Disclaimer: la Tierra Media y sus personajes pertenecen a nuestro querido J.R.R. Tolkien y a sus herederos. Demás personajes y lugares inventados son míos.
Un hombre cualquiera
Acababa el mago de regresar de su pequeña charla con Aragorn, cuando entró tras él en su consulta un hombre. Iba bien vestido y podía apreciarse en él un deje de nobleza dificil de fingir. En lo que el mago tardo en verlo, el hombre se metió en su bolsa tres figuritas de porcelana que Gandalf tenía de adorno sobre la chimenea. Estaba a punto de coger la bandeja de plata también cuando Gandalf por fin lo vio.
–¿Desea algo? –le preguntó el anciano.
–Quería preguntarle sobre un problema –dijo el hombre fingiendo que admiraba la bandeja.
–Por supuesto, acomódese –le indicó Gandalf.
Luego se dirigió hacia su escritorio para coger su libreta y su pluma. Mientras, el hombre se metió la bandeja de plata y cinco libros en la bolsa. Después se sentó, al ver que el mago se empezaba a dar la vuelta. Era la viva imagen de un inocente ciudadano cuando Gandalf posó de nuevo sus ojos en él.
–Digame –invitó Gandalf.
–Verá, es que tengo un problema... –el hombre vaciló un segundo, –con el color negro. ¡Odio el color negro! Deshagase de eso –le ordenó con terror señalando la libreta de notas del mago.
Gandalf, sorprendido regresó a su escritorio y buscó la libreta que tenía de repuesto. Mientras, el hombre se metió los dos candelabros de oro y el cenicero de cristal en la bolsa. Para cuando Gandalf volvió a sentarse el hombre fingía estar recuperándose de un ataque de miedo.
–Bien, ahora...
–¡Nooo! ¿Qué hace? –preguntó consternado el hombre.
–¿Qué le pasa ahora? –se molestó el mago, mirando que no tuviese nada negro en sus manos.
–También odio el verde –gimoteó el "pobre" hombre escondiéndose tras el diván.
Suspirando, Gandalf arrancó unas hojas de la libreta y luego la tiró al escritorio sin levantarse del sillón. El hombre pegó un grito mayor, alegando que odiaba que tirasen así las cosas, por lo que el mago no tuvo más remedio que levantarse a recoger la libreta, momento en el cual el hombre aprovecho para meterse, dentro de su bolsa, la bolsa con el dinero de Gandalf, la vara del mago y otros cuantos libros.
–¿Y ahora podemos seguir? –preguntó Gandalf con fastidio.
Se dio la vuelta para encontrarse con la consulta vacía. El hombre se había ido...y se había llevado también el diván.
N/A: ahora le he desvalijao la consulta. Pero la culpa es suya, obviamente, por confiado. En fin, me voy, que lo veo venir con el sillón a cuestas y no me fio ni un pelo. Volveré...espero. Un abrazo.
