"¿Una cruel despedida?"
Seis meses más tarde el matrimonio parecía ir viento en popa, Edward le había mostrado todo un nuevo mundo a Isabella, y ella aunque pasaba gran parte del día cansada por todo lo que su esposo le hacía por las noches, no se quejaba.
―Voy muy tarde, Gatita.―dijo Edward rodeándola por la cintura y pegándola a su pecho, pocas veces Isabella estaba despierta para despedir a su esposo, pero aquella mañana Edward la había despertado de una manera sumamente eficiente, no podía negar que le gustaba cuando lo hacía.
―Tú iniciaste.―murmuró ella jugando con su cabello, su esposo no pudo evitar sonreír de lado, a veces sentía que no importaba cuanto tomara de ella, nunca sería suficiente.
―Debo despertarte de alguna manera, si no pasarías todo el día en la cama.―explicó acariciando el inicio de la curva de su trasero. Le gustaba que ella lo dejara tocarla así, al menos dentro de casa.
―Sí, seguro que es eso.―suspiró ella y se estiro para darle un casto beso.―Ahora vete, antes de que iniciemos de nuevo.
Edward sonrió de lado, le dio un beso más apasionado a su esposa y finalmente se fue. Isabella tomo una ducha y se arreglo, generalmente no estaba despierta tan temprano, ahora tenía demasiado tiempo libre.
Por suerte como a medio día su cuñada pasó por la casa, así estaría menos tiempo sola, a veces iba a ver a sus padres o iba a casa de Alice, también iba a la plaza, pero solo porque despertaba tarde y solo debía entretenerse unas horas.
Alice iba por un encargo de su hermano, pero Isabella no debía enterarse, así que pensó rápidamente una forma de que ella se distrajera unos minutos mientras ella podía entrar al despacho para tomar el recibo que Edward le había dicho.
―Hoy cumplen seis meses juntos ¿Cómo van a celebrarlo?―preguntó sonriente, Isabella sonrió emocionada, Edward la había invitado a una cena días antes para celebrar sus seis meses casados y ella le había conseguido un hermoso regalo.
―Iremos a cenar. Incluso le compre un regalo.―informó mirando a su cuñada sonriente.
―¿Qué le compraste?
―Te lo mostraré, está en la recamara. ―se levantó para ir a buscar el obsequio de su esposo, mientras Alice entró al despacho, busco entre las hojas el recibo para poder ir a recoger el regalo de su hermano para Isabella.
Lo encontró y lo escondió en su vestido, pero cuando iba a salir de ahí notó una carta abierta, al parecer había llegado ese día pues tenía fecha del día anterior, pero no tenía remitente, ella siempre había sido curiosa así que no pudo evitar tomarla.
Pero inmediatamente se arrepintió de haberlo hecho, iba por la mitad de la carta cuando Isabella entró al despacho buscándola.
―¿Qué haces?―preguntó confundida, Alice la miró sintiéndose abrumada por lo que acababa de leer.
―Lo siento, estaba buscando una carta que Jasper me envió aquí porque no quería que mi padre la viera.―mintió vagamente, Isabella asintió, llevaba una pequeña caja en sus manos, dentro contenía el regalo de Edward, pero en ese momento sintió curiosidad por la carta de su cuñada.
―Oh, ¿es esa?―preguntó señalando la carta que Alice llevaba en las manos. Se acerco y dejo la cajita sobre el escritorio y le quitó la carta de las manos a su cuñada, después de todo no creía que fuera algo demasiado secreto si había dejado que llegará con el correo que Edward recibía.
La pequeña castaña no pudo evitar que Isabella tomara la carta, al ver la mirada de su amiga se sintió destrozada por ella, la carta decía claramente que esa tarde Charlotte estaría esperando a Edward en la salida del pueblo, y si él aceptaba irse con ella, se encontrarían antes del anochecer.
―Lo siento, estaba sobre el escritorio yo solo…―Isabella la miró y negó intentando sonreír.
