Francia se encontraūba en una época algo imposible de controlar, Francis poseía diversos problemas con sus superiores y a su vez tenía problemas con los otros países. Tuvo una pelea de territorios y de economía que lo dejó exhausto a tan nivel que se encerraba en su alcoba durante días. Vincent estaba preocupado, él ya era por así decirlo grande y capaz de encargarse por su cuenta de su dichoso país, aunque seguía bajo régimen francés (Aunque este no era para nada un escarmiento, para su pueblo).
Un día de esos, Vincent tocó la puerta de Francis él cual llevaba una semana sin salir.
-Francis.- Pronunció el holandés pero nadie contesto-. Abre la puerta o entraré yo.- Dijo ahora un poco cabreado.
-Vincent...- Susurro por atrás de la puerta el francés-. Déjame sólo.- Le ordenó pero estaba ves él no acató y entró a la fuerza.
Allí se encontraba Francis sentado en el suelo, con ojos inyectados en sangre por tanto llorar, el pelo revuelto y sus vestimentas rotas y sucias... sus mangas ensangretadas y su cara igual, había sangre por toda la habitación, lo cual asusto a Vincent el cual se acercó corriendo.
-¡¿Qué demonios te ocurrió?!- Le gritó mirando su andrajosa apariencia pero él no contesto, ni siquiera lo miro-. ¡Contéstame!- Le gritó desesperado, consiguiendo que este le mirase.
-Vincent... ¿Por qué entraste? Te dije que no lo hicieras...- Murmuró mientras las lágrimas brotaban nuevamente de sus celestes ojos-. No quería que vieras esta faceta mía...
-Francis... ¿Te heriste a ti mismo?- Él asintio-. ¿Comiste algo?- Él negó-. ¿Por qué lo hiciste?- Pero esta vez el quedó en completo silencio.
Al ver esto, Vincent levantó al estilo nupcial a Francis y se lo llevo al baño principal. Allí el joven holandés lo depósito en el costado de la bañera donde se hayaba un asiento de mármol, allí lo dejó para abrir las Canillas de la gran bañera y para luego dirigirse a él.
-Francis...- Dijo en un susurro avergonzado-. Voy a desvestirte ¿De acuerdo?- Francis lo miro y vagamente asistió.
Con un rubor rosa, Vincent despojó al francés de sus sucias vestimentas, dejando ver su delgado y fino cuerpo pero a su vez musculoso, el tenía una cicatriz en medio del pecho, que llegaba desde su clavícula hasta su ombligo en la parte izquierda. Un leve sonrojo se asomó por sus orejas para alejar su vista y dirigirse a sus pantalones pero este fue frenado por la mano de Francis.
-Vincent... No creo que se buena idea hacer eso.- Susurró haciendo que el holandés lo mirase y pudiera apreciar su profundo sonrojo, lo cual puso nervioso a Vincent.
-¿Por qué dices eso?...- Preguntó algo titubeante.
-Sólo es por cuestiones hormonales.- Confesó Francis con una sonrisa mientras apretaba tímido sus piernas.
Vincent estaba sonrojado viendo su ya pequeña figura y su dulces ojos, el no tuvo control de su inapropiada acción. Él se acercó aún más a Francis y lo besó suavemente en los labios, este unos segundos más tarde aceptó su tacto y lo profundizó. Pasión se sentía en ese momento, parecía algo inapagable pero por más gracioso que suene, Vincent aún avergonzado, dejó de besar al francés y lo tomó entre sus brazos para luego llevarlo junto a él a la tina llena de agua. Los dos cayeron y Vincent era el que tenía sobre su pecho al rubio francés. Los besos y las caricias fueron en aumento, mientras el agua de la bañera se teñia del escarlata de la sangre del francés, el cual a la vista de Vincent era la cosa más bella que hubiera podido encontrar, incluso más que los propios tulipanes. El augura iba cambiandose ya que tenía un sistema de cambio de agua de la epoca, el cual no estaba nada mal.
Vincent beso y limpio cada fragmento del cuerpo de Francis, acariciandolo y tocandolo. El francés necesitaba de ese tacto, de esa dulzura, tan sólo necesitaba ser consolaso con amor; y ese deseó fue acallado por los mismos anhelos del holandés hace años, desde que lo veía en los brazos de ese mal agradecido inglés.
