La historia al momento:
Dado el escándalo de su director, la Universidad Sakura 48 colgaba de un hilo dentro de su prestigio en sociedad. Las cosas van con aparente calma entre las alumnas. Sin embargo, algo tiene intranquila a una de las alumnas. ¿No fue solo un caso aislado de acoso? ¿Qué quería decir Shinoda con "tráfico de menores"? Muchas dudas y sospechas rondaban en el aire. El tiempo avanza y no parece haber una respuesta.
Capítulo 5: ¿Bailas conmigo?
-¡Dámeloooo! ¡O te acuso con mi mamá y ya no iré a tu casa a jugar más contigo! –La pequeña de mejillas abundantes sonreía divertida, llevaba en sus manos el tan querido peluche de alpaca de su amiguita de nariz igual de redondita que una pelotita.
-No te comiste las zanahorias. Te dije que tenías que comer todas las verduras. Okaachan me dijo que te las tenías que comer o si no no te daba postre. –El peluche sonaba el pequeño cascabel en su interior con cada movimiento que la chica menor, mas mayor de estatura, hacía para alejarlo de su dueña.
-Pero me dio postre, hice lo mejor que pude… Estaban duras, ¡en el curry la zanahoria tiene que estar suaveeee! –De nuevo más saltitos en un intento por recuperar su posesión material más preciada.
-Eres una bebé llorona, si sigues así no vas a crecer bien fuerte como yo. –
-No me interesa ser un gorila… -Apenas se escucharon esas palabras.
-¿UN QUÉ? –Gritó la menor de carácter explosivo.
-¡Que no me interesa ser un gorila! ¡Gorila! –Luego de ese último grito, solo se escuchó un desgarre de tela. La cabeza del animalito voló lejos, de un empujón, la chica de dos colitas dejó el resto del peluche sobre el pecho de la mayor. Dando grandes zancadas, se fue al interior de la casa de Mayu, medio tropezando por culpa de las lágrimas que no quería dejar salir por orgullo.
-Tonta…baka… -No lloró, ella no lloraba a menos que fuera una situación muy triste. Fue por el resto del peluche y parte del relleno que había salido de este, con cuidado sacudió la tierra de la cabecita y la llevó hasta su habitación. A su edad aun no aprendía a coser, no pudo mas que guardar su alpaca rota hasta que su mamá regresara. De la chica culpable de aquello ni sus luces, y la verdad no le importaba en ese momento, si la veía terminaría por gritarle de nuevo, así que decidió dormir, esperando que el enojo se hiciera menor al despertar.
-Pfff… Solo tengo recuerdos tuyos molestándome o siendo grosera. Ya quiero verte, gorila. -
Mayu miraba a su derecha, perdiéndose en memorias de la infancia. Hacía ya una semana que Aika anunciaba que volvería "pronto". ¿Qué tan pronto era pronto? La joven no podía mas que suspirar interminables veces, para ella esa palabra significaba en unas cuantas horas, si acaso dos días, no más de eso. Conociendo a su amiga, seguro se trataba de todo un mes, eso la ponía de malas y de buenas al mismo tiempo. Las ansias de verla eran insoportables, sin contar que últimamente no se comunicaba tanto con ella como antes.
A pesar de que la señal de término de clase había sonado hacía unos cinco minutos, ella no dejaba su estado contemplativo y nostálgico. De vez en cuando podía darse el lujo de perderse y solo existir, mirando los cerezos caer con gracia, culpa de su corto tiempo de vida. Así permaneció hasta que la puerta corrediza la sorprendió.
-Quería un reencuentro como en los mangas shoujo que tanto te gustan. Yo, esperándote en el portón de la entrada, recargada en la barda; tú, caminando entre pétalos con la mochila sostenida frente a ti con ambas manos, el viento moviendo tu cabello largo y lacio, hasta que nuestras miradas se encontraran y saltaras a mis brazos. Y te veo aquí, sentadota perdiendo el tiempo. –
Fue una sensación de esas misteriosas, donde parece que jamás dejaron de hablarse, donde todo pareciera empezar desde la misma línea de tiempo otra vez.
