Algunos creen que nuestra vida es tan sencilla, llena de lujos y de felicidad por el simple hecho de permaneces toda la eternidad en el poder; supongo que los países lo veían así de pequeños... pero a medida que crecemos, nosotros somos los responsables de la estabilidad y fuerza de nuestra tierra... nosotros no podemos permanecer tranquilos, al menos no durante los inicios de crisis o de nuevo gobierno, lo cual para nosotros es tan común y repetitivo.
Muchos nos preguntan como nosotros existimos, que clase de Dios nos creó; sinceramente no poseo una respuesta correcta para tal pregunta pero puedo afirmar que mi notoriedad y existencia, fueron necesarios para la supervivencia del gobierno, aunque al día de hoy... los políticos mejoran sus tácticas y su corrupción crece a medida que se cometen fraudes y asesinatos; muchos humanos creen estar por arriba de la ley, de su dios, tanto que llegan a la auto-destrucción. Pero ¿Esto no se ha repetido? Por supuesto que sí, siempre ocurre y siempre termina en la misma resolución sin sentido que al parecer no basta para enseñarles que es imposible querer llenarse de dinero y poder.
-Me pregunto ¿Hasta cuándo seré necesario?- Había desaparecido unos días de mis deberes como país, mis ganas y mi humor no se encontraban en condiciones de enfrentar a otro juez ni a otro país con ganas de comercio.
Mis condiciones actuales eran inaceptables, hasta para mí.
La búsqueda de la tranquilidad era mi objetivo y las clases que otorgaba a los jóvenes soldados se encontraban desplazadas por ello.
-¿Cómo se las estarán ingeniando mis alumnos hoy?- Pregunté al aire mientras rascaba mi cabello rubio.
Camine por las calles francesas, sin un lugar específico al cual ir, hace mucho tiempo que había dejado de tener un lugar al cual poder regresar; era frustrante.
No encontraba consuelo, y ante el deseo de la muerte, mi sable calmaba las ansias del sufrir. Ya no me desquitaba con los presos, me abstenía del espectáculo de la brillante guillotina.
¿Sabéis? El más importante de todos... 1789. Ese año y los siguientes comenzarían todo lo que el pueblo quería cambiar; y yo debía seguir a mi pueblo con su deseo. Quien se ponga en contra del pueblo, merece la pena de muerte.
Mi fuerza y deseos se encontraban en manos del gran soldado Napoleón Bonaparte; el cual llegó a trepar por mis finas fibras, convirtiéndose en poco tiempo en mi amante y confidente. En el plazo de 14 años Napoleón se convirtió en el emperador del pueblo dejando en claro las metas que poseía para el pueblo el cual lo aclamaba con fe y pasión.
-Hubiese sido lindo vivir tus últimos momentos contigo.- Susurre en mi andar, recordando los días que pasé junto a él-. Hubiera sido bonito pasar más momentos con ellos...- Arthur, tu fuiste el causante otra vez.
Cuándo Napoleón fue capturado en Santa Elena durante esos tristes 5 años, los ingleses afirmaron a nuestro pueblo que él había muerto por causas naturales... aunque fue demasiado obvio que su muerte fue causada, lo cual partió el corazón de los franceses, guardando aún más rencor hacia Gran Bretaña.
-Y tan sólo han pasado 10 años de su muerte. He de decir que hemos progresado bastante bien...- Mi mirar cayó en las casas de los pueblerinos-. Aunque aún falta mucho para llegar a ser un buen país.- Un suspiró escapó de mi boca-. ¿Que estoy haciendo? debo ir a dar clases a los jóvenes.- Frene mi andar y di media vuelta para salir corriendo después.
La revolución política se extendió por todo Europa, causando un revuelo y una gran confusión entre países. Yo, Francia, soy el país más viejo de Europa que aún resuena en la actualidad, yo tengo el deber de enseñar cómo una vez hizo el Imperio romano.
Pequeños países vinieron en busca de mi asesoría... entre ellos Vinc-... Holanda. Los reuní a todos en una sala, pidiendo que sean claros con sus dudas y estos aceptaron complacidos.
-Hola y bienvenidos.- Saludé con una pequeña sonrisa y reverencia-. Sé que muchos de ustedes les cuesta el entender las necesidades de vuestro pueblo, o el cómo cumplirlas; así que yo os daré algunos consejos y observaciones que he tenido en esta experiencia revolucionaria.
