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.•. NUESTRO DESEO .•.
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:•: CAPITULO :•:
II
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La escena frente a él era inconcebible. ¿Como pudo él caer a esto? Mentalmente continuaba reprendiéndose por la pequeña broma que les jugo a sus gemelos un par de horas atrás. Si alguien llegase a verlo en este momento se burlaría del Señor Kou, dueño de las empresas tecnológicas más importantes de Japón. No, del mundo. Por parte de su esposa no pudo escuchar nada más que una pelea que él no había deseado, al menos no esa noche.
Por el espejo en el que se miraba vio la puerta abrirse. Serena entro con una muy hermosa sonrisa. "Por fin pude dormirlos." Tentadoramente se acerco a él y deslizo sus brazos para embrazarlo, ambos mirándose a través del espejo. "¿No eres un amor?" Seiya giro para ver claramente la sonrisa cáustica de su esposa, intentando mantenerse dentro de ese abrazo pero le fue imposible a Serena continuar abrazándolo al su panza falsa estar de por medio.
"¿Tengo que hacer eso?" Mas que pregunta, el siempre orgulloso Seiya Kou no podía mostrar con nadie más los pucheros con los que jugueteaba con ella. Serena rió, pero un momento inesperado su rostro se torno en el mismo que Seiya temió cuando sus gemelos lo delataron. "Me veo ridículo."
"No, no te ves ridículo… ¡Eres Santa!" Sonrió de nuevo. "Esto es lo que los padres normales hacen por complacer a sus hijos. Tú hiciste esto mas complicado. Yo te di la opción simple y la echaste a perder."
"Es tú culpa." Se defendió anadeando hacia la cama. Serena rió al verlo caminar como pingüino, ignorando la culpabilidad que él quería encontrar en ella. "Continuas alimentando sus mentes con boberías míticas." Fue en ese instante en el que Serena detuvo cualquier risa y deshizo sonrisa.
"¿Boberías?" Seiya de inmediato supo que ese tono de voz era el inicio a otra reprensión por parte de su esposa. "¿Quieres dormir en la chimenea realmente?"
Seiya se levanto de la cama. Suspiro. "¿Qué es lo que quieres que haga?"
Serena volvió a sonreír. "¡Hmm! Veamos…" Mentalmente ideaba la sorpresa perfecta para sus gemelos.
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Abajo; Primer piso. Mientras Serena esperaba pacientemente en su habitación, Seiya tenía otros problemas.
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Lo que le faltaba. "¡Estúpido traje!" Seiya maldecía al momento que jalaba de su pantalón para que fuera liberado. Por esos segundos por su mente pasaba todo y nada a la vez. "¿Cómo puede caminar este obeso con todo lo que carga? Pero desaparecerá y entre mas rápido mejor."
Por escasos segundos detuvo su pelea al escuchar vagos murmullos. "No, tonto, te digo que es Santa." La dulce voz de Sery era reconocible en cualquier rincón de la mansión.
"Pero nos comerá." Seiya rolo los ojos. Aun le era imposible de pensar que su hijo varón, el futuro de INTANEK, el sucesor del apellido Kou, era todo un llorón. Le sorprendía aun mas la fortaleza que a Seji le faltaba, encontrarla en Sery.
De momento el preocupado padre por su pantalón pensó rápidamente en todas las instrucciones que su esposa esperaba hiciera al pie de la letra. De otra manera las consecuencias podían ser terribles. "¿Jo – Jo – Jo?" Claramente pudo ver ambas cabezas salir de su escondite. Tontamente, aun intentando jalar su pie, alzo una mano para agitarla en el aire. "¡Hola chiquitines! Me han descubierto." "Esto es indignante."
La primera en salir por completo fue Sery. Con mano en la barbilla y ojos investigadores, la niña se acerco al nervioso Santa. "Si te ayudo, ¿Prometes no comerme?"
