EN EL CAPÍTULO ANTERIOR:

-¡¿Quién es esa y qué hace con Yui-sempai?!-

-La segunda noticia es que a partir de mañana yo seré su nueva directora. ¿No es genial?

-¡Puuaaajjjjackkkaaahhkk! –

-¡Todo es tu culpa! –

-¡Aaaah, Sae… justo ahí!-

Los problemas van en aumento para las alumnas de la Universidad Sakura 48, ahora con Shinoda Mariko al mando de la institución las cosas se van a poner todavía más complicadas. El hilo rojo que unía a algunas ahora luce entre azul y gris…

CAPÍTULO 3. ABRÁZAME BAJO EL ÁRBOL DE CEREZO.

Después de la tremenda noticia del día anterior, los medios estaban aun más interesados en el caso Akimoto Yasushi. No todos los días una super modelo se autoproclamaba directora de una universidad. '¿Con qué derecho tomó esta decisión? ¿Cuánto tiempo planea hacer esto? ¿Dónde queda la opinión de las alumnas? ¿No debería de encargarse de su hija en estos momentos? ¿Tiene la capacidad para dirigir una universidad?'. Estas y muchas otras preguntas le llovían a la nueva directora a todas horas.

Como siempre, había algunas alumnas a las que les preocupaba el asunto. A otras tantas no mucho. Y había unas como Rena, que no podían creer que una persona tan molesta fuera capaz de hacer semejante cosa. Además de haberla insultado frente a una multitud, la puso en ridículo como presidenta del consejo estudiantil. No había podido dormir bien esa noche de la rabia que le daba el recordar todo el esfuerzo que había puesto en su trabajo, y este, nunca vería la luz.

La verdad es que no tenía la menor intención de ir a la universidad al día siguiente. Es de esas personas que sienten que si hacen algo mal las juzgarán hasta el último día de su vida. Siempre tuvo una fijación por ser la imagen de alumna perfecta. Si bien era cierto que sus habilidades físicas estaban por debajo de la media, hacía el esfuerzo y sus maestros lo tomaban en cuenta.

Esa mañana caminó sin ganas por el sendero de siempre. El río por un lado, la señora que mojaba la acera con la puntualidad de un reloj, el negocio donde compraba su pan de melón todos los días. Cada quién tenía sus rutinas establecidas, ella era parte de la rutina de todas esas personas, igual a la inversa. Le daba ansiedad pensar en cruzar la calle unos pasos antes del peatón, nunca lo había hecho, ni lo haría aunque fuera necesario.

¿En verdad no lo haría aunque fuera necesario? ¿Qué pasaba si se iba por otra calle? ¿La gente se preocuparía por ella? Si les alteraba la rutina aunque fuera un poco se sentiría incómoda. No quería hacer esa grosería así que siempre optaba por lo mismo. Siempre.

Pero más que las palabras que se pudieran decir a sus espaldas, más que haber sido defendida por 'la otra Matsui' que ocasionó sus dolores de cabeza, era el hecho de saber que ahora tendría que seguir las reglas de una completa extraña que encima de todo, la humilló. Un suspiro escapó de sus labios al ver la puerta de entrada. En verdad no tenía ganas de entrar.

-Hey – Una voz familiar la sacó de su trance.

-Hola… Matsui-san. –Dijo tajantemente mas no de manera grosera. Ni siquiera empezaba el día y ya se ponía de peor humor.

Jurina la miró unos momentos mientras caminaba a su lado. Notó que tenía unas ojeras más marcadas que las del día anterior. Seguro tampoco había dormido bien. Le extrañó que no la hubiera saludado de mala gana dada la manera tan poco cordial en la que se conocieron. Justo iba a decir algo cuando su gemela de apellido tomó la palabra.

-Gracias. – Dijo Rena viendo al frente.

-Primero me odias y ahora me agradeces. Eres una persona muy rara. –

Algo le dio en el nervio a Rena pero prefirió ignorarlo.

