Disclaimer: The Lost Canvas no me pertenece.
—¿Piensas tirar la puerta abajo?
La persona que había tocado el timbre, conversado con Dohko y que posiblemente era cómplice de éste en su vil plan de echarle de casa sin una palabra de aviso no era más que un chico de su edad, quizás ligeramente más joven. Tenía el pelo castaño claro corto, aunque ligeramente más largo que el del propio Tenma. Sus ojos azules eran muy expresivos; se veía a la legua que la escena que acababa de presenciar le parecía de lo más hilarante. Llevaba unos vaqueros claros desgastados y con desgarros en las rodillas y una sudadera blanca que le quedaba algo grande, haciendo que él mismo pareciera más pequeño. Sobre ésta llevaba un chaleco azul, del mismo tono que sus zapatillas de lona.
—¿Quién eres? —preguntó Tenma, bruscamente, sin estar de humor para comportarse con educación.
—Soy tu enemigo en las batallas que están por venir—respondió el desconocido con una sonrisa traviesa, alzando el mentón.
El joven de ojos azules se echó a reír al ver la cara de confusión de Tenma. Parecía orgulloso de sí mismo al haber dejado sin palabras al recién llegado en tiempo récord. Pasaron unos segundos y Tenma abrió repetidas veces la boca, sin poder articular palabra alguna, lo cual hizo que el desconocido se riera más, llegando a doblarse con las manos en el abdomen.
—¿Qué enemigo? ¿Qué batallas? ¿Qué…? ¿Qué demonios?
Esas fueron las elocuentes palabras de Tenma al recuperar el habla.
Cuando el otro joven por fin pudo controlar su risa, tomó aire lentamente un par de veces y se pasó los dedos por los ojos para limpiar las lágrimas que se habían acumulado. Apiadándose del pobre Tenma, se decidió a responder seriamente a su primera pregunta y a dejarse de bromas por el momento.
—Regulus. Me llamo Regulus. Vivo con mi tío en el piso de arriba y allí es a donde vamos a ir a pasar la tarde jugando con mi consola. Con un poco de suerte serás un reto, pero perderás igualmente—acabó diciendo con cierto descaro.
—¿Quién ha decidido eso? —preguntó Tenma, cruzándose de brazos y frunciendo el ceño.
—Dohko te acaba de echar y no tienes a dónde ir—Regulus sonrió sabiendo que el otro adolescente no podría replicar—. Venga, sé que no hemos empezado bien. Dohko me dijo hace unos días que ibas a venir y que no conocías a nadie así que pensé que podríamos ser amigos. Yo no sabía que tu hermano te iba a cerrar la puerta en las narices, aunque has puesto una cara tan divertida que no he podido evitar tomarte un poco el pelo. Pero no te lo tomes a mal.
Tenma suspiró. En el fondo sabía que él, de haber estado en la posición del otro joven, habría hecho lo mismo. Habría que estar ciego para no ver que había sido una oportunidad de oro para echarse unas risas.
—Supongo que Dohko te lo habrá dicho, me llamo Tenma—se presentó con cierta resignación. A continuación, sonrió con seguridad en sí mismo y aceptó el reto—. Y no pienso perder.
Para consternación de Tenma, Regulus no exageraba cuando presumía de su excepcional destreza con los videojuegos. En juegos de lucha, de carreras, de deportes… jugaba como todo un experto. Eso no quería decir que Tenma no le diera guerra. Su creatividad era una digna rival para la experiencia de su contrincante, pero parecía que cada una de sus estrategias solo funcionaba una vez. Con eso Regulus tenía suficiente para entender a dónde quería llegar a parar con ella y así era capaz de contrarrestarla la próxima vez que intentaba llevarla a cabo.
Viendo cómo su personaje volvía a quedarse inmóvil en el suelo, Tenma se dejó caer contra la alfombra mientras Regulus celebraba su enésima victoria. Llevaba unas horas en casa de su vecino y nuevo amigo, pasándoselo bien a pesar de las derrotas. Estaban jugando a la consola del joven en el salón, que era el de aire más familiar que había visto hasta el momento. Tenía un gran sofá rojo en el que habían se habían sentado al empezar a jugar pero, con la emoción, habían acabado sentados sobre la alfombra del mismo color que el sofá, acercándose cada vez más al enorme televisor de pantalla plana. Las paredes estaban decoradas con cuadros de paisajes y de temas relacionados con la naturaleza. También había varios estantes con libros, marcos de fotos en los que salían Regulus y quien Tenma suponía que era su tío y algunos elementos decorativos. Al lado del sofá había una mesita con una lamparita, que Regulus casi derriba cuando estaba concentrado dándole una paliza a su invitado. Lo más llamativo del salón era un arco colocado sobre una mesa baja que antes estaba sobre la alfombra que ahora ellos ocupaban, pero que los chicos habían apartado a un lado para poder jugar más cómodamente.
—¿Otra partida más? —propuso Regulus, esperando a que Tenma se irguiera.
—Ya he tenido bastante por hoy—gruñó el joven desde el suelo.
