Hasta el momento: La vida de las estudiantes de la Universidad Sakura48 necesita un respiro. Gracias a la nobleza de la presidenta del periódico escolar, una gran fiesta toma lugar justo antes de empezar con los exámenes.
El escándalo de su director poco a poco queda en el olvido. Parece que las cosas van mejorando para todas.
Capítulo 6, parte 1: Sígueme.
Domingo.
-¡Hey! Pies abajo, compórtense como señoritas, no como vagabundas. Esos sillones no se van a limpiar solitos.-
Rino iba de un lugar a otro, sirviendo en lo que podía a las invitadas de honor de la mega fiesta anti aburrimiento y estrés, como ella la había nombrado ese año. Fungía más como edecán que otra cosa, ayudada de su fiel compañera, Minami.
-Háganle caso, o las va a tener haciendo servicio social obligatorio en el periódico escolar.- La menor se aseguró de decir aquello lo suficientemente alto para que más de una la escuchara, así se ahorraban regaños futuros.
Rápidamente, las charolas con comida que llevaban se vieron vacías, igual las de bebidas, obligándolas a regresar a la cocina por más chatarra. Un enorme suspiro rompió el silencio entre las chicas, claramente agotadas por adjudicarse un trabajo que, según Minami, pudieron evitar fácilmente.
-Sasshi-san, no estudié hasta este punto de mi vida para terminar sirviendo papitas y refresco a la gente. Y, ¿en serio? ¿Trajes de maid?- Miró sus ropas negras y blancas, con encaje blanco en las orillas del delantal igual de blanco que las medias largas que usaban. –Estos fetiches tuyos se vuelven cada vez más extraños e incómodos de complacer.- Siguió llenando vasos, ahora con ponche de frutas.
-Es un favor a nuestras fans, no me digas que no sentiste las miradas depredadoras de las de segundo año. Las tienes en la palma de tu mano. Con suerte este año alguien se integra al periódico, sería lo mejor que podría pasarnos, lo sabes bien.
-Sí, pero ya las tenía locas incluso sin usar esto… Ya, no quiero discutir algo tan ridículo.- Minami se preparaba para salir de la cocina, hasta que un par de brazos la detuvieron suavemente para que no dejara caer la charola plateada que llevaba en las manos. Con agilidad y destreza, unas cuantas onzas de un líquido de color claro y aroma aguardentoso se mezclaron hasta desaparecer en las bebidas.
-No.
-Es lo más suave que trajiste, te prometo que no pasará nada. Me tomé la libertad de probarlo antes de que llegara la gente, ni te diste cuenta, ¿verdad?- Antes de tapar la botella, le dio un pequeño trago. –Tenemos un trato; ya cumpliste tu parte, cuando esto termine yo cumpliré con la mía.-
-Y es por eso que no dejaste que me acercara, hueles a alcohol, Rino.- Minami arrebató de las manos a la mayor tan peligroso objeto. Miró la etiqueta, soltando su ya famoso suspiro. –Es dulce… Juro, juro, que si algo pasa no vuelvo a poner un pie en tu casa.
-Mujeres… En cantidades pequeñas no pasará nada, relájate, Miichan, es solo para que se suelten un poco, acuérdate que la siguiente semana son exámenes, hay que darles un respiro... –Presionó con las manos las regordetas mejillas de Minami. -¿Has escuchado la palabra "fiesta"? La gente va a divertirse en esas cosas. A veces cantan, hacen concursos tontos, bailan, etcétera.-
Con dos manotazos, la menor de las dos se liberó. Luego le sacó la lengua.
-… Suenas como mi mamá.- Corrió por su vida.
-¡Sashihara!- Mirando los vasos, los llevó de mala gana, asegurándose que fueran para las invitadas mayores, así no se sentiría tan mal de lo que pudiera pasar.
-O-
Casa de Matsui Rena: 8:48 pm
-Caracol, tortuga, oso perezoso, abuela, camión a medio día.-
Jurina no dejaba de darle nombres a Rena. Desde muy temprano llegó a invadir su casa para fastidiarla con la idea de ir a la fiesta. No dejaría que la oportunidad de verla en un ambiente distinto a los libros y trabajo se fuera para no volver hasta el otro año.
-En serio que nunca había conocido a alguien tan lenta para alistarse…- Se quejaba para sí misma una desesperada Jurina, que poco le faltaba para quedarse dormida esperando. De no ser por su juego de palabras ofensivas se habría vuelto loca desde hacía dos horas. Incorporó la mitad de su cuerpo, apoyada en los codos, mirando atentamente la puerta del baño, como si esperara un milagro y alguien sacara de ahí a su gemela de apellido. Como no pasó nada mágico, prefirió dejarse caer de nuevo sobre el colchón.
