Mañana empiezo los exámenes~ He decidido escribir esto en un descanso (no sé si merecido) de mi estudio porque durante exámenes me va a ser prácticamente imposible. Si no muero, la próxima update será en febrero (los exámenes son hasta finales de enero).
Disclaimer: The Lost Canvas no me pertenece.
Tenma tomó aire para tranquilizarse, pero no le sirvió de nada. Su corazón iba a mil por hora; sentía que si seguía así se le iba a salir del pecho. Le costaba respirar; era como si el aire no llegara a sus pulmones. Levantó una mano temblorosa y tocó al timbre, sellando así su destino. Con un poco de suerte, nadie respondería y podría volver a su casa de una pieza.
El joven castaño estaba en el tercer piso del edificio en el que vivía con Dohko, esperando a que alguien abriera la puerta del apartamento más alejado de las escaleras, su única ruta de escape. Para su desgracia, sabía que tres hombres y un amigo traidor habilidosos en juegos de cartas bloqueaban dicha ruta. No tenía muy claro si estaban allí para asegurarse de que cumplía su palabra (como dijo Manigoldo), para que no se escaqueara (palabras de Kardia), para darle ánimos (eso no se lo creía ni el propio Regulus) o para disfrutar del espectáculo (posiblemente Deuteros fue el más sincero).
La verdad es que el joven no estaba seguro de cómo había llegado a esa situación. Todo había empezado con una partida de póker aparentemente inofensiva y con una sugerencia para hacer el juego más interesante.
Llevaban un buen rato jugando y Tenma no lo estaba haciendo nada mal. No era el que más rondas había ganado, pero tampoco era el que peor lo estaba haciendo. Lo cierto es que se lo estaba pasando bastante bien.
—¿Por qué no hacemos algo para que la partida no sea tan aburrida?
El que había hablado fue el inquilino del apartamento, el tipo al que habían presentado como Manigoldo. Aparentaba unos veinticinco años. Tenía el pelo de un color azul oscuro tirando a morado, aunque con la pobre iluminación del lugar no tenía muy claro el tono exacto. Al principio su carácter recordaba al de Aspros, pero Tenma no tardó en darse cuenta de que sus sentido del humor era muy distinto. Manigoldo parecía disfrutar burlándose de los más jóvenes, pero no era tan hiriente y cruel como el gemelo de Deuteros.
—¿Qué propones?—preguntó Kardia, que parecía más interesado en la cerveza que en las cartas.
—Ya que no podemos apostar dinero porque están aquí los renacuajos estos, podemos hacer que quien gane más rondas rete al que haya perdido más veces a hacer algo—sugirió, mirando de reojo a Tenma.
Todos aceptaron. Incluso Tenma lo hizo. Hasta entonces le había ido bien, así que sentía que no corría el riesgo de perder. Qué equivocado estaba. Parecía que los otros jugadores se habían puesto las pilas y que la suerte le había abandonado. Manigoldo, sobre todo, era implacable. Era el que más rondas ganaba con sus cartas y sus faroles. Parecía que el reto les había hecho despertar… O tal vez las rondas previas a la sugerencia habían sido una estrategia para crear una sensación de falsa seguridad en el nuevo inquilino del edificio. Desde luego, su amigo Regulus no parecía sorprendido con la mejora en el juego del resto de la mesa. Hasta él parecía estar haciéndolo mejor que antes. Cuando, unas horas después, Manigoldo le dijo su reto con una sonrisa diabólica, Tenma tuvo claro que había sido víctima de una emboscada y de que su amigo le había traicionado.
—Manigoldo es muy bueno en juegos de mesa cuando está motivado. Menos en ajedrez; ese juego se le atraganta—le dijo el joven de ojos azules cuando se dirigían al tercer piso del edificio. Al ver lo pálido que estaba su nuevo amigo, intentó tranquilizarle—. Relájate. Seguro que al final hasta te diviertes con su reto, ya verás.
La puerta se abrió, sacando a Tenma de su ensimismamiento. La persona que había al otro lado era bastante pálida y tenía los ojos azules. Su pelo, también de color azul claro, le llegaba hasta la mitad de la espalda. Aparentaba una edad similar a la de Manigoldo, aunque quizás era ligeramente más joven. Tenía un pequeño lunar bajo su ojo izquierdo. Era una persona, a falta de otra palabra más exacta, bella.
—¿Necesitas algo?—le preguntó cuando veía que el joven no decía nada.
Tenía un serio problema. Esa persona era extremadamente andrógina; no tenía muy claro si era hombre o mujer. Las instrucciones de Manigoldo habían sido claras, pero Tenma no confiaba mucho en ese tipo. Armándose de valor, se decidió a hablar.
—Buenos días, señora Albafica—le saludó, logrando no tartamudear—. Vengo a darle un mensaje.
—¿Señora Albafica?—repitió Albafica, mirándole fijamente.
El rostro de la persona que Tenma tenía enfrente se ensombreció y el joven se puso nervioso. Era demasiado joven para morir. Todavía tenía muchas cosas que hacer, como vengarse del traidor que le había metido en ese lío. Intentando arreglar su error, decidió rectificar.
—¿Señorita, tal vez?
El rostro de Albafica se ensombrecía cada vez más. Sus ojos prometían una muerte dolorosa. Tenma lamentaba no haberle confesado a Dohko que fue él quien se comió sus yogures el otro día. ¿Le dejarían ir al cielo con eso en su conciencia? Si mal no recordaba, la gula era un pecado capital de esos o algo así.