-A pesar de nuestro pequeño problema del día de ayer, gracias a ti seguimos con universidad… Odio admitirlo pero si no hubieras estado ahí hubiera fracasado…-

-Pues yo diría que fracasaste y muy bien. ¿Qué no tu discurso iba a ser EL discurso?-

-Honestamente no esperaba ni una sola palabra agradable de tu boca como respuesta, solo te quería dar las gracias y ya. No me molestes más por favor, de ser posible no me hables. –Rena caminó un poco más rápido para separarse de Jurina, quien se quedó avanzando más despacio sin intención de alcanzar a Rena. Simplemente la observó alejarse.

-Ni siquiera me dejaste disculparme. Tonta. –Se echó la mochila detrás de uno de sus hombros y caminó directo a su salón de clase.

-O-

La mañana transcurría con calma. Las y los maestros parecían no tener problema con la nueva dirección por lo que seguían sus labores como de costumbre. En clase de filosofía, una joven luchaba con toda su voluntad por no quedarse dormida. La maestra sostenía un monólogo más que otra cosa.

-Entonces alguien que me diga, ¿a dónde vamos a parar si las cosas siguen así? ¿Qué es la vida? ¿Qué es el mundo? Kawaei-san, dígame, ¡¿para usted qué es el mundo?! –La maestra Takahashi solía adentrarse mucho en sus temas hasta el punto de perder un poco la compostura. Con un movimiento dramático golpeó su escritorio con ambas manos viendo directamente a Rina que, como siempre, estaba en su universo paralelo. Apenas escuchó su apellido levantó la mirada de su libreta llena de garabatos y dibujitos.

-Eeeem –piensa rápido, ¿qué rayos fue lo que preguntó? ¡Ah, el consejo de Annin para estos casos! –Takahashi-sensei, ¿no cree que esa pregunta es demasiado subjetiva? –Safe! –

Rina celebraba su graciosa huída, pero a la maestra no le impresionó para nada su respuesta.

-Por eso le pregunté qué era el mundo para usted. Quiero una respuesta que salga de su cabecita. –Tomando asiento, su superior cruzó las piernas y se recargó en el respaldo de su silla. –Adelante, la escucho. –

Súbitamente, el sonido de una bocina haciendo un rechinido le salvó la vida. Una voz divertida sonaba a través del aparato que colgaba de la parte alta de la pared.

-¡Bueeeeenos díiiiaaaaaas queridas alumnas! ¿Cómo durmieron hoy? ¿Soñaron conmigo y mi hermoso rostro? Sí, sí, yo sé que es una impresión muy fuerte tenerme como directora pero controlen sus hormonas. –Todo el mundo miraba la bocina con atención. –Bueno, tengo un anuncio para todas, así que tienen 5 minutos para estar en el auditorio, contando a partir de… ¡ya! Si no llegan a tiempo se quedan sin pastelillos de fresa de la cafetería por todo un mes. Cambio y fuera. –

En segundos los salones estuvieron vacíos.

-O-

Shinoda Mariko era una persona que daba miedo con sus palabras. Cuando iniciaba su carrera como modelo se decía que con el chasqueo de sus dedos conseguía que el staff de sus sesiones de fotografías le diera lo que ella deseaba. El hecho de que hubiera salido embarazada en plena cúspide de su fama no le impidió seguir con su trabajo, al contrario, con su mente visionaria creó una línea de ropa para mujeres que esperaban tener un bebé. A todo le sabía sacar provecho, fuera bueno o malo. Nunca se supo quién fue el padre de su bebé, era un secreto que al parecer se llevaría a la tumba pues nunca hablaba del tema ni en entrevistas donde se le cuestionara específicamente de ello.

En el auditorio no cabía ni un alma. En primera fila se encontraban Rena y Yui, atentas a todo lo que la directora fuera a sentenciar. Yui lucía ligeramente más preocupada que su presidenta.

