Disclaimer: The Lost Canvas no me pertenece.


—Esta es la última caja—dijo Dohko entre jadeos al llegar al segundo piso del bloque de apartamentos—. Ya podría haberse quedado a ayudarnos a subir las cosas.

—No creo que Deuteros trabaje haciendo mudanzas—señaló el joven, que le esperaba junto al resto de cajas, enfrente de la puerta de su apartamento. El último viaje al portal, donde Tenma y el hombre que le había hecho de chófer habían dejado las cosas de la mudanza, lo había hecho sólo Dohko ya que el número de cajas era impar. Eso le había dado tiempo de sobra al más joven para descansar.

Dohko dejó la última caja sobre otra más grande y se detuvo para calmar su respiración antes de empezar a meter todas las cajas dentro del apartamento. Aprovechó la pausa para analizar por enésima vez el aspecto de su hermano pequeño.

Tenma le observaba con una sonrisa, apoyando uno de sus brazos en lo alto de una pila de cajas. Sus ojos, de color marrón rojizo, eran posiblemente su característica más distintiva. Tenía el pelo castaño corto, pero más desordenado que el del mayor. Medía apenas unos centímetros menos que su hermano, pero esperaba crecer un poco más a lo largo de su adolescencia y sobrepasar el metro setenta. Al fin y al cabo, tenía apenas quince años. Dohko concluyó que tenía un aspecto saludable para ser un crío que acababa de empezar el instituto.

Metió las manos en sus bolsillos en busca de las llaves. Llevaba unos pantalones marrones holgados cuyos bolsillos eran lo suficientemente amplios como para poder llevar su cartera, su móvil y sus llaves en ellos. Lo malo era que le costaba un rato encontrar lo que buscaba, pues las otras cosas se interponían entre su mano y las llaves, entorpeciendo su búsqueda. Podría llevar unos vaqueros más prácticos como los de Tenma, pero no pegaban con el estilo oriental de su vestuario. La mayoría de sus camisas eran de colores claros, en contraste con sus pantalones, siempre de tonos oscuros. En ese momento llevaba una blanca de manga larga con dos hileras de botones unidas por cintas del mismo color que su pantalón. En contraste con el estilo de su hermano, Tenma prefería llevar siempre vaqueros de diferentes tonos y camisetas de manga corta de colores variados, aunque su preferido era el rojo, como se podía apreciar en la camiseta que llevaba ese día.

Dohko abrió la puerta con cierto nerviosismo mal disimulado. Tenía dudas acerca de si el pequeño apartamento le gustaría a su nuevo ocupante. Era un lugar sobrio, de paredes blancas desnudas y muebles sencillos de madera de abedul de color crema. Lo único moderno que había en la casa, aparte de los electrodomésticos de la cocina, eran una televisión de pantalla plana no muy grande, un módem y su ordenador portátil. No tenía teléfono fijo; siempre llevaba encima el móvil, así que sentía que no le hacía falta y, por lo tanto, era un gasto innecesario.

Sin mediar palabra, entraron las cajas a la habitación que hasta entonces había estado desocupada. Era una pequeña habitación a la que se accedía desde el salón. Tenía una cama, una mesita de noche con una lamparita, un escritorio y un armario. El más mayor le dijo que podía decorarla como quisiera, pero eso no era realmente una prioridad para Tenma.

—En el armario tienes los uniformes de tu nuevo instituto—comentó Dohko al dejar la última caja en el suelo—. Empiezas la semana que viene. Hasta entonces puedes darle envidia a Regulus.

— ¿Regulus es otro de los vecinos? —preguntó tirándose a la cama de un salto. Comprobó, con satisfacción, que no crujió ni hizo ruido alguno por el impacto. Los muebles de la casa no eran modernos, pero distaban de ser frágiles.

—Sí, tiene tu edad y va a tu curso. Vive en el piso de arriba con su tío, Sísifo—hizo una pequeña pausa para pensar y prosiguió—. Shion, Deuteros y Aspros, el hermano de este último, viven en el piso de abajo. Aún no conoces al resto.

