Super Paper Mario: El nacimiento de un Corazón del Caos
Escrito por: Megaman Trigger 2.0
Traducido por: Amidala Granger
CAPÍTULO 1, ACTO 3: Despertar
El dolor llenó todos los sentidos de Blumière cuando empezó a abrir los ojos. Un largo quejido de dolor salió de sus labios cuando los abrió, y sintió todo el dolor que su cuerpo había sepultado.
¿Dónde estoy? ¿Cómo es que sigo vivo?
De repente, Blumière se percató de que no estaba solo en la habitación. Miró a su derecha y vio a una joven junto a él. Llevaba un vestido azul y su cabello rubio oscuro bajaba hasta casi el final de la espalda. Estaba de espaldas a él y tenía un trapo en la mano, trapo que ahora mismo estaba escurriendo en un bol.
—Así que… ¿ya estás despierto? —preguntó la mujer con voz calmada y amable.
Blumière se removió e intentó salir de la cama, pero cayó de nuevo debido al dolor que le asaltó por el simple movimiento.
—Si fuera tú, no lo haría… —dijo una voz de hombre al tiempo que se abría la puerta.
Entró un hombre que llevaba una chaqueta marrón con pantalones a juego y cabello castaño. Tras él venía una mujer vestida de verde y de cabellos largos y rubios.
—Padre, madre, nuestro invitado se ha despertado —dijo la chica.
El padre se acercó a Blumière y examinó su cara, mirándole fijamente a los ojos como si buscara algo. El joven retrocedió y se alejó un poco del humano, quien se limitó a esbozar una pequeña sonrisa y se giró para abandonar la habitación.
—¡No es bienvenido aquí, Pistina! ¡Échale cuando se encuentre bien! ¡No quiero a una de Esas Cosas en mi casa!
Una vez el hombre se hubo ido, la mujer, quien Blumière dedujo que era la madre, se acercó a éste, tomó un paño húmedo y lo presionó contra la herida de la cabeza. Blumière siseó de dolor y la mujer le sonrió con amabilidad.
—Has tenido una buena caída, jovencito. Deberías tener más cuidado.
Con eso la mujer se fue, pero antes de marcharse se giró hacia Blumière y le guiñó el ojo.
—No te preocupes por mi marido, es que no le gustan los extraños… quitando a la Tribu Lóbrega.
Blumière siseó otra vez, pero no de dolor, sino de disgusto, y una vez más intentó incorporarse.
Junto a la cama había una muleta, una que no estaba antes. Era de madera y tenía una enorme piedra azul en el borde. Blumière la cogió y se ayudó para salir de la cama. Fue salir y caerse de nuevo al suelo.
La mujer, Pistina la habían llamado, dejó lo que estaba haciendo e intentó coger a Blumière.
—¿Pero qué diablos te pasa? ¡Piensa en tu herida y descansa! —Lentamente, Blumière volvió a la cama, pero no pudo evitar mirarla con confusión.
—N…no… ¿no me tienes miedo? —preguntó con timidez.
—¿Tenerte miedo? ¿Y por qué iba a tenerlo?
—Cabello añil, hijo de las sombras, el mal que triunfa sobre el bien, monstruos, criaturas, asesinos de la luz… son cosas que he oído que tu gente decía de los de mi especie —Pistina suspiró.
—Todos somos iguales: almas que necesitan guía y ayuda. Tu aspecto no nos importa ni a mí ni a mi madre —Blumière soltó una risita y apartó la mirada de la mujer.
—Entonces, ¿tu padre me odia? —preguntó sin rodeos.
—Es más simple, no le gustan los jóvenes de mi edad. Cosas de los padres… —Blumière soltó una carcajada que pronto se transformó en una tos, que se unió al dolor que sintió al reírse. Pistina le empujó con suavidad para tumbarle en la cama—. Descansa… Yo cuidaré de ti…
Blumière le sonrió mientras ella empezaba a vendar las heridas de sus brazos.