Seiya rápidamente trajo a su mente lo que su esposa le instruyo dijera para esa pregunta. "Eh…Um…Yo no podría hacer algo así. Todos sabemos que tu papi nunca comete errores, pero él solo bromeaba con ustedes. Yo se que él es perfecto." Había algunas cuantas cosas que él mismo decidió añadir, quizás complicando aun más el recibir su propio regalo de Navidad por parte de su esposa.
"¡Que!" En segundos Seji llego corriendo hasta detenerse detrás de su hermana. "¿Tú eres amigo de nuestro papi?"
Esa sola pregunta hizo reaccionar a Seiya de lo que había dicho y de la enorme mentira que tendrá que crear para desaparecer la seriedad en el rostro de su esposa. "¡Esto es ridículo!" Grito internamente. "C – claro." No queriendo perder la paciencia, pero imposible no hacerlo, Seiya termino jalando con fuerza su pierna rompiendo la parte posterior del pantalón. Cansado él mismo por una farsa que quería terminara de inmediato se dirigió al sillón mas largo para poder extender los brazos cómodamente. "¿Qué?" Cuestiono confundido al ver a sus gemelos ahí, de pie, observándolo.
"¿Dónde esta nuestro regalo, Santa?"
Con el intento inútil de recordar lo que su esposa le había dicho, Seiya finalmente decidió tomar la situación bajo sus manos. "¿Acaso no ven ese árbol repleto de ellos? ¿Qué esperan para comenzar a desenvolver? Quiero ir a dor – ¡Ejem! – A repartir regalos a otros pequeñines…Jo, Jo."
Ambos niños no se movieron. Sery mantenía la mano bajo su barbilla mientras Seji sostenía fuertemente la manga de su hermana. "Pero Señor Santa, ¿Acaso no leíste nuestra carta?"
Seiya comenzó a tomar una posición más cómoda para sentarse mientras su cabeza reposaba en la cabecera del sillón. "Tienen cuatro, ustedes no saben escribir." Cerró los ojos, dispuesto a disfrutar de su comodidad para cuando los gemelos comenzaran a atacar los regalos. No fue así. Seiya no escucho nada.
Curiosamente abrió un ojo al escuchar un susurro. "¿Y ahora que?" Gruño después de verlos de pie en el mismo lugar observándolo.
"No, tonto, mami dijo que no."
"Pero papi dijo que si."
Sery miro a su hermano. "¡Pero mami dijo que no!" La molestia de la pequeña era ahora evidente. "Ve y pregunta." Seiya cruzo los brazos ante lo que veía. Los gemelos mantenían una conversación ajena a lo que él pensara, ignorando que él estaba ahí. "¡Ve!" Gruño Sery empujando a su hermano.
Seji gracias a la ayuda de su hermana estuvo por caer a los pies de Santa, pero fue hábil para que no sucediera. "S – Señor Santa…"
Seiya observo al asustadizo niño. Él mismo quería olvidar la que estaba considerando una tontería y regresar a la habitación. "¿Y ahora que?" Repitió al la primera pregunta ser ignorada.
"¿Nos llevara a Groenlandia para comernos?"
El ahora ya irritado padre suspiro. "No, no lo haré."
"Pero papi dijo –"
"Ya les dije que su papi bromeaba, eso es todo. Ahora anden y abran sus obsequios que quiero irme."
"Pero señor Santa, ¿Usted no tendría que haber dejado los regalos e irse? Mi mami dice que –"
"Si, si, ya se lo que tu mami dice pero fue ella misma quien dijo que tenia que espe –" Los ojos de sus gemelos eran expectantes. "– Solo abran sus obsequios."
"Pero señor Santa, mami dijo que comería las galletas que horneamos." Señalo la pequeña mesita de cristal a lo lejos. Un plato pequeño con menos de seis galletas y un vaso de leche esperaban a ser devorados.
"Los comeré después de que abran sus obsequios."
"Pero señor Santa, aquí no esta el obsequio que pedimos en nuestra carta."
"Les aseguro que esta. Todos los juguetes que pueden esperar están ahí."