-Señoritas, seré breve. Tengo entendido que su señor ex director era un tanto 'ojo alegre'. Necesito de su ayuda para juntar todos los testimonios posibles en su contra para así asegurarme de que no pueda salir libre ni pagando con su alma. Estaré llamando de salón en salón a cada una de ustedes a partir de hoy para escuchar lo que tengan que decir de ese hombre. Obviamente esto lo trataremos con el debido respeto hacia ustedes, sus declaraciones serán solo entre ustedes y yo. No habrá cámaras ni otras personas involucradas. Shinoda Mariko les da su palabra. –Hizo una pequeña inclinación de su cabeza para enfatizar sus intenciones. –No todo el tiempo soy una maldita, aunque les cueste creerlo. –

A todas tomó por sorpresa la petición de Shinoda. Muchas alumnas asentían con la cabeza pues era la oportunidad que necesitaban para poder decir lo que nunca habían podido expresar pues sentían que nadie les creería que un hombre tan 'respetable' fuera capaz de aprovecharse de ellas.

-Por el momento es todo, señoritas. Estaré llamando únicamente a los grupos de primero, así que las demás pueden hacer lo que quieran, solo no quemen del campus, ¿entendido? –Les guiñó un ojo y desapareció entre aplausos y chiflidos.

-O-

Así comenzó la sesión de preguntas entre Shinoda y las jóvenes estudiantes. En ese momento se encontraba Haruka siendo entrevistada. La pregunta era simple: ¿te hizo algo Akimoto Yasushi? Frunciendo sus facciones trataba de recordar algún acto extraño hacia ella, pero no logró pensar en nada.

-Pues a mí nunca me hizo nada… pero ahora que recuerdo escuché que a una de mis amigas la estuvo buscando varias veces. Se rumoreó que la seguía por las noches pero como ella seguía actuando normalmente supuse que no era cierto. No noté nada raro en ella durante esos días. –Tomó una galletita y le dio un trago al té que le ofreció Mariko.

-Ya veo, esta amiga tuya está en tu salón ¿o me equivoco? –Sus ojos estaba antentos.

-Así es, es Iriyama-san. –

-Gracias, Shimazaki-san, es todo por ahora. –En una libreta llena de apuntes escribió rápido el apellido de esa alumna para no olvidarlo.

-Con su permiso, buen día. –Se levantó y educadamente abandonó la elegante oficina. A pesar de la brevedad de la entrevista se sintió extrañamente cansada. Debió ser por la energía que esa mujer emanaba, de cerca era mucho más intensa en su manera de hablar y mirar. Sin nada más que hacer caminó sin rumbo buscando un buen lugar donde tomar una siesta.

Algo que siempre le gustó de la universidad era la gran variedad de flora que la adornaba. Le encantaba recorrer los pasillos por las mañanas viendo todo y nada a la vez, pensando en aquel encuentro, que por más que lo deseaba no había vuelto a suceder. Entre pensamientos llegó automáticamente a aquel lugar y sonrió nostálgicamente. Luego recordó a aquella chica que acompañaba a Yui el día anterior. La envidia se apoderó de ella momentáneamente. Varias veces pensó en unirse al consejo estudiantil pero con su facilidad para olvidar las cosas y su poca iniciativa se arrepentía en el último momento.

Esta vez no tuvo problema y pasó por el pequeño camino de piedras hasta llegar a un jardín donde descansaba un viejo árbol de cerezo, el emblema de la escuela. Aun le quedaban unos cuantos pétalos rebeldes que se negaban a seguir el ciclo de las estaciones, pronto sería otoño por lo que no durarían mucho tiempo en sus lugares. Haruka se acercó y como si se tratara de un ser querido abrazó al árbol.

-Ya perdí la cuenta de las veces que lo he abrazado, señor cerezo. Espero que no le moleste mi compañía una vez más. –Con una sonrisa se sentó al pie del árbol y cerró los ojos.

-O-

Rina regresaba a su salón arrastrando un poco los pies. Odiaba las horas libres cuando se suponía que debería estar en su clase de cocina. Se sentó en su escritorio bufando por la situación. Miró a Anna leyendo atenta aquel objeto que siempre llevaba a todos lados.

-¿Recuérdame por qué te regalé ese libro? Cuando lo agarras nunca me haces caso. –Fingió un tono ofendido.

