Inuyasha apenas podía contener su rabia cuando siguió a Kagome por la débil y tortuosa escalera de caracol, hacia la torre. La chica lo había tenido confundido durante más de medio año, y ahora tenía el valor de caminar delante de él por los estrechos, y desvencijados escalones, atormentándolo con el balanceo de sus caderas. ¿Cuánto más de esta absurda ignorancia esperaba que él soportase?
Si sólo no fuera testaruda, y siguiera en sus trece de que para él era imposible que pudiese amarla sin que fuera por el recuerdo de Kikyou... Si sólo no lo sedujera a propósito, atrayéndolo a sus brazos. Pero no. Ella quería que lo olvide, keh, como si pudiera.
Lo había echado. Recordó.
La primera vez que la había visto, estaba asustada y temerosa suplicando por seguir viviendo, y aún así se había preocupado antes de la gente del pueblo y de liberarlo a él, que no del maldito ciempiés. Era fuerte y despreocupada, la mujer perfecta para él, alguien que estaba a su lado sin importarle los prejuicios ni lo que los demás pensarán, Kagome era todo que había deseado siempre.
Acababa de llegar de salir de una terrible traición por parte de Kikyou, donde la ex sacerdotisa lo amaba solo porque en un extraño momento los encontró iguales, o simplemente porque gracias a él podría dejar de ser la sacerdotisa custodia para ser una mujer normal; a causa de eso el sentimiento de asco hacía las mujeres había aumentado pero con Kagome había madurado, se había dado cuenta cuan cínica e egoísta había sido Kikyou, queriendo que él sacrificará su sueño desde pequeño para estar a su lado, y aún así nada le aseguraba que Kikyou estuviera junto a él como una esposa...
A pesar del dolor de la traición y la aversión a las hembras humanas, siempre se había preocupado por Kagome... la había cuidado, celado, amado y finalmente deseado; y aún después de sentir el apretamiento en su ingle y del deseo que corría por sus venas, decidió que no corrompería a la chica del futuro, sabiendo que ella no lo amaba y que seguramente se atrevería a rechazarlo. Eso sería el acto de un canalla estúpido, por que la idea no era solo egoísta sino demasiado descabellada. ¿Kagome y él apareándose? ¿Una chica como ella amándolo?
Pero cuando descubrió que Kagome deseaba por siempre estar a su lado, que tenía fuertes sentimientos por él, el poco razonamiento saltó por la ventana. Sin embargo, Inuyasha nunca había visto a una mujer luchar tan tenazmente, sin detenerse, como si la vida de los demás fuera el doble de importante que la suya propia.
Lo cual, aparentemente, hacía. Ayudaba a la reconstrucción de aldeas, rezaba por la gente e una lucha, hablaba con cualquier viejo o niño que encontraba, regalaba caramelos o su propia comida, o incluso discutía con bandoleros y youkais que atacaban a los aldeanos. Todo esto sintiendo cariño por todas las personas y/o demonios, tratándolo con cortesía y hospitalidad.
La deseaba; se dio cuenta. En efecto, cuando un Taisho quería ser encantador, había de hecho pocas mujeres que pudiesen resistirse. E Inuyasha tenía la ventaja añadida de ser el único con el que Kagome quería estar, ya que a diferencia de algunos Taishos, tenía una parte humana, era fuerte y no le temía al trabajo duro. ¿Pero de que le servían su humanidad, su fuerza, sus celos y Tetsusaiga, si Kagome estaba convencida que solo la veía como la reencarnación de Kikyou?
Así, durante más de medio año, en la casa de la chica, Inuyasha se atrevió a preguntarle sin se estaría con él incluso cuando la batalla terminará, y estaba claro que eso significaba estar juntos, ser una pareja. Cuando ella le contestó que siempre estaría a su lado creyó que había entendido la indirecta, o el segundo sentido de la frase. Así que desde las últimas semanas había estado centrado todo su 'encanto' a la chica de futuro.
Cuando ésta decidió volver al futuro, él pensó que era una buena excusa para aumentar la intimidad en su relación; y cuando se fueron juntos y solos al viejo templo no puso ningún tipo de protesta, al contrario estaba encantado con la idea. Una vez lejos de las batallas contra Naraku, le había ayudado a devolver a la vida la pequeña aldea que el malvado medio demonio había destrozado.
