Capítulo 7, parte 1: Immelmann turn!

-¿Y luego qué pasó?- Preguntó una chica que no daba crédito a lo que le contaba el resto de su grupito de amigas. -¿En serio se robó el carro de su papá? Ese lado de Iriyama no lo conocía...

-¡Sí, te digo! Luego bajó un hombre del cielo, era un Dios! Seguro tenía unos treinta y tantos pero se veía bien conservado, guapísimo.-

-Asco, me recordó al director Akimoto porque la frente le brillaba por la grasa. Tú y tus fetiches de hombres en uniforme.- Dijo otra joven que se limaba las uñas, claramente desinteresada por el tema. Su amiga la ignoró por completo para seguir idolatrando al guardia a quien le apodó "Tuxedo Mask".

-Fue como de película con tantas luces y la audacia de ir colgado sin protección, solo agarrando la escalera... Increíble...-

La noticia corrió como bomba desde muy temprano. No había un alma en la universidad que ignorara los hechos ocurridos en la fiesta de Rino. Incluso los periódicos locales y uno que otro noticiero mencionaron la desaparición de la hija de los Iriyama, eso sí, dejaron de lado los detalles del por qué, cosa que le costó una buena cantidad a los dueños de ese apellido.

Grupos y grupos de chicas sin que hacer hablaban del asunto como algo mágico. Se sentían privilegiadas de haber estado ahí mismo, sobre todo quienes envidiaban a la señorita perfección Iriyama, que disfrutaban del banquete servido en bandeja de plata que les había regalado nada menos que ella misma.

Rina les miraba de forma intensa, imaginándose a si misma haciéndoles nudo las lenguas por habladoras. La chispita alegre de la clase ahora era una braza cubierta por arena, sin el oxígeno que necesitaba le era imposible sonreír. Sentía el mal humor de pies a cabeza, sabía que de abrir la boca haría comentarios en defensa de Anna.

-No tuvo de otra que irse como perra, con la cola entre las patas.-

-Suficiente.-

El puño de Rina golpeó fuerte la mesa, tan fuerte que logró silenciar el cuchicheo que llevaba rato ininterrumpido, más de lo que podía soportar. El hecho de que Anna no estuviera todavía en el salón les daba la libertad de hablar de ella todo lo que quisieran, o eso pensaron hasta aquel ruido. Todas las miradas se dirigieron a la segunda protagonista del chisme, que desacostumbrada a tanta atención no supo qué decir. Tampoco tenía a Haruka para escudarse, estaba sola entre harpías hambrientas.

¿Qué se supone que podía decir para desmentir las tonterías que escuchaba? Nadie la tomaba en serio mas que, precisamente, Anna y Haruka. Los segundos corrían y el impacto de su acción moría con ellos. Se levantó sin decir nada, dispuesta a salir del salón lo más solemne que pudiera. Avanzó sin mirar a nada ni nadie mas que la puerta, al abrirla tuvo que retroceder un paso.

-¡Nin!- Tardó en procesar la sincronización de los hechos con la presencia de Anna en la puerta. Quería abrazarla, mínimo darle los buenos días, pero no podía luego del show que acababa de dar frente a las demás alumnas. Entonces notó que la singular belleza de la escuela tampoco hablaba, ni se movía. La alegría de verla se volvió confusión, luego en miedo de un tipo que nunca había sentido. Lo último que su cerebro registró fue una cabellera negra pasar de largo, y una voz que susurró las palabras que escuchó la noche anterior, justo cuando el empleado de los Iriyama se la llevaba por el brazo.

-Lo siento.-

El reloj marcó la hora de inicio de clases, obligando a todas a sentarse, preparando sus respectivos materiales de trabajo.

Rina seguía de pie, confundida como si estuviera pesando harina en kilos en lugar de gramos; sumando en lugar de dividir; llorando en lugar de reír. Reaccionó cuando Haruka llegó corriendo, casi chocando con ella en un último esfuerzo por llegar a tiempo. Al sentarse en su lugar correspondiente, frente a Anna, pudo sentir como si un muro invisible se hubiera levantado entre ellas.