Sin despegar la mirada de las letras, Anna le respondió –Para que dejara de molestarte con mis aburridas pláticas de las estrellas… –le dirigió una mirada sin mover el libro de su lugar –y porque te fastidié por él por alrededor de 10 días. –De vuelta a las letras.

-A duras penas puedo encontrar al 'sartén chiquito y al grandote', tu te sabes más el cielo que el camino a tu casa. –Rina se rió ligeramente de su broma.

-Osa menor y Osa mayor. –Con un suspiro fuerte al fin dejó su lectura. -¿Cómo te fue con Shinoda? –

-Bien, yo no tuve problema con Akimoto así que no me tardé nada. Ni una taza de té me pudo ofrecer cuando ya había terminado. ¿Y la ponkotsu dónde está?–

-¿Eh? No había notado que no estaba… -

"Iriyama Anna-san, favor de acercarse a la dirección" –decía la voz del intercom.

-Vamos a buscarla cuando salga de con Shinoda-san, ¿me acompañas? y comemos algo después, me dio hambre cuando dijiste 'sartén'. –Se acomodó la falda del uniforme y le ofreció su mano a Rina quien le sonrió ampliamente y reafirmó sus palabras.

-Por más que lo intente nunca podré ver esas constelaciones como osos. –

Ambas caminaban a paso lento. Discutían los lugares donde probablemente su amiga se escondía. Al doblar por uno de los pasillos se toparon con una alumna de tercer año.

-¡Oh! Buen día, Yokoyama-san. –Saludó Anna –Gracias por su trabajo el día de ayer, fue inspirador. –

A Yui le tomó por sorpresa ese encuentro tan curioso. Devolvió el saludo y las miró fijamente unos momentos antes de reaccionar.

-Mmmm, ¿de casualidad ustedes son compañeras de Shimazaki Haruka-san? Escuché que la llamaron hace rato para lo de la directora y quería saber cómo le fue. ¿Está en su salón? –Preguntaba con un tono ligeramente inquieto.

-Sí, es nuestra amiga pero no ha vuelto al salón. Justo vamos a buscarla para ir a desayunar. ¿No gusta venir con nosotras? Seguro se alegrará mucho de verla, todo el día habla de Yokoy-¡auch! –Rina se llevó una mano a su lado derecho del pecho, justo en su costilla.

-La verdad es que tenemos un poco de prisa, seguro está rondando como siempre por ahí. Qué pena que vino hasta acá para nada. –Anna le dio una mirada a Rina para que se quedara callada.

-Ya veo… en ese caso la buscaré en otra parte. Gracias… -

-Iriyama, y ella es mi amiga Kawaei. –Esta última seguía sobando su costilla.

Yui asintió con la cabeza y le sonrió a ambas. –Lo recordaré, gracias y disculpa por entretenerte, te acaban de llamar, ¿no? Mejor dense prisa. – Dio media vuelta y desapareció.

-De veras que eres tonta, Paru-chan nos dijo que no nos metiéramos en este asunto. Al menos parece que tiene una esperanza, me alegro por ella. –

-Pues sí, pero no tenías que golpearme, tus codos son muy picudos… -

-En parte es mi venganza porque no me has traído más postres… ¿Cómo va el negocio de tus padres? -Caminaron más a prisa mientras platicaban.

Rina se quedó pensando un momento, la verdad es que casi nunca la dejaban ayudar en la cocina porque aun cometía errores muy básicos a la hora de cocinar. La última vez pidió hacer unas de las galletas más vendidas en la tienda, puso todo su empeño en logar que salieran bien pero desde ese día se volvieron de lo menos vendido.

-Ellos van bien. Yo no. –Su sonrisa se volvió triste. –Soy la desgracia de la familia a la hora de cocinar… pero mientras no mate a nadie con mis creaciones supongo que tengo remedio ¿no? –Miraba a su acompañante con una expresión de 'lo siento por hacerte probar lo que preparo'.

Anna abrazó a su amiga. No le gustaba que hablara mal de si misma, siempre que lo hacía terminaba por abrazarla para que sacara esos pensamientos de su cabeza. Respirando profundamente sintió cómo poco a poco Rina le regresaba el abrazo.

