¿Dije una semana? Quise decir dos.
3
Una mañana cualquiera, como de costumbre, Genos se dispuso hacer el aseo en el apartamento. Después que acabó de limpiar la cocina y, luego, el baño, se dirigió a la sala de estar. Saitama se hallaba ahí en ese momento. Sentado en el suelo y con la espalda apoyada en la colcha de su futón, leía uno de sus mangas favoritos. Aún llevaba el piyama puesto.
Mientras hacía la limpieza, Genos decidió que el estante donde descansaba la colección de historietas de Saitama necesitaba una buena sacudida.
—Espero que no le importe que los limpie ―sin aguardar por una respuesta, sacó varios mangas de una de las repisas y, con un paño, empezó a quitarles el polvo.
— ¿Qué tal si, en vez de limpiarlos, lees uno? Ese de allí es bastante bueno —le señaló Saitama, apuntando con el dedo gordo del pie uno de los tomos—. Verte trabajar tanto hace que me sienta culpable. Te has ganado un descanso.
Genos quiso protestar, pero éste se lo impidió, pues sabía lo testarudo que podía llegar a ser.
―No quiero oír tus excusas. Necesitas descansar. Ya has hecho más que suficiente.
Sin atreverse a contradecir a su maestro, el muchacho hizo lo que se le pedía y sacó de la repisa el tomo sugerido por éste.
— ¿Dangan Tenshi Fan Club? ―leyó el título con voz interrogante mientras observaba la ilustración de portada; una chica con uniforme y armadura posando gallardamente.
―Se trata de una estudiante de instituto elegida para defender la tierra de monstruos y demonios ―explicó Saitama, levantando la vista de su libro―. Para pelear usa una armadura de combate equipada con un cañón mágico. De cierta forma, me recuerda a ti; con todo ese armamento a cuestas, parece una pequeña máquina de batalla. Es muy divertido y la acción es increíble.
―Oh, ya veo ―contestó, arrodillándose cerca suyo―. Si sensei dice que es bueno, entonces, de seguro debe ser así.
Antes de empezar a leer, lo primero que hizo fue echarle una hojeada rápida a las páginas. Al hacerlo, algo resbaló del interior y fue a parar al piso. Lucía como un papel en blanco. Genos se inclinó a recogerlo, y al darle la vuelta, descubrió que se trataba de una fotografía. Había un hombre en ella, vestido de traje y corbata, con cabello negro y mirada ausente.
Era la clase de instantánea que uno se sacaría para poner en un currículo, fue lo primero que se le vino a la mente. Aparte de eso, la imagen no le causó ninguna impresión en particular, excepto, tal vez, por aquella mirada de ojos penetrantes y vacíos. No conocía a quien estaba en la foto, pero tuvo una extraña sensación acerca de él.
¿Qué estaría haciendo un objeto como ese entre las pertenencias de su maestro? Estaba a punto de preguntárselo cuando éste se le adelantó.
―Esa foto —escuchó que le decía—, había olvidado que la tenía allí. Era mi marca-página. Si quieres puedes usarla tú también.
El héroe clase S miró a su maestro y luego a la fotografía. Al principio, no entendió qué había querido decir con todo eso ¿Marca-página? ¿De qué estaba hablando? Pero no tardó en descubrirlo y fue entonces cuando aquel rostro le resultó vagamente familiar. El hombre de la fotografía y su sensei eran la misma persona.
―¿¡No me diga que el de la foto es usted!?
Saitama casi se cayó de espaldas al escucharle reaccionar de esa manera.
― ¡Pues claro que soy yo! ¿De quién más iba a tratarse?
―Con todo respeto, sensei, no se parece en nada a sí mismo.
― ¿Y qué se supone que significa eso? Vamos, que no es gracioso. Quizás sea calvo y unos años mayor, pero sigue siendo mi cara la que vez ahí.
De rodillas frente a Saitama, Genos levantó la fotografía a la misma altura con respecto al rostro de éste. Con sus ojos cibernéticos, escaneó y midió las facciones del héroe clase B y las comparó con las de la imagen, todo esto a la velocidad de un parpadeo. Según sus sensores, ambas coincidían, pero, por alguna razón, para él continuaba habiendo una extraña incongruencia.
No era el cabello ni la forma de la cara, sino la expresión en su rostro al momento de ser fotografiado, y más específicamente, la de su mirada. Había algo en ella que resultaba, no solo inquietante, sino impropio de su maestro, como si no perteneciera a su forma de ser. Con el entrecejo fruncido de esa manera, acaso era disgusto lo que transmitían sus ojos.
― ¿Por qué aparece vestido de traje y corbata? ―preguntó, al cabo de un rato, entregándole la imagen. Saitama la sujetó por una de las esquinas― ¿Era para algo en particular?
