La historia hasta el momento:

La Universidad Sakura48 se encuentra por primera vez en su historia con una mancha su libro de perfecciones. Su ahora encarcelado director, Akimoto Yasushi fue acusado de abuso a una menor de edad. Ante la ofensa, la madre de la menor, Shinoda Mariko, modelo profesional con conocidos en cielo, mar y tierra, toma acciones legales y pretende que ese hombre no vuelva a ver la luz del sol mas que en fotografías. Tras varias declaraciones de las estudiantes, Shinoda comienza a descubrir que Akimoto es toda una ficha de la sociedad.

CAPÍTULO 4: TIC, TAC.

-Aries: Esta semana será confusa en el ámbito amoroso, pero no te desesperes, ya vendrán tiempos mejores. Cuida tus finanzas para que emprendas los proyectos que tienes estancados…-

Ceja levantada -Cáncer: No te dejes influenciar por lo que se diga a tus espaldas, eres una persona única, no te rindas ante nada…-

Sonrisa invertida -Leo: Tu vida sexual será tan activa que…–Cerrando su lectura con ambas manos, Minami se giró sobre aquella vieja silla que seguía sin arreglar- Mh, siempre he tenido esta duda, Sasshi-san, ¿de dónde sacas la información de tus horóscopos candentes? ¡Esto es ridículo!–

Con un movimiento rápido regresó a la, si le podía llamar así, lectura. Al encontrar su signo zodiacal comenzó a leer entre risas que se fueron apagando poco a poco- Escorpión: Tu sonrisa es la mejor arma para enfrentarte al amor, eso y tu mirada combinados son un equipo invencible, que no te de pena responder a los cumplidos que la gente diga, pues siempre serán con buena intención…- Un sonrojo la incomodó al término de su signo zodiacal.

Rino seguía, como siempre, haciendo multitasking en su escritorio. Con una mano tecleaba en la computadora, con la otra iba de arriba abajo con su celular, los ojos se le movían como a un camaleón.

-Todo eso tiene un fundamento importantísimo, Miichan, verás, hay algo que se llama imaginación y… -Fue cortada de golpe por unos papeles enrollados sobre su cabeza.

-Basta, no quiero perder la fe en una de las secciones más populares entre las alumnas, así déjalo. –Con un último golpe menos fuerte que el anterior con el periódico, Minami recargó los brazos sobre los hombros de su fiel compañera de travesuras y bromas. –¿Qué tanto revisas que ni me volteas a ver? –Se asomó sobre la cabeza de Rino para ver en la pantalla.

-Es una imagen de la cámara de seguridad del distrito donde sucedió el escándalo, no es gran cosa a simple vista, pero si acercamos un poco aquí, voilá –Agrandando la captura, se distinguía un hombre no muy mayor, vistiendo traje sastre y un maletín.

-Reconocería esa nuca horrenda y sebosa a kilómetros, tiene que ser Akimoto – Dijo Minami al tiempo que se inclinaba sobre Rino para acercarse más a la pantalla, frunciendo un poco el rostro en un esfuerzo por agudizar su visión. –No veo nada más fuera de lo ordinario. –Regresó a su posición inicial con la cabeza sobre la de Rino.

¡Miichan! Respeta a tu director acosador. –Ambas rieron un poco hasta que Rino levantó la cabeza, como acto reflejo sus miradas se encontraron. –Hace mucho que no te tenía tan cerca. –Con las manos le jaló las orejas hasta que la joven de cabellos cortos se quejó. –Hasta con esa cara te ves bonita. –

-Qué curioso, tú te ves más bonita desde este ángulo.-

En un impulso por parte de Minami, sus labios se estiraron hasta ejercer presión sobre la barbilla de Rino. Uno de tantos besos de amigas que compartían no con tanta frecuencia como a ambas les gustaría.

-Me llenaste de babas. –Rino puso cara de asco fingido, usó la manga de su suéter para limpiarse. Como venganza, Minami no perdió tiempo para llenar de besos a su superior.

-O-

Dentro de una de las habitaciones del campus, un grupo de chicas jugaban a las cartas, algunas miraban con odio a la única persona que no había perdido ni una sola vez durante la jornada de apuestas. La mayoría había dejado de jugar para evitar perder lo poco que les quedaba de dinero.

