Capítulo 8
Interrupciones
El sol salió iluminando poco a poco la madriguera, sus rayos dorados cayeron en el rostro de Harry quien fue abriendo los ojos aún con sueño. Salió de la cama y despabilándose un poco, bostezó mientras estiraba su cuerpo descansando de haber estado en cama. Tomó una toalla y saliendo del cuarto, entró al baño a darse una ducha.
El frío calaba en los huesos, Ron se cobijó aún más con su cálido edredón mientras se hacía bolita en la cama y seguía babeando su almohada soñando con Hogwarts y un delicioso festín en el Gran Comedor. La malhumorada voz de Hermione lo hizo despertar rápidamente.
-Ya párate Ronald!! –le gritó muy enojada y quitando de encima las colchas que cubrían el cuerpo del pelirrojo.
-P-pero como entraste? –dijo tomando una sábana y tapándose el cuerpo muy apenado como si estuviera desnudo y la chica pudiera verlo.
-Por la puerta –la señaló aún molesta- por dónde más podría haber entrado??
-T-tienes llave de mi habitación?
-Por supuesto!! –dijo obviando aquello, Ron se extraño ante esa respuesta y se sintió relegado al ver que a él no le habían dado una llave de la habitación de Hermione.
-Y porqué tu tienes una llave de mi habitación y yo no tengo llave de tu cuarto? –le preguntó poniéndose de pie de la cama y enredándose la sábana por su cadera. Algo bastante ridículo a los ojos de la chica.
-Pues porqué eres hombre, obviamente...
-Y eso qué? –le preguntó.
-Sólo cállate Ronald y sal ya de la habitación que vamos a ir a practicar snowboarding.
-En serio? –la miró dudoso- y sin desayunar??
-Desayunar... –bufó molesta- eso es lo único que te importa en la vida, comer, comer y comer...
-Pero que te pasa?? –le preguntó extrañado ante el mal humor con que había amanecido su novia.
-Sólo vístete, Ron –dijo escuchándose algo decepcionada y dejándose caer sentada en la cama. Ron aún seguía sin entender que le ocurría a Hermione, así que entró al cuarto de baño y se dio una ducha. Después de un rato salió creyendo que Hermione ya no estaría, pero al verla ahí se sintió algo incómodo pues no había metido ropa y el pensaba en cambiarse en el cuarto, pero al ver que no se había ido y que no le daría oportunidad de perfumarse ni acicalarse tampoco, pues esto le daba pena a Ron.
-Hermione... –dijo como pensando las palabras- crees que pudieras salirte un momento? –le preguntó algo temeroso, casi se escondió tras la puerta del baño al ver la mirada iracunda de su novia.
-Queeeé? –le dijo poniéndose de pie- que te importa mucho que esté yo aquí?... dime Ron, si quieres me largo!!!!
-P-pero yo no quise decir... –se quedó con las palabras en la boca al ver que la castaña se había salido dando un cerrón a la puerta- ... diablos...
Mientras en la madriguera, Harry ya había bajado y se sentaba a la mesa observando cómo Molly preparaba el desayuno, saludó cortésmente.
-Buenos días, Molly.
-Cómo amaneciste Harry, querido? –le preguntó la pelirroja mientras hacía que un pequeño bote con mantequilla se untara solo con una cuchara en las piezas de pan que había en el plato- dormiste bien?
-Sí, gracias... –dijo dando un trago al vaso con chocolate.
-Recuerda que a la noche vamos a ir a ver a los malabaristas en los terrenos del torneo –Molly colocó el plato con las rebanadas de pan con mantequilla en la mesa. El delicioso aroma de la comida se deslizó suavemente por el olfato de Harry, sonrió y tomó una pieza.
-Vendrá Arthur con nosotros? –le preguntó mientras veía que Molly se sentaba frente a él en la mesa.
-Sí Harry, tratará de salir temprano del Ministerio.
-Bien... –Harry sonrió y siguió comiendo mientras Molly lo observaba con una mirada cariñosa.
