"Ataque de celos"
En la casa de la familia Newton se había organizado una pequeña fiesta, con juegos de búsqueda y otras cosas que su hijo disfrutaba desde pequeño, Edward y Bella, por otro lado, no parecían disfrutar mucho de las actividades al aire libre.
Pero lo que tenía verdaderamente molesta a Isabella era que la ex de su ahora esposo estaba ahí, Edward tampoco había esperado ver a Charlotte ahí, ni siquiera pensó verla en un buen tiempo, esperaba que el día que volviera a verla ya no quedará rastro de su recuerdo, pero a tan solo unas semanas de la separación no sabía bien donde se encontraba.
―Ahora para la búsqueda de objetos nos dividiremos en parejas.―anunció la Señora Newton sonriente.―Mike y Jessica estarán juntos por supuesto.―añadió mirando a su hijo y a su futura nuera.
―El resto podrán elegir a sus parejas.―apuntó el Señor Newton, los ojos verdes y fríos de Charlotte brillaron con malicia.
Comenzó a acercarse a Edward e Isabella que se encontraban al otro lado del patio, pero la escurridiza Alice que también había sido invitada a la celebración noto sus intenciones y se acerco a los señores de la casa pidiéndoles un pequeño favor, la señora Newton al ver a Charlotte entendió la petición de la joven Cullen.
Ella misma había querido bien lejos a esa jovencita de su hijo.
―Un momento, creo que también los recién casados, deberían estar juntos.―exclamó mirando a Isabella y Edward que la miraron sorprendidos, Charlotte se giro y clavo la mirada en la pequeña castaña que sonreía triunfante.―Los nuevos señores Cullen participaran de la búsqueda juntos.
La pelirroja bufo molesta y se alejo en búsqueda de otro compañero, la señora Newton le guiño el ojo a Alice y ella le sonrió de regreso, mentalmente Isabella también agradecía eso, no quería a su esposo a solas con esa mujer.
―Vamos.―murmuró el cobrizo tomando la lista de objetos a buscar, Isabella lo siguió por el patio y comenzaron a buscar un objeto de color cobre.
Edward intentaba no buscar con la mirada a Charlotte, pero por primera vez comprendió lo que tanto había temido Isabella, él no podía simplemente olvidar a Charlotte porque lo repitiera una considerable cantidad de veces, y tenerla cerca no le ayudaba en nada.
Isabella encontró una llave color cobre entre un arbusto mientras él seguía meditando lo que acababa de descubrir.
―¿Qué sigue?―preguntó Isabella poniendo la llave dentro de una pequeña bolsa que también les habían dado.
―Ah…algo que una mujer use cada mañana.―respondió Edward leyendo la descripción del objeto a buscar, ella comenzó a pensar en que podía esconderse en un jardín y que una mujer usará a diario.
Busco algún labial, un perfume o alguna crema, con la mirada. Edward por otro lado parecía peor de perdido que los días anteriores, Isabella sonrió al ver un labial tirado al lado de un árbol, jamás había jugado eso pero parecía entretenido hasta ahora. Sin embargo cuando se levanto se dio cuenta que su esposo estaba muy entretenido pero no con el juego, él estaba observando a la pelirroja que obviamente trataba de llamar su atención.
Ella sabía que ese era el destino de su matrimonio desde que él convenció a su padre, pero no creyó que sería a tan solo un mes de haberse casado. Ahora estaba furiosa con él, levanto el labial y lo puso en el saco, siguieron caminando y ella quiso ver cuánto podía pasar antes de que él notara que caminaban sin sentido y apenas tenían dos objetos de la lista.
Llegaron hasta el inicio del bosque a las orillas del jardín, cuando finalmente Edward se giro a mirarla, ella ya ni siquiera estaba enojada, estaba demasiado decepcionada, había creído que él le sería fiel, que ante cualquier cosa mantendría su palabra, ahora ya no estaba tan segura.
―Creo que nos hemos alejado demasiado.―comentó el cobrizo, pues ya no podía divisar a Charlotte desde donde estaban, Isabella quiso matarlo ahí mismo y dejarlo en el bosque para que algún lobo se lo comiera. Bufo y se dio la vuelta para regresar a donde todos estaban, diviso a su cuñada acompañada de un hombre rubio, ya tenían su bolsa casi llena y Alice parecía divertida como ella hacía un momento.
―¿Qué sigue en la lista?―preguntó una vez estuvieron cerca de los invitados de vuelta, Edward busco la lista pero no la encontró y si antes Isabella estaba tentada a matarlo ahora no podía dejar de meditar sus opciones para hacerlo.
