Super Paper Mario: El nacimiento de un Corazón del Caos
Escrito por: Megaman Trigger 2.0
Traducido por: Amidala Granger
CAPÍTULO 1, ACTO 4: Adiós
Blumière se agitó y giró en la cama. La oscuridad parecía asfixiarle en la noche y un profundo sueño se había convertido en una interminable pesadilla.
Estaba en una habitación grande y negra; había velas que iluminaban con su blanca luz sólo una pequeña parte de la negrura de la habitación.
Había una figura en la parte norte de la habitación, sentada en un trono de piedra blanca y negra. Blumière se acercó con cautela a la figura y llamó.
—¡HOLA! ¡¿HAY ALGUIEN AHÍ?
La silueta en el trono soltó un leve quejido, un leve… y largo gruñido… La figura miró hacia arriba y la luz iluminó tenuemente su rostro. Llevaba un sombrero de copa, una larga capa blanca y beige y su mano asía un libro con fuerza. Su ojo derecho llevaba un monóculo y en sus manos había un bastón, el mismo del que Blumière se había ayudado para salir de la cama.
—Je je je je… —rió la figura al tiempo que alzaba más el libro.
—¿Hola? ¿Quién hay ahí? —preguntó con precaución Blumière, intentando encontrar la iluminación adecuada para mirar a la figura.
Un rayo cayó fuera del edificio y la habitación se iluminó por completo con una luz blanca. Blumière dio un salto atrás cuando la figura saltó hacia él de repente con un grito:
—¡CORAZÓN DEL CAOS! ¡ABRE TU BOCA! ¡ENGULLE TODOS LOS MUNDOS! ¡CENIZO!
Blumière se incorporó de golpe en la cama completamente empapado de sudor y aterrorizado. Un rayo cayó fuera e iluminó a la figura que había junto a él, que tenía el rostro lleno de preocupación y temor.
—¿Es…estás bien? —era Pistina. Blumière suspiró y volvió a recostarse en la cama.
—Sí… sólo ha sido… una pesadilla.
Blumière se puso de lado dándole la espalda a Pistina. Ésta suspiró y se incorporó.
—Bueno… cuando se ha tenido una pesadilla, hablar normalmente ayuda.
—¡No ha sido nada! ¡Fuera! —le espetó Blumière.
Pistina suspiró y retrocedió hacia la puerta, pero en vez de abandonar la habitación, la cerró. Pistina cogió una silla, la colocó junto a la cama y se sentó. Blumière miró por encima del hombro y se quedó anonadado al verla hacer eso.
—Muy bien… si no quieres hablar, escucha pues.
Pistina le sonrió a Blumière y éste apartó la mirada de vuelta a la pared con un ligero sonrojo en el rostro. Tragó saliva e intentó controlar sus sentimientos antes de volver a girarse hacia ella.
—Vale, te escucho… —dijo Blumière con una amplia sonrisa, lo que provocó que Pistina soltara una risita.
Y así fue como ambos pasaron su primera noche… Timpani hablando y Blumière escuchando…
Sin embargo, fuera, en la tormenta, había una figura vestida con capucha y toga negra. Su piel igualmente oscura se mezclaba con la oscuridad a su alrededor.
La figura suspiró, se dio la vuelta y empezó a andar bajo la tormenta, con el viento sacudiendo la toga y revelando la oscura piel y un corazón negro dibujado en la prenda…
Al día siguiente, Blumière se sentía con fuerzas suficientes como para levantarse de la cama. Miró la estantería que había junto a él y leyó por encima los títulos de los libros. Extendió la mano y cogió un libro llamado "Cenicienta". Cogió la silla que había encima de la mesa, se sentó en ella y empezó a leer el libro.
La puerta se abrió y por ella entró la madre de Pistina, quien le sonrió a Blumière con amabilidad.
—Buenos días. Qué agradable es ver que te encuentras mejor —dijo la madre. Blumière, quien no se había percatado de su entrada, saltó de la silla haciéndola volcar accidentalmente y se inclinó ante la mujer antes de empezar a hablar.