―Sí. Me la tomé para incluirla en mi currículo, cuando andaba en busca de trabajo. De eso hace ya bastante tiempo. Ni siquiera recuerdo porqué decidí conservarla.
Genos asintió, sorprendido de que alguien tan extraordinario como su maestro, se viera en la necesidad de hacer algo tan mundano como conseguir empleo.
―No luce muy contento que digamos ―dijo, refiriéndose una vez más a la fotografía. Su inesperada observación tomó a Saitama por sorpresa ¿A qué venía un comentario como ese?
―Bueno, supongo que no. Buscar trabajo en algo que ni siquiera te gusta no es nada agradable, sabías ―Volvió a mirar su rostro en el brillante papel fotográfico, y sin quitarle la vista de encima, añadió: —A decir verdad, no estaba para nada satisfecho con mi vida en ese entonces. Y lo que es peor, había llegado a un punto en el que ya nada me importaba.
Sus últimas palabras quedaron suspendidas en el aire y un incómodo silencio envolvió la habitación. A Genos le hubiese gustado preguntar a qué se refería, pero no se atrevió a interrumpirle. Aún con la mirada puesta en el papel, Saitama parecía concentrado en algo más.
Finalmente, como si hubiese despertado de un trance, el hombre más fuerte del mundo dejó escapar un suspiro antes de retomar la conversación.
―En fin, no vale la pena lamentarse por el pasado. Quizás debí deshacerme de esto mucho antes.
Sujetó la instantánea por el borde superior, con la punta de los dedos, pues se disponía a romperla por la mitad. Su estudiante, al darse cuenta de ello, no pudo permitírselo.
― ¡Saitama-sensei! —Las palabras salieron solas de su boca. Esto consiguió llamar la atención del otro y detenerle a tiempo.
― ¿Humh? ¿Sucede algo?
El androide lo miró boquiabierto, sin saber exactamente qué decir a continuación.
―N-no es nada. Tan solo quería… ―balbuceo, en un torpe intento por explicarse. Apenado, se aclaró la garganta al tiempo que recuperaba la compostura, adoptando una actitud aún más rígida que antes. Ya que no se atrevía a mirarle a los ojos, agachó la cabeza y clavó la vista en ambos puños, los cuales mantenía apretados contra sus rodillas—. Si no le molesta, me gustaría conservarla.
― ¿A-ah sí? ―La petición de su pupilo le resultó algo vergonzosa, aunque, viniendo de él, no debía sorprenderse demasiado. Al final, acabó encogiéndose de hombros―. Bien, no veo porqué no. Aquí tienes. Acaso también piensas usarla como marca-página.
―No exactamente ―Del bolsillo de su pantalón, sacó su billetera, y de uno de los compartimientos, extrajo una lámina de papel del tamaño de una tarjeta de crédito. Luego se la entregó a Saitama, quien tan pronto le echó un vistazo no pudo disimular su sorpresa.
― ¡No lo puedo creer! ―sonrió, mientras la sujetaba― ¿¡Ese eres tú!? ¿Qué edad tenías? Tu cara luce igual de sería que siempre.
Se trataba también de una foto. En ella había un muchacho rubio, con uniforme de secundaria.
―Quince años. Es la única copia que tengo de mí mismo antes de cambiar mi cuerpo por uno completamente biónico. No tiene que devolvérmela. Se la doy a cambio de la suya.
Una vez más, Genos hacía peticiones vergonzosas ¿Para qué querría una foto suya de todos modos y, a su vez, por qué querría que tuviese una de él cuando solía ser estudiante? Saitama intentó no darle mucha importancia al asunto, y aceptó el trato, viendo lo feliz que parecía hacer a su discípulo.
Esa tarde, almorzaron juntos, mientras veían las noticias, en espera de que transmitiesen alguna amenaza de alto nivel. Estaba aburrido y necesitaba algo de acción para cambiar la rutina.
―
Nota 1: La fotografía en cuestión es similar a la imagen de portada que he utilizado para esta historia, cuando Saitama solía ser un tipo común y corriente, y realmente sexy.
Nota 2: Dangan Tenshi Fan Club es un manga que existe en la realidad, y es otro trabajo hecho en conjunto entre el mismísimo ONE y Yuusuke Murata.
Para Frank: No sé por qué pensé que inclinar su nombre sería buena idea, pero ya no lo volveré a hacer. Es que, ahora que lo pienso, ni siquiera es necesario. Disculpa mi torpeza, aun así me alegra que te haya gustado un detalle como ese U.U Sobre tu pregunta, me refiero a un foro que se trate íntegramente de OPM, sin dejar afuera ningún tema ni a ninguna pareja. Al menos, ese sería mi ideal, si fuese yo quien decidiera crear el foro. Si es que alguien más llegase a crearlo, ojalá que sea de esta manera, y aunque no lo fuese, igual me gustaría participar.