Giró sobre su silla, recargando un brazo en el respaldo, el otro descansando en la mesa.
-En la vida real, Ai-chan, eso no pasa. –Se levantó del asiento, caminando tranquilamente hasta la puerta. –En la vida real, hacen justo lo que acabas de hacer, sorprender de la manera más inesperada, y por lo general siendo bestias como tú en este momento, hablando como si en verdad te estuviera esperando desde hace exactamente 8 días. –Bastó el roce de sus manos para que las lágrimas que guardaba por culpa de sus recuerdos salieran sin control de su cuerpo.
-Menos mal que te encontré sin tus novias alrededor, ya me veía golpeándolas a todas con mi fuerza bruta. –Aika rodeó a la mayor con tanta fuerza que temía lastimarla, para suerte suya fue respondida con la misma intensidad.
Luego de unos minutos la situación se tornó algo incómoda para las dos, separándose ya más tranquilas, Mayu exigía respuestas con la mirada.
-Sí, sí… Te cuento todo en tu casa, vamos rápido que muero de hambre por culpa de cierta niña soñadora. –
-Yo no tengo la culpa de que tu apetito de bestia siga igual que siempre. Toma, llevas mi mochila, hoy mi novia número tres no llegó así que alguien tiene que hacerlo por mí. – Una gran sonrisa se plasmó en el rostro de ambas, así, como si nada hubiera pasado.
-O-
-Adelante. –Anna dio el paso a su mejor amiga abriendo la enorme puerta de madera de su habitación. Todavía no lograba sacar de su cabeza la voz de Shinoda, penetrante como un taladro; su mirada, atenta a la más mínima señal de debilidad; aquel comentario sobre Akimoto Yasushi y su actividad contrastante con la imagen de hombre modelo que se había construido a base de naipes.
Camino a su casa preguntaba a Rina si aquella mujer le había hecho algún comentario extraño al respecto del ex director, obteniendo siempre una respuesta negativa. Para no levantar sospechas decidió dejar de cuestionarla después de la tercera vez; su amiga era ligeramente despistada, no tanto como la Ponkotsu, claro. Si seguía con el tema seguro se volvería un fastidio.
-¡Annin! ¿Te quedaste dormida como caballo? –Rina daba golpecitos en diferentes partes del rostro fino y elegante de su amiga, intentando obtener una reacción de su parte. Que se quedara parada bajo el marco de la puerta no lo vería todos los días. Notó inusual el no obtener una reprenda, cosa que la preocupó todavía más. Trató ahora estirando sus mejillas, una oreja, la otra. Se sintió valiente y le desacomodó el flequillo.
Una mano la detuvo antes de poder seguir con su ataque.
-Te perdono todo lo anterior, menos el fleco. –Sentenció Anna, que al ver el rostro de cachorrito abandonado de Rina, sonrió por primera vez en horas. Había algo en sus acciones que siempre lograban animarla. La conocía de pies a cabeza. Era una idiota con un corazón más grande que el Tokyo Dome.
Rina sintió un nudo en la garganta. Cuando logró ver su reflejo en los ojos de Anna pensó que se quedaría perdida en ellos, eran demasiado profundos y misteriosos. Se maldijo por haber tocado aquel fleco.
–Ya, no pasa nada, solo estoy un poquito cansada. Todo este asunto me tiene estresada, quisiera ser como tú y no preocuparme por ello. –Mientras hablaba, removía el saco de su uniforme. Sin ver, lo aventó al sofá más próximo a ella. La corbata estaba a medio quitar, no se molestó en removerla de su cuello, simplemente se dejó caer en la enorme y opulenta cama king size, con piernas y brazos extendidos al máximo, mirando desinteresadamente al techo.