—Eh… gracias, señora… no sabía que había entrado —la mujer se rió.
—Vaya, estás hecho todo un caballero… ni siquiera mi marido me hace una reverencia cuando entro a la habitación —Blumière sonrió.
—Bueno, es una costumbre de la realez… —Calló. Se suponía que no debía decir que era el hijo del Conde… pero Pistina parecía tan maja… podría decírselo… La madre alzó una ceja y caminó hacia la cama. Cogió las sábanas y las metió en una cesta que llevaba con ella.
—Bueno, una vez te recuperes Padre quiere que te vayas, pero que no te meta prisa. Tómate tu tiempo para curarte —Blumière sacudió la cabeza.
—Me complacería encontrar la manera de agradecérselo antes de partir. Mi padre debe de estar algo… inquisitivo por conocer mi paradero y mi tardanza —la madre sonrió.
—Oh, no necesitas agradecérnoslo, estabas herido, ¡muriéndote! Necesitabas ayuda, era lo mínimo que podíamos hacer.
Blumière sonrió una vez más y devolvió el libro a la estantería bajo la sonrisa de la madre.
—¿Te gusta la historia? —preguntó en tono maternal mientras empezaba a alejarse.
—S…sí… es bastante… feliz —farfulló Blumière. La madre sonrió y le guiñó un ojo antes de llegar a la puerta de la habitación.
—Quédatelo, Pistina ya no lo va a leer —Blumière se sorprendió.
—¿En serio?
—Por supuesto, sólo trátalo con cuidado —Blumière se quitó el sombrero.
—Lo protegeré con mi vida, señora.
Pistina bajaba lentamente las escaleras cuando se cruzó con su madre, quien había empezado a subirlas.
—Nuestro invitado ya está despierto, ¡y ya empieza a moverse!
El Conde iba de un lado a otro por la habitación del Trono con una expresión confusa en su rostro.
—¿Por qué? ¿Cómo? ¡¿Qué le ha hecho pensar que puede ir a la casa de un humano? —exclamó a los Sáturos.
—¿Quizás no lo sabía? ¿Quizás fue casualidad? ¿Quizás fue erróneo lo que vio? ¿O cabe la posibilidad de que haya una razón para que esté con ellos?
—¡Silencio, idiotas! ¡Mi hijo no es estúpido! —escupió.
Un sirviente y un guardia entraron rápidamente en la habitación e hicieron una reverencia ante el conde antes de hablar. Ambos venían jadeando.
—¡Señor! ¡El jovencito Lord Blumière! ¡Ha abandonado el territorio humano!
De repente, el Conde atravesó las puertas hacia los terrenos del castillo. Recorrió con la mirada el pueblo y vio la figura de su hijo cojeando por el bosque tras el pueblo y tras él…
—¡GUARDIAS! ¡TRAEDME A MI HIJO AHORA MISMO! —ordenó a sus hombres.
Pues lo que el Conde había visto era algo que nunca pensó que verían sus ojos: una humana caminaba junto a su hijo.
Blumière dejó de caminar cuando alcanzaron la mitad señalada del bosque. Pistina le miró con algo de pena.
—Debo ir, Pistina. Mi padre debe de saber ya que he estado cerca de un humano. Si alguna vez ve a alguno conmigo lo matará. Por favor, retrocede —Pistina sonrió y suspiró sin dejar de mirarle.
—Bueno, Blumière… fue un placer conocerte… pero intenta llevar más cuidado la próxima vez.
Blumière se inclinó ante Pistina y le extendió una rosa roja que había llevado escondida entre sus ropajes. La joven, ruborizada, cogió la rosa con una sonrisa. Blumière se percató del rubor que adornaba su rostro y no pudo evitar ruborizarse él también.
—Au plaisir de vous revoir… hasta que nos volvamos a encontrar —dijo con una sonrisa. Pistina le devolvió la sonrisa y le hizo una reverencia mientras él se marchaba.
—Hasta pronto… Lord Blumière...