Una tarde huyeron a dar una vuelta, y Kagome lo había tomado de la mano cuando vagaron por las colinas, escogiendo flores. Escuchó con alegría cuando cantó alguna canción típica de la aldea. Había estado silenciosa y sonriente, escuchando al viento como resonaba por el despeñadero.
Cuando había caído la tarde y habían emprendido el viaje de regreso, ella le hizo girar la cabeza-estando Kagome en su espalda- y lo besó. Apretó sus labios, hasta que el hanyou tuvo que detenerse y apoyarse con ella en uno de los árboles, Kagome tuvo que enseñarle como besar mejor. Le enseñó a ir más despacio, a saborear los placeres, como abrir su boca y deslizar su lengua junto a la suya, Inuyasha estaba extasiado con todo lo que ella le mostraba, o le hacía sentir.
Inuyasha se detuvo en la escalera detrás de Kagome y puso su mano en la pared para estabilizarse. El recuerdo de aquellos besos hizo hervir su sangre. La chica se había apoyada entre sus piernas, los dos sentados y apoyados en un gran árbol, ella se había movido tranquilamente entre sus piernas, él había aprendido con entusiasmo con ella en su regazo, apretándole sus genitales, y se había sentido loco por tomarla. Inmediatamente. Todo en él había clamado por reclamar a esa hembra.
Incluso ahora, aquí en la incómoda y peligrosa escalera de la torre, supo que si le daba una pizca de ánimo, destrozaría ésos pantalones y se enterraría dentro de ella. Con todo, no le dio nada. Ni siquiera notó que Inuyasha se había detenido. Ella siguió subiendo la escalera, e Inuyasha siguió mirándola con intenciones lascivas, pensando en aquella tarde y el apasionado y vibrante entusiasmo de su primer beso.
No había contemplado la posibilidad de tomarla, en ése momento. Poco seguro de sí mismo, la había evitado, y habían vuelto en un extraño silencio de vuelta al antiguo templo Higurashi. Los recuerdos de su propia vergüenza lo enfurecieron ahora, había estado a dos minutos de poder estar con ella y demostrarle lo que sentía y como un perro abandonado la había rechazado, creyendo que lo había estropeado todo.
Por suerte más tarde, Kagome se había arrastrado hacía su habitación entrando sigilosamente a su futón, más tímida que lo que él creía, y delicadamente lo sedujo como sólo Kagome podía hacerlo, había pensado que había ganado todo. Se había sentido triunfante, estúpidamente enamorado, convencido de que acababa de encontrar el hogar y la chica que lo entendía perfectamente, ganando una batalla que horas antes daba ya totalmente por perdida, la única batalla verdaderamente importante que había luchado por el corazón de una muchacha.
Y al final, lo había rechazado.
»Nunca significó... No puedes... No quiero tu... No quiero casarme." Ella agarró rápidamente una de las mantas de seda, se cubrió, y se arrastró a través del futón alejándose como si él la amenazara con dejarla, en vez de con amarla. "¿Por qué preguntarías tal cosa?"
Se sintió tan aturdido como si ella hubiese sacado una kodachi y hubiese tratado de cortarle la cabeza.
»He estado cortejándote. Me has respondido. Y anoche, tú viniste a mí." Gesticuló alrededor de la antigua cama que había visto el cariño más dulce, más suave y trémulo que alguna vez el hanyou había experimentado. "Kami, eres mi compañera. ¡Desde luego que quiero casarme contigo!"
Ella dejó de alejarse y se inclinó hacia él, una visión de pelo revuelto y labios hinchados.
»Por qué soy la reencarnación de Kikyou, dirás. Bien, déjame decirte...
»No. ¡No quiero ser tu pareja por eso! Quise hacerte mi hembra contigo sin tener en cuenta que eras antes. ¡Pero cuándo un hanyou ha alcanzado una edad, y encuentra a una hembra que lo atrae, y ésta responde claramente, el hanyou con quien se aparea asume que ella lo ama!" Una rara expresión cruzó su cara. Y supo en seguida que había presentado mal sus sentimientos. Casi podía oír a la señora Higurashi preguntando, « ¿Apareándose?» Entonces a toda prisa añadió." Keh, te amo. Quise casarme contigo desde hace tiempo. El día que te obligue a irte. ¡La primera vez que me abrazaste!"
