"Epilogo"
―¿Edward?―preguntó la castaña abriendo los ojos en la penumbra de su habitación, su esposo que estaba quitándose la ropa para entrar a la cama, sonrió de lado y se acerco para dejar un beso sobre la frente de su esposa.
―Vuelve a dormir, gatita.―susurró el cobrizo mientras terminaba de desvestirse.
―No estaba dormida.―murmuró sentándose y tallándose los ojos.
―¿No?―preguntó Edward sonriendo divertido.
―No, solo descansaba un rato. Te estaba esperando.―afirmó la castaña con el ceño levemente fruncido.
―Pues ya estoy aquí.―confirmó el cobrizo metiéndose entre las cobijas y colocando los brazos detrás de su cabeza, debía ser casi media noche, Isabella siempre intentaba estar despierta cuando él llegaba, pero los últimos meses se le hacía casi imposible.
―Ya no quiero que vuelvas tan tarde.―admitió la castaña seria, Edward sabía que odiaba que él llegara tarde pero las últimas semanas había intentando adelantar el trabajo para poder estar con ella los siguientes meses sin contratiempos.
―Solo serán unos días más, lo prometo.―comentó el cobrizo tomando su mano y dejando un tierno beso en sus nudillos.
―Se suponía que hoy cenaríamos juntos.―agregó ella enojada, odiaba cuando él la dejaba plantada.
―Lo sé, te lo compensare.―ella lo miró esperando que le diera una buena gratificación después de haberla dejado esperando.―En unos días habré terminado con el trabajo y podre quedarme en casa contigo. Así que me tendrás para ti las veinticuatro horas del día.―prometió, ella lo pensó y finalmente asintió.
―Solo para mí ¿verdad?―él sonrió y asintió atrayéndola a sus brazos dejo un beso en sus rosados labios.
―¿De quién más podría ser? ―ella se acomodo en su pecho.
―Espero que sea un niño, así no tendré que compartirte con una niña que seguro se robara tu corazón en cuanto la veas.―comentó la castaña y él casi estalla en carcajadas, pero había aprendido que Bella odiaba que se riera de sus comentarios en especial cuando tenía sueño y ahora era incluso más explosiva, las hormonas no eran sus amigas.
―Estoy seguro de que así sea un niño o una niña la que va a perder la cabeza por él serás tú.―ella suspiro y levanto la mirada, sabía que tenía razón.
Caería rendida a los pies de su bebé fuera lo que fuera.
―Sí, pero eso es lo que hacen las madres.―él sonrió y acomodo un mechón de cabello que se había salido de su sitió.―Tú te enamoraras de nuestra bebé porque será idéntica a mí y yo soy encantadora.―la miró fijamente con una sonrisa de lado.
―Sí que eres encantadora.―admitió completamente enamorado de esos ojos chocolate que lo miraban con amor.
―Tu mamá cree que le dices gatita a nuestro bebé.―comentó divertida, él frunció el ceño y sonrió.
―¿Por qué cree eso?
―Pues vino hoy y vio la cadena que me regalaste, me preguntó y no quería decirle que su hijo es un pervertido que me dice así cuando estamos haciendo el amor.―él no pudo evitar una carcajada.
―Definitivamente no es algo que mi madre deba saber.―aseguró aun riendo.
―No es gracioso, ahora si nuestro bebé es una niña la llamarán así y no me gusta.―se quejó Isabella, en realidad no quería que todo el mundo llamará a su bebé como Edward la llamaba en la cama.
―Ya arreglaremos eso, gatita. ―ella bufó molesta, Edward sabía que aunque decía que odiaba que la llamara así, le gustaba y más de lo que se atrevería a admitir. Aunque a decir verdad a él tampoco le gustaría escuchar que llamarán así a su hija.
Sintió una suave patada del bebé entre ellos y sonrió de lado, desde que se había enterado que Bella estaba esperando a su hijo había estado más que feliz, aun le parecía una locura verse a él como un esposo y un padre pero Dios no lo cambiaría por nada.
―Pues creo que a ella le gusta.―Bella le dio un golpe en el hombro.
―Ni siquiera sabes si es una ella, quizás es un él a quien no le gusta que me llames así.―musitó Isabella y él rió.
―Entonces pelearemos todo el tiempo, porque no pienso dejar de llamarte así.
―¿Ni siquiera por tu hijo?
―Yo llegué primero así que es derecho de antigüedad.―respondió sonriente, Isabella puso los ojos en blanco.―Duerme gatita, debes estar cansada.
―En realidad estaba pensando en otra cosa.―admitió Isabella con un brillo coqueto en sus ojos, tenía 6 meses de embarazo pero dado su pequeño cuerpo apenas si tenía el vientre hinchado, solo Edward que recorría sus curvas cada noche sabía cómo había cambiado el cuerpo de esposa.
―¿Mi gatita está excitada?―preguntó acariciando sus piernas, ella se había acomodado a horcajadas sobre Edward.
―Mucho, si hubieras llegado antes…―expresó con un suspiro, él sonrió y metió las manos en su camisón de seda, acariciando su vientre y subiendo poco a poco hasta sus senos.
―Que Dios me castigue por dejar que mi esposa se durmiera esperando por mí.―declaró con voz ronca, ella sonrió y bajo hasta rosar los labios de su esposo.
―Puedes remediarlo ahora.―sonrió encantado y se sentó para poder ayudar a su esposa, aunque no tenía un vientre enorme, sabía que muchas veces estaba cansada y aunque quería hacer muchas cosas que solía hacer ahora le era más difícil.
Levanto el camisón de tirantes y lo saco por sus encima de su cabeza, descubriendo que no llevaba nada más que sus braguitas de bajo.
―Me gusta cuando duermes así.―admitió atrevido y ella sonrió, sabía cómo volver loco a su esposo.
―Lo sé.―respondió coqueta y sonriente.
―Te amo, Gatita.―susurró sobre sus labios y la beso con ternura, pocas veces Edward era cursi o romántico, pero cuando se lo proponía podía derretirla de ternura.
Ahora tenía 4 años de casados y esperaban a su primer hijo, su relación no había sido miel sobre hojuelas al principio, pero no había un día en que no agradecieran que Isabella hubiera ido a visitar a Alice aquel día.
Espero les guste y dejen sus RR :3
Esto fue todo, espero les haya gustado :3
