sudor caliente recorre mi frente y me despierta de aquel sueño perdido que estaba disfrutando. El sabor amargo de la realidad ya no me deja descansar. No vuelvo a dormir.


POV Ana

En toda la noche, no lo vuelvo a ver. Varias veces Gina se acerca a preguntarme si me siento bien. Me dice que estoy muy colorada. Tan poco tiempo tenemos de amistad y me conoce tan bien. Pensar eso, de alguna forma me hace sonreír. Quizás un extraña y tonta excusa para darle un respiro a mi cabeza por unos segundos aunque sea.

-Ana-

Giro y veo el rostro de Kevin algo preocupado.

-Ana ¿Te sientes bien? Tu rostro, estas muy sonrojada- y al decir eso roza mi mejilla con la punta de su dedo.

-¿Acaso Ginie te dijo algo?-

-No hace falta que ella me diga nada para saber si te sucede algo Ana. ¿Te llevo a tu casa? Ya hablé con el encargado y me dio el Ok para que pudieras irte antes de la hora. Yo ya terminé aquí y la verdad que me aburre ver tanta gente snob.

-Tú y tu poder sobre mis superiores- le digo mientras finjo una sonrisa. Suspiro. Quiero escapar muy lejos. -Sí, la verdad es que quisiera irme.

Me toma de la mano sin darme tiempo a reaccionar y nos vamos. Ni siquiera me cambio de ropa, solo tomo mi bolso, nos dirigimos a mi auto, el cual dejo que él conduzca y yo me coloco en el asiento del acompañante. Arrancamos hacia la calle pero volvemos a la puerta del bar ya que Kevin se olvida algo. Veo gente saliendo del lugar esperando a que el valet les traiga su auto. Solo tarda unos minutos y mí "amigo" saxofonista ya esta de vuelta

Al poco tiempo ya estamos en la puerta de mi casa.

-Gracias por traerme hasta aquí.

"-No es nada Ana. Te ves mucho mejor que antes. Parecías agobiada.- Me coloca un mechón de pelo detrás de mi oreja. -¿Hay algo que me quieras contar? ¿Algo que pueda hacer por ti?-

Siempre buscando contacto físico. Lo miro a los ojos y sin dejar pasar la oportunidad, me besa. Yo lo dejo y le respondo. Se siente bien pero dura tan poco la sensación de falso bienestar. Allí aparece la imagen de Christian con su mirada perturbadora, haciéndome entender que cualquier cosa que yo haga en esto momento, sería por puro y exclusivo despecho. Frenó repentinamente y me separo de Kevin.

Me mira confuso -¿Qué es lo que sucede Ana? ¿Que estoy haciendo mal?

-No Kevin. No eres tú, soy yo.

-Por favor no digas eso. Hieres mi orgullo Ana, me hace sentir patético.- Me responde algo apenado.

-Realmente no eres tú. Me gustas Kevin, me pareces agradable y buena persona pero yo… yo no estoy pasando por un buen momento.

-¿Por qué no me das una oportunidad? Te cierras cada vez que yo me quiero acercar, y… -suspira- duele Ana. En verdad me gustas mucho y lo sabes .

-Es por esa misma razón que no quiero que pases a mi casa Kevin.- Me acerco lo saludo con un beso en la mejilla.- Buenas Noches.- Y salgo del auto.-Buenas noches.

Entro a mi casa, pensando en el pobre corazón de este muchacho pero no tiene comparación con el peso que poseen los recuerdos de mi pasado.

Christian y yo podríamos haber solucionado las cosas de otra forma pero él me dejo a la deriva, lidiando con todo nuestros problemas a mi sola, evitándome día y noche con excusas del trabajo, sin llamadas, sin mensajes, solo lo necesario. Le di su tiempo, su espacio, intenté comprender; nada. Un día me invito al cuartos de juegos. Tuve la esperanza que si accedía a sus pedidos se podría abrir y enfrentar con el dolor que había sido perder a nuestro hijo y que había estado negando luego de varios meses. Pero maldición, me tuvo horas encerradas allí, proporcionándose placer de una manera egoísta y retorcida, sumido en un mundo donde solo importaba él y sus descargas. El dolor físico no se comparo con el de verlo incapaz de afrontar la realidad y hacerle pagar la desgracia a la persona que se supone que amaba y que también estaba sufriendo. No tiene perdón. No aguante su frialdad. Lo dejé y él no hizo absolutamente nada.

- Mi hijo... - Susurro. Cuanto duele no tenerlo en mis brazos como tantas veces había anhelado.

Abro una botella de vino, me lleno una copa y me recuesto en el sillón, el cual se ha convertido en mi "cama" favorita estos últimos meses. Luego me quito la ropa y sin darme cuenta me quedo dormida.