»Encaprichamiento." Dijo ella rotundamente. Evitando creerse nada de lo que él le decía. "Sigues amando a Kikyou y nada de lo que pase sabes que cambiará eso, sigues amándola aun estando ella muerte."
Fue cuando se puso de mal humor.
»Ya no amo a Kikyou." Rugió.
Incluso fue como si no hubiese hablado. Ella dijo,
»Ahora... tienes que marcharte.
Encaprichamiento. Había pensado sobre esa frase. Encaprichamiento. Todavía pensaba en eso. Por lo visto ella pensaba que los medio demonios al escoger pareja era como comerse una bola de arroz, que cuando te termines una, te comes otra..., es que pensaba que después de lo que había sufrido, él se enamoraba y desenamoraba con una odiosa regularidad. De hecho, mirando hacia atrás, pensó que Kagome tenía la estúpida idea de que todo lo que él sentía tenía una terrible relación con su pasado con Kikyou, y todavía no sabía por qué seguía tan convencida de ello.
Pero lo averiguaría. Ah, sí, lo haría.
Kagome sacó su cabeza alrededor de la curva de la escalera desde donde había desaparecido.
"¿Estás sin aliento por la subida? ¿Te ayudo con mi brazo alrededor de tu cintura, anciano?"
Incluso no pensó en el peligro que sus palabras le hacían. Pero sonrió, en las sombras para esconder la amenaza de su intención.
"Sí,.." Invitó. "Atrévete."
Algo "el tono de su voz, el destello de sus dientes, o quizás el conocimiento de él que había acumulado al unir sus cuerpos" debía de haberla advertido, ya que lo miró un momento, y luego dijo enérgicamente
"Creo que no" su cabeza se movió fuera de su vista. Al menos no lo había mandado al suelo.
Él oyó el ruido de las suelas de sus zapatos sobre la escalera cuando se apresuró hacia arriba, y sus labios se ensancharon en una sonrisa salvaje. Corre, perra; no puedes escapar de mí.
Su propio valor le dio ventaja como si fuese un arma, ya que nunca admitiría que estaba preocupada. Incluso ahora, cuando sus pasos redujeron la marcha, sabía que ella se decía que dejara de ser tan imbécil, que era un hanyou enamorada de una muerta, y que no debía pensar en él como su inminente pareja.
Ella no se dio cuenta de lo delgada que era la capa de civilización cuando un hanyou era privado de su compañera.
La encontró en el lugar donde la escalera se inclinaba bruscamente hacia arriba. Kagome se detuvo, con la cabeza doblada ante el reducido espacio para maniobrar, la pared y el techo, metió sus dedos en el asidero de la puerta secreta, un candelabro de pared apenas aclaraba la sombría oscuridad.
"¿Puedes levantar la escotilla?" Ella preguntó. "¿O lo hago yo?"
Ese estúpido valor suyo debía estar cegándola ante sus instintos de mujer. Debería estar huyendo, pero en cambio se burlaba de él, cuando en realidad parecía comportarse con totalidad natural y una extraña alegría, después de que lo rechazara y lo tratara con desconfianza.
No estaban todavía completamente lejos de la parte habitada del viejo templo.
Teniendo cuidado para no tocarla más que con la punta de su codo, la dirigió hacia la pared, lejos de la pendiente que descendía a la base de la torre, y la adelantó. Tiró los brillantes pestillos de acero y levantó el panel de madera robusta. Con el chillido de metal y madera, empujó la puerta secreta, a través del suelo de la cámara hacia arriba.
Un brillo repentino bajo de la torre, y un esbozo de aire fresco alivió la acalorada escalera.
"Los criados deben haber dejado las ventanas abiertas. Hablaré con Sima cuando terminemos aquí." Su tono dejó claro que volvieran pronto.
De pronto la cólera emergió de lo más profundo.
"En efecto, deberías. La gente del pueblo hacen demasiadas cosas por sí mismos."
La irritación que lo llenaba se extendió a ella. Lo podía decir por el rubor que floreció en sus mejillas y el destello de sus ojos azules. Ella dejó escapar su resentimiento, y se alegró. Kagome no quería rendirse ante su férrea decisión de rechazarlo hasta que la sombra de Kikyou hubiera desaparecido, aunque para esto temía que pudiera pasar meses o años...
Lo amaba; lo deseaba, y sabía que Inuyasha como mínimo la deseaba. Y esa había sido la misión por la cual había vuelto, para obligarla a que creyera que en verdad la amaba, y usaba el hecho de querer ver el kimono matrimonial de los Higurashi, como pretexto.