-No puede ser. –Yui estaba con la boca abierta por décima ocasión. -Flor imperial de nuevo, no puede ser… -Una pequeña de cabellos castaños sostenía las cartas expuestas a todas las presentes.

-¿Significa que volví a ganar? –Parecía broma, burla, incluso irónico el tono que usaba a ese punto. Se vieron cartas volando por el techo mas uno que otro grito de furia, unas chicas chiflaban y aplaudían emocionadas apoyando a Haruka. La joven había ganado todas las partidas de manera contundente. La mayor presente sacó un billete de su bolso dejándolo sin ganas en la mesa.

-Eres increíble, nadie me había ganado de manera tan aplastante. ¿Dónde rayos la encontraste, Yui? –Sae miraba a ambas esperando una respuesta.

-Bajo el cerezo del jardín, siendo atacada por pájaros y ardillas. –La respuesta trajo un silencio total seguido de una explosión de risas.

-¡Yu… Yokoyama-san! ¡Prometiste no decir nada! –La pequeña se escondió tras Yui en un intento de esquivar las miradas de todas las presentes, moría de vergüenza al recordar la manera en que su ídolo la encontró tirada, dormida y llena de hojas.

-Como sea que haya sido nos diste una buena paliza, si tuviera la suerte que tú no saldría nunca del casino. –Derrotada, Sae se hizo hacia atrás recargando el peso sobre las manos. –Lo único bueno de todo esto es que gracias a Shimazaki la vice presidenta aceptó venir a jugar, bueno, verte jugar. Es muy apretada a la hora de socializar. –

-Apostar está prohibido dentro de la escuela, es todo. –Yui mantenía su expresión de siempre, serena y tranquila.

-Reglas son reglas, ya sé… -Sin ganas de seguir hablando, la mayor se tiró de espaldas al suelo.

Haruka salió de su escondite improvisado, de sus bolsillos acomodó sobre la mesa el dinero que había ganado en las partidas. Con la cabeza agachada y una leve sonrisa se dirigió a las chicas.

-Yo solo quería divertirme un rato, no soy capaz de tomar dinero de esta manera… Espero que me inviten a jugar de nuevo, gracias, Miyazawa-sempai. –Después de una leve reverencia intentó levantarse solo para sentir sus pies y piernas totalmente entumidos, haciéndola caer de sentón golpeando la mesa frente a ella con los pies, tirando algunos vasos con jugo sobre las cartas y el dinero.

-¡Es tan tierna! –Su club de fans la encontraban adorable, sus actitudes parecían ensayadas una y otra vez. Un grupo de chicas se lanzaron sobre ella para abrazarla, otras frotaban sus mejillas con las de ella, las más atrevidas intentaban besarla donde pudieran. Una tos fuerte interrumpió la fiesta.

-Me retiro, tengo muchos pendientes en el consejo estudiantil, gusto en verte Miyazawa-san. –Yui se notaba incómoda con la situación, miraba a Haruka sonriendo y dejándose apapachar por unas chicas que apenas acababa de conocer. No es que a ella la conociera de tanto tiempo atrás, solo que la familiaridad con la que sonreía para ellas le provocaba una sensación incómoda en el estómago. Para su mala suerte, la pequeña no parecía tener intenciones de irse tan pronto, seguía sonriendo y dando pormenores de su vida privada, cosas que parecían insignificantes, pero para Yui era todo muy, muy importante.

Cuando Haruka se dio cuenta, la espalda de Yui había desaparecido por la puerta de la habitación. Rápido pidió disculpas a sus nuevas amigas para seguir los pasos de la vice presidenta.

-Gracias por todo, ¡espero que me inviten de nuevo!- Abandonó el lugar antes de que Sae pudiera convencerla de quedarse.

-Niñas enamoradas… Bueno, ¿quién se apunta para la ronda de poker de prendas?- Ya con la baraja en las manos, Sae repartía aces y corazones a sus invitadas de honor.

-O-

-Con permiso. –Anna entró a la oficina de Shinoda para hacer sus declaraciones.