Siguiendo fijamente los movimientos de Anna a lo largo de la habitación, Rina aspiró ese perfume único que caracterizaba a la menor. Le gustaba ir de visita porque le recordaba, en cierta manera, al aroma de la pastelería de sus padres. Tenía frente a ella una imagen que no podía ver todos los días, se sintió afortunada de ser la única persona haciéndole compañía. Aprovechó el momento a solas para acostarse a su lado. No era la primera vez que lo hacía, pero siempre se sentía horriblemente nerviosa al estar tan cerca, casi al punto de querer vomitar.
Un silencio las abrazaba, posiblemente ambas estaban cansadas y necesitaban dormir. Pasaron cerca de media hora sin cruzar palabras. A ese punto, Anna yacía boca abajo con el rostro hundido en una almohada, mientras que Rina solo esperaba a que algo sucediera. Estaba conciente de que Anna quería decirle algo, pues se lo había dicho claramente después de su encuentro con Shinoda.
Contrario a su naturaleza hiperactiva, esta vez se quedó tan quieta como pudo. Se estaba entreteniendo inflando las mejillas y apachurrándolas con sus dedos para sacar el aire, haciendo sonidos raros de vez en cuando. De pronto escuchó una risita a su lado. Anna la estaba mirando hacer sus tonterías. Volteó a verla aun con las mejillas infladas, para rematar rojas de vergüenza y de tanto que las había estado pinchando.
-¿Hace cuánto que estás mirándome? –Rina mantenía un rostro semi tranquilo.
-No sé y no me importa. Te veías entretenida y decidí no molestarte…-
-Serás tonta, yo aquí esperando a que quisieras hablar y tu burlándote de mi. –Fingía molestia, por dentro estaba que podía subir una montaña con los codos.
Anna se sintió presionada de nuevo ante aquel tema. Esperaba que ya se hubiera olvidado el asunto, aunque tratándose de Rina y un posible chisme, eso era imposible. La menor volvió a mirar al techo pensando en qué era exactamente lo que quería decir. Desde pequeña fue una niña que meditaba mucho antes de actuar, contrario a la naturaleza de los pequeños. Hacerlo de más le causaba algunos problemas para socializar. Conforme creció, esa costumbre se agudizó, se concentraba mucho más en sus estudios que en ser una chica popular. Eso último le importaba poco o nada.
-No exageres, te he visto en situaciones más ridículas. Como cuando comías helado y se te cayó por burlarte de que a Paruru le pasó primero que a ti.
Un cojín llegó directo al rostro de Anna, que entre risas regresaba los "cariños" que le daba su tonta amiga. Y ahí estaba. Esa risa entrecortada, los ojos que, por más que mirara en su interior, no podía llegar al fondo de ellos. La sonrisa que hacía de aquellas facciones perfectas lo más adictivo del mundo.
Rina se lanzó, sin pensarlo, directo sobre su amiga, todo en un intento por detenerla. Quedó sobre ella de medio lado, sosteniendo sus brazos en una pinza que no se movería. En verdad que no deseaba moverse de esa posición. Por su parte, Anna estaba agitada, pedía amablemente a su amiga que la soltara, sin obtener respuesta mas que sonidos negativos de Rina. No duró mucho su intercambio, el sonido de la puerta las interrumpió. Rápidamente acomodaron las cosas y se sentaron en la cama, como si nada hubiera sucedido.
-Adelante. –Tras la orden, una señora de edad avanzada entró con pasos cortos a la habitación.
-Señorita, la cocina está lista de acuerdo a lo que solicitó para su acompañante. –La persona que hablaba se había encargado de cuidar de Anna desde muy chica. Era casi como su segunda madre. Rina la conocía de varios años atrás dada su temprana amistad con la menor.
-¡Gracias, obachan! Es la mejor del mundo, prometo guardarle unas galletas en agradecimiento. –Anna miraba la escena con ojos de ternura. Nada como unos dulces para levantar el ánimo, pensó mientras se levantaba encaminándose a la cocina.
-Dulce… - Salió de aquellos labios rojos.
-Ah, señorita, creo que querrá arreglar su corbata antes de bajar. También usted, Kawaei-san. Mis más sinceras disculpas por interrumpir su diversión de antes, fue algo imprudente de mi parte.– La señora rió para luego desaparecer entre los pasillos de la mansión, dejando a las dos chicas rojas como bombillos.
