Capitulo Dos
"Un trabajo de verdad"
Aunque la tetera seguía sonando, podía escuchar los gritos de Hermione desde el baño desesperada por una toalla la cual sostenía Luna en su mano extendida como si esperara que desde la sala pudiera alcanzar el baño, todo gracias a la maravillosa televisión. Ginny apago el fuego de la estufa y camino hacia su rubia compañera, la cual seguía con su mano extendida y su mirada fija en lo que sea que presentaba el canal de dibujos en ese momento.
― Al menos parpadea― sugirió caminando hacia el baño en donde una agradecida Hermione recibió la toalla ― ¿Qué paso con las del baño?
―Pregúntale a la señorita yo me encargo de lavar― Ginny arrugo su frente sin entender mientras su compañera se escondía tras la puerta y seguía hablando ― las olvido en la lavandería, y que crees.
―Cuando fueron por ellas…
―Ya no estaban― completo saliendo del baño ya con la toalla alrededor de su cuerpo. Ginny giro su rostro dispuesta a dar un gran grito pero al sentir una mano en su hombro se detuvo ―déjala, con lo que ganamos hoy, compraremos unas nuevas.
―La cena esta lista―
―Me visto y salgo―
Ginny camino de nuevo hacia la cocina y poco después se le unió Luna en busca de los cubiertos, seguramente por fin había algo de propaganda ya que le había pedido diez minutos atrás que preparara la mesa. Simplemente negó con su cabeza y se dispuso a terminar con la cena.
―Te quedo deliciosa la pasta― comento Luna, ya cuando se encontraban cenando.
―Sí, es tu especialidad― agrego su otra amiga, a lo que Ginny simplemente elevo sus hombros ―enserio, siempre que te toca la cena preparas pasta.
―Eres una malagradecida― respondió girando su tenedor en su cena ― por lo menos no quemo todo lo que toco.
La boca de su amiga parecía querer caer por su indignación, mientras Luna por su parte llenaba la suya con pasta y las observaba masticando ―Se llaman brochetas de salmón ahumadas.
―Si, al igual que los homeless ahumados, la carne tostada y ni hablar del pollo a la carbón.
―Perdóname por querer preparar algo de arte culinaria―
―No se llama arte, yo diría más bien incinerar― Ginny dejo su cubierto de lado y la observó con sus cejas elevadas ―Herms, quemas todo lo que preparas ¿Pero sabes qué? aun así intentamos comerlo.
Las tres rieron ante lo dicho, tenían razón las dos, eran pésimas cocinando, por eso siempre esperaban con ansias los fines de semana, cuando cenaban fuera u ordenaban algo, aunque también agradecían que Luna si tuviera cierto don en la cocina.
―Si no tuviéramos que pagar el alquiler, creo que hubiéramos podido cenar fuera― comento Ginny.
―Tal vez, pero prefiero comer tu pasta a tener que dormir en la calle― respondió Hermione ― ¿Revisaste cuanto había en la billetera?
―Sí, solo tarjetas de crédito y como doscientos dólares―
―Chicas, con respecto a eso― intervino Luna ― no fue muy amable de su parte lo que hicieron.
―Luna…
―Ginny, déjame hablar. Sé que tú y Hermione no lo hacen por gusto, pero debe haber mejores maneras de conseguir lo del alquiler.
― ¿Y cómo se supone que hagamos eso?― inquirió Ginny ― ¿Obteniendo cada una un segundo empleo? Luna, lo intentamos, pero lo único que conseguí fue ese tonto trabajo en ese bar y Herms ni siquiera ha podido conseguir un empleo.
―Luna, en verdad me siento mal de hacer esto, pero es lo necesario si no queremos vernos en la calle.
―Podríamos usar lo de mi universidad…mi padre.
―Tu padre trabaja muy duro en Francia para enviarte ese dinero, él cuenta con que sigas estudiando.
―Luna, mis padres creen que no he regresado a Londres porque ya me encuentro trabajando en relaciones públicas, en una gran empresa la cual invente― Ginny sintió un gran nudo en su garganta en cuanto termino de hablar, aun no entendía como termino inventando un mundo lleno de mentiras a su familia que estaban orgullosos de ella ―no seas como yo, no fracases.
―Ginny y yo nos encargaremos del alquiler y haremos lo necesario para poder continuar adelante, tú tienes que trabajar para terminar tus estudios, con lo que nos ayudas es suficiente.
Hermione siempre quería ayudar, no importaba las circunstancias, ella siempre estaba dispuesta a hacer por lo demás, algo que Ginny siempre le reprendía, pero aun así le admiraba. Aquel par de chicas se habían convertido en su única familia en aquel país desconocido, una estudiante de periodismo que siempre se enteraba tarde de todo, y una licenciada en bellas artes, carrera que según Ginny no era nada compatible con su amiga Herms.