"Iriyama-san, está a unos segundos de quedarse sin pastelillos de fresa", -sentenció la voz.

-Espérame aquí. Quiero decirte algo cuando salga. –Rompieron el abrazo para que Anna pudiera entrar a la oficina. Rina se acercó a la ventana más cercana para tomar aire. Estaba muy acalorada.

-O-

En el salón para las clases de baile, Miyuki se dejaba llevar por el ritmo de la música de su reproductor. Había más alumnas de su club practicando una que otra coreografía, pero ella estaba en lo suyo. Su modo para enseñar era un poco extraño pues ella bailaba y sus compañeras retenían los pasos que más les gustaban. Como todo era improvisado nunca los podía recordar claramente así que les dejaba el trabajo de memorización a ellas. Una figura delgada y de cabello corto tocó la puerta que estaba a medio abrir.

-Buenos días… ¿está Watanabe-san por aquí? –Sayaka escaneaba el lugar buscando a la figura en cuestión. Inmediatamente Miyuki reconoció esa voz y giró para encontrarse con los ojos de su amiga. Corrió a la puerta para saludarla.

-¡Sayaka-chan! ¿Qué haces aquí? ¿Pasa algo? –Miyuki notó que la mirada de Sayaka era como la de un niño apenado. Lucía muy tierna de esa manera.

-Es que ayer no hablamos en todo el día… Y como hoy saliste corriendo cuando se anunció que no teníamos clases te estuve buscando como tonta por todos lados. –Se notaban unas gotas de sudor en su frente y cuello, había estado corriendo.

Miyuki se sintió mal, pero luego recordó las palabras de Mayu.

"¿Has tratado de distanciarte un poco de ella?…"

Sayaka interrumpió sus pensamientos.

-El caso es que quería saber si estabas bien. Y pues estás bien, yo estoy bien, así que, todo en orden. –La 'ace' de arquería no era muy buena para expresar sus emociones. Miyuki se acercó un poco a ella y le tomó el brazo. Normalmente Sayaka la rechazaba antes de que pudiera tocarla. Pero esta vez no sucedió. Abrió los ojos como un par de platos al sentir la mano de Sayaka tomar la de ella fuertemente. Aunque duró apenas unos segundos, estaba segura de que sucedió.

-Bueno, tengo que irme. Quedé de arreglar unas cosas en la casa… Nos vemos luego. –Corriendo, aquella joven se alejó tan rápido como pudo.

-Wow, no esperaba resultados tan pronto. Debo hacerle un altar a Mayu-chan. –Miyuki entró de nuevo al salón y con una señal ordenó que todas se pusieran en posición para observar, le llovían ideas nuevas para sus bailes.

-O-

Lejos de todo el barullo, Rena estaba en su lugar favorito de toda la universidad. La biblioteca. El aroma a libros la relajaba, el silencio obligatorio aplicaba hasta para sus pensamientos. Leía una novela romántica en paz y tranquilidad. Era el sitio perfecto para relajarse, nada la podía afectar estando ahí. O al menos eso pensaba.

La puerta corrediza se abrió un poco más rápido de lo considerado 'educado', por ella entró aquella persona a la que no tenía intención de ver de nuevo, aunque supiera de antemano que era casi imposible que no sucediera algún encuentro.

Jurina caminó directo al mostrador donde se encontraba la presidenta del consejo estudiantil. Por alguna razón su rostro no mostró ninguna emoción al verla. Rena estaba segura que era la primera vez que la otra Matsui entraba a ese lugar, le pareció muy raro que supiera que la encontraría ahí.

-Te estaba buscando. Me encontré con tu compañera por suerte y me dijo que aquí te escondes cuando no quieres saber nada de nadie. Obvio no con esas palabras pero me entiendes. –Recargó sus codos en el mostrador de madera e inclinó un poco su cuerpo para mirar a Rena como si fuera un animalito de circo.

-Ya no queda nada sagrado en esta vida… ¿Qué se te ofrece? –Rena puso la mejor cara que pudo en ese momento.

