Capítulo 6, parte 2: No te pierdas.
-Domingo por la mañana, torneo de arquería.-
Dicen que cuando las cosas salen mal, van a salir lo peor posible. Sayaka no era una persona que se dejara influenciar por dichos o supersticiones, pero ese día sentía unas ganas inmensas de golpear a todos los dioses existentes en la cara. De ser posible con un palo lleno de clavos.
Pasó la noche en vela, girando en la cama en un inútil intento por conciliar el sueño. La noche anterior no logró acertar un solo tiro en el blanco. Quedaban cinco horas para que pudiera dormir. Con eso era suficiente para recargar energía, aunque si dormía, alguna imagen poco agradable se haría presente en sus sueños, tal como había estado pasando desde semanas atrás.
Aspiró profundo por la nariz, reteniendo el aire lo más que pudo hasta soltarlo lentamente. Necesitaba delimitar sus prioridades: primero, la competencia; segundo, sus sentimientos hacia una tonta de sonrisa contagiosa. Ese era el orden correcto.
El problema es que ese no era el momento para pensar en la prioridad número dos, ya que el arco no lanzaría las flechas por sí solo. La competencia estaba avanzada, de diez personas ella ocupaba el lugar siete en la tabla de puntuación. Quedaban tiros suficientes para poder remontar, siempre y cuando acertara al centro los siguientes cinco disparos. Según sus cálculos eso la pondría dentro de los primeros lugares.
Se maldijo por aspirar a un tercer lugar, jamás se había conformado con tan poco. En su mente era todo o nada. Ganar o perder. Con eso en mente, cargó la flecha de su siguiente tiro. Abrió y cerró el puño que se había lastimado en el entrenamiento, tanteando el dolor para medir la fuerza que podía hacer. Encontrado el punto justo de comodidad, desvió la mirada del blanco hacia las banderas que indican la dirección e intensidad del viento. Todavía no era el momento. El reloj que daba el tiempo límite para realizar el disparo llegaba peligrosamente al final.
Todavía no, un poco más.
Las banderas aflojaron el movimiento. Un silbido perforó el aire, el blanco fue perforado dentro de la marca de tiro perfecto.
-Todo o nada, Yamamoto.-
Su siguiente tiro llegó más rápido de lo que imaginó. Los demás competidores eran, en su mayoría, novatos. Tres de ellos habían competido antes con ella, así que eran los únicos a quienes debía tenerles cuidado. Sus primeros tiros no fueron los mejores de su vida como arquera, por esa razón ahora hacía sumas rápidas en la mente, ayudándose a conservar la calma cuando los tiros de sus rivales se vieron afectados principalmente por el engañoso viento.
De nuevo tensó la cuerda, repitiendo con exactitud de robot los movimientos previos. Abrir y cerrar el puño; vista fija en las banderas; esperar; guardar la respiración; disparar. Nueve puntos más a la bolsa. Su turno para descansar y analizar a los demás lo aprovechaba revisando la venda en su mano. Hasta ahora había resistido bien, pero el calor le provocaba sudor, por lo tanto comenzaba a arder la herida. Cosas pequeñas como esa no le suponían una distracción importante. Había competido incluso con parches en los ojos por culpa de ligeras infecciones.
El siguiente disparo lo preparó más rápido gracias al viento que no soplaba en su turno. Celebró la nueva puntuación con un movimiento de la cabeza apenas visible. Dos más y podría descansar. Entonces sucedió, rompió la rutina perfectamente ensayada, desviando la mirada hacia las gradas. Bastaron un par de segundos para encontrarla. Se veía tan seria que casi parecía otra persona, comparada con su energético y ruidoso ser de siempre. No la estaba mirando.
Charlaba con quién sabe quién, la resolana no hacía posible la visibilidad a tal distancia. De inmediato regresó la vista al blanco, no había tiempo para desconcentración. El reloj cronómetro descendía rápidamente. Diez segundos para lograr el tiro perfecto. Un chirrido marcando el fin de su turno le cayó a Sayaka como un balde lleno de agua helada. Su penúltimo lanzamiento ni siquiera fue eso. Fue nada.