¿De qué pedía perdón? Y no fue una, sino dos veces. Tal vez por no contestar su teléfono en la noche luego de lo sucedido. Si esa era la razón de sus disculpas ella lo entendía bien. Lo primero que haría en la hora libre sería preguntarle qué pasó cuando llegó a su casa.

La profesora Takahashi dio inicio a la clase, era la señal de Rina para no poner atención.

-O-

Mayu apuntaba todo lo escrito en el pizarrón, cada punto importante con tinta de color rosa, el contenido con negro para darle un bonito contraste. Sonreía viendo sus notas pulcras, le encantaba su letra. De hecho solía ofrecer sus cuadernos para escuchar comentarios acerca de lo bonita que era.

Tarareaba contenta para si misma cuando terminó de escribir lo importante. Aprovechó para tomar una hoja especial de una mini libreta con dibujos de conejito, de esas estilo post it, escribiendo con la misma limpieza que como si escribiera en un examen. Alzó la vista asegurándose de que la maestra mirara a otro lado. Rápidamente pasó la nota al asiento tras ella. Regresó a su posición inicial como si nada hubiera pasado.

/¿Se puede saber qué demonios haces aquí? ¿Es ese mi uniforme? Ni se te ocurra volver a ponértelo, tonta. Te aprovechas de que el anciano del maestro apenas pueda ver a un metro de distancia, de ser otro ya te habrían sacado por intrusa./ Decía la nota, adornada con un corazón al final de esas palabras. La chica a quien se dirigía el mensaje escribió en ella su respuesta, luego la pegó en la espalda de Mayu, tal vez con más fuerza de la necesaria. Sabía que eso le molestaría horrores, sería divertido ver cómo se las ingeniaba para quitarla sin hacer mucho aspaviento.

"Tan Rabutan..." Pensó Mayu, que en un acto reflejo tomó su lapicero, presionó la punta del borrador para sacar algo de grafito, movió el brazo por lo bajo hasta encontrar la pierna de la otra persona infiltrada en la clase. Escuchó un retortijo y en segundos tenía la nota por sobre el hombro derecho. Aguantó las ganas de reír al terminar de ver la respuesta.

/Vine porque me aburro en tu casa, ya me aprendí todos tus juegos de sims. Sabía que no te molestaría lo del uniforme, huele rico. El viejo tiene una pata en la tumba, jamás se daría cuenta de que estoy aquí./ Luego había un segundo mensaje escrito con letras temblorosas. /Eres una bestiaaaaaaaaaaaaa./

Así continuó el intercambio de mensajes a la antigua, era más seguro que usar el celular y en cierta manera más divertido. La cosa se volvió un concurso de resistencia cuando se mandaron dibujos tontos de ellas mismas. A la quinta nota regresaron a las letras, Aika empezó el diálogo.

/Vine porque dejaste tu bento en casa. Sé que primero te mueres antes de comer algo que no hiciste tú misma, así que vine a dejártelo./ Leer eso le arrancó una sonrisa a Mayu, que regresó la nota más rápido que antes.

/Eso no explica lo de mi uniforme./

Para la joven de mejillas redonditas eso significaba un gracias cargado de amor. Igual respondió rápido ahora que Mayu estaba vulnerable.

/Comamos juntas en el techo, como pareja romántica./

Justo después de entregar la nota, resbaló "accidentalmente" la mano por el cuello de la otra, que ya no contestó a la invitación, sus orejas rojas lo hicieron por ella.

-O-

El grupo de Rena tenía programada una visita a la biblioteca de la escuela para trabajar durante la clase de literatura. Siendo la presidenta del consejo estudiantil y encargada de la biblioteca, pidió autorización de llegar antes con la excusa de que así podría acomodar lo que necesitarían asegurándose de que todo siguiera en orden. Obviamente obtuvo luz verde de hacer lo que quisiera por parte del profesor en turno, así que a paso veloz fue directo a cumplir su trabajo.