Ron terminó de vestirse y, perfumado al igual que preocupado, salió encontrándose con su novia de pie a un lado de la puerta, esperándolo. Ron se aclaró la garganta, Hermione volteo a verlo casi matándolo con la mirada.
-Vaya Ron, por fin estás listo...
-S-sí... –dijo rascándose la cabeza- siento haberte hecho esperar...
-No importa, vámonos antes de que se haga mas tarde.
-Pero... sí vamos a ir primero a desayunar, verdad?
-Claro Ron –le dijo algo frenética- eso es lo único que nunca se te olvida, claro, cómo podrías dejar "esperando" a la comida, prefieres eso a ... a... olvídalo –le dijo finalmente muy ofendida y dejando al pelirrojo caminando tras ella.
-Pero que diablos le pasa? –se preguntaba Ron sin poder entender el porqué su novia estaba tan molesta con él. Caminaron hasta llegar al pequeño restaurante del hotel, ambos se sentaron a la mesa junto los Granger, Ron como gato asustado y Hermione sin querer verlo. No tardó mucho tiempo en que llegara el mesero a abordarlos. Hermione no dijo nada, solo optó por mirar a otra parte y dejar que Ron hiciera su pedido. Después que hubieron ordenado, el mesero partió dejando a los dos chicos en silencio. Ninguno de los dos hablaba, y aunque Ron le tiraba miradas suplicantes a su novia, pues Hermione parecía no tener ganas de romper con aquella situación. El mesero llegó de vuelta a la mesa trayendo lo que el pelirrojo había pedido de desayunar, Hermione solo vio como Ron iba a empezar a comer y torció la boca.
-Qué pasa? –preguntó fastidiado- no has hablado nada y no se ni porqué estas enojada... te hice algo?
-No Ronald, tu sigue comiendo... –se puso de pie contristada- los espero en la recepción.- les dijo a sus padres, quienes la miraban sorprendidos. De seguro que ese iba a ser el desayuno más horrible que hubiera experimentado un Weasley, Ron bufó fastidiado y haciendo de tripas corazón, se puso a comer.
Mientras, en la madriguera, Harry Potter sentado en un sillón, pensaba en cómo serían los malabaristas del mundo mágico; él particularmente, nunca había tenido oportunidad de ir a un circo, primera, porque los Dursley obviamente nunca lo llevaron y en segunda porque no tenía dinero para poder conocer uno, sólo sabía de ellos por lo que había escuchado decir a Duddley de una vez que lo llevaron de paseo al circo, había llegado muy animado ya que había aventado una golosina a un malabarista y éste, al sentir el golpe, perdió la concentración y a consecuencia de esto se le cayeron los objetos con los que estaba dando su espectáculo. El pequeño Duddley estaba muy orgulloso de su hazaña mientras Harry sólo veía cómo era que al parecer, nadie en esa casa notaba que el rollizo niño era en verdad un chiflado. Dejó esos pensamientos y volvió a imaginarse como serían los malabaristas en el mundo mágico y que tan diferentes serían de los del mundo muggle. Después de unos instantes de estar sumergido entre sus propias inquietudes, escuchó la voz de Molly quien se había sentado a un lado de él en la sala.
-Qué te gustaría que te preparara de comer, Harry? –preguntó. Cabe mencionar que era la primera vez que a Harry le hacían esa pregunta en su vida; primero se quedó pensando que contestar, sería demasiado el pedir una comida a su gusto?... no estaría siendo demasiado exigente con Molly?... para él estaría bien comer cualquier cosa... porqué le hacían esas preguntas primeramente? Esa pregunta era algo que encontraba más difícil que cualquier TIMO.
-Cualquier cosa estará bien para mi, Molly –le respondió finalmente.
-Vamos Harry, en estos días vas a ser mi único hijo, así que puedes pedirme lo que quieras... dime que te gustaría que te cocinara? –le volvió a hacer la pregunta encajando aún más esa mirada cariñosa y esa sonrisa que hacían a Harry sentirse apenado. Qué le gustaría comer?... algo difícil de decidir...