"Pero señor Santa –"
"¡Ya!" Un fastidiado Santa se levanto del que deseaba hubiera sido un poco de comodidad. "Anden y abran los obsequios. Todo esta ahí. Todo."
Sery, tan seria como dormitada, finalmente se acerco al árbol navideño que su mami les había ayudado a decorar. Esa había sido la obra maestra de los gemelos. "¿Lo ve, señor Santa? No leyó nuestra carta." A una distancia razonable para ella, la niña tomo del árbol un pequeño sobre blanco. Regreso hacia el señor Santa y le extendió su descubrimiento. "¿Ve? Aquí esta."
Seiya miro de uno a otro a los niños. El año pasado recuerda claramente que ambos abrieron sus regalos y fueron felices. Sin decir más fueron los niños más felices. ¿Qué más podrían querer aparte de todos los mejores juguetes del mundo? Tomo el sobre que se le ofrecía. "Esta bien, leeré." De nuevo se sentó. Al abrir el sobre, encontró un papel pequeño dibujado con líneas, círculos, triángulos, cuadrados, colores y algunas caras felices. "He olvidado mis lentes, ¿Podrían ustedes leerlo por mi?" Si había algo que él no quería era herir el quizás gran orgullo y empeño que los gemelos pusieron en su trabajo. Al menos no ahora sabiendo que recién comienzan a tener logros como estos.
Seji tomo el papel. "Yo lo leeré por usted, señor Santa."
"¡No!" Sery arrebato el papel de inmediato. "Yo lo leeré, soy mas rápida que tú." Aclaro su garganta para comenzar.
"¡No!" Seji de nuevo rescato el papel de las manos de su hermana. "Fui yo quien lo escribió, lo entenderé mejor."
"¡Pero yo lo coloree!" Reclamo de nuevo Sery tomando el papel.
"¡Y yo lo doble!"
La mente de Seiya comenzaba a dar vueltas ante la que estaba considerando una ridícula pelea. "¡Suficiente!" Los gemelos se congelaron. Claramente sus ojos mostraron la quizás identificación de la voz de su padre. Al Seiya notar eso de inmediato aclaro su garganta. "¡Ejem…! Creo que ambos pueden leerlo."
Ambos niños sonrieron y quien comenzó primero fue Seji ya teniendo el papel en sus manos. "Querido Santa: – Mire señor Santa, aquí dice Querido Santa." El niño levanto el papel para que Santa lo viera. Seiya asintió no queriendo tomar más tiempo. "Querido Santa –"
Por su parte, Seiya cerró los ojos descansando una vez más su cabeza. Por su mente pasaba todo lo que tendrá que hacer mañana. Su mente era una agenda portátil. No existía nada que pudiera olvidar. Podía confiar más en su agenda mental que una personal. El lidiar con papeles ya es cosa del pasado. Él sabía eso mejor que nadie. Su vida ha girado alrededor de todo lo que ya posee. Lo único que le ha confortado a continuar en el estrés es llegar a su habitación. Todo podía perderse una vez que su esposa le abrazara. Todo en su matrimonio fue perfecto…hasta que llego la gran noticia, como su esposa llego a llamarle.
Y no fue uno como su feliz esposa esperaba. ¡Fueron dos! No era suficiente que uno llegara a quitarle el poco tiempo que él podía tener con esa mujer, pero decidieron ser dos. ¿Qué padre no ama a sus hijos? Él lo hace, pero son momentos como este en los que se pregunta como hubiese continuado su vida sin ellos.
"– Y prometeremos ser buenos. ¿Señor Santa?" Seiya abrió un ojo recordando que sus gemelos le veían. Ni siquiera noto el momento en el que la pequeña 'carta' paso de manos de Seji a Sery. Tuvo que arquear una ceja en duda a que responder.
"Muy bien, lo que sea que pidieron lo tendrán el próximo año. Es mas, pueden pedírselo a su papi y él se los dará sin replicar. Ahora abran sus obsequios que quiero irme." Cruzo los brazos cansado de tener que esperar tanto.