-Francis...- Le susurró Vincent mientras con su mano tocaba su entrepierna-. Quiero hacerte el amor.- Le dijo decisivos al oido para luego mordisquiarlo con cierto deseo.
Francis al oír esto quedó rojo de cara y orejas, y sin palabra alguna que decir pues Vincent había sido como un hijo, llegó a ser familia y a veces, lo único amado que tenía. Estaba confuso, indeciso pero aún así, con la necesidad de que el le amase tan sólo por este día. Él dirigió sus manos hacia la de Vincent en señal que parace, lo cual le hizo asustar. Francis se dio media vuelta estando ahora sentado sobre el regazo de Él, mirando fijamente a sus ojos olivas, llevando sus brazos hacia el cuello de Vincent para luego besarlo y mover sus caderas, exsitando al holandés aún más.
Los gemidos llegaron a aumentar y Francis decidió dar el siguiente paso, ya que el era mucho más experto en tener relaciones sexuales. Él le pidió a Vincent que se sentará en el borde de la bañera. Este acató y a Francis le facilitó el bajarle los pantalones y los boxers para chuparsela; de arriba para abajo como un experto, haciendo que Vince tuviera que contener su clara excitación, Aunque esto no duro mucho ya que en menos de tres o cuatro minutos, el holandés se corrio en la boca de él. Tan pronto como Francis abandonó su pocision de mamadas, Vicent le tomo por el brazo y lo atrajo hacia él, besandolo bruscamente, encantado por poder estar tocando a Francis, a su amado tutor.
-Vincent.- Le susurró ahora SU francés-. ¿Puedes metermela?- Esa pregunta dejó aún más sonrojado y extasiado a Vincent el cual entre bajas risitas, lo tomo de la cintura y lo volvió a besar, cuando se separaron, Vincent lo hizo ponerse contra la pared haciendo avergonzar a su amante.
-¿En serio contra la pared? ¿No crees que es un poco...- Preguntó incautó.
-En mi opinión es demasiado sexy y atrevido verte así.- Le susurró mientras intrucia un dedo en su entrada, haciendo que jadease-. Ya quiero entrar en ti y hacerte gemir mi nombre.- Le volvió a murmurar ingresando un dedo mas-. Que excitante y once no eres, Francis.- Esta vez se apoyó contra su espalda deslizando su otra mano a uno de sus pesones para acariciarselo depravadamente, mientras frotaba y le demostraba a Francis su Fran erección por el.
-Vincent...- Se quejo mientras gemia.
-¿Qué pasa? No me digas que no te gusta. Tu culto ya quiere que te la meta.- Dijo obsenamente pero ¿Quién no lo haría? Francis involuntariamente por la excitación se frotaba contra la erección de Él a la vez que los dedos de Vincent estaban introducidos-. No sabía que eras tan lascivo.- El holandés sacó sus dedos de la entrada y froto su erección contra el pobre francés-. Dime lo que quieres y te lo daré.- Le dijo satisfecho por el meneo del culo del rubio.
-Vincent... Quiero que me la metas.- Confesó avergonzado mientras ofrecía aún más su parte trasera, llevando su propia mano hacia su nalga derecha y mostrando mejor su entrada.
-¿Te dijieron alguna ves que eres condenadamente sexy?- Preguntó extasiado para luego meter su pene dentro de Francis haciéndolo gemir.
Las estocadas que le daba Vincent lo estaban volviendo desquiciado, al igual que ÉL mientras la metía en ese tan deseado culo. Los dos estaban en las nubes, Vincent suspirando su nombre mientras que Francis lo gritaba entre gemidos de placer; los dos follaron por lo menos tres horas en el baño, y por ello las sirvientas del castillo clausuraron esa zona para que nadie pudiese molestar.
Cuando por fin los cayeron cansados, Vincent nuevamente posó arriba de su pecho a Francis, bajo el agua de la bañera que ahora estaba perfumada por una esencia de rosas. Los dos se encontraron en un encantador silencio que fue terminado por el tararear de Francis, lo cual apaciguo el alma del holandés. Allí se quedaron un buen rato, los dos dulcemente con las manos entrelazadas.