Viendo que no había mejorado su situación, decidió armarse de valor para entregar el mensaje que le había dado Manigoldo.
—Mmm… Bella flor, me han pedido que le diga que debería empezar a llevar falda porque los pantalones no le hacen justicia a sus piernas—dijo apresuradamente, sin poder evitar sonrojarse a pesar del serio peligro que corría su vida.
Si las miradas mataran, Tenma ya estaría varios metros bajo tierra. Albafica dio un paso hacia delante, posiblemente con la intención de asesinar al joven, cuando una carcajada rompió el silencio que se había formado. Había alguien riéndose con ganas en las escaleras. Aunque no le veían el rostro por estar casi de cuclillas agarrándose el estómago, no había duda de su identidad. Albafica también pareció identificarle.
—¡Manigoldo, maldito!—gritó con una voz definitivamente masculina, acercándose rápidamente hacia el hombre, que apenas podía mantenerse en pie.
Viendo que se encontraba en problemas, Manigoldo logró vencer a la risa y corrió escaleras abajo, con Albafica pisándole los talones y gritando amenazas de muerte. Quién iba a pensar que una persona tan bella tendría semejante instinto homicida…
Una vez pasado el peligro, Regulus, Kardia y Deuteros se acercaron riendo a Tenma. Albafica había estado tan concentrado en perseguir a Manigoldo que no reparó en la presencia de los otros tres.
—Ha sido… genial—dijo Regulus, sin poder dejar de reír.
—Cerveza y espectáculo. La tarde perfecta—sonrió Kardia dándole unas palmaditas en la espalda a Tenma, que aún no se había recuperado de su experiencia cercana a la muerte.
—Esas caras no tienen precio—rió Deuteros, recordando las expresiones de Albafica y Tenma durante la conversación, y la de Manigoldo cuando vio que el primero se le echaba encima.
Tenma no podía articular palabra. Por una parte, quería llorar de alegría por seguir vivo. Por otra parte, quería matar a los tres tipos que tenía delante y que tanto habían disfrutado a su costa. Iba a hablar para expresar su enfado cuando la puerta del piso contiguo al de Albafica se abrió y salió una figura al rellano. Tenía el pelo verde, largo hasta la cintura. No parecía estar de buen humor.
—¿Qué escándalo es este?
Esa voz le resultaba extrañamente familiar.
El joven, de unos veinte años, examinó a los cuatro que estaban en el lugar hasta sus ojos verdes se detuvieron finalmente en Kardia. Se ajustó sus gafas ovaladas con una mano y sonrió forzadamente.
—Vaya, Kardia. Qué bien que estás por aquí—dijo intentando parecer jovial, cogiéndo al mencionado del brazo con un agarre firme. Medían más o menos lo mismo, aunque Kardia estaba algo inclinado en un vano esfuerzo de alejarse del recién llegado, así que Tenma no estaba seguro—. Ya que sé que tú eres el responsable de la desaparición de mi cartera, no te importará ayudarme con los estudios.
—No sé de qué hablas, Degel—dijo el joven de cabello azul, poniéndose muy pálido de golpe.
—Me han dado un montón de agujas, así que a cambio del dinero que me quitaste me vas a dejar tus venas esta tarde. Tranquilo, seguro que con todo lo que voy a practicar contigo al final ni duele.
Degel era la persona de la que Kardia huía cuando Tenma le conoció, recordó el joven mientras veía cómo el hombre de pelo verde arrastraba a su víctima hacia su apartamento y cerraba la puerta tras de sí, ignorando las súplicas de este último.
Tras unos segundos de silencio, Deuteros se despidió de Regulus y Tenma diciendo que ya no había nada interesante que ver y desapareció por las escaleras.
—¿Qué ha sido eso? —preguntó Tenma.
—Degel y Kardia son amigos desde hace tiempo y Kardia siempre se aprovecha de ello. Degel suele acabar vengándose, tarde o temprano—explicó el joven de ojos azules—. Lo de las agujas es porque Degel estudia medicina, creo.
—Ya veo—murmuró Tenma, no muy contento con su amigo.
—No te enfades por lo del póker, anda. En el fondo seguro que te lo has pasado tan bien como el resto al ver a Albafica persiguiendo a Manigoldo. No me odies—intentó convencerle, intentando que el castaño le perdonara.
Tenma iba a sucumbir cuando una voz grave les sorprendió.
—¿Sabéis qué les pasa a Albafica y Manigoldo? Manigoldo casi se choca con Asmita en las escaleras. Asmita casi le mata—dijo El Cid, que acababa de subir las escaleras.
Asmita, pensó Tenma, era el joven ciego que vivía en el piso de al lado de Dohko.
—¿No querrás decir que casi mata a Asmita? —preguntó.
—Que no te engañe su ceguera. Dije exactamente lo que quería decir—respondió, abriendo la puerta de su apartamento. Tras un gesto seco de despedida, se metió en él y cerró tras de sí.
Tenma miró a Regulus con miles de preguntas reflejadas en sus ojos. El joven sonrió al ver que su amigo había olvidado su enfado y le invitó a pasar a su casa antes de la cena para resolverle sus dudas.
Si todos los días eran como aquel, la vida en su nuevo hogar no iba a ser nada aburrida.
