Los personajes de Harry Potter son obra de su autora J. K. Rowling.

Capítulo 4

El ataque a Neville

Tomaron el ascensor para salir del Ministerio, nuevamente salieron al corredor lleno de chimeneas. Miles de personas corrían dirigiéndose a alguna parte, otros más saliendo del humo verde de aquellos fogones. Harry se sentía sofocado entre tanta gente. El ministerio nunca le había gustado, le parecía una organización muy falsa. Había tenido tantos roces con ella que simplemente le había guardado antipatía, por eso fue que al salir por una chimenea de ahí y verse dentro de las paredes del Caldero Chorreante, se sintió aliviado. Salió algo aturdido, vio a Hermione y a Ron ya afuera esperándolo.

-Vamos Harry, tenemos que apresurarnos. Aún nos falta llegar con George y entrar a Honeyducks, de ahí nos vamos a aparecer en San Mungo... espero que tu hermano no se entere de lo que pensamos hacer, Ron.

-Descuida, estoy seguro que estará muy entretenido en su negocio.

-Eso espero... ¿estás listo Harry? –le preguntó Hermione algo apresurada.

-Sí.

Los tres chicos salieron por la puerta trasera del lugar, se encontraron el ya reconocido muro de ladrillos, Hermione puso su varita y éste se fue abriendo reacomodándose y formando una entrada hacia el mundo mágico. El Callejón Diagon se veía aún concurrido de personas comprando y otros más disfrutando de su paseo por aquel lugar lleno de vitrinas y novedades. Harry caminó siguiendo a sus amigos, sus ojos se fueron hacia un aparador que mostraba el más reciente modelo de escoba mágica, sonrió recordando su saeta de fuego y cómo Sirius se la obsequió. Escucho la voz de su amiga apresurándolos.

-Ahí esta la tienda de George, vamos, démonos prisa –de pronto se detuvo y volteo a ver a sus compañeros- recuerden... debemos actuar normalmente, nada de levantar sospechas, todos tranquilos...

-Quizás deberías decírtelo a ti misma, Hermione –le dijo Ron sonriendo, estaba tan estresada que al parecer era la única que se encontraba nerviosa- relájate...

-Tiene razón, Hermione –intervino Harry- es sólo George...

-Oye –le reclamó el pelirrojo- es mi hermano, tampoco lo menosprecies.. puede ser peligroso si se lo propone...

-Esta bien... –dijo la chica mientras respiraba profundamente y volvía a tomar el control- es sólo que no puedo dejar de pensar en Neville.

-Lo sé... no me parece justo que tengamos que ir a verlo a escondidas –mencionó Harry viendo a la distancia el local de George.

-Esperemos que esté bien –dijo Ron.

-Bueno, no perdamos más tiempo –Hermione tomo una actitud resuelta y sonriendo tomo a Ron de la mano y camino hacia el local de bromas y sortilegios Weasley mientras Harry caminaba tras ellos. Entraron al lugar, estaba totalmente abarrotado de chiquillos comprando y otros riéndose al ver los resultados de aquellos hechizos en otros. Harry observaba divertido aquel escenario mientras Hermione y Ron caminaban hacia el pelirrojo.

-Hola George.

-Hola –los saludó muy alegre- ¿cómo les fue en el ministerio?

-Bien, llenamos una solicitud y nos dijeron que en unos días llegaría nuestra autorización para entrar a Hogwarts.

-Me parece muy bien –les sonrió, fue cambiando su rostro alegre por uno más serio, observó a Harry a unos cuántos pasos más atrás viendo a un niño cómo se llenaba de granos verdes al haber comido uno de esos inventos de los gemelos. –Harry... ¿puedes venir un momento?

-Claro –le respondió, caminó hacia donde se encontraba George mirándolo algo serio- ¿qué pasa?

-Harry... –George pareció bajar la voz y tomar aire mientras parecía que cuidaba a su alrededor que nadie lo oyera más que los tres chicos frente a él- mi padre no desea que te digamos nada, pero hay algo que debes saber.

-¿Algo que tengo que saber? –le preguntó sintiendo el pecho oprimido ante los nervios, pensó que su amigo le diría acerca de lo de Neville o mejor aún, quien había estado atrás de aquel ataque- ¿acerca de qué?

-El Profeta, Harry, ha estado hablando acerca de algunas cosas que han estado sucediendo en el ministerio. Alguien ha estado irrumpiendo algunas de sus oficinas, aún no saben quien pueda ser... pero lo peor fue hace dos días...