-Adelante, Iriyama-san, veo que la advertencia de los pasteles nunca falla. –Le señaló la silla frente al escritorio para que tomara asiento. –Una compañera tuya me comentó algo muy interesante respecto a Akimoto y quisiera que me respondieras con honestidad. –

-Para eso estoy aquí. Dígame qué es eso que le comentaron. –

-La cuestión es la siguiente, disculpe mi atrevimiento pero voy directo al grano. Una compañera suya casualmente me comentó que Akimoto solía preguntar por usted, ¿estaba al tanto de esta situación? –Con estilo, tomó una cucharita y vertió un poco de azúcar a su bebida, probablemente un té carísimo, el aroma de la dirección era suave, entre vainilla y hierbas frescas.

Fue muy breve, casi imperceptible. Anna sintió que por todo su cuerpo pasó una corriente de aire helada. Su expresión cambió de seria a sorprendida y de nuevo a seria en cuestión de milisegundos. Para su suerte Mariko no la estaba mirando, seguía ocupada preparando su bebida.

-Sí, varias compañeras me lo comentaron más de una vez, Akimoto-san es un viejo conocido de los Iriyama, seguro eso lo mantenía al pendiente, ya que mi padre suele preguntarme por mis calificaciones. Supongo que es el peso del apellido más que una preocupación real. –Como siempre, su voz sonaba tranquila y relajada. Por un momento se sintió incómoda pero logró recuperarse como actriz profesional.

-Me tranquiliza escuchar eso, Iriyama-san, no quisiera que una señorita de una familia tan respetable como la suya se viera involucrada en un caso tan asqueroso y de poca clase, el tráfico de menores es cosa seria. –Al momento, Shinoda se había recargado en la gran silla ejecutiva, los brazos descansando a en los respaldos, con las manos unidas por las yemas de los dedos frente a su rostro.

-¿Tráfico de…?–Por segunda ocasión Anna se sintió incómoda con la presencia de la directora, comenzaba a sudar por la frente y sus palmas, ella odiaba sudar. – Vaya que sí, de todas maneras no sé nada al respecto, si supiera la ayudaría con cualquier información, pero temo que no soy de mucha ayuda pues como ya le dije, no sé nada.-

-Gracias por su tiempo, señorita, puede retirarse. –Shinoda cerró la libreta que tenía en sus piernas desde el inicio de su encuentro con la estudiante modelo.

Anna no dijo más, se levantó para abandonar la dirección, como siempre bajó la cabeza a manera de cortesía antes de cerrar la puerta. Cada paso que daba se sentía más pesado que el anterior, quería alejarse de esa mujer, de ser posible no quería verla nunca más. Algo no andaba bien, necesitaba volver a su casa lo más rápido que pudiera.

-¡Tardaste mucho!- Una voz la sacó de sus pensamientos. Rina se acercaba con la sonrisa de siempre, linda, honesta. Anna podía jurar que cada sonrisa que le regalaba era diferente, única e irrepetible. Como un bálsamo a su mente, logró relajar los pensamientos buscando un espacio para ella entre los brazos de Rina, quien se plantó al suelo congelada de la impresión. Todo fue tan repentino que se quedó sin habla, sabía que si intentaba decir algo solo se pondría en ridículo con sus balbuceos.

-Ven a mi casa, quédate a dormir, por favor…- Entre la alegría que sentía por la sorpresiva muestra de afecto de la princesa de la universidad, Rina apenas notó el tono en que su amiga le pedía un tiempo con ella. Al ser ligeramente más pequeña en estatura tenía el cuello de su amiga a altura de su rostro, en el abrazo se aseguró de acercarse a ella lo más posible, resistiendo la tentación de aspirar directamente de Anna el aroma tan particular de su piel.

Apenas recuperando la conciencia y dándose cuenta de dónde estaban paradas, Rina logró separarse un poco para hablar. -¿Qué te dijo Shinoda-san? Te noto algo pálida, ¿estás bien? –Comenzaba a bombardear a su amiga con preguntas, la preocupación notable en su voz. –Estoy bien.– Respondió Anna. –Solo vámonos de aquí, quisiera descansar un rato mientras vemos una película.– Trató de sonreír lo más convincentemente posible dado su estado ligeramente perturbado.

Viéndose incapaz de negarse a la idea de pasar tiempo juntas, Rina se llevó de la mano a su amiga. –Siento que olvidamos algo.– Un silencio mutuo se apoderó de ellas por unos instantes hasta que decidieron no pensaron mucho en ello, simplemente siguieron su camino lejos del campus y de todo lo demás.