Los gemelos se miraron. "¿Ves, tonto? Te dije que él no podría." Ante esa frase conversacional, Seiya abrió los ojos dándoles la atención que ahora los niños no pedían. Ambos se encontraban mirándose mutuamente. Seji mantenía sus brazos a sus costados mientras que Sery lo jalaba de la manga para llevarlo hacia los regalos debajo del árbol.
"¿Qué es lo que no puedo hacer?" Pregunto el ahora curioso padre.
Ambos niños se detuvieron. Al girar, los gemelos vieron al señor Santa de pie esperando su respuesta. "Nuestro regalo especial."
¿Regalo especial? Seiya no entendió. Los gemelos llegaron al árbol y comenzaron a abrir sus respectivos regalos. Algo en esa escena era erróneo. Si bien puede recordar, el año pasado esos mismos niños gritaban y bailaban alrededor de toda la casa al abrir sus obsequios. Queriendo terminar con ese teatro por la picazón que la barba falsa causaba en su barbilla, Seiya se acerco hacia sus hijos y se mantuvo de pie junto al árbol. "¿Y cual es ese regalo especial?"
Los niños detuvieron sus actividades y se pusieron de pie rápidamente. "¿Le gusto nuestra carta, señor Santa?" Pregunto sospechosa Sery. Seiya asintió a pesar de no saber – o haber ignorado – el contenido de la misma. "Mi mami dice que nadie lo puede comprar, ni siquiera mi papi, ¿Pero usted si puede, verdad señor Santa?"
A esa frase en especial, Seiya puso especial cuidado. ¿Existía algo que ellos querían y él no podía comprar? ¡Él puede comprar lo que sea! No existe nada, nada, que él no les pueda dar. "Lo comprare." Prometió a pesar de no saber que era lo que querían. Todo tiene un precio y él estaba dispuesto a buscárselo a ese algo que sus gemelos querían. Quizás así lo dejen en paz y su esposa pueda ser feliz.
Los niños comenzaron a saltar a su alrededor. Aun desconocía la razón de su singular alegría, pero él mismo logro medio sonreír. Después de ese acto de felicidad, los gemelos se detuvieron frente al señor Santa, sonriendo enormemente. ¿Acaso esperaban algo? Tanto Seiya como sus hijos se miraron. Los niños parpadeaban expectantemente. Seiya miraba a su alrededor buscando la razón de sus miradas. "¿Dónde esta?"
"¿Dónde esta que?" Existía algo que ellos esperaban y él claramente desconocía.
"¡Nuestro regalo!" Ambos exclamaron simultáneamente, acto que Seiya de inmediato supo comenzaba a significar problemas.
"¿Su regalo? ¿Qué regalo?"
"El que pedimos en nuestra carta. Usted dijo que nos lo dará, ¿Dónde esta? Ya prometimos que seremos buenos." Firme, Sery fue quien se cruzo de brazos indignada por la espera.
"No se de que regalo hablan. Dije que lo comprare, pero desconozco de que se trata." Sus ojos comenzaban a pesar. El cansancio y estrés de sus monótonos días caían pesadamente sobre sus ojos.
"¿Lo ves, Sery? Él también nos ignora, tal como lo hace papi." Aquello último cayó como un pesado adobe sobre Seiya despertándolo completamente. Seji nunca había dicho algo así o al menos si lo decía él no estaba ahí para presenciarlo. La sorpresa fue verlo correr escaleras arriba con lágrimas en sus ojos.
"¡¿Ves lo que has hecho, tonto Santa?! ¡Hiciste llorar a mi tonto hermano!" Sery grito molesta y subió corriendo también, pero no sin antes despedir a Santa con una patada.