-¿Qué sucedió? –preguntó Hermione, sabía lo que les iría a contar, pero trato de mostrar como si siguieran ajenos a lo que había ocurrido.

-Hubo un ataque en San Mungo –les dijo- alguien conjuró un cruciatus... atacaron a Neville, Harry.

Los ojos verdes de Harry brillaron con angustia, aunque ya lo sabía, el oír nuevamente aquella noticia de los labios de George lo había desconcertado. Ahora fue él quien tomó el control de la situación y acercando sus ojos a los azules del pelirrojo, le mostró un brillo de acierto –Nosotros ya lo sabíamos George, nos disponíamos a ir hacia allá...

-De modo que ya lo sabías?

-Harry... –le dijo Hermione incrédula a que los hubiera descubierto.

-Bueno.. sólo sabíamos lo de Neville, no sabía acerca de lo del ministerio.

-Me pareció que debía contártelo, porqué... más que nada tu nombre otra vez esta dentro de todo esto...

-No sabes por qué se le atacó?

-Aún no Harry... –le dijo afligido- quizás sea mejor que tú mismo hables con Neville.

-Lo haremos George, y... –Harry le regaló una sonrisa de gratitud- gracias por confiármelo.

-De nada Harry –le sonrió viendo como los tres chicos salían del lugar rumbo a San Mungo- yo los cubriré y no olviden pasar por Honeyducks antes de regresar a casa...

-Lo sabemos –le dijo Hermione- gracias George.

Una oscuridad los cubrió pareciendo jalarlos desde sus ombligos, pronto aparecieron en el vestíbulo del Hospital San Mungo. Harry se sintió un poco mareado, pero sintiendo un enorme anhelo por saber que había ocurrido, retomó nuevamente su camino. Hermione y Ron lo seguían atrás, tratando de alcanzar su paso. Se detuvo frente a la puerta número 115 en dónde les habían dicho que se encontraba su amigo, sabía que ahí encontraría la verdad de lo que sucedió. Sintió como los nervios y la ansiedad consumían sus entrañas, casi sintiendo el corazón en la boca, giró aquel picaporte. La habitación estaba iluminada por los rayos del sol que entraban por la ventana, las cortinas blancas volaban al vaivén del viento. Una mesita con un montón de dulces y chocolates lucía a los pies de la cama, en donde Neville se encontraba durmiendo. Harry sonrió aliviado al ver que su amigo estaba mucho mejor a cómo lo había visto en la foto del periódico, se acercó sentándose en la silla que estaba a un lado de la cama. Ron y Hermione entraron tras él.

-Neville... –le llamó con voz baja. Neville fue abriendo poco a poco los ojos, su rostro dibujo una sonrisa de sorpresa al ver quien le estaba llamando.

-Harry!! –le sonrió- Ron!, Hermione!

-¿Cómo te sientes?

-Bien... me da gusto verlos de nuevo...

-A mí también Neville –le sonrió- aunque me hubiera gustado que fueran en otras circunstancias.

-Lo sé... me imagino que habrás leído el diario, verdad?

-Sí –Ron y Hermione voltearon a verse- y qué te han dicho los sanadores? –le preguntó Harry contento de ver a Neville más completo- te veías muy decaído en la fotografía.

-No fue nada –le sonrió- estoy bien, sólo me dicen que debo de tener reposo por un día más y ya después podré irme a casa.

-Eso está muy bien, Neville –le sonrió Hermione.

-Sí, de hecho ya me siento mucho mejor, y ya que estoy aquí he aprovechado para ir a visitar a mis padres cada momento que puedo. –Los tres chicos sonrieron ante la singularidad de su amigo.

-Neville... esa noche –Hermione se aclaró la garganta- la noche en que te atacaron...

-Yo salía de ver a mis padres... –les dijo mientras su rostro se tornaba serio- de pronto apareció ese hombre, no me dio tiempo de tomar mi varita...

-Quién fue Neville? –le preguntó Harry casi al borde de la silla.

-No vi quien era Harry... cuando venía caminando me sorprendió por la espalda y no me dio tiempo de reaccionar.

-¿Qué quería?