-O-
-Bueno, esto es lo último que necesitaba. Aaah, me siento como nueva, ¿no es hermoso ir de compras, Miichan? –Rino y Minami salían de una tienda de conveniencia.
-Compras… Claro, porque nunca es suficiente ramen de vasito. Solo te faltó preguntar si vendían a peso el puño de Pockys… -Cargaba cada una con dos bolsas repletas de chatarra.
-Todo lo que hago tiene una intención de por medio y lo sabes.
-¿Y se puede saber cuál es tu intención esta vez? Además de la cantidad de caries que te esperan por comerte todo esto.
-Miichan, me decepcionas, antes eras más intuitiva. –Esperaban la luz del semáforo para cruzar la calle. –Pockys es sinónimo de juego, y en dónde más se podría jugar con estos dulces que en una fiesta.
Un escalofrío corrió por las venas de Minami, la última fiesta que organizó su compañera, digamos que no había terminado muy bien, y no precisamente refiriéndose a la fiesta en sí. Luego de cruzar la calle esperó a que le dieran un motivo para dicha celebración.
-Si te estás preguntando por qué, pues no hay motivo mas que será fin de semana y estoy aburrida. Eso y que mis padres van a salir, otra vez. –Focos rojos en el cerebro de la chica con dientes de roedor.
-¿A quienes vas a invitar…? –Esperaba de nuevo el cambio del siguiente semáforo.
De Rino solo se escuchó una ligera risa, opacada por el sonido de sus labios cerrados y los de la ciudad en pleno distrito comercial. Sabiendo las implicaciones de aquella risa, Minami suspiró derrotada, imaginándose la cantidad de tinta que se gastarían al día siguiente.
-Por lo menos no compraste alcohol, parece que aun queda algo de humanidad en ti, Sasshi-san. –La broma solo dio pie al resto del plan.
-Ahí es donde tú y tu hermosa familia entran en escena, seguro que no extrañarán un par de botellas de… de lo que sea, ¿verdad, querida Mi-na-mi? –Un guiño mal realizado bastó para que toda la esperanza abandonara el cuerpo de la joven con cabello de niño.
-O-
Al día siguiente, lo único de lo que se hablaba era la famosa fiesta. Cuchicheos por aquí y allá retumbaban por todos lados. Entre las alumnas se recordaban algunos momentos épicos de fiestas pasadas con Rino como anfitriona. Todos ellos siempre terminaban con "la piscina". Todas menos cierto grupo de chicas sabían de qué iba aquella fiesta, pues nunca habían asistido.
-¿Vas a ir? Suena como algo que te gustaría, Kawaei-san. –Anna preguntaba con curiosidad a su amiga, quien no se veía muy segura luego de un par de relatos que llegaban a medias entre los pasillos.
-Lo dudo, porque la ponkotsu no creo que vaya, y tu ni loca irías a esas cosas. Eso me dejaría sola entre mucha gente, además tengo que estudiar para el lunes… Me dieron ultimátum desde la mismísima oficina de Shinoda… Odio los exámenes sorpresa… -
-Mira, te propongo algo. –La hermosa joven hablaba con su voz de convencimiento. –Te ayudaré a estudiar todo el domingo, siempre y cuando vayas conmigo a la fiesta, ¿qué te parece eso? –
Mariposas, pájaros, búhos, pterodáctilos. Ya no sabía lo que sentía dentro de su estómago. Su amor imposible, invitándola a una fiesta. A una fiesta. Repitió en su mente la invitación tantas veces como pudo. Solo para asegurarse, preguntó de nuevo.
-¿Qué?-
-Baka, dije que vamos a ir a la fiesta y luego estudiaremos como cuando querías entrar aquí. Llevaré algo del pastel que sobró de mi casa para darte ánimos. De nuevo, Rina no supo qué hacer, estaba feliz, más que feliz.