O eso había dicho que haría. La verdad tenía sueño como nunca antes, aprovecharía los minutos extras para descansar a solas. Descartó el ir al salón del consejo porque probablemente Yui estaría ahí. No es que no quisiera verla, incluso podía estar junto a ella y no notarlo, era una chica que respetaba el silencio y el espacio personal como ninguna otra. Era otra de las razones por las que se llevaban tan bien.

Siguió el camino a la biblioteca en modo automático, pensando en dos palabras que le habían caído de peso en el estómago. Llegó a su destino y buscó la llave en su bolsillo, y buscó y buscó.

-Piedad...- Dijo mirando al techo, su dolor de cabeza iba en aumento y perder la única forma de entrar al lugar era lo que necesitaba para seguir de un humor que iba en decadencia. Entonces vio cómo la puerta se abría sola, naturalmente se asustó, haciéndose bolita en el suelo y agarrándose la cabeza a manera de reacción.

Una risa escandalosa resonó en todo el pasillo, haciendo eco gracias a que se encontraba vacío. Jurina trataba de mantenerse de pie ante el lado miedoso de Rena que hasta ese día permanecía escondido. La chica de cara redonda se tornó de todos los tintes rojizos posibles. Entró como rayo a la biblioteca, cerrando la puerta tras de si con fuerza, tratando de recuperar la frecuencia normal de sus latidos, así como su dignidad.

-¿En serio? ¿Bolita?- Las burlas de Jurina seguían y seguían, y Rena se preguntaba por qué le encontraba de atractiva a esa idiota.

-Cierra la boca, cualquiera se habría asustado de estar en mi lugar. ¿Cómo entraste? Nadie tiene llave mas que yo... o tenía...- Volvió a revisar sus bolsillos por si milagrosamente aparecía el objeto metálico, sin suerte.

Cuando la risa de la ace terminó ya tenía a Rena aprisionada contra la puerta, ambos brazos a los lados de su cabeza.

-Detalles, detalles. Te diré para que no insistas, eres más terca que mi mamá tratando de hacerme usar un vestido.- Mostró la curva de su sonrisa, alejándose lo suficiente para cruzar los brazos de manera exagerada. -Te iba siguiendo, vi que tiraste la llave, iba a dártela pero se me ocurrió asustarte, fue fácil llegar antes que tú con el paso de zombie que llevabas, y pues pasó lo que pasó.-

La revelación de los hechos tranquilizó a Rena, al menos no había perdido la llave, por otro lado, tenía que lidiar con Jurina y su cabeza a punto de explotar no le agradaba la idea.

"Te gusta." -Cállate, tonta cabeza.- "Te gusta." -Cállate, tonta Sasshi.- "Te gusta." -Mierda, me gusta Jurina.- Esa fue la conclusión que a su amiga Rino le había tomado unos segundos deducir, bastó con hablar de ella como hacía cuando algo le interesaba, sin parar ni dudar de las palabras que usaba. Peor aun, dejó a su corazón hacer el trabajo de interlocutor aquella noche reveladora. No había nada que hacer contra eso, ahora sufriría porque no había manera de poder confesarse, en primer lugar porque se trataba de una de las figuras más deseadas, en segunda porque moriría de vergüenza al hacerlo.

Sobó los costados de su cabeza para tratar de aliviar el dolor que regresaba. Caminó desganada a la silla de siempre, sabía que la menor no estaba ahí solo para asustarla. Tendría que contarle la razón de su desaparición la noche de la fiesta y todo lo que en verdad deseaba era dormir. Dejó caer la cara en una pila de papeles que funcionaban como almohada, esperando a que comenzara el interrogatorio sin fin. Pasaron unos segundos que se convirtieron en minutos. Y nada. No preguntas, no palabras. Era como si en verdad se encontrara sola. Rena comenzó a sentir impaciencia porque no sucedía lo que se supone que debía pasar. Giró la cabeza, topándose con la mirada de Jurina, tan cerca como no quería tenerla en esos momentos de confusión.

