Inuyasha mantuvo sus piernas entre Kagome, usando sus rodillas para apretarla mientras se ladeaba, fijándola en el lugar. El olor de la lluvia mojada se mezclaba con su olor, y jadeó bajo sus labios entreabiertos. Sus dedos se cernieron tan cerca de su pecho que podía sentir su calor, pero Kagome se encogió ante su avance. Algo en ella insistía que no lo tocara. Si no quería quebrantar su decisión de no volver a ser usada como una muñeca sexual y arriesgarse. Podía ver, por la oscuridad de sus pupilas, la determinación que lo conducía, y sentir su aliento acariciar su mejilla.
"Kagome."
Una determinación ardió a través de ella; no la intimidaría. Lo empujó con fuerza.
"Quítate, idiota. ¿Quién piensas que eres¿Una especie de perro en celo?"
Él rodó y se dejó caer pesadamente de espaldas, cubriendo sus ojos con el brazo. Experimentó un grado de satisfacción, y alivio no reconocido. No estaba tan enamorada de ella, no estaba loco por necesitarla, y por lo menos no era tan insensible como para obligarla a volver a hacerlo sin que ella quisiera. Maldición, era Inuyasha... y solamente ahora se daba cuenta de cuan profundos eran sus sentimientos que iba del amor al deseo, y del deseo al dolor...
Con el tiempo, haría lo que había predicho hacía meses. Se olvidaría de ella, y volvería en la busca del regreso de la no muerta.
Sentándose, miró su figura extendida. En realidad había imaginado que no volvieran a verse hasta que ella decidiera regresar, y que el hanyou actuaría como si nada no hubiera ocurrido entre ellos. Y nunca pensó que estaría tan furioso. Con cautela, se alejó más por el desván. ¿Podría haber otras cosas que Kagome se había imaginado de él incorrectamente?
"¿Fue por eso?" Sonó cuidadosamente suave, como un samurai medio herido, determinado a no mostrar su total fuerza, todavía esperando por matar el enemigo.
"¿Eso qué?"Preguntó con cautela.
"¿La razón por que no aceptaste reconocer que eras mi hembra¿Qué soy medio canino?"
"No, por supuesto que no." Le contestó dolida.
"Entonces es por mi familia."
"¿Tu familia?" Pero si su madre era una belleza...
"Quizás la infamia de los Taisho se ha extendido incluso hasta el tiempo futuro. Has oído las historias, y estás poco dispuesta a casarte con alguien con un árbol genealógico tan demoníaco."
Asustada, lo contempló; era atractivo, honorable, y confiable, apenas podía darse cuenta que acaba de decirle, y ella aún temía decirle la verdadera razón.
"Nunca he oído de tu familia."
"Entonces te preocupa que nadie me haya educado, y que sea un poco tonto porque no sé leer ni escribir kanjis muy complicados."
"Lo sé, yo tampoco soy una experta." Dijo en voz alto. "Me gusta juzgar a los chicos por su carácter, no por su inteligencia."
Él alejó su brazo de la cara y contempló el techo.
"¿De verdad¿Y cómo juzgas mi carácter?"
Ella tragó.
"Dijiste que querías casarte conmigo, pero yo sabía que no... que solo me deseas, y que en realidad solamente piensas en Kikyou."
Girando su cabeza, la examinó profundamente.
"¿Keh?"
Ella se escabulló un poco más y lamentó no poder bajar la escalera, alcanzar la puerta, correr y esconderse de aquella fija mirada enigmática, conocedora. No le gustó la combinación de dominio y temeridad que mostraba. La hizo sentirse insegura, de su control sobre si mismo y sobre ella. No estaba acostumbrada a sentirse así: nerviosa, como un caballo sometido y montado a voluntad.
¿Por qué, entonces, su corazón latía tan rápido¿Por qué retenía la respiración, y el rocío más débil cubría su frente¿Era porque temía que la obligara a decirle la verdad¿Una verdad qué todavía fingía que no existía?
Deliberadamente, como había hecho tantas veces durante estos meses, desvió su mente hacia sus desagradables tareas y deberes. No podía pensar en eso ahora, luego miró alrededor de la cámara.
Aunque Kagome no lo miraba, fue consciente cuando Inuyasha se incorporó. Incluso aunque estaba al otro lado de la abierta puerta secreta, parecía demasiado alto, demasiado musculoso y demasiado absorto en ella para su comodidad.
No es que no supiera alguna cosa sobre los chicos y sus deseos, pero sospechó que el primitivo resplandor significaba que mejor se apresurara con el kimono, o terminaría luchando con él.
Eso no fue lo que sucedió antes. No, la última vez que había estado aquí, lo había seducido, y había hecho un buen trabajo, también, ya que le había propuesto matrimonio antes del amanecer.
Se despertó para encontrarlo mirándola con un resplandor maravilloso en sus ojos, como si no tuviera una huella de la almohada en sus mejillas enrojecidas, su boca no supiera como el fondo de un pozo y su pelo negro no estuviera tan enredado como el de una bruja.
