Disclaimer: The Lost Canvas no me pertenece.


Capítulo 3:

"Tenma, voy a pasar la mañana en la universidad y volveré después de comer. Hasta entonces puedes hacer lo que quieras. Si vas a salir aléjate del alcohol, que es un vicio muy malo y muy caro.

–Dohko

PD: Por cierto, te recomiendo bajar a pedirle aspirinas a Shion, que ya no me quedan. Pídele un blíster entero y así me ahorro el viajecito a la farmacia. Seguro que a ti te lo da... A mí ya no me da ni agua, ni que fuera un gorrón."

El día siguiente había llegado mucho más pronto de lo que a Tenma le habría gustado. Apenas eran las nueve de la mañana y ya había perdido la batalla contra los rayos de sol que entraban por la ventana y le apremiaban para que abriera los ojos. Después de una ducha rápida se encontró la nota que le había dejado su hermano en la cocina. A decir verdad, le molestaba un poco la cabeza, pero no era un dolor que requiriera de medicación. Aun así, después de desayunar, decidió bajar al piso de Shion a pedirle las aspirinas. Supuso que no estaría mal tenerlas en casa y era una buena oportunidad para conseguirlas puesto que Dohko no parecía tener intención de comprarlas por sí mismo.

Antes de salir del piso se aseguró de que llevaba el móvil y las llaves y cogió una chaqueta gris, del mismo color que la camiseta que se había puesto ese día. Recordaba que la noche anterior Dohko le había comentado que Shion solía estar en su apartamento en el primer piso o trabajando en la tienda de antigüedades, así que decidió pasar primero por su casa. Se puso la chaqueta mientras bajaba las escaleras, recordando con pesar lo bien que se estaba en la cama bajo las sábanas. Estaban en primavera y, aunque los días eran cálidos, las mañanas todavía eran bastante frías.

Tenma llamó al timbre del primer apartamento recordando, si su memoria no le jugaba una mala pasada, que Dohko le había dicho que su amigo vivía en el primer apartamento. Shion no tardó mucho en abrir la puerta. El joven comprobó con cierto alivio que no había despertado a su vecino puesto que éste tenía el pelo ligeramente húmedo, como si hubiera salido de la ducha hacía ya un buen rato, y llevaba ropa de calle.

—Hola, Shion. Espero no molestar—saludó, ligeramente incómodo por tener que pedirle algo a alguien a quien acababa de conocer el día anterior. Seguramente su hermano estaba más que acostumbrado a apropiarse de las cosas de su amigo como si fueran suyas, pero Tenma no creía poder acostumbrarse a algo así en su vida. En momentos puntuales no le molestaba pedir cosas que realmente necesitaba si se veía en un apuro, pero lo de Dohko era simplemente ridículo.

—Tenma, ¿qué te trae por aquí? ¿Necesitas algo?

—La verdad es que sí. Me preguntaba si tenías aspirinas o algo para el dolor de cabeza—hizo una pequeña pausa y continuó, esperando que el rubio no se diera cuenta de su mentira—. Dohko se fue pronto y no sé dónde las tiene guardadas. He estado buscando por la casa pero no hay quien las encuentre.

—Conociendo a Dohko, lo más probable es que no tenga—sonrió con pesar, negando suavemente con la cabeza—. Anda, pasa.

Shion dio unos pasos hacia atrás para dejar pasar al joven, que aceptó la invitación con un simple "gracias". El dueño de la casa le guió a la sala de estar, donde le pidió que esperara y le sugirió que se sentara. Tenma se entretuvo observando la habitación en el rato en que Shion rebuscaba por los cajones de alguna habitación sin éxito. La sala de estar era de proporciones semejantes a la de Dohko, sólo se diferenciaban en el mobiliario. Las paredes estaban vestidas por estantes llenos de libros y elementos decorativos de aspecto antiguo. La pantalla del televisor era bastante más grande que la del de su hermano. Enfrente del televisor había un gran sofá de tres plazas marrón, con el tapizado desgastado. El joven se preguntó si Dohko tenía por costumbre bajar a menudo a hacer uso de la televisión y del sofá con el pretexto de pasar un rato con su amigo. Los otros muebles que había en la habitación eran una mesa y tres sillas alrededor de ella, junto a la ventana, donde Tenma estaba sentado.

—Por fin las encontré.

Shion volvió a la sala donde había dejado al muchacho con una caja en la mano y se sentó a la mesa junto a él, sin hacer ademán de darle las aspirinas que había venido a buscar.

—Ahora, Tenma, dime la verdad—dijo con el semblante serio—. No habrá sido Dohko el que te ha hecho bajar a saquear mi casa, ¿no?

El adolescente no supo qué responder, y el rubio se tomó su silencio como una admisión de culpabilidad. Este último, al ver lo incómodo que parecía sentirse su invitado, sonrió con amabilidad y le dio la caja de aspirinas.

—Solo tenía curiosidad, no te lo voy a tener en cuenta. Con el tiempo aprenderás que soy el proveedor oficial de cosas que a Dohko le da pereza ir a comprar. Seguro que esta no es la última vez que te hace bajar a por algo.

—Hablando de curiosidad—empezó a decir Tenma, inseguro de si debía continuar. Con un gesto, Shion le dijo que siguiera con lo que iba a decir, así que continuó— Me preguntaba cómo es que sois amigos. Dohko y tú, quiero decir. Parecéis ser muy diferentes.

El "No sé cómo puedes ser amigo de semejante gorrón aprovechado" quedó en el aire.

