Notas:
Gracias por haber elegido una historia de mi creación. Gracias y que la disfruten.
Familia
La nieve caída pesadamente sobre Arendelle, las nubes tapando la luna y las estrellas de tal forma que el cielo parecía un manto gris que se extendía hasta el infinito mientras una gruesa capa blanca cubría las calles, techos y arboles hasta donde alcanzaba la vista. Aun siendo un reino acostumbrado a las bajas temperaturas, aquella noche mostraba ser un reto para sus ciudadanos.
En la recamara real las ventanas y las cortinas se encontraban cerradas pero aun así el frio era imponente. Aun en la oscuridad diminutos copos de nieve flotaban sobre los muebles y cristales de hielo se formaban tímidamente en los rincones de las paredes y el techo. Quien entrase en ese momento y no conociese las habilidades de la reina jamás pudiese entender como un cuarto dentro de un castillo podía estar más frio que el exterior.
Bajo las exquisitas sabanas bordeadas en detalles azules y purpura el cuerpo de Elsa temblaba sutilmente, sus brazos y piernas apretados al cuerpo y la respiración agitada. Su cabello, normalmente sujeto en una perfecta trenza, había sido liberado en algún momento de la noche a fin de calentar su cuello y mejillas. Sus músculos se encontraban tensos y, aun cuando entraba y salía de sueños, estaba más cansada ahora que cuando había entrado a la cama.
Abrió un poco los ojos y se mordió los labios al ver como los copos que producía empezaban a cubrir su cuarto de forma implacable. Un suspiro escapo de sus labios y pudo ver como formaba una nube frente a sus labios. Frustrada por la situación que su estado emocional había producido, se llevo las sabanas hasta la cabeza y gruño patéticamente. Nuevamente una ola de sueño la envolvió e hiso todo lo posible por relajar sus rígidos miembros.
De repente la puerta de su habitación se abrió sigilosamente. Elsa se dio cuenta más por la luz que infiltro por unos segundos que por el sonido de las pisadas de los que habían entrado. Aun adormilada, asomo tímidamente la cabeza y al ver sus intrusos una incontrolable mescla de felicidad, tristeza y melancolía surgió dentro de ella, aumentando la densidad de la nieve. Esto no pareció importarles en lo mas mínimo a Anna y Kristoff, quienes caminaron en dirección a la cama. Kristoff tomo la silla del escritorio real, limpio el exceso de nieve y se sentó al lado de la cama con los brazos cruzados mientras Anna subió a la cama y acostó al lado de Elsa, arropándola con sus brazos.
Elsa gimoteo de felicidad y por un momento lagrimas amenazaron con escaparse de sus ojos. Observo a Kristoff, masivo e imponente aun con sus ropas de dormir, con la mirada enfocada a la puerta. Giro la cabeza y se encontró a Anna, risueña y angelical, observándola piadosamente. Abrió la boca para decir algo pero como otras veces, su hermana negó con la cabeza. Cuando empezó a peinarle suavemente los plateados cabellos con los dedos fue que finalmente los músculos de Elsa se relajaron y los copos de nieve empezaron a desaparecer. Cerro involuntariamente los ojos mientras las caricias de su hermana la llevaron a recordar la primera vez que su familia salió a su cuidado de aquella forma.
Para su crédito Elsa todavía se decía a si misma que, si pudiese volver en el tiempo y evitar que ambos supieran la cantidad de amenazas, insultos y hostigue que recibía, lo haría sin pensarlo en un segundo. Ella sabía que era parte de ser reina, mujer, y un monstruo capaz de congelar un reino completo y aceptaba con dignidad aquella carga y el estrés que traía consigo. El cómo Anna se entero aquella vez nunca lo supo y los detalles de ese día son un poco confusos, pero lo que si recuerda bien fueron las suplicas que les dio a ambos de que no tenían que preocuparse por ello y la primera en muy, muy pocas veces que Anna le alzo la voz, aterrada y frustrada, al saber por las cosas que ella pasaba y se guardaba para sí.
Esa noche, cuando los comentarios sexistas y amenazas de muerte de los mensajes reales que recibió aquella mañana volvieron a su mente, se acurruco en la cama y espero, como las otras noches, que las horas pasaran los más pronto posible. Sin embargo al pasar la media noche Anna y Kristoff entraron en su habitación y se quedaron en pie frente a la puerta con los brazos cruzados. Elsa recordaba claramente como vio aquella escena y se sintió estremecer al ver aquel gesto, lagrimas corriendo sobre sus sonrojadas mejillas. Les susurro que se fueran, que todo estaba bien, que volvieran a dormir, que no tenían que preocuparse por ella. Cuando no le hicieron caso empezó a gritarles, a pedirles que no se sacrificaran por ella, que era el peso de ser reina que ella estaba dispuesta a cargar. Finalmente, desesperada, les insulto diciéndoles que no los necesitaba pues el poder que tenía en un dedo era más poderoso que ellos dos juntos así que no tenían nada que hacer ahí.
Pero aun con todo eso ninguno de los dos se movió. Temblando visiblemente por el frio pero con convicción indestructible ambos continuaron en guardia para Elsa, estando presente para ella, recordándole que no estaba sola y que no importaba que tan poco pudiesen aportar, lo darían sin pensarlo dos veces. Ella nunca lo supo pero la única vez que los dos sonrieron fue cuando, entre sollozos, Elsa se desplomo en la cama agradeciéndoles con el corazón por estar ahí con ella y por no dejarla sola. Por primera vez en mucho tiempo durmió en paz hasta que saliera el sol.
Una vez paso aquella difícil noche, los tres se disculparon, abrazaron hablaron. Elsa sabía que no podía hacerles cambiar de opinión por lo que tuvieron que llegar a diversos acuerdos, entre los que se encontraba no volver a quedarse de pies como estatuas y que bajo ninguna circunstancia (por mucho que Anna suplico, entre risas traviesas) Kristoff iba a dormir con ellas, acuerdo que causo un respiro de alivio en el joven.
Y por eso era que esta noche eran tres las personas que se encontraban en la recamara real. Completamente rendida, Elsa se acurruco en el cuerpo de su hermana, sus piernas entrelazándose con las de ella y su rostro hundido en su pecho. Anna le beso la cabeza, sus cabellos haciéndole cosquillas en la nariz. No pudo articular palabras de gracias para ambos como normalmente hacia pues se durmió profundamente en segundos.
Cuando finalmente la reina se encontraba durmiendo se escucharon un par de suspiros en la habitación. Anna miro a Kristoff, sus ojos perdiendo la calidez, tomando un semblante serio. El joven le devolvió la mirada, asintiendo solemnemente con la cabeza. Los músculos de ambos se tensaron mientras su atención se giro hacia la puerta, un frio incontrolable en sus estómagos. Después de todo debían esperar a que Elsa estuviese en paz para darse el lujo de estar asustados ya que vivían en un reino que había amenazado con matarla, incluyendo los guardias que vigilaban sus pasillos y las sirvientas que preparaban sus comidas. Ella tenia razón cuando dijo que comparados con ella eran insignificantes, pero lo que no sabía era que dar la vida por ella era lo mínimo que harían y si, al final del día lo único que podían aportar era ayudarla a dormir en paz, habría valido la pena.
Fin.