El cuchicheo del público se hizo presente pues la favorita a ganar la competencia se veía en serios problemas. Ahora era casi imposible que consiguiera el primer lugar, sus dos rivales más cercanos debían fallar o tener una puntuación bajísima y ella, obviamente, debía dar justo al centro del blanco. No necesitó esperar demasiado, ambos de sus contendientes acertaron con buena puntuación. Iba a casa con el tercer lugar.
-O-
-¡Esta es la mejor fiesta del mundo! No sé si hablo o grito, me duele todo. ¿Estás bien, Annin?- Rina iba caminando, o mejor dicho, tambaleándose entre personas. Anna la seguía de cerca para evitar que fuera a caerse de manera vergonzosa entre desconocidas.
-No es para tanto, pusieron buena música pero hasta ahí, no es nada del otro mundo.-
-Oye, te recuerdo que estás sudando, señorita odio bailar.- Rina y Anna regresaron al jardín para tomar aire. No había sillas disponibles, lo que obligó a la joven impulsiva a sentarse en el pasto, cosa que no le pareció muy adecuado a la princesa que la acompañaba.
-Mi maestra es buena, le debo todo a ella.-
-Hehe, no le molestaría escuchar un poco más de cumplidos.-
-Tengo sueño, quiero ir a casa.-
No era de extrañarse el carácter berrinchudo y demandante de la menor, de todas maneras el cambio de tema logró bajarle la motivación a Rina.
-¡Pero si apenas son las…!- Palideció. –Considero prudente regresar a nuestras casitas antes de que tu padre mande a los guarda espaldas…-
Nervios o miedo, no estaba segura de qué era exactamente lo que reflejaba su mejor amiga, pero Rina tuvo un mal presentimiento, Anna rara vez mostraba algo que no fuera alegría o aburrimiento.
-Hablando de eso… Mi padre no sabe que estoy aquí.-
-Perdón, creo que no oigo bien…- Haciendo alarde de su carácter payaso, la mayor golpeó los costados de su cabeza, el ademán parecido al de sacarse agua de las orejas. -¿Qué?-
-No estaba en casa, traté llamarle por teléfono pero su contestadora decía que estaba en junta. Cuando está en esos asuntos tarda horas en contestar y más en regresar, supuse que podía venir así nada más, un rato y volver. Le dije a mi madre que vendría, pero…-
-Pero la última palabra la tiene tu papá.- Interrumpió Rina, que ya estaba de pie, dispuesta a correr si así fuera necesario. –Un momento… ¿Cómo fue que llegaste si no tenías permiso?-
Una sonrisa bastó para darle escalofríos violentos por toda la columna vertebral.
-Puede que haya tomado prestado uno de los coches…-
A Rina no le quedó más remedio que cubrirse el rostro con las manos y llorar en silencio.
-O-
Parecía detective. No, parecía ladrón profesional que esquivaba rayos laser como en las películas. Encontró en su camino una cantidad ridícula de cinta policiaca con la leyenda "NO PASAR" grabada en ella.
-Por Dios, sigues siendo una exagerada de la privacidad… Y aquí la puerta de la derecha.- Rena avanzó con cautela, más, asegurándose que nadie le siguiera el paso, cosa difícil con tanto obstáculo. –Llave… Llave… Aquí.- De su bolso sacó la llave maestra, como le llamaba Rino. Dio un último vistazo al pasillo por donde llegó, la vista estaba libre.
-Con permiso.- Lo primero que notó al entrar fue nada, el lugar estaba negro como la noche. Tanteó la pared buscando el switch de la luz, cuando sintió algo era una pequeña figura circular. Ignorante de cómo proceder, aplastaba e intentaba subirla o bajarla, sin éxito. –Piensa como ella…- Al darle vuelta notó un aumento gradual en la iluminación hasta llegar a un tono rojizo, como miel espesa.
Lo segundo que notó fue el aroma del lugar. Era limpio, pensó para sí misma que olía rico, no más, no menos. De ahí en fuera la decoración no había cambiado mucho desde su última visita: posters de idols, anime, videojuegos. La cama seguía donde siempre, pegada a la pared en una esquina; en el otro extremo descansaba un gran restirador con una pizarra enfrente llena de recortes y notas escritas con rapidez dada la calidad de la escritura.