-O-

Sentada en su lugar favorito, una joven de cabello largo y negro miraba la pantalla de su celular.

Enviado: ¿Cuándo vas a volver?

Recibido: Ya falta poco, estamos en los trámites finales de mi mudanza.

Enviado: No sabes cómo te extraño, todo es aburrido cuando no estás a mi lado.

Recibido: ¡Exageras! Estoy segura que tienes muchas amigas nuevas…

Enviado: De hecho, tengo a una de ellas en mis piernas mientras te escribo.

Recibido: ¡Mayuyu!

Enviado: Tuve que ponerme una bufanda para ocultar las marcas que me dejó.

Recibido: Adiós.

Enviado: ¡Es broma! Sabes que siempre es broma y sigues poniéndote así.

Cinco minutos después.

Enviado: ¿Sigues ahí?

Recibido: ¿Watanabe?

Enviado: Te quiero.

Recibido: Bien.

Enviado: ¿Ai-chan?

Recibido: ¿Watanabe?

Enviado: Te quiero.

Recibido: Tonta… Yo a ti.

-O-

-¡Es todo por hoy, chicas! Vamos a casa. –La presidenta del club de danza estaba bañada en sudor, sentía la sangre ardiendo por sus venas, no recordaba haberse sentido tan bien después de un ensayo como el de ese día. Seguramente su avance con aquella persona que hacía a su corazón dar saltitos de alegría tenía algo que ver en todo eso.

Las menores se despedían entre risas y felicitaciones. Miyuki se entretuvo cerrando las ventanas, acomodando las bocinas en el almacén y limpiando el piso. Eso era trabajo de los encargados de limpieza, pero a ella le gustaba ese tiempo a solas para pensar en todo y nada, además era un favor a los señores que ya eran algo grandes para esas labores, no le costaba nada un detalle como ese. Mientras trapeaba la última sección del salón, el sonido de la puerta corrediza la distrajo, haciendo que se detuviera unos instantes.

-¿Terminaste? –La voz que podía reconocer incluso en pleno centro de la ciudad le arrancó una sonrisa enorme. –Dejé de escuchar música, por eso vine a ver porque no salías. –Decía la ace de arquería mientras pasaba una mano por uno de los escritorios ya acomodados por Miyuki, se sentó de lado en la silla disponible mirando la silueta de aquella chica que últimamente no podía dejar de pensar.

A Miyuki le costaba trabajo actuar normal frente a Sayaka, además en ese momento no estaba tan presentable como le hubiera gustado, el sudor no se había secado por completo de su frente, seguramente no olía tan fresca como en la mañana, le daba pena acercarse mucho, además que debía seguir el consejo de Mayu, distanciarse no era cosa fácil pero valdría la pena al final de todo. Solo por un momento se atrevió a ir un poco más allá.

-Dijiste que tenías cosas que hacer y sigues aquí, espero que no te metas en problemas por haberme esperado.– Una risita y ya, con eso bastaba por el día para dejarla con deseos de embarrarse a su amiga como siempre lo hacía.

-Hablando de eso…- De su mochila colgante sacó una gran cantidad de papeles bien acomodados en un folder color verde. –Se supone que debía entregarle esto a Yokoyama-san, pero no pude encontrarla por ningún lado, la esperé un rato y nada, de regreso del consejo estudiantil escuché que seguían ensayando así que decidí esperar un poco. Después de todo es mejor regresar a casa acompañada, ¿no crees?– Volvió a dejar el folder en su mochila por lo que no logró ver la mueca de furia en el rostro de Miyuki. El mango del trapeador estaría gritando por su vida, si tuviera vida.

-No sabía que estuvieras ayudando en el consejo estudiantil… Yokoyama-san necesita mucha ayuda, ¿no? Eres tan buena, seguramente puedes ayudarle en estos días que no se sienten tan pesados, eres tan buena.– Repitió sus palabras hablando con la boca endurecida, con un movimiento tan preciso que dejó con la boca abierta a Sayaka, lanzó por los aires el instrumento que tenía en sus manos, milagrosamente entrando en la cubeta ya vacía del armario.