Llegar a su hermano no fue nada difícil ya que Seji se detuvo a mitad del pasillo del segundo piso. Ambos se tomaron la mano para subir al tercer piso, no sabiendo exactamente si iban por el camino correcto. Les era difícil encontrar la puerta adornada a pesar de que su mami les dijo que así la distinguirían.
Con grandes complicaciones e interminables puertas recorridas, finalmente los gemelos llegaron a la única puerta bonita, como ellos le llamaban. Sintiéndose aliviaos, ambos se tiraron en sus respectivas camas. Ninguno de los dos decía nada y mucho querían pensar en entender algo. Tenían cuatro años.
Su habitación era grande, muy grande. Seria imposible a esa edad poder quedarse en una de esas enormes habitaciones solos. Nacieron juntos y juntos seguirán hasta que quieran privacidad propia.
El pomo de la puerta comenzó a girar asustando a Seji, quien corrió de inmediato a la cama de su hermana. Ambos se cobijaron completamente. Escucharon la puerta abrirse, ambos estremeciéndose temerosos. Pudieron sentir la orilla de la cama ser hundida mientras su sabana se jalaba un poco. "Su papi no los ignora…tan solo trabaja mucho." Escucharon firmemente la voz ronca de señor Santa.
Los gemelos se descubrieron completamente. Sery fue la primera en saltar en la cama. "¡Por eso queremos nuestro regalo! Para regalárselo a papi." Ese fue el primer descubrimiento en el que Seiya pudo sentir sorpresa. ¿Ellos querían regalarle algo a él? ¡Tienen cuatro! ¿Qué pueden regalarle ellos a él? Pero sin querer hacerlos llorar de nuevo, sabiendo que eso traería graves problemas con su mama, Seiya asintió.
"Esta bien. Solo díganme una vez mas que es lo que quieren y yo se lo daré a su papi."
"¡No!" Seji también salto en la cama. "Nosotros se lo daremos."
"Esta bien." Sonaba sensato. "Solo díganme que desean y yo lo –"
"¡Tiempo!" Gritaron al mismo tiempo por cuarta vez sus gemelos.
Seiya abrió y cerró los labios un par de veces atónito a lo que se le había pedido. "Mami dijo que nadie puede comprarlo, ni siquiera papi, pero usted si puede señor Santa."
"Y queremos regalarle tiempo a papi para que pueda estar con nosotros."
Seiya se puso de pie impactado. ¡Por todos los inventos…tienen cuatro años! Esos niños no podían desarrollar superioridad ante otros niños de su edad. Posiblemente Serena les metió eso en la cabeza. Eso tenía que ser. Esos niños no podían…no podi –
"Ese es nuestro regalo especial. ¿Nos regalara tiempo para regalárselo a papi? Él llega muy noche y se va muy temprano. Mami dice que es un papi muy ocupado, pero nosotros sabemos que si le regalamos tiempo él no podrá llegar mas cansado y nos leerá lindas historias como la de usted señor Santa."
No, eso no podía ser obra de Serena. Por primera vez en su vida, Seiya se sentía un perdedor y la razón no era liderar una de las tantas juntas en su empresa, o tomar decisiones importantes, o hasta llegar a perder inversiones. La razón estaban siendo esos dos niños cuyos ojos esperaban su regalo especial de navidad. Por su mente pasaron los pensamientos que tuvo por los que ignoro la carta de sus hijos. Inconscientemente bajo el rostro. Nunca imagino llegar a sentir un enorme vació en su interior. Él ha estado tan preocupado en su corporación, en su computadora, en su esposa, en pensar que hubiese sido de su vida si esos mismos niños que ahora le ven curiosos no existieran.
¿Tan mal padre había llegado a ser? ¿Era la dulzura de esos niños a la que su esposa se refería cuando decía que no los conocía? Él es el mejor empresario, amigo, compañero, amante, esposo… ¿En que momento excluyo ser un mejor padre? Su vida gira alrededor de todos…menos de los niños que esta Navidad solo querían un obsequio especial para él. Sus gemelos lo continuaban mirando sorprendidos por la estatua en la que Santa se convirtió en cuanto se puso de pie.