Habían unas cuantas fotos viejas de Rino en el jardín de niños, cuando estaba en educación básica y media superior, todas haciendo gestos raros. Rena no pudo evitar mirarlas con una sonrisa nostálgica. Entonces notó que faltaba una fotografía. Era de la única salida fuera de la ciudad que habían hecho en la preparatoria. Una foto de ella con Rino.
-Es normal que ya no la tenga…- Decidió dejar por la paz las fotos y sentarse en la cama a esperar. Estiró las piernas, levantándolas al aire y dejándolas caer de nuevo. La pantalla de plasma colgada en la pared parecía estarla mirando, así que redujo todavía más su campo de visión, quedando a ver por la ventana cerca de la cama.
-Ah.- Cuando giró se topó con una gorra sobre la cama. Se sintió tonta por lo que pensó, pero de igual manera lo hizo. Tomó la gorra y se la puso, modeló frente al espejo con la prenda. A su juicio no se le miraba mal.
-Toc toc, perdona la… demora, tenía que quitarme el traje de maid o correría peligro en tu presencia.-
Pudo haber dicho muchas cosas pero no quería arruinar el momento con sarcasmo. Cerró la puerta tras de sí con llave, nadie podría interrumpir ahora. Rino llegó hasta la pálida chica de ojos negros. Le sacó la gorra y se la puso ella misma, arrastró la silla de ruedas del restirador y se sentó en ella cruzando una pierna.
-No es lo que piensas, ahí estaba y sabes que me gustan las gorras…- Rena acomodaba su cabello con los dedos. Dicho aquello volvió a sentarse a la orilla de la cama.
-No le diré a nadie, tranquila.- Conocía ese tono de voz, le decían la verdad. –¿Te diviertes? Tuve la atención de invitar a las chicas más lindas, solo para ti.- Quitó la gorra de su cabeza para darle vueltas con el dedo índice. –Algunas han de extrañar tu presencia abajo. Escuché que tu gemela Matsui preguntaba por ti.-
-Vine para hablar de otras cosas de mayor importancia, no fastidies…- Rena se lamentaba al haber elegido aquel conjunto de ropa, se le dificultaba ponerse cómoda al borde de la cama. –Está bien, en parte tiene que ver con ella, pero antes quiero hablar contigo de ti y de mí.-
-Más vale que sea algo bueno porque llevo casi un año esperando para saber qué pasó.- A pesar de estar tranquila, había un poco de rencor en esas palabras, Rena pudo sentirlo, esa era la intención.
Tomó una gran bocanada de aire y explicó desde el inicio.
-Antes de empezar quiero dejar algo en claro. Nunca dejé de quererte, incluso ahora me cuesta mirarte y no sentir que me volteo al revés… El cariño que te tengo es muy fuerte, Sasshi… Pero es más fuerte el agradecimiento que el amor, no sé si me explico bien, seguro que no.- No obtuvo respuesta inmediata, así que tomó el silencio como una señal para seguir hablando, ya no estaba segura de qué decir, no pensaba siquiera llegar al punto donde estaba. -¿Perdón por dejarte de hablar un año?- Era mejor que quedarse callada.
Rino explotó en carcajadas. Ocultó la mirada bajo la gorra como si esta fuera a quitarle la risa mágicamente.
-Aplaudo tu iniciativa, ya aprendiste a hablar, cumplí mi tarea y eso me hace feliz.- Abandonó su silla ejecutiva, clon de la que tenía en el club de periodismo, para llegar junto a la invitada de honor en su guarida. –Por si te lo preguntas, no te guardo rencores tontos e infantiles, aunque las dos éramos unas niñas sí te llegué a querer de verdad. La que debe pedir perdón soy yo, no fui precisamente la mejor amiga cuando, pues, eso…-
Las dos aclararon sus gargantas casi al mismo tiempo. Para pasar aquel recuerdo lo más pronto posible, Rena sacó aquel objeto que su padre le dio antes de salir de casa.
-Mira, todavía lo conservo. Además de ser hermoso, es muy importante.- El dije se movía como péndulo frente a una incrédula Sashihara, quien tomó la joya sin dudarlo.