-Él... me preguntaba acerca de... bueno, me decía que sí yo sabía algo acerca de unas reliquias... –Harry volteo a ver a Hermione- ... y cómo yo no sabía de que me estaba hablando, siguió lanzándome cruciatus, pero hubo una cosa Harry –Neville parecía pensativo, recordando algo- ...quería saber algo de cuando peleaste contra Voldemort, algo acerca de su varita... - Ron volteo a ver al pelinegro.

-¿Qué le dijiste? –le preguntó mientras su corazón latía con más fuerza.

-Yo... le dije que tu lo habías vencido, que no importó que tan fuerte fuera su varita, que tu le dijiste que cómo quiera le ganarías y así fue... sólo le dije eso Harry... –miró a su amigo con un gesto de duda- ¿hice mal?

-No Neville, claro que no... –le sonrió Harry- ¿qué mas sucedió?

-En realidad fue todo Harry... me preguntó por ti, pero le dije que no sabía donde estabas; después comenzó a llegar gente para ver que sucedía y él se desapareció.

-¿Quién crees que sea, Harry? –le preguntó Hermione, éste todavía tenía la mirada perdida entre sus pensamientos.

-No lo sé Hermione...

-Quizás deberíamos de... –dijo Ron. En eso entró a la habitación Luna Lovegood, sorprendida de ver a sus amigos reunidos ahí. Le sonrió dulcemente al pelirrojo mientras Hermione le extendía una mirada de extrañeza. –Hola chicos.

-Hola Luna.

-No pensé que los encontraría aquí, me da mucha alegría verlos, Ron. –el pelirrojo la vio confundido.

-Sí, venimos a ver a Neville, pero ya nos íbamos –le dijo Hermione algo incómoda por las miradas que la rubia depositaba en el pelirrojo.

-Qué lástima, apenas acabamos de vernos de nuevo... –les dijo con una voz pausada, luego volvió a sonreír- pero mi padre dará una fiesta este día último en las oficinas del periódico.

-Una fiesta de Halloween? –preguntó Harry.

-Sí, van a ir?

-Claro, no veo porqué no podríamos ir –le dijo mientras se puso de pie sintiendo alegría al haber visto a sus amigos de nuevo y algo de ansiedad al no saber que hacer, le hubiera gustado conocer más cosas, pero tuvo que conformarse con lo que se enteró -Ya nos vamos Neville, te agradezco el que nos hayas contado todo esto, espero que te mejores –le dijo despidiéndose de él.

Hermione y Ron se despidieron también encaminándose hacia la puerta, Neville al ver que se iban a ir, sintió cómo su interior le exigía el saber que estaba pasando, muy decidido, le habló –Harry... ¿qué esta sucediendo?

-Aún no lo sé Neville –le dijo con una sonrisa algo triste, sus ojos verdes tenían un brillo de ansiedad e intriga.

-Sí hay que luchar Harry, cuenta conmigo... –Neville le sonrió mostrando cuán deseoso estaba de apoyar a su amigo, éste le devolvió la sonrisa.

-Gracias.

Los tres chicos aparecieron de nuevo en el Callejón Diagon, Harry aún estaba pensativo, fueron encaminándose hasta el negocio de George, quien los esperaba para ver que noticias le traían. Los vio entrar y al ver el rostro de Harry supo que seguramente se habían enterado de algo importante.

-¿Pudieron ver a Neville?

-Sí... sí lo vimos.

-Les contó que no pudo ver a su atacante, verdad?

-Sí, eso fue lo que nos dijo... –dijo Harry mortificado.

-Harry, pero acuérdate que también te dijo que... –Harry intervino rápidamente para impedir que Ron siguiera hablando.

-Sí, dijo que había dicho que no sabía en dónde me ocultaba -después volteo a ver al hermano del pelirrojo- no pudimos enterarnos de gran cosa George, pensaba que Neville sabría más de esto, pero veo que está igual que nosotros.

-Sí, es verdad Harry.

-Bueno, nosotros ya nos vamos a Honeyducks para comprar algo y no llegar a la madriguera con las manos vacías.

-Claro... tengan cuidado –los despidió George a través del cristal de la puerta, vio como se alejaban mientras en sus ojos aún brillaba una mirada de sospecha.

Salieron de la tienda y Ron volteo a ver a Harry confundido, mientras Hermione buscaba en su mochila algo de dinero para comprar golosinas y así no despertar sospechas en Arthur y en Molly. Sin poder aguantarse más, Ron se paró frente a Harry.

-Harry... porqué no le quisiste decir a George todo?