—¿Eso crees?—preguntó, apoyando la mejilla en una mano—. En el fondo no somos tan diferentes. Dohko es muy bromista y se toma muchas confianzas con la gente a quien conoce bien pero, en el fondo, tiene un lado serio en el que se puede confiar y me ha salvado de más de un apuro.

—Entiendo. Pero sigo sin saber cómo pudisteis haceros amigos—insistió.

—Supongo que Dohko lo contaría de forma más dramática—comentó Shion, girándose ligeramente para mirar al joven de frente—, pero te puedo dar mi versión. Le conocí hace unos seis años. Acababa de mudarme y era el chico nuevo del colegio en un curso que ya había empezado hacía unos meses. Dio la casualidad de que él se había visto en la misma situación un par de meses antes y parecía que no había conseguido integrarse. A ojos del resto de estudiantes, Dohko era un niño serio y aplicado; no era lo que consideraban un compañero divertido de juegos. Casi parecía un ermitaño, siempre solo. Como yo era el chico nuevo y tampoco conocía a mucha gente, me tocaba hacer siempre los trabajos grupales con él, ya que éramos los dos que sobraban.

Tenma se preguntó si eso también le pasaría a él. Eso de mudarse y cambiar de instituto habiendo empezado el curso era exactamente lo que le estaba sucediendo en ese momento.

—El caso es que fuimos conociéndonos y poco a poco descubrí otra faceta de Dohko. Una faceta ligeramente más jovial, más divertida, que le hacía un poco más parecido al Dohko que ambos conocemos en la actualidad. Un día, después de clase, se me acercó con una amplia sonrisa y me dijo "Shion, he decidido que tenemos que ser amigos. Somos compañeros en todas las asignaturas y siempre hacemos los trabajos juntos. Esto tiene que ser una señal. Seguro que es cosa del destino. A partir de ahora serás mi mejor amigo".

—Espera. ¿Pasó directamente de ser una especie de lobo solitario a ser… Dohko? —le interrumpió Tenma, riendo, que sin creerse lo que oía.

—Exacto—asintió Shion—. Cuando le pregunté que a qué se debía su cambio de actitud me contestó de nuevo que era cosa del destino. Tú estás acostumbrado a ver a Dohko siempre haciendo bromas, pero con la gente a quien no conoce bien él sigue siendo en cierto modo como solía ser en el colegio. Serio y aparentemente inaccesible. Supongo que cuando llegué y nos asignaron todos los proyectos juntos, tuvo tiempo para ver que tendría suficiente paciencia para aguantar su faceta más… eh… energética. Lo de proclamar nuestra amistad de esa forma fue su estrategia para asegurarse que no me negaría.

—¿En serio aceptaste eso del destino? —el chico de cabello castaño preguntó, todavía riendo.

—No. Pero no me dejó en paz hasta que acepté—explicó, levantándose de la silla y dando la historia por terminada—. Ya sabes lo persistente que es cuando quiere.

—Pesado, más bien—le corrigió el más joven, imitando su acción—. Gracias por la historia y por las aspirinas, Shion.

—De nada, está bien tener compañía por las mañanas de vez en cuando—sonrió, acompañándole a la puerta—. ¿Tienes pensado qué hacer hasta que Dohko vuelva?

—Sí. Creo que voy a ordenar un poco las cosas de la mudanza—contestó Tenma, saliendo al rellano—. ¡Nos vemos!


Cuando Dohko llegó de la universidad, Tenma estaba admirando el resultado de su trabajo. Su ropa estaba bien colocada en el armario, su material de instituto y su ordenador portátil estaban en el escritorio, sus trastos electrónicos y sus respectivos cargadores descansaban en los cajones de la mesita de noche y las cosas que no sabía bien qué hacer con ellas estaban en una de las cajas, en una esquina. Dohko entró en la habitación para saludarle. Se apoyó contra el marco de la puerta y se quedó mirando cómo había quedado.

—Vaya, no está mal. Aunque parece que se te ha resistido una—comentó refiriéndose a la caja de las cosas a las que no había encontrado hueco.

—Son sobretodo cosas que tenía dispersas en mi habitación o en estantes. Aquí no caben, así que las he dejado en una caja. Tampoco me hacen falta.

Dohko se cruzó de brazos, pensativo.

—No sé si podría conseguir estantes, pero avísame si ves que te hacen falta más adelante—hizo una pausa y, para cambiar de tema, añadió—. No sé tú, pero yo me muero de hambre. Será mejor que haga la comida.

Tenma se ofreció a echarle una mano. No tenía nada mejor que hacer y, exceptuando la breve visita a Shion, se había pasado la mañana solo. Entre los dos hicieron arroz con curry hablando de cómo les había ido el día y no tardaron mucho en tenerlo listo.

Después de comer, cuando estaban tirados en el pequeño sofá de dos plazas viendo la televisión, sonó el timbre de la puerta. Dohko se levantó y Tenma podía oír cómo conversaba con alguien.

—¡Tenma, ven un momento a la puerta! —le llamó.

El joven hizo lo que le pidió el más mayor, preguntándose quién había llegado y para qué le podrían necesitar. Sin darle muchas vueltas al asunto, fue hacia donde Dohko estaba para ver qué quería. Éste le dirigió una sonrisa traviesa y, cuando su hermanito llegó a la puerta, le empujó al rellano. Cuando Tenma quiso volver a entrar al apartamento se encontró la puerta cerrada.

—¡Dohko! ¡Ábreme! —gritó, golpeando la puerta con los puños.

Al otro lado de ésta, Dohko rió y, antes de volver al salón a ver la televisión, dijo:

—¡Pasadlo bien, chicos!

Ahí fue cuando Tenma recordó que no estaba solo en el rellano.