-Quiero escuchar lo que escribiste. –

-¿Perdón? –

-¿Estás sorda? Dije que quiero escuchar lo que escribiste. –Jurina repitió rompiendo sus miradas.

-No entiendo qué está pasando. ¿Por qué? ¿Quieres burlarte igual que aquella mujer? –La paciencia de Rena estaba llegando a un punto en el que nunca había estado.

-Mira –Jurina se rascó la cabeza –estoy tratando de ser amable, sé que no te caigo bien, la verdad es que tu tampoco me caes muy bien, pero tenemos algo en común y es que no estamos de acuerdo en que Shinoda esté al mando ahora. Una cosa es molestar y otra es humillar… No se te ocurra compararme con ella. Así que… Lo siento… Como parte de la disculpa quisiera escuchar tu discurso, si es que no lo tienes en el bote de basura de tu casa. –Jurina hacía sus bromitas pero no obtuvo el resultado que esperaba. Rena estaba llorando, en silencio, pero lloraba.

¿Cuándo fue la última vez que alguien estaba dispuesto a hacer algo así por ella? A lo mejor el osito que su papá le regaló en su cumpleaños número ocho… ya no sabía. Siempre daba de sí y nunca recibía. Ya no se trataba de cosas materiales, era algo que iba más allá, mucho más allá.

-Pues fíjate que sí está en mi basurero… pero quisiera recuperarlo… -Su voz sonaba débil y entrecortada pero logró responderle. –

-Entonces guarda tus cosas y vámonos antes de que a esa loca se le ocurra dejarnos encerradas a todas, te espero en la fuente de la entrada. –Jurina sintió un extraño calor al mirar a Rena sonreír. Se estaba riendo mientras lloraba. –Eres muy rara –fueron sus últimas palabras antes de salir de la biblioteca.

-Mira quien habla, Matsui-san… -

-O-

-Con permiso. –Anna entró a la oficina de Shinoda para hacer sus declaraciones.

-Adelante, Iriyama-san, veo que la advertencia de los pasteles nunca falla. –Le señaló la silla frente al escritorio para que tomara asiento. –Una compañera tuya me comentó algo muy interesante respecto a Akimoto y quisiera que me respondieras con honestidad. –

-Para eso estoy aquí. Dígame qué es eso que le comentaron. –

-La cuestión es la siguiente… -

-O-

Yui caminaba a paso firme por todos los pasillos y salones que se le ocurrían. Justo ahora que tenía tiempo libre no encontraba por ningún lado a aquella chica de primer año. Tenía un buen rato buscando sin éxito.

-Haruka… ¿dónde rayos estás? –Se quedó mirando hacia una parte del jardín donde estaba el cerezo. Un pajarito se posó sobre una piedra de color extraño. Luego otro, y otro. Seguían llegando las aves, todas al mismo lugar. Ladeando la cabeza, Yui se acercó al lugar con el temor de encontrar alguna cosa descompuesta que pudiera estar atrayendo animales hambrientos.

-¡Ha-Haruka! –Como rayo se acercó para espantar a los animales que tenía encima. Había un par de ardillas comiéndose unas migajas de un pan que llevaba en el bolsillo. Los pájaros habían estado jugando con su cabello, lo tenía bastante despeinado.

-Oye, despierta… -Se arrodilló junto a ella y le movió ligeramente los hombros para no asustarla. Poco a poco Haruka abrió los ojos, parpadeó un par de veces antes de poder fijar la mirada en la persona que tenía a su lado.

-¿Estás bien? ¿Te desmayaste? –Yui la miraba confundida y preocupada.

-Mmmh, Yui-sempai… Déjame seguir soñando… Estaba con Yui-sempai… no me interrumpas… -Haruka volvió a cerrar los ojos, instantáneamente volviendo a dormir.

A Yui le dieron ganas de reír por lo extraño de la situación pero prefirió dejarla dormir. Ya abría tiempo para explicaciones cuando se despertara. Se acomodó a su lado, lo más cerca que pudo, tomó el pan del bolsillo de la menor y comenzó a alimentar a los pájaros intrusos y a las oportunistas ardillas con una sonrisa pintada en el rostro.