-Tal vez... –Molly lo miraba intrigada- bueno... quizás... una sopa caliente –dijo completamente apenado y sintiéndose algo torpe. Molly sonrió y se puso de pie.
-Me parece perfecto Harry, querido.
Harry observó sintiendo algo de alivio al ver partir a Molly hacia la cocina, pero aún se sentía un poco mal debido a que iba a poner a cocinar a su "casi-mamá"; así que se puso de pie y fue hacia la cocina para ayudar a Molly a preparar la sopa, después de todo, él ya tenía experiencia cocinando para los Dursley.
Ron caminó hacia la recepción, en donde encontró a Hermione sentada y hojeando una revista, al ver que el pelirrojo se acercaba, se puso de pie para salir del hotel y dirigirse hacia donde irían a hacer snowboard. Ron iba todo nervioso, no sabía como utilizar el equipo para patinar sobre la nieve y lo que era peor, no sabía si Hermione le iría a explicar como era que funcionaban las cosas. Así que tratando de no pensar en nada, siguió caminando al lado de su novia. Siguió sin hablar, después de todo, él no había hecho nada y la que había amanecido toda neurótica era Hermione, así que si alguien debía romper el hielo, esa debería ser su novia y no él. Sintiéndose muy ofendido, vio que a lo lejos se encontraba una caseta a la cual Hermione caminaba muy segura; sin saber con qué objeto era que su novia iba a ir hacia ahí, sólo se encontró siguiéndola sin decir palabra. Vio que compró unos boletos para subir a "una cosa que con sólo subirte, sentarte y sujetarte a un banco que estaba unido a un fierro que pendía de unos cables, te llevaba hasta lo mas alto de la montaña". Cabe mencionar que Ron se encontraba maravillado ante tanto ingenio de los muggles para hacer las cosas. Hermione tomó asiento y esperó a que su novio se sentara también para abrocharle el cinturón de seguridad. Lo vio tan maravillado e incrédulo observando como a sus pies el suelo comenzaba a quedar cada vez más distante y las personas empezaban a verse como hormiguitas caminando por la nieve, Hermione sonrió disimuladamente al ver la "novedad" de su novio ante tal aparato. Vio que iba a moverse y le dio temor.
-No te vayas a caer Ron, esto es peligroso...
-Sí, ya me di cuenta, pero es super emocionante... cómo hacen los muggles para inventarse cada cosa? –preguntó intrigado- sobre todo porque no usan magia para hacerlo... cómo pueden hacer que esto suba a la montaña sin magia?
-Porqué hay otros métodos, Ron –le dijo algo más seria recordando que aún estaba sentida con el pelirrojo.
-Cómo cuales? –le preguntó mirándola dudoso, también olvidando que estaba ofendido con su novia y pensando que muy pronto, también, le extinguiría las dudas de su cabeza.
-Olvídalo... aunque te explicara nunca me entenderías... –le dijo cortante y bajo del carrito mientras Ron la seguía observando sin poder comprender siquiera porqué razón estaba tan molesta con él. Pero sí ella siguiera con su mal genio, entonces iba a encontrarse con el "enfado de un Weasley" y eso, no era nada bonito.
-Claro, para qué explicarle al "estúpido" de Ron, sí sólo es un imbécil que nunca entiende nada? –dijo realmente ofendido y se adelanto a Hermione, la castaña sólo vio seria cómo se alejaba el pelirrojo; se mordió los labios, quizás estaba siendo demasiado obstinada con él; quizás sería mejor arreglar las cosas con Ron. Así que trató de seguirle el paso para alcanzarlo finalmente.
-Ron...
-Qué pasa? –le contestó de mal modo. Hermione dejó pasar esa mala contestación, iba a tratar de arreglar las cosas, así que no le reclamaría para no hacer más grande el problema.
-Quiero hablar contigo... –le dijo.
-De qué? –le preguntó molesto.
-De este problema...
-Cuál problema?? –la encaró- conmigo no hay ninguno, TU eres la del PROBLEMA...