-¡¿Cómo?! No me digas que…-
-Fui por él.-
-Eres una grandísima idiota. De haberlo sabido antes te mato.- Cambió la mirada del dije a Rena. –Aunque pensándolo bien todavía puedo matarte, estamos solas y dudo que alguien tenga la paciencia que tú tienes para sortear los lindos obstáculos que puse para llegar hasta aquí.- Con un dedo recorrió el muslo de Rena, de la rodilla hasta llegar a la tela de la falda.
-¡Sasshi!
-¡Broma, broma!- De nuevo la gorra pasó a la cabeza de la joven aludida, la hundió lo más que pudo jalando la visera para taparle los ojos. Aprovechando el momento, guardó el dije en el bolsillo de su ropa. –Entonces nos perdonamos mutuamente, ¿sí? Odio los dramas baratos… Ahora cuéntame de Jurina y el cómo sus mundos dieron un giro al encontrarse juntas en un aprieto y la manera en que lograron salir adelante juntas.- Destellos y rosas cubrían a Rino mientras hablaba soñada del tema.
La exageración dibujó una sonrisa en Rena, quien no quiso perder tiempo en negar aquella extraña descripción.
-Matsui-san, me recuerda mucho a ti. Cuando estuve a punto de caer llegó para salvarme. Últimamente hemos hablado más… No, últimamente he logrado que alguien más me escuche, aparte de Yokoyama-san y tú. En cierta manera es igual de fastidiosa como cuando tienes hambre, solo que todo el tiempo. Sus notas no son buenas ni malas, solo en deportes es una persona insuperable. Creo que en verdad se ha llegado a preocupar por mí… Sin mencionar que es guapísima, alta y delgada. Cuando la ignoras por mucho tiempo empieza a hacer ruiditos graciosos con lo que sea que tenga en las manos, o a mover los pies contra el piso, lo encuentro infantil pero tierno y-
Rino puso una mano sobre la boca de Rena, había escuchado suficiente.
-Te gusta.-
-O-
-Con permiso. Disculpa. A un lado. Lindo sombrero. Uy, demasiada base, pareces geisha, sin ofender, cariño.- Jurina iba de un lado a otro buscando a Rena. Desde que llegaron ahí no había tenido oportunidad de verla. Estaba molesta y sus comentarios sonaban cada vez más directos y menos amables para sus molestas seguidoras. Se quedó quieta un momento para tomar aire.
Una bolita de papel mojado golpeó su mejilla, sacándola de su trance de búsqueda. Al mirar en dirección del lugar donde llegó el proyectil, vio una mano asomarse por unos arbustos, indicándole que se acercara. Así lo hizo, era una curiosa por naturaleza.
-Hey.-
-Hey, ¿qué hay?- Casi pudo imaginar que sería Sayaka quien la llamaba.
-No mucho, salvando tu pellejo y cuidando el mío. Estas niñas están locas, no dejaban de seguirme, hasta en el baño tenía problemas.- Le pasó a su amiga-rival una botella, alguna cerveza importada, seguramente.
-Seguro me seguían más chicas a mí que a ti. ¿Has visto a Matsui-san?-
-Gracias, me fue bien en la competencia.- La chica gato dio un trago gordo a la botella.
-Hush… ¿Cómo te fue? Sabes que esas cosas tan meticulosas me dan roña, imposible estar sentada no sé cuánto tiempo.-
-Tercero.- Llegó hasta la base de un árbol para recargarse con la espalda y un pie en el tronco.
Jurina no tardó en acompañarla, solo que en lugar de quedarse de pie prefirió sentarse, estaba cansada de caminar.
-Pésimo. Pude haber tomado tu lugar y ganar fácilmente.-
-¿Sabes? Si tuviera una flecha en la mano la metería por tu lindo trasero, aunque la botella no suena como mala alternativa.-
-Okeeey, no más bromas. ¿Qué pasó?- Miraba hacia arriba, las estrellas apenas se notaban por culpa de las luces de la ciudad.
Sayaka alzó los hombros, contestando desganada.
-No lo sé, estuve desconcentrada todo el tiempo. Solo no fue mi día y ya…-
-Algún día será tu día. ¿Has visto a Matsui-san?- Ya había terminado su trago.