"Kagome." Él apartó el pelo de su cara con una suave caricia de sus dedos. "Eres la chica que amo. Por favor cásate conmigo."
Lo maldijo por arrastrar la realidad a su fantasía. Y se maldijo por querer chillar como un niño asustado cuando se lo había preguntado.
Tragó varias veces, luchando ahora contra una reacción más o menos igual.
"El kimono. Sima dijo que estaba en un baúl. Así que búscalo antes de que anochezca."
"¿En un baúl?" Él revisó la línea de cinco, unos tan antiguos que las costuras se partían; otros, aunque viejos, todavía en buenas condiciones. "¿Cuál baúl?"
¿Tenía él que ser tan difícil¿Y no podía Sima haber sido un poco más específica?
"Rebusca tú solo."
"¿Sabré cuándo lo vea cuál es el kimono espiritual?"
Aunque le disgustara mucho admitirlo, tenía razón. Sabía que tenía que ayudarle a encontrar el kimono matrimonial, luego, podría echarlo con la conciencia limpia, y poder tener unas semanas tranquilas antes de volver a encontrarlo.
"Te ayudaré a buscar el Kimono."
Él hizo un ruido profundo desde su pecho, no sonaba como una risa, no un estruendo; más bien un gruñido. Típico de él.
"Nadie más puede, perra. Keh."
Inmóvil, descubrió que sus rodillas temblaban, pero la idea de mostrarle el desgraciado kimono y escaparse de esa intimidad no deseada, la enderezó.
"De hecho, no tienes por que hacer nada, engreído creído, y maldito vago. Te lo buscaré."Avanzó hacia el baúl más alejado a la izquierda, mientras él comenzaba a seguirla. "No."
Levantó su mano para detenerlo, luego la bajó de prisa antes de que notara el temblor.
"Lo haré mejor si no estás mirando sobre mi hombro." Lo que en realidad era una verdad a medias, por que lo que menos deseaba era tenerlo cerca…
Deteniéndose, dijo:
"Qué amable, como siempre, Kagome." Por lo menos no le había dicho perra…
¿Amable? No tenía ganas de mostrarse amable. Sólo se preocupaba por la rapidez. Cuando estuvo de pie ante el primer baúl, echó un vistazo por la ventana. Era abril, pleno verano en Japón.
Pero los baúles eran profundos y anchos, cinco baúles llenos de la historia de los Higurashi, y sabía cuando se arrodilló ante el primero que la esperanza que acariciaba, de encontrar allí el kimono, era una esperanza tonta.
Sin embargo, contuvo el aliento cuando levantó la tapa y quitó la primera capa, papel normal puesto sobre el contenido para protegerlo del polvo. Debajo había yukatas, en gran cantidad, y por un momento se permitió deleitarse ante el olor de tela antigua y los viejos recuerdos.
Entonces, como enfurecida estableció el ritmo, sacó los obis doblados con cuidado. El yukata Yuhei, el yukata Towan-ho, el yukata Matsumoto. Todos los yukatas de las familias que se habían casado, en algún momento, con los Higurashi.
Pero ningún yukata Higurashi, y seguramente ningún kimono matrimonial.
Sacudió la cabeza cuando Inuyasha se acercó, y se alejó a zancadas de ella.
Con cuidado, los guardó y los cubrió con el papel.
Entonces, desde lejos, oyó un sonido apagado, misterioso, de... ¿voces? Mirando a su alrededor, preguntó,
"¿Qué era eso?"
"Tus ratones." Él estaba de pie, mirando hacia la orilla con el ceño fruncido una mesa, como si su localización lo molestase.
Aunque se esforzó, no pudo oír más. Una brisa errante agitó su pelo, y se relajó. Por supuesto. Podía oír a los criados que hablaban abajo en el patio.
Se movió hacia el siguiente baúl, mientras, detrás de ella, Inuyasha arrastraba algo a lo largo del suelo, entreteniéndose en algunos objetos antiguos que deberían parecerle extrañamente modernos. No se debía preocupar entonces de que él se acercase, y oliera su miedo, su deseo… todo en ella.
El ruido de arrastre se detuvo, y su nuca se erizó. Echando un vistazo hacia atrás, lo vio, demasiada cerca para su comodidad, y lo fulminó con la mirada.
Inuyasha la miró fijamente desde atrás, pudo oler el miedo y la rabia en ella haciendo mella en su corazón, luego se alejó, y cuando ella levantó la tapa del baúl, oyó otra cosa siendo remolcada a través del suelo.
Hombres. Cuan bien sabía que todos tenían siempre cosas que hacer para huir de sus problemas.
Dentro del baúl, encontró una piel de oveja, puesta hacia abajo, su gruesa y suave lana podía proteger el contenido de una caída. Sacándolo, lo puso en el suelo, luego miró detenidamente dentro los raros objetos envueltos en papel, que llenaban el baúl. Sacando uno, lo sopesó. Ligero, fino, sedoso. Destapándolo, saltó, lo dejó caer, y rió entre dientes.
Besos. Y gracias a todas personas que me dejan un rw, espero que cada vez a más gente les guste la historía y comenten.
besos XD