―El señor Duncan me advirtió por lo que sucedió hoy― comento Luna algo desanimada ―esta vez las reconoció y me advirtió que si las vuelve a ver, no dudara en despedirme.
―Viejo idiota―
―Ginny, el hombre tiene razón― hablo Hermione― es la tercera vez que hacemos esto en su cafetería. Creo que esta vez debemos agradecer que no haya llamado a la policía.
―En ese caso, al único que merecía ser arrestado era el torpe rubio― aseguro Ginny.
―En verdad lo tomaste enserio, tu cabellera roja no se comparaba con tu rostro―
―Además de que parecías querer acabar con él y con su extraño amigo― agrego Herms.
―No se atrevan a mencionarlo―
― ¿Enserio estas en tus días?― comento de manera inocente Luna, mientras Hermione escondía una sonrisa ―si quieres tengo unos calmantes…
― ¡Por supuesto que no Luna! No estoy en mis días, es solo que ese idiota presumido no sabe nada acerca de las mujeres.
―Cálmate Ginny, olvida a ese tonto y tu peri…
―No lo digas― amenazo a Hermione.
―Está bien, no lo diré―
―Ya casi inicia mi turno― dijo Ginny observando el reloj de pared y cambiando la conversación intencionalmente― ¿Mañana tienes tu entrevista?
―Sí, debo estar a las ocho es en una pastelería, Miss marmalade― respondió Hermione recogiendo su plato ―Ginny, no creo que debas seguir en ese bar, con lo que me cuentas se oye peligroso, además de que cualquier cosa podría pasarte de camino al trabajo, es demasiado tarde y…
―Y las cuentas no se pagaran solas, así que no hay más que decir―
―Ginny― llamo Luna, pero la chica ya se dirigía a su habitación.
―Debo prepararme―
La música se escuchaba fuerte, el bar se encontraba repleto casi sin haber por donde caminar. Ginny intentaba llevar una charola en medio de las personas hasta una de las mesas alejadas y que siempre reservaban, pero parecía algo imposible. Pronto unos bailarines se subieron en la barra, era su señal, debía ir pronto al camerino, pues después seguiría ella. Con dificultad dejo las bebidas en la mesa correspondiente y de nuevo paso a través del mar de personas que bailaban y traspiraban sin dejar espacio entre ellos.
―Diez minutos Ginny― escucho a su jefe desde el bar, Peter Pettigrew.
Entre pisadas y empujones logro llegar al camerino en donde de prisa remplazo aquel pequeño pantalón y puso sobre su cuerpo un vestido ajustado que dejaba ver muy bien su figura, su cabello rojo fue suelto y gracias a algo de Spray consiguió un poco más de volumen, sus labios tomaron un rojo intenso y sus ojos fueron resaltados con una máscara de pestañas, finalmente cubrió parte de su rostro con un sombrero para no ser reconocida por alguien fuera del bar. Los aplausos se escuchaban, los hombres gritaban más que las mujeres y Ginny supo que era su momento de aparecer en escena.
El show era de lo más esperado en la noche, desde la primera vez que lo había hecho supo que quería seguir bailando, que tal vez se había equivocado de vocación, sin contar con las buenas propinas que ayudaban a costear sus deudas.
Una canción que mesclaba algo de Jazz y pop encendió el escenario, Ginny fue recibida entre aplausos mientras sus largas piernas se dejaban ver tras su corto vestido logrando bailar al compás de sus compañeras, con una coreografía que ya se sabía de memoria, aunque no era la única de la que disponía, fue la estrella de la noche.
―Ginny, te quieren es esa mesa― le informo su jefe en cuanto bajo del escenario.
―Iré a cambiarme y…
―No, te quieren así, exactamente como luces ahora― Los profundos ojos oscuros del señor Pettigrew se fijaron en ella mientras elevaba sus gruesas cejas y sonreía de lado, algo que no le dio buena espina a Ginny sobre las intenciones de su jefe.
Con algo de nervios camino hacia la mesa señalada por su jefe y dudo por un momento en hablar al par de hombres que habían allí sentados.
―Caballeros― dijo como forma de saludo ―deseaban hablar conmigo.
―En realidad, solo yo quiero hablar contigo― su peor temor se hizo realidad cuando miro como el otro hombre se levantaba y se alejaba de la mesa ―toma asiento, te aseguro que no muerdo.
Ginny obedeció con algo de nervios, era lo único que aquel hombre provocaba en ella. Su frente aún tenía algo de sudor por el intenso baile, su cuerpo parecía ser una máquina de vapor, pero al parecer eso no le importaba al hombre que no dejaba de observarla con un brillo especial en sus ojos.
―Me llamo Tom Riddle― se presentó el hombre ―y me gustaría saber cuál es el nombre de la hermosa chica que me acompaña.