-Señora gorda en tacones, bebé sin andadera, morsa en arena…-
-¡Ya, ya voy! ¿Puedes dejar de insultarme? Eres tan infantil, Matsui.- Del otro lado de la puerta, Rena se miraba al espejo. Tenía tiempo sin arreglarse tanto para un evento social. Porque a eso iba, no a una fiesta a perder las inhibiciones. Evento social sonaba más elegante y menos culposo. Convenciéndose a sí misma de aquellos pensamientos, al fin dio vuelta a la manija de la puerta.
Jurina de inmediato se levantó, esperando ver a una monja salir del baño.
-Wow…
Todo en negro: botas estilo militar, falda a punto de ser moralmente prohibida, top negro con cierre al frente, cubría los hombros con una chaqueta de cuero. El cabello oscuro caía por uno de los lados del rostro de Rena, contrastando con su piel blanca, brillante.
-¿Y bien?- Claro, tenía que dar una vuelta para mostrar todo el atuendo. –No sé cómo tomar tu silencio, si no vas a decir nada, vámonos antes de que me arrepienta.- Buscó los ojos de Jurina luego de tomar su bolso. Era como si un robot la estuviera mirando de pies a cabeza. Rena tuvo que acercarse a la menor para chasquear los dedos frente a su cara. –Cuando te me quedas viendo así das miedo.
Salió de su trance, evitando a toda costa volverla a mirar. –Ah, te ves bien, diferente pero bien... ¿No te va a dar frío?- Fue todo lo que pudo decir la Ace, estaba perdida en pensamientos que jamás pensó tener, al menos no referidos a la antipática Rena. –Lleva otra cosa…
-No te preocupes, si me da frío entro a la casa y listo. Cuando la veas por dentro te harás muchas preguntas sobre Sasshi, es un misterio de dónde saca el dinero para darse los lujos que tiene.
Jurina salió primero, estaba claustrofóbica y necesitaba aire. Rena iba unos pasos detrás. Justo antes de salir, un hombre alto de voz ronca y grave la detuvo con la voz, lanzando un pequeño objeto hasta caer en las manos de la joven.
-Dijo tu madre que lo uses, es para la buena suerte.- Una risa escandalosa desapareció en uno de los pasillos.
Confundida, pues no alcanzó a ver bien la forma de aquella cosa, abrió los puños, dejando ver un dije plateado en forma de círculo, justo en el centro había un pequeño diamante.
Una ola de recuerdos la obligaron a fruncir el ceño. –Lindo detalle.- Metió el dije en el fondo de su bolsa de mano, al fin alcanzando a la más que desesperada Jurina.
El camino a la casa de la anfitriona fue corto gracias al amable taxista que por poco las mata en cada intersección. Como era de esperarse, el lugar estaba a reventar. No era cosa rara, ya era tarde dentro de los estándares de Rena.
-Matsui-san, quiero que prometas algo…- Jurina levantó una ceja, guardó el espejo con el que se aseguraba que todo estuviera en orden para poner atención a su compañera. –Si acaso, en el remoto caso de que estés por ahí y veas que… ummm, empiezo a bailar raro… Quiero que me detengas y me lleves a casa.- Estaba más roja que el labial que usaba Shinoda para aparecer en público.
-Momento, no entiendo nada. Estás actuando muy raro, explícame qué pasa. ¿Esa imagen de niña buena y recatada qué rayos es? ¿Qué tanto escondes, Rena?- La confusión en su voz era evidente.
-Di que sí, por favor. Tenme paciencia, es una larga historia para contar aquí. Más cuando una ola de chicas viene hacia acá.
-¿Eh?- Al instante, un buen número de invitadas atravesaron el patio a grandes pasos, gritando como locas al verlas. Rodearon a las dos jóvenes, jalándolas hasta el interior de la casa, donde la música, el alboroto y, principalmente sus fans, las separaron.
-O-
-Me pregunto quién llegó, esos fueron unos gritos bastante animados.- Dijo Rina, mientras estiraba el cuerpo en una silla blanca, de esas para tomar el sol. A su lado estaban sus dos amigas inseparables.
