Disclaimer: La Tierra Media y sus personajes pertenecen a nuestro querido J.R.R. Tolkien y a sus herederos. Demás personajes y lugares inventados son míos.


Una madre y su hijo

Amaneció en la Tierra Media. Gandalf caminaba tranquilamente hacia su consulta silbando una cancioncilla alegramente. Cuando entró en la consulta, se encontró con un diván nuevo perfectamente montado y colocado. Asintió complacido. Le había costado mucho más que el primero, pero ese era último modelo. Tenía reposabrazos y era un poco más ancho, para mayor comodidad de sus clientes. Y para que al echarse la siesta después de comer no se cayese del diván. Era un mago con visión de futuro.

Estaba dando cuenta de un ligero desayuno (un café, tres bollos rellenos y cinco tostadas) cuando una clienta entro a la consulta. Era una señora mayor, de canoso pelo corto y serios ojos marrones. Llevaba un vestido gastado, de color parecido al azul y un joven agarrado por una oreja. El joven, de apenas veinte años, tenía el pelo negro hasta los hombros y los ojos del mismo color que la señora.

—Buenos días, mi señor —dijo la mujer. Tiró del joven para sentarlo en el diván. Ella se sentó en el sofá —. Tengo un problema con mi hijo.

—Entiendo —dijo Gandalf, ya sentado en su puesto de trabajo —. ¿Y cuál es ese problema?

—Pasa horas en el excusado —explicó la señora —, y se escuchan ruidos raros cuando está dentro. —El joven intentó hablar para defenderse, pero la madre le dio un capón y cerró la boca —. ¡Y me dice que no hace nada malo! Se cree que soy tonta o algo.

—Ya veo —murmuró Gandalf —. Verá señora, esas cosas suelen ser típicas en los jóvenes. Está en una edad en la que siente curiosidad por ese tipo de...

—¿Qué curiosidad ni que perro muerto? O le da algo para que se cure o lo curo yo a escobazos —amenazó la señora. El joven volvió a abrir la boca, con el mismo resultado de la vez anterior.

—Relájese. No es necesario emplear la violencia —dijo Gandalf —. Le digo que es algo normal en estas edades. Siente curiosidad por cómo es y funciona su cuerpo y está... experimentando.

—¡Pues que deje de experimentar! Que se va a quedar canijo. Y ciego. Y lleno de granos. Y...

—Bueno, bueno, no tanto —interrumpió el mago —. Lo que tiene que hacer es tenerlo entretenido para que no tenga tiempo de hacer esas cosas. Darle trabajo, ya sabe.

—Sí, sí, va a trabajar de sol a sol —afirmó la señora soltándole otro capón al joven —. Muchas gracias, mi señor. —Le hizo una pequeña reverencia al mago —. Venga tú, que tienes mucho campo que sembrar —le dijo al joven, al tiempo que lo sacaba a empujones de la consulta.

—Pero si yo solo... —empezó a decir el pobre muchacho.

—¡Tú nada! —cortó la madre, dándole un capón más fuerte que los anteriores.

Gandalf, asustado por la agresividad de la señora, los dejó irse sin pagar la sesión. Se volvió a acomodar el su sillón tras el escritorio y prosiguió con su desayuno.

Continuará...


N/A: Nada, que no le pagan. Y pobre chaval, con una madre así no sé como sigue con cabeza. Nos vemos en el próximo. Saludos.