―No te preocupes, está bien. Que ella enviará una carta no quiere decir que él va a irse.―respondió con voz temblorosa, Alice asintió intentando animar esa idea, en los últimos meses su hermano había estado más que encantado con su matrimonio, no veía razones para que él quisiera irse.
Sin embargo con su hermano nunca estaba segura de que haría, ya muchas veces en el pasado había dejado a mujeres por ir a seguir a Charlotte, y obviamente tomaba decisiones sin pensarlo mucho, temía que fuera capaz de romperle el corazón a su amiga.
―Claro, seguro la abrió solo porque no tenía remitente. No creo que él quiera saber algo de ella.―respondió con un intento de sonrisa.
Unas horas más tarde Alice tuvo que irse, y ella se quedo sola en la casa, no quería creer que había una posibilidad de que Edward se fuera, aquella mañana se había sentido tan feliz, disfrutando del momento con él, ahora estaba aterrada.
Sin querer termino en el despacho revisando cada cajón y repisa, necesitaba saber si ellos hablaban por cartas o algo así, era masoquista pero necesitaba saber si algo iba mal, porque si era así y al final del día él no aparecía de nuevo en casa estaría destrozada y no tenía idea de cómo afrontaría el futuro.
No encontró nada, pero eso no evito que el miedo se apoderara de su cuerpo, ella no era así, y no le gustaba esa sensación, pero no podía evitar sentirse de esa manera. Él debía volver, tenía que hacerlo. Estaban casados, y aunque jamás habían dicho "Te amo" ella estaba segura que él al menos la quería.
Al dar las 6 de la tarde empezó a sentirse más estresada que en todo el día, Edward siempre llegaba a casa poco antes de las 7, así que no debía tardar en regresar.
A las ocho de la noche se sintió desfallecer, él no podía dejarla así nada más, sin siquiera despedirse, sin darle una maldita explicación, si pensaba abandonarla al menos merecía que le dijera a la cara que aun seguía amando a Charlotte.
Se sentó en los últimos escalones de la escalera, esperando que en cualquier segundo él abriera la puerta y todo fuera una pesadilla, pero mientras las horas pasaban y la noche oscurecía la casa las lágrimas comenzaron a correr por sus mejillas, al dar la media noche, sintió su corazón romperse en mil pedazos, él no volvería.
Aquella mañana había sido su despedida, por mucho que quisiera protegerse diciendo que él no le importaba y que lo que habían tenido no era real, en su corazón sabía que era mentira, ahora estaba sola y la próxima vez que lo viera, él estaría llevando a Charlotte del brazo, la sola imagen la hizo sollozar, subió a su habitación y tomo una manta que estaba a los pies de la cama, subió a la terraza y se sentó ahí, envuelta en la manta y mirando el cielo.
Mañana cuando Alice volviera tendría que decirle que su esposo no regreso, que la había abandonado, y luego todo el pueblo se enteraría que él se había ido con su amante, que ahora estaba sola. Sabía que sus padres no la dejarían sola y mucho menos Alice, pero así se sentía, se había ilusionado con un futuro al lado de Edward y ahora todo se había desvanecido.
...
Edward llegó a la casa pasadas las 3 de la mañana, el transporte en el que volvería al pueblo había tenido un accidente poco después de entrar al pueblo, sufrió solo unos pequeños magullones pero no había podido llegar antes, sabía que Isabella estaría furiosa por haberla dejado plantada, sin embargo no pudo evitar sonreír, cuando Bella estaba enojada siempre terminaban haciendo el amor donde fuera que estuvieran, le encantaba cuando su gatita se dejaba llevar.
Pero al entrar a la habitación no vio a su esposa, la cama estaba vacía, comenzó a buscarla por los cuartos, a veces Isabella se quedaba dormida en el sofá o en la biblioteca, pero no la encontró en ningún lado.
