Sé que esto es corto y que llega con mucho retraso. Posiblemente deba disculparme y esas cosas, pero creo que quien más pierde soy yo. Adoro escribir este fic, de verdad, no sabéis cuánto. Este fic es la razón por la que publico en este fandom. Sin este fic no me animaría a publicar tantos oneshots, ni habría empezado las cartas, ni nada del estilo. Pero a veces esta autora tiene demasiadas cosas que hacer y demasiados problemas que solucionar como para sentarse a escribir. Como no quería que ciertas cosas afectaran a mi forma de escribir este fic, he hecho un parón que se ha extendido demasiado, así que publico lo que tenía de antes y espero continuar pronto. Más que nada porque ahora viene en el próximo capítulo una de las escenas que más voy a disfrutar escribiendo y que me hubiera gustado incluir aquí. Creo que salimos ganando todos. Los lectores tenéis update (aunque corta) y yo gano... algo que veréis en la próxima update. Eheh~
Gracias por la paciencia a quien aún tenga interés en esto.
Disclaimer: The Lost Canvas no me pertenece.
Después del anuncio de que pasarían la tarde en el cementerio, Regulus arrastró a Tenma a un restaurante de comida rápida con el pretexto de que necesitaban preparar sus estómagos y las patatas fritas son buenas para el alma. Desde luego, Tenma no era nadie para rebatir semejantes argumentos, al menos no con el estómago vacío. Durante la comida nadie habló de los planes que tenían para la tarde. En su lugar, hablaron de la jornada de videojuegos del día anterior y de un nuevo juego que Regulus quería conseguir en cuanto saliera a la venta.
—¿Otro juego más de peleas? ¿No te cansas de ganar siempre? —preguntó el joven de ojos marrones antes de pegar un mordisco a su hamburguesa.
—Este es de luchas con espadas. ¡Espadas, Tenma! —exclamó Regulus, dando un golpe en la mesa y provocando que su batido casi se cayera—. Tengo que ganar a El Cid de una vez por todas, aunque tenga que ir a su piso a arrastrarle al nuestro y pegarle el mando a las manos.
—No creo que sea tan fácil secuestrar a ese tipo—comentó, recordando al hombre de fríos ojos al que había conocido esa misma mañana—. Además, ¿vive lo suficientemente cerca como para poder arrastrarle desde su casa?
Regulus se acabó su refresco antes de contestar con una carcajada.
—¡Pero si vive en la puerta de al lado!
—Aun así, no le veo como alguien… eh… secuestrable—insistió el joven, sorprendido de que el otro dueño de la tienda de armas también fuera su vecino.
Cuando acabaron de comer siguieron discutiendo el tema de la secuestrabilidad de El Cid y de las posibilidades que había de que Regulus le pegara un mando a las manos para obligarle a jugar a un videojuego. Salieron del local y Regulus guió a Tenma hacia su destino, que no era exactamente lo que éste tenía en mente.
—Regulus, ¿no dijiste que íbamos a ir a un cementerio? ¿Qué hacemos en nuestro bloque de apartamentos? —preguntó mientras subían las escaleras al primer piso. El chico de ojos azules sonrió.
—No me refería a un cementerio, sino al cementerio—le explicó, deteniéndose al llegar al fondo del pasillo, delante de la puerta con el número cuatro—. Aquí todos llamamos a este apartamento de esa manera, al menos desde que Aspros lo bautizó.
—¿Y por qué lo llamó así? —preguntó, mirando la puerta sin estar muy convencido de querer entrar.
—Porque ningún ser vivo quiere entrar en semejante lugar. Además, cuando su inquilino se olvida de limpiar apesta a muerte—dijo una conocida voz áspera a sus espaldas.
De la puerta de al lado acababa de salir Deuteros, el hombre con quien Tenma llegó al edificio unos días atrás. Era casi igual que su hermano gemelo, pero su piel era más morena que la de éste. Por el tiempo que había pasado con él en el coche, Tenma podía decir que era más tosco pero menos cruel que Aspros, aunque aún no había interactuado lo suficiente con ellos como para poder estar seguro al cien por cien de ello.
—Cuando dijiste que traerías a alguien para la partida pensé que hablabas de alguien más crecidito. El cementerio se está llenando de canijos—comentó el recién llegado, con aspecto pensativo—. ¿Sabe jugar?
Regulus asintió con la cabeza antes de aporrear la puerta, evitando la mirada de Tenma, que se hallaba completamente perdido. Antes de que pudiera hablar, alguien conocido abrió la puerta.
—Llegáis tarde—les saludó alguien conocido. El que había abierto la puerta era otro de sus vecinos. De hecho, no era ni más ni menos que aquel que le había invitado a cerveza aunque, técnicamente, él no había pagado con su propio dinero.
—Eres tú el que ha llegado pronto—gritó alguien en el interior del domicilio.
—Hoy Manigoldo está de mal humor. Casi parece Aspros—comentó Kardia, que aún no se había dado cuenta de la presencia de Tenma—. Tendremos que ir con cuidado o descargará su mala leche sobre nosotros tres como le dejemos ganar.
—No digas tan a la ligera que parece mi hermano. Eso ya son palabras mayores—bromeó Deuteros, que apoyó una mano en el hombro de Tenma—. Hemos traído carne fresca.
Kardia no tuvo tiempo de comentar acerca de la presencia del menor ya que la otra persona que había dentro, que Tenma dedujo que era el dueño del apartamento, le interrumpió preguntando si habían traído cerveza. Deuteros entró en el piso respondiendo con un grito que él había traído unas latas. El joven, que hasta entonces había pensado que Deuteros no llevaba nada en las manos, fue dolorosamente consciente de la bolsa que llevaba el transportista cuando al pasar por su lado le golpeó sin querer con ella en la rodilla. Tenma dirigió su mirada llena de reproche a Regulus, que le miraba sonriendo, sin remordimiento alguno.
—Me debes una explicación. Y rápido.
El "antes de que decida huir lejos de aquí" quedó en el aire.
