Super Paper Mario: El nacimiento de un Corazón del Caos
Escrito por: Megaman Trigger 2.0
Traducido por: Amidala Granger
CAPÍTULO 2, ACTO 2: Padre e hijo
Pistina corría por el bosque buscando un camino que la llevara al Castillo Variado. Si al menos pudiera hablar con el Conde… quizás podría hacerle cambiar de opinión sobre los humanos. Mientras corría oyó leves quejidos y resuellos a su derecha
Se detuvo y fue hacia donde provenía el sonido. Allí vio una figura tirada en el suelo, llorando. Pistina se acercó lentamente hasta quedar junto a la figura y se arrodilló… ¡era Blumière!
—¡Lord Blumière! —exclamó.
—¡Lady Pistina! —exclamó Blumière al tiempo que se levantaba y hacía el amago de hacer una reverencia. Sin embargo, Pistina le sujetó de los brazos para evitarlo. Éste la miró a los ojos y se ruborizó levemente, al igual que la joven, y ambos rompieron el contacto visual al tiempo que se oía un relámpago a lo lejos. La tormenta había empeorado.
—Pistina… ¿qué haces aquí? —preguntó Blumière mientras se giraba y se alejaba de ella.
—Quería verte… ¿tiene algo de malo? —preguntó. Aunque seguía de espaldas, se acercó a él.
Blumière suspiró y fue hacia una enorme piedra que había en el camino. Le dio un pequeño golpe con su bastón y murmuró algunas palabras en un lenguaje que Pistina no conocía. La piedra brilló en una luz violeta y se convirtió en un banco del mismo material. Era bastante sencillo, pero bastaba para sentarse, cosa que Blumière hizo. Pistina se acercó hasta quedar a su lado.
—¿Puedo sentarme a tu lado, Blumière? —Éste detuvo sus movimientos un momento, suspiró, sonrió y le hizo un gesto para indicarle que tomara asiento.
—Me honra disfrutar de tu compañía —afirmó Blumière mientras Pistina se sentaba a su lado. Ambos empezaron a hablar a gran velocidad, pero su conversación se vio interrumpida cuando oyeron unos gritos provenientes del castillo.
—¿Qué ha sido eso? —preguntó Pistina sintiendo cómo el temor le inundaba el cuerpo.
—Pistina… corre…
—¿Qué?
—¡CORRE! ¡VUELVE A CASA! ¡AHORA!
Dos guardias bajaban de la colina con lo que parecían perros cazadores a sus pies acompañándoles.
—Pero, Blumière…
—¡Corre! Si Padre se entera de que has estado aquí te matará. ¡VETE!
Blumière empujó con fuerza a Pistina, haciendo que casi se cayera al suelo. Pistina suspiró y tragó saliva antes de echar a correr. Los guardias se estaban acercando.
Pistina se desvaneció en un mar de árboles justo antes de que los guardias alcanzaran a Blumière.
—¡Lord Blumière! ¿Qué está haciendo aquí?
Blumière estaba sentado en el banco de piedra leyendo el libro que llevaba con él. Los guardias parecían confusos.
—¿Qué pasa? ¿Es que no puedo tener privacidad para leer? —preguntó el joven lord. Los guardias agitaron las cabezas y le miraron, aturdidos.
—Nos pareció oír una voz… una voz femenina.
—Suele pasar cuando se corre por el bosque en una noche tan oscura, que se oyen cosas. ¿Os hará sentir mejor si vuelvo al castillo con vosotros?
—… Su padre desea que esté a salvo, así que tendrá que venir con nosotros —Blumière sonrió y cerró el libro.
—Vayamos, pues —dijo. Echó a andar junto a los guardias.
Pistina… espero que hayas escapado…
Pero en el bosque, sin que Blumière o Pistina lo supieran, había también un hombre vestido de negro.
—Así que este es el Conde… hmm…
El Conde estaba sentado en el trono, esperando a que llegara su hijo.
—Este niño me ha desafiado…
—Sol, luna, estrella y resplandor, ¡todo brillo me pertenece! La oscuridad crecerá y pereceréis. ¡Habéis creado un monstruo! Las tinieblas del libro deberán ser controladas, y vos seréis el primero de la historia en caer…
El Conde miró a los Sáturos y los maldijo con varias palabras profanas antes de que su mirada volviera a posarse en la puerta.
Blumière la empujó con cuidado. Su padre no parecía muy contento.
—¿Se puede saber dónde has estado? —inquirió el Conde.
—En el bosque, leyendo.
El Conde se incorporó con lentitud. Su capa estaba desgarrada.
—Blumière… ¿Por qué te comportas de esta manera? Primero pasas tiempo con esa humana, después huyes de mí ¡y ahora me mientes! —Blumière suspiró y se apartó de su padre.
—Está claro que os habéis vuelto loco. No he hecho tal cosa. Os he dicho dónde estaba, eso es todo —El Conde gruñó y volvió a levantarse. De la nada se materializó un hombre vestido de negro. El Conde le hizo un gesto al hombre, quien estaba ahora detrás de Blumière.
—Blumière, me gustaría presentarte a Nólrem. Es un sabio proveniente de las tierras de Villacruz y ha venido aquí como profeta para mostrarme lo que sucederá con el Pronósticus Nigérum —Nólrem le hizo una reverencia al joven lord y caminó hasta quedar al lado del Conde —Blumière… Nólrem me ha mostrado el futuro… nos has traicionado —Blumière palideció de golpe.
—¡¿QUÉ?
—Sabemos sobre un corazón, sobre un amor, sobre ti y tu amiguita, y que pronto caerá una maldición.
—¡NO!
—Te daré una última oportunidad, Blumière… ¡abandona a Pistina! ¡Abandona a todos los humanos o destruiré a la chica! —Blumière corrió hacia su padre con un grito y la intención de matarlo con un estallido de magia de su bastón.
—¿POR QUÉ?
—Blumière… los humanos son corruptos, peligrosos… los humanos y nuestra tribu nunca deberían mezclarse. ¡ES UNA LEY!
—¡ENTONCES, CÁMBIALA! —exclamó Blumière. Su rostro estaba prácticamente pegado al de su padre. Nólrem sacudió la cabeza y se alejó.
—El atrevimiento puede hacer que la muerte llegue con rapidez y caiga cual lluvia…
El Conde se rió entre dientes y miró a los ojos a su hijo, fulminándole con la mirada como nunca antes lo había hecho.
—Blumière…
—Padre… ella es amable… nadie más, ni siquiera tú, ha sido amable conmigo de la misma manera que ella. ¡Tú nunca me has ayudado! ¡Nunca jugaste conmigo! ¡Nunca me leíste ninguna historia! ¡NI SIQUIERA TE IMPORTABA SI ME HACÍA DAÑO, PERO A ELLA SÍ! ¡ELLA ME CUIDÓ! ¡ES MI AMIGA! ¡HARÉ LO QUE SEA CON TAL DE PROTEGERLA!
El Conde se limitó a encogerse de hombros.
—Que la muerte os alcance a ti y a esa desdichada chica, pues.
Ese fue el momento en el que Blumière decidió que tenía que deshacerse de su padre.