―Siempre me presentan ante el público antes de un espectáculo― comento como si fuera lo más obvio del mundo ―pero si usted no alcanzo a escucharlo, soy Lucy…
―Hablo de tu verdadero nombre, quiero saber tu verdadero nombre― la interrumpió el hombre sin dejar de observarla y mantener una fría pero encantadora sonrisa.
Ginny se perdió por un momento en aquellos ojos azules y profundos, para ser un hombre mayor no desmerecía nada: su rostro era delgado y largo, su cabello peinado hacia atrás sin parecer que algo lo hubiese lamido, realmente guapo, pero aun así el brillo de sus ojos le hacía sentir temor. Seguramente fue por eso, que su mente trabajo en una manera de escudarse, algo le decía que no se debía fiar de aquel sujeto y fue por eso que sin sus labios pedir permiso dijeron:
―Luna Lovegood― el hombre la miro un poco extrañado, pero después sonrió y extendió su mano, la cual ella estrecho ―mucho gusto Luna.
―No quiero ser grosera, pero debo volver a mi camerino― dijo en cuanto sintió su mano libre ―ya casi es hora de cerrar el bar y…
―Sí, lo sé. Es por eso que pedí poder hablar contigo, me gustaría invitarte algo ―Tom hizo una seña y les llevaron dos de los cocteles más costosos ― ¿me harías el honor de acompañarme por lo que queda?
Ginny recibió el coctel que le ofrecía Riddle pensando si beberlo o no. Sus labios rozaron la copa mientras sus ojos vagaban a través del bar hasta dar con su objetivo. No muy lejos de allí vio a su objetivo, Pettigriew la observaba sonriente, por alguna razón ella esperaba que le advirtiera o la detuviera pero al parecer no sería así. Sus labios sintieron el líquido, pero antes de que fuera introducido en su boca, alguien la interrumpió.
―Señor, debemos retirarnos― Un hombre de oscuro y grasiento cabello hablo con gran serenidad, que ni siquiera enojó a Riddle.
― ¿Qué pasa Severus? No quiero irme tan pronto, mi querida Luna ni siquiera ha probado su coctel― su voz se escuchaba serena, su rostro apenas dejaba ver el desagrado, mientras el hombre que les interrumpió seguía allí de pie sin inmutarse por la respuesta de su "Señor" parecía esperar por algo.
― ¿Señor?― Dijo una vez más el hombre.
―Está bien, está bien― finalmente acepto ―Lamento tener que retirarme de manera tan inesperada preciosa, pero te aseguro que nos volveremos a ver.
―Señor Riddle― si debía ser honesta ese era el mejor momento y no pensaba desaprovecharlo ―no se cuales sean sus intenciones conmigo, pero…no estoy interesada en ningún hombre…
―Bueno, todos cambiamos de opinión en algún momento―
―No señor, yo…no estoy interesada en usted. No sé qué hablo con Pettigrew, pero mi trabajo en este bar es simplemente de camarera y mesera, así que le agradecería si mantiene su distancia.
Riddle no tenía la apariencia de un hombre el cual se retiraba por la simple llamada de su esposa, sabía que el "señor" no era por nada, pero prefería ignorar eso y el hecho de que pudiera amanecer con una bala en medio de la frente, le hacía sentir un gran nudo en su estómago, aun mas después de todo lo que dijo, pero para su sorpresa, Tom simplemente sonrió y se retiró de la mesa regalándole un giño.
―Es mejor que lo dejes― señalo el hombre de cabello oscuro antes de desaparecer en medio de las personas para finalmente perderse tras su "Señor"
No pudo evitar pensar en lo que sucedió en el bar de camino a casa, no dejaba de observar hacia atrás mientras viajaba en el auto, y en cuanto llego al edificio casi corrió escaleras arriba hasta llegar al departamento que compartía con sus amigas. En cuanto cerró su puerta fue hasta el baño y ducho todo su cuerpo incluso decidió lavar su cabello, solo quería relajarse un poco, olvidar la sonrisa aterradora de Riddle, y lo que considero como una advertencia de aquel hombre llamado Severus.
―Ginny, ¿Eres tú?― escucho que llamaban a la puerta, Hermione siempre tenía un sueño muy liviano y era algo que la pelirrojo a veces detestaba o agradecía, como aquella noche.
―Hola Herms― dijo saliendo del baño apenas envuelta en una toalla aun con su cabello escurrido.
― ¿Qué pasa? ¿Por qué estas así? ¿Sucedió algo en el trabajo?― Ginny simplemente asintió, algo que hizo alterar a su amiga ― ¿Qué te sucedió Ginny, te tocaron o lastimaron? Dime…
―No Hermione, solo creo que es hora de cambiar de trabajo, creo que…quiero un trabajo de verdad.