-¿Qué pasa?- Preguntó la presidenta, sin moverse un pelo.

-¿Dónde estuviste?- Al fin había comenzado. -Te busqué toda la noche y desapareciste sin dejar rastro, creí que íbamos a estar juntas en la fiesta. Por tu culpa estuve entre las ramas esperando a que aparecieras. ¿Tienes idea de cuántos mosquitos se deleitaron con mi sangre por estar ahí? Exijo esa sangre de vuelta.- Señalaba a Rena con un dedo acusador.

Debía de haber lógica en esas palabras, debía. Por más esfuerzo que hacía le era imposible encontrarla. Culpó a su dolor de cabeza de la poca claridad mental con la que pensaba.

-La población de mosquitos del mundo te lo agradece. Es una pena que no pueda ayudarte a recuperar la sangre que perdiste...- Las dos podían jugar al juego de lo ilógico.

-Sí puedes y lo harás ahora mismo.-

Un aroma similar al chocolate inundó los sentidos de Rena. Sobre sus labios había una sensación tibia, suave. Había una explosión de emociones tanto en su cabeza como en su corazón. Era imposible pensar, todo era blanco, confuso y sin forma. ¿Cómo pasó?

¿Cuándo pasó?

Bastó un parpadeo para que los recuerdos de su infancia, aquellos que había superado, volvieran más fuertes que nunca.

-¡Matsui se cree niño!-

-¡Se toma de la mano con Sashihara!-

-Sasshi... diles algo... ayúdame...-

-No les hagas caso...-

Las voces de sus compañeros burlándose de una simple amistad lastimaron más que cualquier golpe o empujón. Rino tampoco estaba exenta de comentarios hirientes, sin embargo ella los soportaba más que Rena, quien se ocultaba tras de ella como haría un niño al encontrarse con su superhéroe favorito en medio de un aprieto. Y su superhéroe no la defendió. Había empeorado las cosas.

-¿Cómo te sientes?- No supo cómo ni cuándo terminó entre los brazos de Jurina, llorando como no se recordaba en años.

Era de esperarse que no tuviera respuesta tan pronto. Jurina sabía que algo raro pasaba con la serenidad de la mayor.

-Esperaré a que termines de llenar de mocos mi blusa para que me digas qué tienes, no te preocupes.- Había una seriedad inexplicable en esas palabras. Seriedad que era novedad entre las dos.

Rena terminó más confundida de lo que estaba en un principio. Había escuchado que la chica atlética jugaba con la persona que se le pusiera enfrente. ¿Y si estaba haciendo lo mismo con ella? Parte de ella no quería pensar así, lo cierto era que nunca había visto pruebas de esos rumores, tampoco se conocía alguna relación de la menor con alguien más.

Las dos jóvenes se asfixiaban entre preguntas y dudas. Resolverlas debería esperar porque el sonido de una alarma catapultó a Rena del abrazo que la envolvía.

-¡La clase!- En menos de diez minutos esperaba a un montón de gente y no había hecho nada de lo que dijo que haría. -Matsui-san, ayúdame a poner un libro por cada asiento en las mesas, de lo que sea, solo hazlo.- La conejita hacendosa parecía dar saltitos por la pradera para alcanzar y acomodar libros al azar.

-Pero ni siquiera es mi clase...- Fue la queja emitida por una de las Matsuis, que tomó de los estantes los libros más complicados que encontraba, esperando que alguien sufriera con su elección.

-O-

El tiempo iba más lento que nunca, hasta daba la impresión de ir en reversa para la pobre Rina. Urgía la hora de descanso. Desde que llegó no se había tomado la molestia de escribir algo de las clases.

-Maldita sea, muévete.- Apretó la mandíbula para hablar en voz baja. Entonces escuchó la carpeta de la maestra cerrándose, esa era la señal de que al fin iban a terminar.