"¿Hay ratones allí?" Preguntó.
"Puede."
"No me gustan los ratones."
"Qué cobarde."
Lo ridiculizó, y él no hizo más que inclinar la cabeza. Si era lo bastante tonta para creerlo cobarde, merecía lo que conseguiría, y más.
Se adelantó, él se retiró y le hizo gestos hacia arriba. Vio el destello de cautela cuando se dio cuenta de cómo la habían manipulado para que sin darse cuenta terminará ella sola en la boca del lobo, vacilo durante un segundo, antes de pasar a su lado.
Ella pensaba que era un mentiroso, o por lo menos un hombre que aseguraba amar a una chica cuando era evidente que aún amaba a otra. No pensó que todas esas acusaciones las había destrozado: mientras iban hacía la torre, durante aquella interminable comida, en la larga subida por la escalera.
La miró subir, cuando sus esbeltas piernas quedaron al nivel de sus ojos, pero ella vio la mirada cuando echó un vistazo hacia él. Kagome no podía retirarse, pero le reprochó:
"Deja de mirar mis piernas con lascivia y sígueme." Le dijo con las mejillas arreboladas.
"¿Mirar con lascivia?" Saltó cada peldaño hasta que estuvo directamente detrás de ella. "Lo imaginas, un medio demonio aprecia los atributos de su hembra."
Colocando las manos completamente en el piso, se alzó.
"No soy..."
Colocó la mano en su trasero, levantándola, girándola. Entonces su brazo bajó y golpeó sus rodillas. Las tablas golpearon cuando aterrizó, y él quedó sobre ella. Atrapándola entre sus brazos, con su peso apoyado en sus manos, dijo:
"Sí, eres mi mujer. Déjame recordarte lo mucho que eres mi mujer." No había otra forma de demostrarlo cuan sincero había sido su te amo...
"Inuyasha..." Sus ojos azules lo observaron con cautela, sus dedos se cernieron cerca de su pecho, pero mantuvo su tono enérgico e impersonal. "Lo que hubo entre nosotros ya no es importante."
"Hace no demasiado tiempo, pensé que eras una mujer inteligente." Bajó su cuerpo hacia el suyo, cada centímetro excitándola. "He cambiado de opinión."
…
Bien para esas personas que no lo hayan leído bien, la historia original pertenece a CHRISTINA DODD, pero la historia no es una adaptación con solo los nombres cambiados, sino que he agregado un montón de cambios porque parezca una continuación de la trama del manga original creado por Rumiko Takahashi.
Muchas me habéis dicho no entender la historia, por eso espero vuestras dudas, y las responderé, aunque espero y supongo que a mida que la historia siga iréis sabiendo y entendiendo lo que va pasando.
Gracias a Ninde Black- ¿Qué no entiendes? Aunque gracias por apoyarme- alebochi– supongo que esto de adaptar una historia a otra se ve y se lee difícil jajaj, espero que sigas apoyándome y que te haya gustado el capi, y que lo captes!- KAREN-SM– gracias por tu RW, a mi esta historia tmbn me encantó al leerla, por eso la adapte para que cupiera en el mundo de Inuyasha, espero que este cap no te haya liado mucho y hayas entendido todo como sigue jajja besos- serena tsukino chiba- jaja, yo espero que también te gusté este cap, aunk no haya mucho lemon hay mucho romance, e incluso algo de echhi, besos! – mimichanMC- TT es una historia extraña, lo sé, esta claro que adaptar no es lo mio, pero lo seguiré intentando XD, y si como he dicho antes esta basado en una novela de Christina Dodd. Nos vemos besos – Kiame- los personajes son los mismos que en la trama original de la historia, aunk Haru y Sima no están en la historia original creada por Rumiko XD. El templo quedo destrozado pk 50 años antes Naraku en una batalla 'representa' que chupó la energía que el viejo templo tenía.
Otro detalle, es que el templo en el que Kagome se encuentra esta situado en la época actual y en otro lugar lejos de Tokyou, no es el templo en el que Kagome esta viviendo, sino el viejo… es decir uno que construyeron a parte o que es mucho más antiguo y que aunk en el pasado tal vez no era de la familia Higurashi en la actualidad representa que ellos son lo que custodian la aldea y el supuesto templo.