-Yo sí voy a ir. –La voz floja y tranquila de Haruka rompía con la magia del momento.
-¿Qué? –Preguntaron las dos chicas, mirando hacia la susodicha.
-Dije que voy. Yu… Yokoyama-san va a ir, me acaba de avisar por celular… -Sus mejillas estaban encendidas, tecleaba su respuesta a la velocidad de la luz. –Listo, ahora a esperar a mañana, hehe…-
-Eeeeeeeeeeh. –Fastidiaban con su tono de voz al mismo tiempo. Anna inició el interrogatorio. -¿Desde cuándo te llevas tan bien con Yokoyama-san? Eso sí que no me lo esperaba de ti, Haru. –
-Nuestra bebé está creciendo, Anna. Pronto nos dejará solas a ti y a mí en los recesos para irse con su senpai a desayunar al techo de la escuela. –
-No molesten… Ustedes no saben lo que ha hecho por mí, la admiro mucho. Siempre me ayuda cuando tengo duda en algún tema. Gracias a ella logré hacer amigas nuevas, aunque se me cuelgan mucho todo el tiempo, pero no es algo malo, al contrario, tenía tiempo sin sentirme aceptada aun con mis metidas de pata de siempre. El otro día me invitó un helado, me dijo que se sentía bien junto a mi, que podía relajarse de sus deberes como representante de las alumnas… Si puedo hacer aunque sea eso por ella, lo haré sin dudarlo, estaré con ella siempre que me lo pida. –Los hoyuelos de su rostro denotaban la alegría que le daba el hablar de Yui.
Rina y Anna cubrían su boca para no gritar de la emoción.
-Ponkotsu, ¿te has imaginado abrazándola o dándole un beso? –Leña al fuego, codo en la costilla para Rina.
-¡Un beso! – Haruka se levantó de golpe, quedándose parada en su lugar. –No… Qué miedo, nonono… No, no lo he imaginado… -Su rostro ardió, ahora mismo lo imaginaba.
-¿Miedo? Es solo un beso, puedes alegar que es un beso de amigas, no pasa nada y las dos saldrían ganan- ¡AUCH! ¿Ahora por qué? –De nuevo el golpe para Rina. Anna solo le sonrió a su amiga para disiparle los miedos, o al menos intentarlo.
-Toma tu tiempo, Haru, nosotras te apoyamos siempre. Confía en que todo va a salir bien, mientras seas tú misma no tienes de qué preocuparte. –La mayor de las tres retomó su asiento, ya más tranquila y con la temperatura normal en su cuerpo.
-Gracias, espero que todo salga bien, por tu culpa ya me puse nerviosa, Bakaei… -Reclamaba con su espíritu de siempre, aprovechó para darle un ligero golpe en el brazo a Rina. –Ustedes también deberían avanzar. –Asintió con naturalidad. –Les traeré algo de comer, me pusieron de buen humor.– Corrió fuera del salón, cosa rara pues siempre caminaba.
Anna y Rina se quedaron en un incómodo silencio. Ahora ellas no encontraban qué decirse.
-Esa tonta, a veces no entiendo lo que dice, le falta un… -Rina se maldijo por mirarla, por mirarse a sí misma en el reflejo de aquellos cristales preciosos. –¡Espérame, Paru-chan! –Corrió tras su amiga, Anna no le quitó ni un segundo la mirada hasta que abandonó el lugar.
-O-
-Te prometo que se vuelve divertido.-
-Hace una hora me dijiste eso. Aun no veo payasos por ningún lado, y eso que odio los payasos. ¿Me recuerdas en dónde está lo divertido?- Jurina dejó un libro sobre un estante, sin siquiera molestarse a ver el contenido o el título.
-Ya te volviste a equivocar, mira, esta es la zona B, ese es un libro de biología, no de física. Además empieza con "N" el nombre del autor, o sea que va del otro lado.- Rena colocó el libro de nuevo en la canasta de la menor, esperando que ella misma lo pusiera en el lugar correspondiente.