—Oh, vamos. Eres mucho mejor que las otras personas con quien suelo jugar—sonrió con intención de animar a su nuevo amigo, apoyándose con una mano en la alfombra—. Mi tío Sísifo es genial con las estrategias, pero al final suelo ganarle. Y El Cid es solo bueno cuando escoge la espada como arma. Te juro que creo que ese tipo se cuela aquí a escondidas para practicar porque perder con la espada sería una deshonra para él.
—¿Y eso? —se interesó Tenma.
—El Cid es el dueño, junto con mi tío, de la tienda de abajo—le explicó Regulus.
—¿La tienda de antigüedades donde trabaja Shion?
Tenma no encontraba relación alguna entre una tienda de antigüedades y la aparente obsesión por las espadas de ese sujeto.
—No, la de al lado—le corrigió—. La tienda de armas. El Cid se encarga de mantener las espadas en buen estado y a veces forja alguna él mismo, sobre todo por encargo o cuando no tiene nada mejor que hacer. Mi tío trabaja con los arcos.
Eso explicaba el arco que había sobre la mesita. En cuanto a lo de la tienda, Tenma sabía exactamente de cuál hablaba. Había pasado por ahí la tarde anterior y se había quedado un rato mirando absorto el escaparate. Esas espadas tan trabajadas y esos arcos tan impresionantes le habían llamado mucho la atención y no pudo evitar quedarse un rato admirándolos desde la calle. No entró porque le daba vergüenza ya que no sabía nada de armas y no tenía pensado comprar nada del local.
—Mañana es domingo, así que estarán ambos allí. Podemos bajar si quieres a curiosear un poco—sugirió Regulus, adivinando lo que Tenma estaba pensando.
—Genial—aceptó, levantándose ágilmente—. Ahora será mejor que te ayude a dejar las cosas como estaban y vuelva a casa. Dohko estará haciendo la cena.
—No le diré que no a lo de dejar las cosas como estaban pero…—Regulus se levantó de un salto y le miró con una sonrisa traviesa que decía que tenía un plan—. ¿En serio piensas volver después de lo que te ha hecho? Yo en tu lugar buscaría venganza—dijo fingiendo estar serio de repente.
—¿Qué tienes en mente?
—Dile que no piensas volver—explicó el joven, recuperando su sonrisa traviesa—. Que estás dolido y que te vienes conmigo al piso que tengo abajo.
—¿Tienes un piso abajo? —preguntó bruscamente, para después pensar bien en lo que había propuesto—. Espera, no. Es un buen plan pero acabo de mudarme con él y se lo tomará mal. Aunque es cierto que me ha molestado que me encerrara fuera… Acepto.
Antes de llevar a cabo su plan recogieron el salón. Guardaron los mandos y los videojuegos en los cajones del mueble sobre el que descansaba la televisión y dejaron la mesita baja con el arco en su sitio sobre la alfombra, entre la televisión y el sofá. Mientras dejaban las cosas en su sitio hablaban de cómo reaccionaría Dohko ante su pequeña venganza, riendo. Cuando acabaron de recoger, bajaron al piso de abajo y llamaron a la puerta del apartamento de Dohko. Éste no tardó mucho en abrir, como si hubiera estado esperándoles.
—Vaya, hola de nuevo—dijo, sorprendido de volver a ver a Regulus en el rellano junto a Tenma. Al ver las expresiones serias y decididas de los dos jóvenes frunció el ceño, confuso—. ¿Pasa algo?
—Vengo a por mis cosas—anunció Tenma, disfrutando internamente de la expresión de shock del mayor.
—¿C-Cómo? —Dohko tartamudeó, dando un paso atrás como si la noticia hubiera sido literalmente un golpe para él.
—No debiste echarme de casa—le explicó Tenma, intentando parecer enfadado—. Y nada más llegar. Eso me ha dolido, ¿sabes? Me largo con Regulus.
—Oh, vamos, Tenma. Eso fue una broma—intentó razonar su hermano—. Ya sabes cómo soy. No te lo tienes que tomar tan a pecho.
—¿Y cómo sé que no lo vas a hacer otra vez?
Tenma cada vez tenía más dificultades para mantener la expresión seria y enfadada; Dohko le empezaba a dar mucha pena.
—Pensé que necesitarías un empujoncito para socializar—Dohko se explicó con la voz baja, sintiéndose realmente culpable porque pensaba que realmente había hecho daño a su hermanito.
—¿Y piensas echarme de casa cada vez que necesite un empujón para hacer algo?
Dohko no sabía cómo responder a eso.
Tenma, apiadándose por fin de su hermano mayor y no queriendo alargar su sufrimiento, sonrió y se coló en el apartamento.
—En realidad bromeaba—confesó sin mirarle—. Nos vemos mañana, Regulus.
Regulus, que hasta entonces se había mantenido al margen, divertido por la situación, le hizo un gesto de despedida con las manos. Llevaba un rato aguantándose la risa, pero no pudo contenerse cuando Dohko le dirigió una mirada que decía claramente "Me has traicionado" antes de cerrar la puerta de un portazo.
Fue un grito de indignación de Dohko, ligeramente apagado por la distancia, lo que hizo que un rato después Kardia se encontrara al joven de ojos azules tirado en el suelo agarrándose el estómago y con lágrimas en los ojos.
—¡Maldito seas, Tenma! ¡Ahora te largas de verdad!