Las clases fueron claras y muy útiles para todos. Al final de esta todos se retiraron, menos Holanda.
-¿Tienes alguna duda Holanda?- Pregunté mientras acomodaba mis escritos.
-Dime Vincent.
-Sabes que me es imposible llamarte así.- Contesté secamente.
-¿Por qué?- Su pregunta fue evadida por la mía.
-¿Cómo te está yendo con España?- Él lo noto.
-¿Por qué evitas mi pregunta?- Se notaba en su voz lo herido que estaba.
-Holanda.- Mis ojos se fijaron en los papeles que tenía en mis manos-. Tú y yo ya no tenemos relación alguna, sólo tenemos una meta en común, darle el bienestar a nuestro pueblo.
-No he venido sólo por los consejos, he venido por ti.- Él se acercó a mí y tomó mis manos fuera de los papeles que acomodaba. No le resistí ante él, pero tampoco lo mire-. Mírame a los ojos.
-No deseo acatar tu mandato.
Se sintió el chasquido de su lengua y el enojo, ante la fuerza se su agarre.
Él bajo su cabeza hasta mi cuello descubierto y mordió con rudeza mi piel.
-Holan-...- fui detenido por su mano.
-Llámame Vincent, odio que no digas mi nombre... más cuando no te he visto en muchos años... Y más cuando aún recuerdo cuando lo gemías.
-No hay necesidad de recordar tantas tonterías.- Me limite a decirle, sin mucha emoción. Ocultando mi dolor.
-Estos recuerdos no son innecesarios.- Él tomó mi rostro y lo alzó, mirándome con cierto enfado... No pude evitarlo y también lo mire-. Eres hermoso, nunca dejaste de serlo... dime ¿Has vuelto con ese capullo o has salido con otro?
-Eso no es de tu interés.
-Indirectamente has dicho que sí... ¿Quién ha sido?
-Ya... basta, has dejado de influir en mi vida, no te incumbe el que hago o con quien me acuesto.- Mis manos se movieron ágilmente y en cuestión de segundos, ya había salido de su rudo agarre-. Pero ¿Sabes? Me acosté nuevamente con Arthur y con unos generales de mi milicia... ah, y con tu hermano.- Quería limítame pero yo también poseo rencor y enojo hacía él.
Una sonrisa escaló por mis labios.
-Querrás aparentar pureza, pero siempre terminas enseñándole el culo a quien se te crucé.
-¿Qué tiene de malo? Los hombres y las mujeres aman mi cuerpo, no puedo resistir el dar a los otros sus más dulces deseos.
-...- Su silencio perduró por algunos segundos, para luego recaer en una sola pregunta-. ¿Entonces cumplirlas los míos?- Sus hermosos ojos estaban absortos mirando los míos.
Esto es horrible, triste, algo indeseable... pero ¿acaso puedo rechazar sus manos o sus deseos? Lo único que puedo hacer es cerrar los ojos y dejar que el cumpla sus anhelos.
Yo tan solo soy un pedazo de carne que los demás se reparten, no me considero un individuo con sentimientos... sí... eso era lo que pensaba cuando me convertí en su tutor, cuando Arthur había dejado un montón de heridas incurables; pero ahora estoy en mi presente, ya no habrá pretextos tontos sobre que no soy "humano" y que no merezco ternura o buen trato. Cambie. El tener el corazón de ese hombre en mis manos hizo que me diera cuenta de autoflagelamiento, y que parara con ello.
-No.- Respondí secamente, y lo empuje lejos de mí-. Vincent, yo ya no soy ese hombre que conociste esa maldita época... sí, mi nombre es Francis, soy Francia, pero eso no significa que siga siendo aquel perro conformista que era. Vincent, yo no me volveré a dejar pisotear como antes.
Le estaba diciendo la verdad pero... su mirar, se sentía tan triste.
-Lo entiendo.- Murmuro mientras acomodan su corbata y se ponía en una correcta postura-. Perdón por molestarte, Francis.
-No tienes por qué hacerlo.- Baje mi mirar sin decir más, pero él se acercó nuevamente y beso mi frente con delicadeza.
-Espero volver a verte.- Musito y se marchó, dejando en mí una vaga sensación triste y melosa, pero que por la perpetuación de mi orgullo, era casi inexistente... o eso creía yo.