La joven deportista estaba en el límite. -¿Holaaaaa? ¿Diversióooooon? –Gritó dentro de la biblioteca, ni su eco se molestó en contestarle. -¿Ves? Esto no es divertido. ¿Por qué las alumnas no pueden regresar los libros cuando los desocupan? Esto es un fastidio, en serio… Ele, ele… Aquí… -Arrastraba los pies como protesta por su aburrimiento.
-No pueden regresar los libros porque… porque no. Va contra las reglas. –Tomó un par de libros que Jurina debía acomodar, a ella ya se le habían terminado. –Ofreciste tu ayuda, aceptaste porque te dije que sería divertido, si no sabes divertirte haciendo esto, tienes problemas. – Subió un pequeño escalón de apoyo para dejar el último libro en su lugar, no sin antes darle una ojeada rápida, sonriendo al recordar parte del contenido del objeto.
-Ugh, olvídalo, no puedo razonar con un pez. – De un salto puso el último de sus libros en donde correspondía. –Ya, ahora vámonos antes de que mi cerebro sufra un calambre de tan poco movimiento…- La menor suplicaba, de haber sido posible estaría pataleando como niña.
-Ya casi, solo falta llenar la bitácora del día y podremos irnos.- Dijo una Rena feliz. –Nunca había terminado tan pronto con el acomodo de libros, has sido una gran y quejumbrosa ayuda. –La Ace dejó caer el cuello hacia atrás en frustración, fue a la silla más cercana a ella y se desparramó en ella, importándole poco o nada que su manera de sentarse levantara su falda más de lo normal. Gruñó al sentir frío en las piernas, buscaba algo que decir o hacer, hasta que su cerebro reaccionó.
-¡Claro! –Sacó rápidamente un papel de su mochila. –La fiesta, tienes que ir a la fiesta, eso hará que sepas lo que en verdad es hacer algo divertido. –Haciendo alarde de sus habilidades, llegó en un segundo hasta el escritorio donde Rena estaba concentrada llenando formularios.
-Ah, la fiesta de Sashihara san… Claro, siempre voy… ¿Eh? –Contestó en automático, pronto se sintió fría y su piel se tornó más pálida de lo normal.
Una ceja levantada y una sonrisa de gato la miraban intensamente.
-Habla. –Fue todo lo que dijo la menor, exigiendo detalles mientras se sentaba en el escritorio de Rena, cruzó una pierna y se recargó con los brazos hacia atrás.
-No… Dije que siempre voy a supervisar que todo esté en orden… Con ella nunca se sabe y siempre hay chicas jóvenes que no saben cuidarse bien, cuando Sasshi toma se puede volver algo inquieta… Más si se le ocurre algún juego extraño, entonces me veo obligada a participar para que la moral no se pierda… Aunque este año no creo que sea necesario ir… Yokoyama-san irá y puede encargarse ella sola… -La letra comenzaba a salirle extraña.
-Me dijiste que no tenías amigos. Y le acabas de llamar "Sasshi".-
-Sí, bueno… es que nos conocemos por el consejo estudiantil y el periódico, trabajamos en conjunto… a veces… -Ya empezaba a empacar sus cosas rápidamente.
-Ajá… Oye, te falta un poquito ahí. –Jurina señaló la hoja a medio llenar.
-Bueno, llevamos mucho aquí y ya se hace de noche, el lunes terminaré con todo… Vamos vamos, que ya se hace de noche…
-Sí, ya dijiste eso, Matsui-san. – Ahora sí que estaba sorprendida. Rena en una fiesta era algo que debía de ver. Solo debía asegurarse de que asistiera, y eso no sería fácil, ahora Rena sabía que Jurina haría hasta lo imposible por descubrirlo.
Eso no le agradaba a la mayor en lo más mínimo.
-O-
De noche. Oscuridad. El sonido de una cuerda tan tensa que rompía el silencio absoluto del momento. Una joven de cabello negro luchaba contra su propio pulso. Algo la tenía intranquila, era el cuarto intento fallido. En su estado le era imposible lanzar una sola flecha. La competencia era en unas horas. Llevaba todo el día intentándolo, sin éxito.