-Directo al grano, creo que por eso me caes bien.- De la misma manera que Jurina, Sayaka miró al cielo nocturno entre la copa del árbol.- No la he visto, ¿te dejó plantada?
-Cierra el pico. Sus grupies nos separaron en cuanto llegamos. La casa es grande pero no tanto, ya debería haberla visto con alguien, es muy extraño. Dudo que se haya ido a casa por su cuenta.
-Si te sirve de consuelo, a mí también me plantaron.-
Jurina abrió los ojos como platos, eso sí era novedad. La capitana de arquería siguió hablando.
-No la culpo, luego de la competencia me porté como una estúpida, sacando mi enojo sobre ella. Cualquiera se habría molestado conmigo.-
-¿Te disculpaste?-
El silencio habló por sí solo. Con esperanza de encontrar a su gemela de apellido, Jurina se levantó, dejó la botella a los pies de su amiga.
-Sayanee, no soy nadie para darte un consejo, pero si algo hemos aprendido es a no dejar enojada a una chica, aunque eso signifique pedir perdón de rodillas o tener que cargar con un ramo enorme de rosas por toda la ciudad con tal de quedar en buenos términos. Te dejo, se supone que soy chaperona de esa cabeza hueca…Gracias por el respiro y la recarga de energía.-
Cuando volvió a quedarse sola, Sayaka se llevó una mano a la mejilla, sobando cuidadosamente.
-Ya no dejó que le contestara. Golpea más duro de lo que hubiera imaginado…-
-O-
-Ya no tengo frío, no es necesario seguir así…- Haruka había pasado los mejores cinco minutos de su vida en brazos de su más grande crush. A pesar del silencio que reinó la mayoría del tiempo no lo sintió como algo incómodo. Todo lo contrario según la expresión en el rostro de su senpai, que no sonreía pero tampoco estaba seria, era como si tratara de ocultar algo divertido que presenció momentos atrás.
La joven no tuvo más remedio que ceder, no era lo que hubiera preferido como opción pero por el momento había disfrutado bastante la proximidad recién descubierta entre ambas. Evitó a toda costa mirarle a los ojos, fue directo a revisar la ropa, debería estar casi seca por ser solo una prenda en la máquina.
-Perfecto, parece que ya puedes usarla, de todos modos podrías ponerte un suéter o algo en lo que recuperas la temperatura normal.- Ya con la prenda en mano tuvo la mala suerte de presenciar cómo la niña que parecía tan inocente dejaba a un lado la toalla que la cubría. Avanzó hasta tomar su vestido de las manos temblorosas de Yui. Tal vez lo que fuera que haya tomado no había pasado del todo, no era normal tanta desinhibición en Haruka, aunque ya no era tan malo como cuando llegó.
-Gracias, en seguida me lo pongo.- Bajó el cierre, levantó una pierna, luego la otra. Tiró de los costados de la prenda para hacerla subir por sus caderas, tarea fácil al ser de una sola pieza. Como si lo hubiera ensayado, la menor se giró, no dio instrucciones, simplemente esperó a que le ayudaran con el último paso de vestirse. El cierre del vestido.
No había siquiera que detenerse a pensarlo. Alcanzó con dificultad el extremo inferior del cierre, no sin antes maravillarse de la piel bajo la maldita tela. Era blanca, demasiado. Sería como tocar seda o alguna otra tela fina. Resistiendo la curiosidad subió el pequeño objeto metálico con lentitud, no queriendo arruinarlo por un descuido.
-Dime algo, ¿por qué saltaste a la piscina?- Terminó de asegurar el vestido.
Desde su ángulo, Yui pudo percibir cómo los hombros de Haruka se tensaban.
-Eso… Eso fue porque… Jugábamos verdad o reto.
-Ajá, escucho.- La curiosidad se duplicó.
-Entonces una chica preguntó que si me gustaba alguien. Contesté que sí sin dar detalles.-
-Ajá, ¿y luego?- La menor dio media vuelta, estaba roja, muy roja.
-No quise decir quién era y me lancé al agua.- Su sonrisa inocente hacía contraste con tantas cosas que era difícil entender cómo podía usarla.