De pronto el cielo se nublo y pequeñas gotas comenzaron a caer, todas las parejas corrieron dentro de la casa, menos ellos dos. Estaba tan enojada que no le importo mojar su vestido y arruinar su maquillaje.
―¡PERDISTE LA MALDITA LISTA!―grito sacando todo el aire que tenía atrapado en sus pulmones, Edward abrió los ojos como platos, jamás había escuchado gritar con tanta fuerza a una mujer.
―Lo siento, debió caerse.―se disculpó un tanto apenado, ella dejo caer la bolsa y puso las manos en puños, Edward no tuvo duda de que si ella fuera un él, ahora mismo tendría la cara destrozada.
―Encontramos dos objetos, todo el mundo ya debe tener al menos la mitad, y todo porque tú estabas encandilado con la estúpida de Charlotte.―masculló Isabella con una voz filosa, de pronto Edward deseo que le gritara porque su voz baja y furiosa le hizo erizar la piel.
―Ya no importa, de todas formas creo que la búsqueda se ha cancelado. Así que deberíamos ir adentro como el resto de los invitados.―expresó él con voz calmada, ella solo pudo sentir como todo su cuerpo se tensaba, le importaba un reverendo comino si la búsqueda se había cancelado, ese no era el maldito punto.
―¡¿CREES QUE ME IMPORTA LA ESTUPIDA BUSQUEDA?!―jamás había estado tan enojada, quería golpearlo y luego dejarlo ahí para que su estúpida querida viniera a cuidarle, ella no se preocuparía por él de ninguna forma.
―Isabella por Dios, todos los invitados pueden oírte desde aquí.―exclamó Edward con voz baja, sabía que Isabella tenía razones por las que estar molesta pero no creyó que fuera a explotar de aquella manera.
―¡Me importa muy poco si todo el pueblo se entera! Es más que me escuchen todos, ¡A partir de hoy dejo de ser la Señora Cullen, y si quieres una esposa ve a buscar a la zorra de Charlotte porque yo declino a mi puesto!―Edward se quedo perplejo ante las palabras de Isabella, ¿acababa de dejarlo?
―Por favor, cálmate. Iremos a casa y pensaras mejor todo esto.―insistió intentando tomar su mano pero ella se alejo furiosa.
―No tengo nada que pensar, ¿crees que soy estúpida? No voy a ser la típica esposa a la que su marido engaña con cualquier mujerzuela que se le cruza.―jamás en su vida Edward había escuchado a una joven decir tantas groserías mucho menos a gritos.
―Pero si no te he engañado ni una sola vez, solo la vi…―gran error, si antes su mirada era de puro odio ahora no sabía cómo describir esos ojos negros como la noche, Isabella iba a matarlo.
―¿Te gustaría que yo ande por ahí desvistiendo hombres con la mirada?―preguntó Isabella con la voz cómo si nunca hubiera estado gritando como una loca.
Edward pensó en que habría hecho él en el lugar de Isabella y definitivamente no estaría muy lejos del estado de su esposa, no le gustaría que su mujer anduviera mirando hombres, mucho menos de la manera que ella decía miraba a Charlotte.
Era un hombre posesivo y celoso, no quería a ningún hombre rondando a su esposa, y sabía perfectamente que si Isabella quisiera tendría a todos los hombres del pueblo siguiéndola.
―No.―admitió bajando la mirada, ahora estaba enojado también, la sola mención de ella con otro hombre le hacía hervir la sangre.―Aun así debemos entrar a la casa, vas a enfermarte.―musitó al notar que Isabella tenía el vestido empapado y su cabello se le pegaba al rostro, se quito el saco para intentar ponérselo pero ella lo tiro lejos.
―No te hagas el caballero conmigo después de que te pasaste las últimas horas mirando a otra mujer de una manera en que solo deberías mirarme a mí.―Edward se sorprendió por aquellas palabras, ella siempre se quejaba de su manera de mirarla y ahora le salía con eso, sonrió de lado y se acerco a ella, Isabella no retrocedió, necesitaba ser firme en ese momento.
―Créeme no miro a nadie como te miro a ti.―enfatizó Edward casi rosando el cuerpo de su esposa, ella no podía entender como él estaba tan tranquilo.
―Oh por favor, te he visto.―protestó y él enredo sus brazos alrededor de la cintura de Isabella antes de que ella pudiera evadirlo, ella intento alejarse de su agarre pero obviamente él era más fuerte.
La levanto del suelo hasta dejarla a su altura, Isabella lo fulmino con la mirada. Sus manos bajaron lentamente hasta rosar el inicio de su trasero, ella abrió los ojos como platos.