-Seguro es Yokoyama-san, las grandes estrellas siempre llegan al final. ¿Te dijo que iba a venir, verdad Paru?-
Sin quitar la vista de la entrada de la piscina, Haruka se deprimía más con cada segundo que pasaba. Su corazón latía fuerte con la idea de que la misma persona que la invitó, no llegara.
-Me lo dijo aquel día, que iba a venir. No nos vimos antes de eso así que no puedo decir que fue la invitación más formal del mundo, pero lo dijo y no creo que falte a su palabra… ¿No lo haría, verdad, Annin?
La joven de largos cabellos sonrió con ternura para su amiga, tratando de darle ánimos. Llegó hasta su lado para darle un pequeño abrazo y unas palmadas en la espalda.
-No creo que sea ese tipo de personas, va a venir, no desesperes. Kawaei, se una niña buena y trae algo de tomar para nuestra amiga enamorada, necesita cariñitos para animarse.- Anna dio su mejor sonrisa, aquella imposible de evitar, directo a la pobre Rina, que sin siquiera hablar fue en busca de algo para tomar. Avanzó poco gracias a las lindas edecanes voluntarias que pasaron cerca. Tomó el primer vaso que tuvo al alcance.
Escurriéndose como un fideo entre personas, regresó a sus amigas.
-Está un poco fría, no te vayas a enfermar, bebé.- La joven ponkotsu no tardó en dar grandes tragos, intentaba deshacer el nudo que tenía rato en su garganta. Entre mimos y la bebida, que curiosamente la hizo entrar en calor, pronto sintió relajados los hombros y los ánimos recuperados.
-Propongo que levantemos algo de polvo, ver a tanta abuela bailando anticuadamente me da comezón. Hay que enseñarles cómo se hace, no soporto ver sus osamentas ofender el ritmo de la música.- Sabía que era poco probable que le hicieran segunda, aun así se arriesgó a invitarlas a bailar. Casi grita al ver a Anna levantarse.
-Paru está en otro planeta, vamos a bailar. Pero te advierto que no soy nada buena, odio bailar.- Tomó a su amiga de la mano, llevándola más cerca de la música. -¿Me dejo llevar por el ritmo y ya? Estoy perdida en esto.- Anna pasó un mechón de cabello tras su oreja, mirando al suelo, claramente apenada por una cosa tan simple como bailar.
-No. Si te dejas llevar te vas a ver como el montón de abuelas.- Al poco tiempo, ambas reían a sus anchas, intentaban copiar algunos pasos de sus artistas favoritos de pura memoria. Anna dejó de moverse cuando Rina se olvidó de hacer cosas que ella pudiera imitar. La música terminó, enseguida se escuchó una ronda de aplausos para la chica de risos marrones.
-¡Así es como se baila, abuelas!- Esperaba un codo en su costilla, extrañándolo luego de haber dicho algo como aquello.
-Tienes tu gracia para el baile, no eres una completa idiota después de todo.-
-Me niego a tomar eso como un cumplido, bakannin.-
-No era un cumplido, así que no lo tomes. Te olvidaste de que no sé bailar, haz algo más fácil para que te siga, bakaei.- El más tierno de los pucheros apareció en la menor, dejando a Rina en las nubes.
-Claro, ok, mira… Puedes mover los brazos así, de un lado a otro, si levantas los pies como si dieras pasitos en tu lugar también funciona, y de vez en cuando puedes dar una vuelta o levantar los brazos si la música se pone fuerte, eso se ve bien y…- Un par de brazos alrededor de sus hombros la detuvieron. Levantó la cara y ahí estaba. La mirada que necesitaba saber si era solamente para ella.
-Muy difícil, no entiendo. Mejor te voy a pisar y así nos movemos juntas, ¿te parece?-
Rina pasó las manos de tocar el aire a la cintura de la chica más alta, tenía miedo de hacer algún movimiento en falso que le hiciera ganarse un golpe. Sin darse cuenta, comenzaron un movimiento lento de un lado a otro.
-La música es electrónica, ¿tienes idea de lo ridículas que nos hemos de ver, señorita perfección?-
-Me estoy dejando llevar, aunque no por la música… Creo que voy mejorando.- La sonrisa en los rostros de ambas era grande y torpe. Al diablo la música, ese momento era de ellas, no de las miradas ajenas.
-O-
-Aquí tiene, en unas horas venga por mí, como acordamos.- Yui bajó de un vehículo negro, bastante elegante, una calle antes de su destino. Igual que Rena, había tenido problemas para elegir un atuendo que la dejara satisfecha. Se decidió por un vestido negro y rojo de una pieza, joyería negra a juego con los zapatos. No se veía nada mal, según ella. Incluso optó por cambiar de peinado, por ser una noche especial.