-Ron... no pienso involucrar a más gente en esto... no quiero poner en peligro a todos nuevamente. Además, tu hermano no sabe lo de las reliquias de la muerte, eso solo lo sabemos nosotros tres.

-Pero él puede ayudarnos.

-Lo siento Ron, dije que no involucraría a nadie más. Por el momento en lo único que puedo pensar es en quien podría querer obtener las reliquias y sobre todo, cómo se enteró de que existían? –les dijo pensativo- sólo Dumbledore sabía de esto... y ahora que ha muerto, no sé quien más pueda haber tenido conocimiento de su existencia... todo me parece tan confuso.

-Lo importante es que están escondidas, no es así Harry?

-Sí... –le respondió recordando en dónde era que las había dejado.

-No dudes que tarde o temprano vendrá a buscarte Harry...

-Lo estaré esperando, Ron... –le dijo con una mirada firme que mostraba cuán dispuesto estaba a luchar.

Caminaron por las calles empedradas del callejón, Ron comenzaba a poner cara de fastidio. –Oigan... tengo hambre...

-No puedes aguantarte a llegar a tu casa Ron? –le preguntó Hermione molesta.

-No, no puedo! –le respondió frunciendo el ceño- hemos estado casi todo el día afuera y no he comido nada... tengo hambre!

-Esta bien, vayamos al Caldero Chorreante a comer algo antes de ir a Honeyducks.

-Bien... -los tres chicos se dirigieron a comer algo antes de entrar a Honeyducks y después de haber hecho todas las vueltas que tenían que hacer, partieron hacia la madriguera, llegaron encontrando en la sala unas agujas de tejer confeccionando un suéter, mientras Molly venía de la cocina a su encuentro muy risueña, tras ella venían flotando unas tinas con cepillos y unas canastas. Las tinas se dirigieron directamente hacia Harry y Ron mientras la canasta caía en manos de Hermione.

-Que bueno que llegaron chicos, necesito que me ayuden con los labores.

-¿Qué? –preguntó Ron con cara de fastidio.

-No me hagas esas caras Ron –le dijo enojada, luego volteo hacia los otros dos chicos con una sonrisa muy cariñosa- Harry podrías ayudar a Ron a limpiar el cobertizo?

-Claro señora Weasley...

-Harry... –le miró con un tinte de advertencia.

-Lo siento, lo haremos, Molly.

-Así está bien, y tu querida –volvió la vista hacia Hermione- podrías hacerme el favor de recoger algunas manzanas para poder hacer una tarta?

-Por supuesto señora Weasley.

-Gracias chicos –les sonrió y siguió avanzando con la escoba tras ella barriendo la casa. Harry, Hermione y Ron salieron de la madriguera para cumplir con aquel trabajo que les había encargado Molly.

La noche llegó iluminando el lugar sólo con la luz de la luna en lo alto, dentro de la madriguera se encontraban ya sentada a la mesa, la familia Weasley completa. Todos comían y hablaban intercambiando pláticas y opiniones entre ellos. Arthur sonrió y miró a los chicos. –Y cómo les fue en el Ministerio, pudieron arreglar lo que iban a hacer?

-Sí, no tuvimos muchos problemas –dijo Harry- sólo que tuvimos que dar varias vueltas buscando primero donde estaba la oficina y después para dejar las solicitudes.

-Sí... entiendo –dijo Arthur- pero no les negaron nada, verdad?

-No –le respondió Ron mientras mordía un gran pedazo de tarta de manzana.

-Sólo nos tardamos un poco más de lo planeado porque fuimos a ver a George y de ahí nos fuimos al Caldero Chorreante a comer, después a Honeyducks y a la librería...

-¿A la librería?...-Hermione le metió un puntapié a Ron por debajo de la mesa, éste sólo hizo una mueca de dolor.

-Entonces fueron a comer al Caldero Chorreante.

-Así es señor Weasley.

-Que bien, entonces puedo suponer que se divirtieron, verdad?

-Mucho –dijo Harry muy sonriente.

-En sí no querían salir tampoco de mi tienda, casi tuve que correrlos –dijo George intercediendo por ellos también.

Terminaron de cenar, Ron y Harry estaban en su habitación, acostados en sus respectivas camas. Harry aún no podía conciliar el sueño, no se quitaba de su mente aquellas palabras que le dijera Neville. ¿Quién más podría saber lo de las reliquias de la muerte?

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Gracias por sus comentarios a Felias Fenix y Contessa Sophie.