-Dime que haz practicado eso todos los días desde que naciste…- Dijo Sayaka mirándola fijamente, aun con la expresión incrédula.

–No, es la primera vez que me dan ganas de hacer algo así, he descubierto otro talento.– Después del comentario auto-adulador, Miyuki tomó sus cosas para salir del salón, pasando de largo a la joven de cabello corto. Nervios de acero la mantuvieron firme en su camino, casi con un pie fuera del lugar fue detenida por el cuello de su camisa.

-¡Miyuki!- El agarre hizo que perdiera un poco el equilibrio, trastabilló sobre uno de sus pies hasta chocar con Sayaka con la espalda. Inmediatamente sintió cómo unos brazos se colaban por su cintura, eso evitaría que intentara escapar.

La imagen fuerte que trató de mantener se derrumbó parcialmente, la cercanía de Sayaka la puso muy nerviosa, tanto que dejó de parpadear por unos instantes. Nunca había estado tan cerca de ella, lo más que había conseguido era un cruce de brazos muy a regañadientes, nada mas que eso. La sensación de tenerla de esa manera la estaba llenando de algo extraño en el estómago. Fuera lo que fuera le gustaba y mucho.

Sayaka no estaba mucho mejor, su cerebro le gritaba improperios por la tontería que acababa de cometer. -¿Ahora qué hago?- Pensó para si misma. El tiempo pasaba y ni una palabra intercambiaban, necesitaba hacer algo y rápido.

-¡El domingo!- Su voz sonó más fuerte de lo que tenía pensado, al darse cuenta la relajó al igual que su improvisado abrazo, sin soltar a Miyuki. –Tengo un torneo y quisiera que fueras a verme… Nunca te invito porque estás ocupada, espero que no tengas planes para entonces. –Sonó lo más tranquila que pudo.

Una flama ardió en el pecho de Miyuki.

-Veré si tengo tiempo, creo que tenía planes de ir con mis padres a visitar a la familia…- Mintió, quería darse de topes con la pared, correr, meter la cabeza en la cubeta de antes. Para no decir nada más juntó los labios lo más fuerte que pudo.

Al fin se separaron, no llegaron a un acuerdo en sí, pero tampoco se habían negado la posibilidad. Juntas caminaron hasta la salida sin intercambiar palabras, tampoco se tomaron de las manos, mucho menos se miraron a los ojos, las dos estaban acaloradas y con una extraña sonrisa en sus rostros.

-O-

Rena pasó el momento más raro de su vida. Había llegado a su casa seguida de Jurina que no dejaba de hacerle preguntas de su familia, de sus hobbies, de por qué le gustaba estar en el consejo estudiantil si no era una persona precisamente "sociable" a sus ojos, en fin, parecía una niña con azúcar por los cielos.

Rena la ignoró durante todo el viaje en tren, hablar ahí es de mala educación, más si lo haces con la intensidad de cierta Matsui.

Como lo había prometido en un ataque de sentimentalismo y a petición de su gemela de apellido, leería para ella aquel discurso rechazado por Shinoda Mariko.

Jurina estaba sentada con las piernas abiertas sobre la silla giratoria de Rena, recargada con el pecho sobre el respaldo, los brazos cruzados sobre el mismo. Miraba atentamente a la mayor durante su pequeño y desafortunado monólogo. Giraba en cuartos sobre la silla, de un lado a otro sobre su eje, mirando, siempre mirando. Rena se detenía de vez en cuando para mirarla, quería asegurarse de que no es estuviera riendo de ella. Algo dentro de si estaba segura de que no lo haría. Lástima que otro algo sentía que se estaba aguantando las ganas de decir algún comentario sarcástico. Como siempre, pensaba de más, no podía evitarlo.

-…"Por su atención, gracias". Ahí está, espero que estés contenta por haberme avergonzado, aun no puedo creer que me convenciste de hacer esto…- Con los papeles que tenía en la mano se ventilaba el rostro en un esfuerzo por bajarse la temperatura. El que Jurina la siguiera mirando sin decir nada le estaba dando en los nervios. –Di algo, me pones nerviosa, ¡y deja de mirarme así, me pones más nerviosa!-

La joven con sonrisa de gato comenzó a dar vueltas completas extendiendo las piernas y encogiéndolas de vez en cuando para ganar velocidad.