—Me llamo Blumière… —Pistina sonrió.
—Encantada.
Pistina soltó una risita y le sonrió a Blumière. Fue lo último que éste vio antes de caer en un profundo y tranquilo sueño.
El Conde y los Sáturos estaban en la Sala del Trono mirando a una enorme bola de cristal que un hombre había traído a la habitación.
Ese hombre llevaba una toga larga y negra, y un bigote blanco y poblado adornaba su rostro. Era bastante mayor y muy sabio. Trajo la bola de cristal al centro de la habitación para que el Conde pudiera ver lo que sucedía fuera del castillo.
El Conde nunca salió del Castillo Variado. De hecho, ni siquiera había salido a los jardines… por eso el hombre venía para que el Conde pudiera ver l exterior, ver todos los mundos…
—¡¿Que está dónde? —exclamó el Conde dándole un puñetazo al trono.
Los Sáturos murmuraron entre ellos mientras unos cuantos guardias y sirvientes que había en la habitación retrocedían atemorizados de su conde. El hombre de la toga se limitó a sacudir la cabeza.
—¡Mentira! ¡Es todo mentira! ¡Mi hijo nunca estaría con un humano! — bramó el Conde al tiempo que se bajaba del trono.
— Luz tan pura como justa es la joven, cada uno decidirá en Masallá… ninguno morirá, pero muchos se apartarán, pues la sombra y el Vacío a este chico destruirán—murmuraron los Sáturos mientras miraban directamente a Lord Blumière a través de la bola de cristal.
Dos sirvientes entraron con prisa en la habitación. Ambos llevaban una toga blanca e hicieron sus mayores esfuerzos hasta consiguieron dirigir al Conde de nuevo al trono y sentarlo.
—Mi señor, por favor… ¡debe recordar su presión sanguínea!
—Sí, por favor, siéntese y descanse, que pronto por un examen pasará —repicaron los Sáturos. El hombre de negro sacudió la cabeza de nuevo.
—Se lo suplico, padre, debe marcharse. Llévese al niño y váyanse hoy mismo. Deben escapar. El libro es oscuro, le corromperá el corazón. Pura es la chica, mas él lleva el caos. ¡Usted será el guardián de lo que se extenda! —dijo el hombre de negro con voz calmada y neutra. El Conde sacudió la cabeza, se incorporó una vez más y caminó lentamente hacia la puerta.
—Nadie debe saber nunca sobre esto… ni siquiera Blumière… ¡Nólrem! —El hombre de negro corrió a su lado—… Prepare el libro…
Nólrem se sobresaltó de tal manera que casi golpea con el movimiento a los Sáturos.
—¡Pero señor! No es posible que…
—… Prepare el libro… para sellarlo…
Dicho eso, el Conde se marchó y subió las escaleras hacia el Corredor de los Documentos. Nólrem suspiró y miró a los Sáturos.
—… ¿Siempre es así? —Los Sáturos soltaron una risita.
—Con maldad parece proceder, pero un corazón honrado posee. Proteger el libro queda pronosticado. Al joven lord hay que encontrar y de huir se le ha de persuadir, pues un corazón de auténtica pureza nacerá hoy…
Nólrem se limitó a suspirar una vez más y de su capa mágica hizo aparecer un pequeño objeto, del tamaño de una mariposa, que flotó frente a él. Era una bola de color oscuro con dos ojos.
—A Villacruz —le dijo Nólrem a la bola.
La luz y y la sombra le envolvieron y pronto desapareció.
Los Sáturos inclinaron la cabeza y miraron al cuadro que había en la habitación. Éste mostraba ocho corazones, cada uno de uno de los colores del arcoíris, y en el centro un vacío de oscuridad.
—Se repite la historia… y así se arrastra… hasta alcanzar la fecha… de todo odio eliminar… para sentir rencor… para sentir temor… se acerca el Corazón del Caos…