Hasta que entró al despacho, al ver la carta que Charlotte había enviado abierta sobre el escritorio, sintió que el corazón se le salía del pecho, si Isabella había leído esa carta seguro había pensado lo peor al ver que él no aparecía, temía que ella hubiera hecho una locura.
―¡Isabella!―gritó intentando que ella le respondiera, quería que le gritara que era un idiota o cualquier cosa, pero necesitaba verla en ese instante, una cajita en la orilla del escritorio llamó su atención y la tomo, la abrió y se topo con un precioso reloj de bolsillo, al abrirlo tenía una inscripción que le hizo latir el corazón rápidamente.
"Más que a mi propia vida, es cuanto yo te amo"
Ella jamás había dicho que le amaba, y le sorprendió lo mucho que le gustaba saber que ella lo hacía, en esos meses él había llegado a amarla profundamente, pero no había tenido el valor para decírselo.
Metió el reloj en su pantalón y desesperado busco a Isabella en cada centímetro de la casa, hasta que llego a la terraza y la vio dormida envuelta en una manta, se acerco y vio que sus mejillas estaban manchadas por sus lágrimas, ni una sola vez había visto a su esposa llorar, así que esa imagen lo desarmo, le dolía verla sufrir.
La levantó en sus brazos y la llevo dentro, la acomodo bajo las cobijas de su cama pues estaba muy fría, le preocupaba que ella no se hubiera despertado, siempre se quejaba de que él siempre la despertaba cuando se levantaba cada mañana, pero ahora parecía ni siquiera haber notado que él estaba ahí.
Se metió a la cama con ella y la abrazo fuertemente contra su pecho, queriendo darle su calor, no quería que se enfermara. Minutos después ella por fin sintió el cuerpo de Edward y busco su calor acercándose tanto como podía a su cuerpo.
No despertó pero al menos verla moverse le producía calma. Edward no pudo dormir nada, necesitaba verla y sentir que estaba en sus brazos, no podía ni quería quedarse dormido. Cuando la mañana ilumino la habitación Isabella comenzó a moverse y abrió los ojos topándose con los de su esposo.
―Lamento haberte hecho esperar, Gatita.―ella frunció levemente el ceño y se levanto confundida.
―¿Qué haces aquí?―preguntó, él se sentó y tomo la mano de Isabella llevándola a sus labios, dejo un suave beso y luego entrelazo sus dedos.
―Es aquí donde debo estar.―ella estaba sorprendida pero en ese instante no le importaba escuchar nada más, solo saltó a los brazos de su esposo y lo abrazo con fuerza, él sonrió tiernamente y la abrazo también.
―Sabía que volverías.
―Jamás me fui, Gatita. Solo hubo un accidente y tarde mucho en llegar a casa.―ella se separó un poco y entonces noto los pocos raspones que Edward tenía en el rostro.
―¿Te duelen?―preguntó con sus manos sobre su pecho y su mirada fija en sus moretones.
―No mucho.―levantó la mirada y tomándola por la barbilla la acerco hasta besarla tiernamente.―No pienso dejarte, gatita. No me interesa huir con ninguna mujer que no seas tú.―ella sonrió y volvió a abrazarlo. Él estaba ahí, con ella. Había vuelto a casa.
―Te amo, Gatita. ―ella abrió la boca sorprendida, era justo así como había esperado que fuera la noche anterior, que ella le entregaría su regalo y él le diría que la amaba.―Te amo, Isabella Cullen.
―Oh Edward.―había elegido justo las palabras que ella quería escuchar, las únicas que necesitaba escuchar. Se besaron de nuevo pero no duraron mucho antes de terminar haciendo el amor como solo ellos podían hacerlo. Ambos esposos se quedaron dormidos en brazos del otro, disfrutando de la sensación de saber que al despertar estarían juntos, siempre estarían juntos.
Espero les guste, este es el final de esta pequeña historia :3
Solo falta el epilogo *-*