-Es todo por hoy, señoritas. Recuerden estudiar para el examen de mañana, lo que vimos hoy es casi todo el contenido, seguro que hasta a Kawaei-san le irá bien esta vez.- Pequeñas risitas se escucharon, mientras que en la mente de Rina gritaba mil y un maldiciones al ver nada mas que la fecha anotada. -Ah...- Una oportunidad para romper el ambiente extraño con su amiga. Giró como siempre sobre la silla, sonriendo tan normal como siempre.

-Oye, Nin, me faltó anotar una cosita, ¿me prestas...- La pregunta murió en el aire, porque precisamente a eso le hablaba, al aire.

-¡Eh! ¿A dónde se fue Annin, Ponkotsu-chan?- De nuevo parecía hablar con el aire, la pequeña estaba embobada mirando a la nada, una sonrisita asomándose entre sus manos era lo único que le indicaba a Rina que todavía estaba con vida.

-Ehehehe.- La manera en que se había reído le causó escalofríos a la menor de las dos.- Dijo que iba al baño, ahorita regresa, tranquila. Ehehehe.-

-Ok, sea cual sea el motivo de tu risa tienes que contarme o te llenaré el cabello de cachitos de borrador.- Preparó el arma amenazante, lista para atacar.

-Pues es que en la fiesta... Yokoyama-san y yo... ehehehehehehe...- Otra vez con esa risa, luego bajó la cabeza para ocultarla entre los brazos, sobre el escritorio, pataleando en el aire como niña.

A pesar de lo preocupada que estaba por su otra amiga, este asunto no se podía dejar pasar así como así. -Vamos afuera, aquí las paredes oyen.- Con eso se llevó a la despistada Haruka fuera del aula, no muy lejos por si Anna regresaba.

-Entonces... tú y Yokoyama-san... ¿ehehehe?-

-Kyaaaaaaaaaaaaaaaaa, no lo digas, muero de pena...-

-¿Qué hicieron?- La carita de Rina estaba que explotaba de tan grande que tenía la sonrisa.

-Fue muy insistente, tuve que dejarme llevar...-

-¿Entonces tú y ella...? Ay mamá... Me va a dar algo...-

-Fue muy rápido, cuando me di cuenta ya había llegado...-

Había humo saliendo de las orejas de Rina.

-¿QUÉEEEEE? ¿Q-QUIÉN LLEGÓ PRIMERO?- Cubrió su rostro como la mayor, luego se abanicaba con las manos, era difícil dar crédito a lo que estaba escuchando.

-Yo llegué primero, luego ella poco después.- La sonrisa inocente detrás de esas palabras contrastaba de manera terrible. Tanto que daban ganas de llorar.

-B-bueno, supongo que ella tiene experiencia en ese tipo de cosas...- Dio un par de palmadas en los hombros de Haruka, era complicado decir algo con un tema tan delicado.

-Me dijo que era su primera vez. Ay, pero para mi lo hizo excelente...- Dijo una Paru soñada, perdida en sus recuerdos.

Gritó sobre sus manos, no podía soportarlo más. Su pequeña amiga había dado el paso a la adultez.

-Lo bueno fue que su chofer estuvo presente, pobre hombre, estaba más nervioso que yo.-

-¡¿Qué?! ¿Quéeeeeeeee?- Quería llorar, ya no entendía nada de nada.

-Sí, era la primera vez que Yokoyama-san manejaba, le dije que no lo hiciera pero insistió tanto que no tuve otra opción que aceptar. El chofer iba de copiloto, por si acaso, ya era algo tarde... ¿Ricchan? ¿Qué tienes?- Preguntó la chica de discurso confuso mientras Rina se acercaba lentamente a la ventana del pasillo. Descansó los brazos en el borde de esta para tomar aire fresco, todo el que sus pulmones podían guardar. Una vez llenos, sacó el aire con el grito más grande que la Universidad Sakura48 jamás había escuchado.

-¡USO DAROUGAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!-

A/N: Estoy viva :)