El sudor que humedecía su ropa, haciéndola transparente; el cuello brillante y unas cuantas gotas de agua cayendo por las finas puntas de aquel cabello semi-corto; la temperatura de su espalda.
Un disparo más que choca contra la pared.
Mordía su pulgar en frustración, no podía concentrarse. Se sentía inquieta, el blanco parecía escapar de su puntería.
Sayaka se puso de rodillas, terminando el proceso de disparos. Cerró los ojos solo para volver a encontrarse con aquella imagen en lo más turbio de sus recuerdos.
El jugueteo de sus dedos; sin intercambio de palabras al caminar; un abrazo de despedida, que más que un abrazo se sintió como un intento de fusión entre ellas.
Culpa de su mente, la cuerda del arco le causó una herida en la mano mientras lo guardaba. Genial, ahora con la mente echa un desastre y con su mano de apoyo en mal estado. La competencia se veía cada vez más imposible de ganar.
"Quédate."
Mierda, ahora sí estaba en problemas.
Aquellos labios carnosos, enrojecidos por los dientes sobre ellos, esperando una respuesta que nunca llegó en forma verbal.
"No puedo, tengo que practicar."
Mentira.
Cargó su mochila rumbo a casa, molesta consigo misma. Quería quedarse y no lo hizo. La práctica fue un fracaso. Debió quedarse y no lo hizo.
Un beso rápido sobre su mejilla, más rápido que lo que tarda la flecha en salir disparada.
-Maldita seas, Miyuki. –Acalorada y frustrada, se detuvo para comprar una bebida en una máquina expendedora, terminándola de golpe, lanzando la lata al cesto de basura, que parecía burlarse de ella, pues rebotó en la orilla, terminando en el suelo, girando y girando hasta que fue aplastada por el pie de la arquera.
"Buena suerte. Te veo el sábado."
¿Desde cuándo necesitaba la cercanía de aquella joven para poder funcionar? Las ganas de cualquier cosa se habían esfumado de ella. Si tan solo la tuviera cerca podría preguntarle por qué el beso, por qué aquella mirada antes de cerrar su puerta.
-O-
El día de la famosa fiesta había llegado. Desde muy temprano, Rino y su fiel compañera Miichan preparaban todo para el evento más importante del año, según ellas.
-¿Globos con retos dentro?-
-Check.-
-¿Botana?-
-Check.-
-¡Los pockys! ¿Dónde están? – Buscaba frenéticamente las bolsas con la atracción principal de la noche.
-Aquí están, tranquila. Check.-
-Excelente… y… nuestras invitadas de honor… ¿vendrán? –Rodeó a la joven cómplice por la cintura, con la esperanza de que todo estuviera como según tenía planeado. –Dime que sí vendrán. –Le suplicaba al oído a la mayor, ganándose un sonido de protesta de su parte.
-Ya me dijeron que sí vendrán… -Respondió, dejando la libreta de apuntes a un lado. –Me debes una, Sashihara, una muy grande. –Le estiró las mejillas como ya le era costumbre. –Si mis padres se enteran, sabes que me matarán. Primero a ti y luego a mí. –
Unos labios encontraron una oreja con la cual juguetear, dando mordidas y pequeñísimas succiones.
-¿Te puedo pagar por adelantado? Si quieres en abonos chiquitos para pagar poquito…- Con precaución felina, una de las manos de Rino se paseaba por el abdomen de Minami, haciéndole cosquillas con las yemas de los dedos.
-Me vas a tener así todo el día… Eres cruel… -
-O-
-Sashihara Rino presenta… Fiesta anual anti aburrimiento y estrés… Heeeh, suena interesante. –Un click retumbó en un pasillo solitario de la Universidad, donde cierta modelo retocaba su cargado maquillaje.
-O-O-O-O-
Gracias a quienes me presionaron hasta la muerte para que siguiera con esto, la inspiración ha vuelto a mi gracias a ustedes :3
