He aquí el segundo capítulo. En realidad, era más largo, pero preferí dividirlo en dos, para mantener un formato corto. La segunda parte es lo que será el tercer capítulo, el cual publicaré en una semana más. Cualquier consulta, sugerencia o corrección, no duden en hacérmela saber.
2
Era una agradable mañana a principios de otoño. La luz del mediodía entraba a raudales por el ventanal y el trinar de los gorriones alegraba el ambiente.
Afuera, en el balcón, Genos tendía la ropa recién lavada y perfumada. Había usado un nuevo detergente en oferta, el cual dejaba la tela con un suave aroma a lavanda.
Tras colgar el último calcetín, volvió a entrar al apartamento. Miró a su alrededor en busca de más tareas pendientes, sin embargo, tanto la sala de estar, como el baño y la cocina se hallaban limpios y ordenados hasta el último rincón. Sin darse cuenta, había terminado con todos los quehaceres del hogar en tan solo una hora.
Desocupado, y sabiendo que aún era muy temprano como para ponerse a cocinar, decidió disponer de su tiempo para los estudios.
Sacó del armario sus libretas de apuntes, que ya sumaban una decena, una por cada mes transcurrido desde que era alumno de Saitama, y las dejó sobre la mesa del kotatsu. Tomó asiento y empezó a revisarlas, una por una, comenzando por la más antigua. Estaban enumeradas del uno al diez, de modo que podía leerlas en ese orden.
La mayoría de sus anotaciones eran acerca de su sensei, por quien sentía una vasta admiración y un profundo respeto. Desde el momento en que éste le permitió convertirse en su discípulo, Genos se propuso aprender de él tanto como le fuera posible, anotando con lápiz y papel hasta el más mínimo detalle.
El contenido de los diez cuadernos podía resumirse como un estudio exhaustivo de la vida de Saitama, el cual incluía desde patrones de conducta y actividades diarias, hasta hábitos alimenticios y horarios de sueño. También llevaba un registro de las nuevas técnicas de combate que había adquirido durante sus sesiones de entrenamiento, así como de las valiosas enseñanzas con las que su maestro le impartía sabiduría. De éstas últimas tenía escritas un montón, gracias a las cuales había aprendido muchas cosas acerca de ser un héroe.
Tras acabar de leer su segundo cuaderno de apuntes, lo cerró y de inmediato continuó con el tercero. Avanzaba rápidamente, hoja tras hoja, como si buscara algo en específico.
En verdad se había vuelto mucho más fuerte desde que era aprendiz de Saitama, de eso no tenía ninguna duda. Sin embargo, aún estaba muy lejos de alcanzar un nivel como el suyo. Ahora que volvía a leer sus apuntes, se daba cuenta de ello, de que a pesar del tiempo que llevaban viviendo juntos, todavía no lograba descifrar cuál era su secreto para hacerse más fuerte.
Levantó la vista y miró hacia la puerta de entrada del apartamento, preguntándose en cuanto rato más volvería su sensei.
Saitama no se hallaba en casa en ese instante. Salió sin decirle a dónde iba, y cuando Genos se ofreció a acompañarle, éste se lo negó. Dijo que quería ir solo. A veces hacía eso; ir solo a alguna parte. Al principio, cada vez que se marchaba, Genos solía seguirle a escondidas, pues pensaba que aquellos misteriosos paseos tenían algo que ver con alguna clase de entrenamiento secreto. Pero no pasó mucho tiempo antes de convencerse de que lo único que hacía era salir a dar una vuelta por el vecindario, y solo entonces dejó de seguirlo.
Acabado de leer su tercer cuaderno, lo cerró y continuó con el cuarto. Sus ojos seguían la lectura a un ritmo vertiginoso, más rápido que cualquier humano promedio, escaneando cada página y analizando cada palabra en una fracción de segundo, en busca de alguna pista que hubiese pasado por alto y que le ayudase a resolver el misterio.
No. Nada. Absolutamente nada. Terminó de leer los seis cuadernos restantes y la verdad parecía ser una sola; cualquiera que fuese la clave para hacerse más poderoso, ésta no se hallaba en sus anotaciones ni en nada que hubiese aprendido hasta ahora.
Pero, entonces, ¿dónde?
Genos apoyó los codos sobre la mesa y entrecruzó los dedos de sus manos frente a su rostro, mientras reflexionaba al respecto ¿Podría ser que la respuesta fuese más simple de lo que hubiera imaginado? Su maestro ya antes se lo había dicho, pero él se había negado a creerlo.
Cien flexiones, cien abdominales, cien sentadillas y correr diez kilómetros todos los días, durante tres años.
Acaso era posible que un régimen de entrenamiento convencional pudiera ser la fórmula que andaba buscando, o es que su maestro no confiaba lo suficiente en él, ni le creía merecedor, como para revelarle la verdad, y, en vez de eso, había decidió mentirle. Quizás, ni siquiera Saitama sabía cuál era el origen de sus poderes, y lo anterior solo era una excusa para explicar lo inexplicable.
Cualquiera que fuese la respuesta, tendría que dejarlo para más tarde, pues ahora que miraba el reloj en su celular, se daba cuenta de que ya era tiempo de preparar el almuerzo. Guardó sus libretas de regreso en el armario, y una vez en la cocina y con su delantal puesto, se puso manos a la obra.
Mientras rebanaba un enorme daikon en rodajas perfectas, se detuvo por un minuto y miró hacía el ventanal. Afuera, la ropa que colgara anteriormente era mecida por la suave brisa de otoño. Hacía un lindo día, soleado y tranquilo. Quizás su maestro había pensado lo mismo y por eso decidiera salir a dar un paseo. En verdad le hubiese gustado acompañarlo. Últimamente deseaba estar con él en todo momento, no necesariamente para que le entrenara, sino porque nunca antes se había sentido tan cómodo al lado de otra persona.
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Como se habrán dado cuenta, el estilo de este capítulo es muy similar al del primero, con un tono más que nada introspectivo. No sé si será la forma más emocionante de empezar una historia, pero espero que tampoco sea la más aburrida x3 Ante todo, ojalá que este capítulo haya conseguido captar su atención. Ya a partir del tercero las cosas serán diferentes, en el sentido de que habrá más diálogos, y quizás hasta se entienda mejor a dónde quiero llegar con todo esto.
Clairvore: me alegra que pienses así n_n Aunque esta historia no estará enfocada en un romance, sí será bastante íntima, al menos en cierto sentido, ya que lo que deseo es profundizar en la relación entre estos dos. Más que nada me concentraré en el pasado de Saitama y en la fascinación que siente Genos por conocer un poco más de la persona que tanto admira.
En verdad, me alegra mucho que te haya gustado :-D Se me ocurrió que dibujarse en el espejo era algo que Saitama haría. Además, fue una excelente forma de guiarme a través de los pensamientos del personaje sin perderme en el camino. Por otro lado, mirarse en un espejo es una manera de mirarse a uno mismo, ya sea en el exterior como en el interior.
Gracias por tu apoyo, en verdad lo aprecio. Ojalá se sumaran más a esta iniciativa de crear un foro, más que nada para acercarnos como comunidad, aunque sea pequeña.