— ¿Hay algo que deba saber sobre ellos? ¿Alguien a quien deba evitar?

Tenma se incorporó en la cama. Le interesaba saber el tipo de gente con quien iba a vivir a partir de aquel día.

—En general son gente maja. Aunque ten cuidado con el ruido que haces. Al otro lado de esa pared vive Asmita. Créeme, si haces enfadar a ese tipo lo lamentarás en tus próximas siete reencarnaciones—dijo, llevándose una mano a la cabeza—. Y justo debajo viven los gemelos, ya conoces a Deuteros. Te conviene llevarte bien con ellos. Aunque, bueno, con ellos no tendrás problemas. Si les molesta algún ruido que provenga de este piso supondrán que es culpa de Kardia, que vive en la puerta de al lado.

—Déjame ver si lo he entendido. A este lado de la pared hay un tío al que no debo molestar. En el piso de abajo hay dos tipos a quienes no debo molestar. En el piso del otro lado hay alguien que probablemente nos vaya a molestar—resumió, señalando las direcciones que mencionaba según hablaba—. Dime que al menos no me tengo que preocupar del vecino de arriba.

—Tranquilo, Degel es inofensivo. Lo único que podría pasar es que el edificio no soporte el peso de su biblioteca y un día te despiertes atrapado bajo un alud de libros—bromeó, despeinando al joven con cariño.

—Ahora podré dormir tranquilo por las noches—gruñó Tenma, apartando la mano de Dohko y levantándose de la cama—. ¿Tengo que sacar mis cosas ahora?

—Deberías. No tienes nada que hacer hasta la hora de la cena. ¿O tenías pensado dejarlo todo en las cajas e ir sacando las cosas según las necesitaras? —adivinó, cruzando los brazos con una sonrisa burlona.

—Pensaba salir a dar una vuelta y conocer un poco el barrio—murmuró sin mirarle a los ojos. ¿Tan predecible era?

—Me parece bien—aceptó Dohko—. Pero quiero que las cajas desaparezcan antes del lunes. Vuelve antes de las nueve, que voy a pedir pizza para cenar. Te pediré la de siempre y si llegas tarde me la comeré yo.

—No es justo—se quejó el recién llegado, saliendo de su habitación seguido por Dohko.

—Nada es justo en esta vida—bromeó, fingiendo seriedad.

—Menudo estudiante de derecho estás hecho. Con esa filosofía nunca ganarás un solo juicio—suspiró Tenma. Alzó la mano para abrir la puerta del piso cuando notó que algo volaba en su dirección. Su mano se cerró entorno al objeto antes de que le golpeara. Al abrirla vio que sostenía unas llaves.


El joven de cabello castaño llevaba un rato vagando por la ciudad sin rumbo fijo. Las calles por las que iba estaban llenas de gente y había mucho ruido, pero un grito le llamó la atención.

— ¡Kardia, te he visto! ¡Devuélveme mi cartera!

De repente, sintió que alguien se aferró a su brazo y le empujó de un tirón hacia un callejón oscuro que había a su lado. Desorientado, se halló con la espalda pegada a una pared y con algo manteniendo su boca cerrada.

—Ayúdame a esconderme de alguien y te invito a una cerveza—susurró una voz cerca de él. Muy cerca.

Parpadeó un par de veces para enfocar bien la vista y se encontró con un rostro a apenas un par de centímetros del suyo. Lo único que había en su campo de visión eran unos ojos de color azul oscuro de tono parecido al de su pelo, a juzgar por el flequillo que le tapaba parte de los ojos. Una de sus manos le estaba tapando la boca mientras que la otra estaba apoyada en la pared que Tenma tenía a sus espaldas. De esta manera su brazo impedía a la gente de la transitada calle ver sus caras. Notó cómo el desconocido de ojos azules se tensaba según se acercaban los gritos de "¡Kardia! ¡No huyas, cobarde!". Ambos estuvieron unos segundos quietos, en silencio. Poco a poco los gritos perdieron intensidad y el hombre se relajó y se separó de Tenma.

—Te debo una, chaval. Por fin me he deshecho de ese pesado—rió—. Me llamo Kardia, por cierto.