―Bájame.―demandó enojada.
―Oh no querida mía, no te bajaré hasta que no te quede claro que no deseo a otra mujer más que a ti.―quizás había estado mirando a Charlotte toda la tarde pero en ese momento la pelirroja no era nada comparada con lo sexy que se veía su esposa empapada y enojada.
Sus labios chocaron con los de su esposa de forma casi ruda, ella primero intento alejarlo pero pronto los labios de Edward la doblegaron y respondió al beso con la misma intensidad, él la pego al árbol más cercano que tenían, asegurándose de que desde ahí nadie podía verlos, subió las piernas de su esposa hasta su cintura.
Ella jadeo ante el toque tan intimo, sus piernas estaban enredadas a la cintura de Edward y él movía sus caderas causándole un placer que nunca antes había sentido.
―Eres un idiota.―masculló cuando él se separo de sus labios un segundo para tomar aire, él sonrió de lado y rápidamente volvió a tomar posesión de los labios de su esposa.
Sus manos tomaron las de su esposa llevándolas por encima de su cabeza, ella jadeaba bajito contra sus labios, mientras él movía sus caderas para chocar con las de esposa que lo mantenía atrapado con sus piernas.
―¡Edward! ¡Bella!―el grito de la hermana del cobrizo los saco del transe en el que parecían estar, recordando donde estaban él la ayudo a bajar de su cintura y la cubrió mientras se arreglaba la falda, la tomo de la mano y corrió con ella rumbo a la casa.―¿Pero qué les pasa? Está lloviendo a cantaron y ustedes deciden continuar con la búsqueda.―interrogó la pequeña Alice.
―Intentamos cubrirnos de la lluvia pero no funciono muy bien.―mintió el cobrizo.
Una vez dentro de la casa, la señora Newton les prestó algo de ropa para cambiarse, cuando bajaron de nuevo a la sala donde estaban todos los invitados, Edward se sorprendió al no sentir la necesidad de seguir mirando a Charlotte, de hecho ahora no le parecía más interesante que la misma señora Newton.
Rodeo a Isabella por la cintura cuando estuvo a su lado y ella lo miro confundida.
―¿Qué haces? Aun estoy furiosa contigo.―expresó la castaña, pero está vez hablando en un tono más bajo, no quería pelear frente a tantas personas.
―¿Muy enojada?―preguntó el cobrizo acariciando con su nariz su mejilla y luego dejando un suave beso en el cuello de la castaña, sintiendo como la piel de la castaña se erizaba.
―Deja de hacer eso, ¿no ves que hay mucha gente aquí?―se quejó Isabella intentando alejarse de él, pero Edward la sostuvo con firmeza a su lado.
―Si quieres podemos ir a casa, ahí estaremos a solas. ―propuso atrapando entre sus labios el lóbulo de la oreja de su esposa.
―Edward. ―exclamó ella indignada, aun no podía entender como había dejado que él la besara de aquella forma, pero le sorprendía más lo mucho que le había gustado, si su cuñada no hubiera salido a buscarlos quien sabe como habrían terminado.
―Anda, gatita salvaje.―rogó el hombre que estaba deseoso de estar a solas con su esposa y de una vez por todas consumar el matrimonio.―Huye conmigo.―ella lo miro confusa, ¿Por qué siempre le proponía huir? Lo peor era que en su experiencia cada que Edward le proponía esas cosas ella siempre terminaba en su juego aunque se negara.―Te deseo.
―Oh.―suspiró sorprendida ante las palabras de su marido, sabía que Edward la deseaba, pero no se lo había dicho tan abiertamente, sin querer busco a la ex amante de su marido y vio a la pelirroja mirándolos furiosa, sonrió satisfecha, más le valía entender que ese hombre era su marido y a pesar de lo que podía decir enojada, no pensaba dejarle el camino libre a una cualquiera.―Y si huyo contigo ¿Qué haremos precisamente?
Edward sonrió de lado, le gustaba la Isabella atrevida y gritona, y toda enojada, esa chica podía ser su nueva adicción.
―Te haré el amor, gatita.―susurró en su oído, Isabella se sonrojo y mordió su labio.
―Entonces ¿Qué esperas para llevarme a casa?―la misma Isabella se sorprendió de su respuesta, pero por primera vez en su vida se sintió posesiva y celosa, quería dejar en claro que Edward Cullen le pertenecía de todas las formas posibles.
Espero les guste y dejen sus RR :3
Quise cambiar el papel de los celos, casi siempre es Edward el que termina controlado por los celos *-*
Lamento subir capítulo tan tarde, estuve ocupada y luego me puse a ver el beso MALEC *-*