"Tiempo." Susurro el aun atónito Santa. Los ojos de sus gemelos no dejaban de observarlo. "¿Ustedes creen que a su papi le guste su regalo?" Ambos comenzaron a mover la cabeza en una respuesta positiva de inmediato. Seiya extendió una mano para que ellos la tomaran. Los niños lo hicieron, tocaron la mano de Santa a pesar de no sentirla por el guante ser un intermedio. "Les regalare el tiempo que quieren para que se lo obsequien a su papi."
Los niños soltaron su mano y comenzaron a brincar nuevamente sobre la cama frenéticamente. Gritaban emocionados. "¿Y donde esta?" Seji detuvo su alegría para ver a Santa.
"No lo pueden ver porque el tiempo es invisible, así como el aire, pero con un lindo beso podrán obsequiárselo a su papi."
Ambos niños se lanzaron a abrazar a señor Santa, el hombre que había alegrado su Navidad. Seiya pudo corresponder plenamente su propio regalo de Navidad. Ese era un obsequio único. Un regalo especial.
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Abajo; Primer piso.
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La mansión Kou era conocida por su innumerable alta seguridad. Nadie entraba o salía sin antes tener que ser visto. El árbol navideño era una exclusividad de la pequeña familia. Nunca antes se ha viso un árbol con innumerable creatividad. Esa familia era especial, específicamente por tener a los gemelos cuya petición para Navidad era tan única como su propia obra de arte de árbol. Las decoraciones de las escaleras, a pesar de no ser creado por ellos, hacían juego con el aquel símbolo navideño.
El sillón en el que anteriormente se había sentado a ignorar todo lo que sus hijos habían dicho, papa-Santa había dejado su gorro. De la chimenea colgaban cuatro botas de Navidad. Cada una decorada por su propia creatividad. Dos eran más creativas que las otras.
Siempre existirá un deseo más hermoso que los demás. Este año ha sido elegido el obsequio que los gemelos pedían con inocencia para su padre. Y fue este año, por primera vez, que el pequeño platito de galletas con un vaso de leche acompañándole no era comido por alguno del personal. Este año, al día siguiente, amanecieron migajas junto con un vaso vació acompañados de la pequeña y muy original inocente carta, pero debajo de esa cartita se recostaba el regalo que los niños habían pedido; tiempo.
Boletos.
Después de todo, no todo lo podía descifrar aquel Santa falso que había ignorado los deseos de los únicos niños de esa mansion.
Querido Santa:
Nuestro papi dijo que nos comerías, pero mami dijo que no seria así. Sabemos que no hemos sido buenos porque hemos gritado mucho y llorado más. Mami dice que eres un Santa muy ocupado por eso escribimos a escondidas. Por eso escribimos rápido para pedirte nuestro regalo de Navidad. Papi es un hombre muy ocupado y mami dice que tiene poco tiempo. Nosotros queremos tiempo para regalarle. Mami dijo que cuando papi tuviera tiempo podríamos ir todos de viaje, por eso te pedimos de regalo tiempo para nuestro papi. Prometemos que no lloraremos mucho y prometeremos ser buenos.
Atentamente,
Sery y Seji Kou
Claro, existía alguien más que podía interpretar aquellos símbolos que para los demás solo significaban rayas, círculos, cuadrados, triángulos y una que otra carita feliz. Aquel que realmente entiende el lenguaje de un niño y el verdadero significado de Navidad.
• F • I • N •
X . X . X . X . X
¡Hola!
¿Quién no llego a creer en Santa? ¡Yo! Y aun sigo creyendo. :P
¡Muy Felices Fiestas!
• No olvidemos el verdadero significado de la Navidad •
¡Y muy Feliz 2008!
Que todos sus buenos deseos les acompañen a recibir un nuevo año, un año mejor.
¡Cuidado con las uvas, son peligrosas! O.O
n.n
♥ .•. Serenity Kou .•. ♥