En la entrada poca gente le puso más atención de la que esperaba. Algunos cuchicheos se alcanzaban a percibir, pero inmediatamente eran apagados por risas o música.
-No me reconocen.- Pensó para sí misma. Ciertamente era un cambio drástico de imagen. Agradeció el pasar sin problemas entre la gente, eso le ahorraba tiempo y charlas incómodas. De todos modos trataba de agachar la cara cuando pasaba junto a algunas de las chicas con quienes recordaba haber tenido pláticas eternas en la universidad. Su único objetivo era encontrar a una persona.
-¿Yokoyama-san?- Rino, la única que podía encontrar una aguja en un pajar.
Con toda la fuerza de voluntad que tenía, aguantó la risa al ver la ropa que la anfitriona usaba. -Shhhh, he tenido suerte de que nadie lo sepa.- Hablaba casi en secreto para que su voz no se escuchara. – Busco a alguien pero creo que debe estar afuera, no la veo por aquí.-
-Si no está aquí, está en la piscina, y si no está en la piscina, es que no vino. Te dejo, tengo trabajo que hacer.- Le dio un vaso de ponche y desapareció en la cocina.
Llegó furtivamente hasta la piscina. Ahí estaba, rodeada de chicas que seguramente acababa de conocer. Reía a carcajadas como nunca en la vida la había visto. Poco a poco se acercó, cuando ahogó un grito al ver cómo su cita saltaba directo al agua.
Las demás chicas gritaban emocionadas, aplaudiendo el valor de la chica alegre. Cuando logró salir, inmediatamente sintió un agarre en su brazo. Sin decir nada, se dejó llevar a donde fuera, seguía riendo y recuperando el aliento luego de su gran hazaña.
-¿Estás loca?- Preguntó Yui, luego de cerrar la puerta que daba al baño.
Unos ojos achicados la trataban de reconocer, se veía confundida, la voz le era familiar, pero el rostro era diferente. No podía ser.
-¿Yui? ¿Eres tú?- De pronto sintió un saco de piedras en el estómago.
-Soy yo, Haruka… Veo que llegué un poco tarde.- Tomó una toalla para secarle el cabello, cuidando de no agitarle mucho la cabeza, estaba segura que algo había provocado su comportamiento tan extrovertido.
-¡Yui!- Por poco la abrazaba, pero recordó que estaba empapada. –Te ves... estás muy guapa… Creí que no vendrías… Siempre me ves haciendo cosas raras…-
-Parece que el chapuzón te regresó a la tierra.- Dejó las manos sobre la cabeza de la menor, sonriendo de medio lado ahora que con más calma vio el estado en el que se encontraba. –Vamos a pedirle a Sashihara-san algo de ropa en lo que esta se seca. No te separes de mí.-
La buscaron lo más rápido posible, ahora eran un dúo que llamaba la atención quisieran o no. Al encontrarla les indicó dónde quedaba el cuarto de lavado, donde esperaron en silencio a que la secadora hiciera su trabajo. Haruka se cubría con una toalla, tiritaba ahora que sus sentidos estaban de vuelta.
Convenciéndose a sí misma de que era lo correcto. Yui pasó las manos por los brazos de Haruka, dándole algo de calor. Se sonreían, era como una extraña rutina el estar solas, el que una cuidara de la otra. Un acuerdo sin palabras. Un cálido abrazo entre ellas, que decía más que todas las palabras del mundo.
-O-
-¿Tienes un minuto? Necesitamos hablar.-
-No le negaría una charla a una vieja amiga.-
-Pero no aquí, ¿podemos ir a tu habitación? Siento que las paredes oyen.
-Juraste que no volverías a poner un pie en ese lugar. La señorita presidenta no puede romper juramentos, qué va a pensar la gente si se enteran… No, no, no quiero pensarlo.-
-Sabes que no lo haría de no ser necesario. Ahora es cuando tienes que olvidarte de esas cosas y ser eso, una buena amiga.-
-Dije vieja, no buena. Pero supongo que no me cuesta nada hacerlo, siempre y cuando a ti no te moleste después. Ten, al fondo a la izquierda, en seguida te alcanzo.-
-Mentirosa, es la derecha.-
Apretando fuerte una llave, Rena se hizo paso a la habitación de Rino, asegurándose de que nadie la observara.
-O-O-O-O-O-O-O-
A/N: Enjoy, juro por mis chinas que la parte dos viene muy pronto.