-¡Wiiiiiiiiiii! Siempre he querido una silla de estas en mi casa, no sé por qué no me la dan, me merezco al menos un asiento digno como la representante deportiva de la universidad, ¿es mucho pedir algo como esto?- Giros y giros daba la "niña con cara de adulta" hasta que en un descuido golpeó con la espinilla el escritorio de Rena, deteniendo, para beneplácito de la anfitriona, su comportamiento infantil.

-Matsui-san, dijiste que querías escuchar mi discurso… - La otra Matsui tomó asiento en su cama.

–Sí, eso dije.– Respondió Jurina sobándose la pierna y maldiciendo entre dientes.

-¿No vas a decir nada?- Rena movía los pies de manera impaciente, mordía la piel de su labio inferior en un reflejo de molestia.

Resumiendo sus aventuras con la silla, Jurina hablaba al aire. –Felicidades, su discurso fue conmovedor, casi me hace llorar, increíble, sin duda lo mejor en letras desde la revelación de J.K. Bowling*.–

-No me equivoqué al pensar que eras demasiado noble para ser verdad. Eres igual o peor que esa mujer… Pensé que serías diferente.– Su última frase resonó en los oídos de Jurina. Ya había jugado suficiente con la presidenta.

-Hablando en serio, no estuvo mal, pero tienes un problema. Eres demasiado seria, necesitas con urgencia salir más con tus amigas para meter algo de humor a tu cabecita. Con eso que escuché, Shinoda hubiera tenido la misma reacción que en un inicio. Necesitabas ir vestida como payasita para que te prestara atención, de lo contrario no hubieras logrado nada mas que hundirte en un pozo depresivo cuyo fondo no encontrarías ni en mil años.- Aseguró con los brazos cruzados en su pecho.

-Puede ser, el problema es que en primer lugar, así me educaron, para ser una persona seria. En segundo, no tengo muchas amigas. Me refiero a amigas verdaderas, con las que puedo hablar de lo que sea, todas las chicas que me hablan lo hacen con la intención de recibir algo a cambio… Ayuda con los trabajos, consejos sentimentales, ¡sentimentales! ¿Yo qué rayos voy a saber de sentimientos si ni mascota tengo? Me dan alergia desde que tengo memoria, sería lindo un perrito, un gatito, cualquier cosa. El problema es mantenerlos, no tengo espacio en la casa, además de que requieren muchos cuidados, es raro que esté en casa, mi mamá no puede hacerse cargo de alguna mascota porque de ella heredé las alergias, mi papá podría hacerlo pero también trabaja todo el día y todavía los animales no son capaces de alimentarse ellos solos, a menos que fueran robots, entonces sí podría tener uno a mi cuidado, lo malo sería que cuando quiera acariciarlos se sentirían fríos, no responderían a muchas cosas que solo los seres vivos logran sentir y…-

Al descubrirse hablando demasiado, cortó su tren de pensamiento de golpe. Desde que comenzó a hablar no había notado a Jurina que la observaba como si fuera la cosa más entretenida del mundo. Ya no giraba en la silla, toda su atención estaba puesta en Rena y sus palabras.

-¿Por qué te detienes? Eso es mucho más interesante que los asuntos de la escuela, sigue hablando, quiero saber más de ti, Matsui boca floja.– Apoyando de nuevo los brazos en el respaldo de la silla, se quedó escuchando a Rena por quién sabe cuántas horas. Descubrió que era vegetariana; en los deportes podía ser un poco más aplicada, aunque con el estudio lo compensaba; supo que de niña su primera mascota fue una tortuga que se enterró en la tierra y nunca volvió; re-descubrió que era una llorona cuando se le salieron un par de lágrimas al recordar a su tortuga; rió al borde del llanto cuando escuchó la historia de cómo intentó patinar y andar en bicicleta cuando niña; memorizó algunos de sus tics a la hora de hablar, ese movimiento de cabeza hacia abajo le parecía entretenido; de vez en cuando le contagiaba la sonrisa y eso le gustaba; descubrió a final de cuentas que la chica tenía muchas cosas que decir y nadie a quién contárselas.

Se descubrió a si misma deseando saber mucho más de Matsui Rena.

*=Totalmente a propósito.