—Tenma. Eh… ¿Qué acaba de pasar?

Ahora que no estaban tan pegados pudo examinar bien al desconocido que se había presentado como Kardia. Era algo más mayor que Dohko, parecía tener una veintena de años. Tenía el pelo ondulado bastante largo, más o menos hasta la cintura. Llevaba una camiseta gris holgada, unos vaqueros y unas botas de piel.

—Te lo explicaré en el bar. Te he prometido una cerveza, ¿no? Degel invita.

Sin esperar respuesta, Kardia cogió al todavía confuso Tenma del brazo y le guió por las calles hasta llegar a un pequeño bar que recordaba haber visto antes, cerca del piso donde se acababa de mudar. Se sentaron en una mesita libre al grito de "¡Tráenos dos cañas!" de Kardia.

—Eh… Kardia, no tengo edad para beber—susurró el adolescente cuando el camarero les sirvió las bebidas.

—Tonterías. Es solo una cerveza. Nadie se muere por beberse una caña—comentó restándole importancia al asunto—. Además, es gratis. Todo lo que sea gratis sabe mucho mejor.

Tenma miró la bebida con desconfianza y pegó un trago. Casi la escupió.

Kardia, que le había estado observando atentamente, se rió a carcajadas al ver su cara de asco al tragar.

—Olvidé decirte que las primeras cervezas suelen saber a rayos, chaval—dijo entre risas.

Tenma no se dignó a contestar y pegó otro trago a la bebida, esperando poder acabársela pronto para así volver al piso a cenar.

—No me suena haberte visto por aquí antes—comentó Kardia para empezar la conversación, bebiendo su cerveza con calma.

—Me acabo de mudar—contestó el joven, que no podía con la suya.

—¿Quieres que pida algo para picar? Paga mi amigo—ofreció el hombre de pelo azul.

—No, me esperan para cenar en un rato.

Cuando ambos se acabaron sus bebidas, Kardia pagó y salieron del local. El más mayor notó con cierta diversión cómo el adolescente luchaba bastante bien contra los efectos del alcohol. Para ser su primera bebida e ir con el estómago vacío, lo llevaba bastante bien. Decidió acompañarle un rato en su camino a casa para asegurarse que no le pasara nada pero, para su sorpresa, ambos parecían ir en la misma dirección.

En efecto, unos minutos después ambos se pararon enfrente del mismo edificio.

—¿Vives aquí? —preguntó.

—Sí, me he mudado hoy a casa de Dohko—respondió arrastrando un poco la voz.

Kardia hizo una mueca. Qué cerca había estado de emborrachar al querido hermano pequeño de su vecino. Dohko le había contado emocionado a todo el que se parara a escuchar que su hermanito pequeño por fin se iría a vivir con él. Se había salvado porque a Tenma parecía no afectarle mucho el alcohol. Bueno, subiendo las escaleras midió mal las distancias y casi resbaló, pero Kardia consiguió estabilizarle antes de que cayera. Eso le podía pasar a cualquiera, ¿no?

—No entres todavía a tu casa, ¿vale? —le pidió, sacando rápidamente las llaves de su apartamento. Entró en él y no tardó en salir con algo en las manos—. Cómete esta manzana antes de entrar. Y después masca este chicle. Será mejor que Dohko no se entere de que te llevé al bar a beber cerveza. Será nuestro pequeño secreto. ¿Vale, chaval?

Si Kardia hubiera estado atento, hubiera escuchando cómo la puerta de su vecino se abría. Si hubiera mirado antes de hablar, hubiera visto que el que le esperaba no era Tenma. Solo se dio cuenta de su error cuando le respondió una voz más grave que la del joven a quien había dejado hacía un momento en el rellano.

—Eres increíble. No has tardado ni un día en empujar a mi hermanito a las garras del alcoholismo.

Si Kardia se hubiera fijado antes de huir hacia la seguridad de su piso y cerrar de un portazo, habría visto que Dohko parecía más divertido por la situación que enfadado. Pero Kardia nunca se fijaba en los detalles.