-Oh, bueno, una no va contando intimidades por todos lados, menos en una fiesta donde las chicas parecen buitres al acecho.- Sonrió al fin, mucho más relajada y tranquila. –Entonces te ordenaron saltar al agua, vaya gente…-
-Salté para escapar, la que preguntó quería que le diera un beso.-
Poco faltó para que Yui saliera directo a cortar una cabeza. No se había sentido tan celosa en su vida, gracias al tacto de Haruka sobre su muñeca volvió en sí.
-Si te digo quién es, prométeme que no la vas a odiar. Es alguien a quien estimo mucho y me dolería si tu trato hacia ella cambiara, no podría soportarlo…-
¿Qué opciones tenía? Ninguna, más que escuchar y aceptar lo que le pedían. Si sería por siempre la amiga enamorada no correspondida que así fuera. Actuaría como el soporte de la pequeña cuando le necesitara, sin dudarlo.
-Dime, puedes confiarme el secreto.-
-Gracias, creo que puedo decirlo ahora.-
Ninguna supo a ciencia cierta cómo pasó, simplemente sucedió. Con suavidad, Haruka sostuvo el rostro de Yui, éste último parecía estar al borde de las lágrimas culpa de los sentimientos embotellados que había guardado desde su primer encuentro con la chica despistada y vulnerable a sus ojos.
-Estoy enamorada de una persona sumamente amable. Que ayuda a todas las personas sin importar quién sea o qué clase de problema tenga. Su dedicación es algo por lo que mucha gente la aprecia, pero nadie sabe que puede llegar a ser un poquito impulsiva y enojona. Cuando está cansada toma café frío sabor vainilla, aunque no le hace el menor efecto, es más como un placebo, o algo así me dijo una vez.
-¿Quién… quién es?- Por su tono se notaba que rogaba por saberlo.
En un segundo los gritos y risas de la fiesta se apagaron. El sonido de unas aspas sacaron del trance a las dos jóvenes, que como si su visión fuera a atravesar el techo, miraron hacia arriba con clara confusión en sus rostros.
-O-
Un helicóptero sobrevolaba la residencia Sashihara. Las chicas buscaban refugio del reflector incandescente que alumbraba toda la zona. Algunas tomaron fotos, pensando que era parte de algún show descabellado que Rino había programado para animar la noche.
-Oh no…- En segundos descendió una especie de alambre con un hombre colgando de esta. Anna reconocía bien el emblema en el uniforme de aquella persona. Ahora estaba en serios problemas. Cuando encontró a su objetivo, el hombre dio una señal con una lámpara de bolsillo al helicóptero, que reanudó el vuelo, terminando con el espectáculo.
-Señorita Iriyama, tanto usted como un vehículo de la residencia fueron reportados como desaparecidos hace unas horas. El señor Iriyama movilizó a las tropas luego de ser informado por su esposa que posiblemente se encontraría en una reunión de la cual no se le fue informada.-
El robot sin alma hablaba en un tono parejo, sin la menor preocupación genuina más que la de conservar su trabajo.
Anna estaba muerta de vergüenza, ya una buena cantidad de invitadas presenciaban la escena. No pudo pasar en peor momento y lugar. Aun siendo un empleado de su padre, sentía el peso de aquellas palabras casi como si vinieran de él mismo. Estaba asustada, solo atinó a buscar el brazo que siempre podía encontrar a su lado. Al tocarlo tuvo un ligero alivio, nada que le hiciera sentir mucho mejor, pero lo suficiente para mantener el semblante sereno.
-No tardará en llegar la escolta terrestre. Le suplico que me acompañe.- Sin aviso, aquel hombre jaló el brazo libre de Anna, quien no pudo decir nada a pesar del dolor causado por la falta de cuidado del guardia. Dio una última mirada a su amiga, moviendo los labios en silencio mientras la alejaban.
-Lo siento.
-O-
-¡Mejor no hubieras venido!-
El recuerdo de esas palabras la ponía de pésimo humor. Por undécima vez, Miyuki borró el mensaje dirigido a Sayaka.
A/N: *Suena el espanta suegras* Comenzaron mis vacaciones, así que habemus capítulos nuevos :3