-Qué? –preguntó incrédula a lo que había escuchado, y si pensaba en solucionar las cosas, ahora con esto que le dijera Ron iba a resultar más difícil pues se había ofendido nuevamente- esta bien, Ronald, yo soy la del problema, entonces ya no te voy a hablar... –le dijo finalmente y poniéndose su equipo para patinar sobre nieve, se detuvo a un lado de un banderín a esperar a que el pelirrojo se pusiera también su equipo.
Ron, con el ceño fruncido, observó a su novia cómo ni se inmutaba y ni pareciera importarle el que estuviera ofendido. Observó el equipo y fue hacia el, lo contempló por unos instantes y sin saber cómo diablos se ponía, trato de hacerlo lo mejor posible. Vio cómo lo llevaba puesto Hermione, así que trató de imitarla, sólo que Ron no había notado que la tabla tenía un seguro para los pies para que ésta no fuera a safarse. Ron, sin tener conocimiento de esto, sólo se la puso y fue hacia donde la chica se encontraba, sintiéndose igual de importante ya que no había necesitado de "ayuda" para ponerse el equipo.
Hermione vio de reojo al pelirrojo, sentía algo de preocupación, pero su enfado era más que lo otro, así que no le dio importancia. Suspiró y tratando de mostrar que no le importaba en lo absoluto el que su novio le estuviera aplicando la ley del hielo, comenzó a deslizarse por la nieve mientras Ron la observaba sintiendo entre nervios y ansiedad. Pensó que si Hermione podía hacerlo, entonces quizás no sería tan difícil para él, así que tomando impulso se dejo deslizar sobre la nieve. Primero casi se le salía el corazón al ver la inclinación tan pronunciada de la montaña, y más porque a medida que se deslizaba, más tomaba impulso en la tabla. Fue después de un rato cuando sintió que lo estaba dominando y sonriendo paso rebasando a Hermione por un lado y tratando de mostrarle que no era un "estúpido" y que había logrado dominar la tabla. Hermione al verlo lucir tan orgulloso y emocionado, sonrió para sí, pero su sonrisa se fue quitando poco a poco de sus labios al ver que Ron se dirigía a toda velocidad hacia un árbol.
-Ron!! –le gritó- cuidado!!
-No puedo!! –le respondió viendo el árbol cada vez más cerca de él, trató de desviarse pero como no traía puesto el seguro de la tabla, ésta se safó de sus pies y Ron cayó rodando al piso hasta estrellarse contra el árbol; el cual debido al impacto, le soltó toda una capa de nieve encima. Hermione se quitó su tabla y corrió presurosa temiendo lo peor, llegó hasta donde estaba tirado el pelirrojo y después de sacudirle la nieve de encima, lo ayudó a levantarse.
-Estás bien? –le preguntó sintiéndose culpable por no haberle ayudado a poner el equipo, cómo podría haber sido tan tonta y suponer que Ron sabría hacerlo, sí nunca antes había practicado ese deporte muggle? Hermione se sentía de lo peor, pero esto no le quitaba la sonrisa divertida que se asomaba en los labios al ver al despistado de Ron todo despeinado y cubierto de nieve.
-Cómo voy a estarlo si acaba de atravesárseme un árbol en mi camino?
-Pero no fue el árbol... –dijo tratando de dejar la sonrisa- es que te hubieras desviado...
-Eso intenté hacer!! –le dijo dolido- pero la estúpida tabla se me safó...
-Sí... –dijo sintiéndose más culpable, ella debió advertirle a Ron acerca de eso, y ahora el que el pelirrojo estuviera lastimado era por culpa suya –te lastimaste mucho, Ron?
-Me duele el brazo y el hombro... –dijo apretándolo contra su cuerpo y poniéndose de pie.
-Mejor regresemos al hotel para que descanses y que te den algo para el dolor –dijo Hermione mientras el chico le ponía una cara de pocos amigos.
-Claro...
Harry se encontraba aseando uno de los cuartos, específicamente el cuarto de Ginny, había sacudido cuidadosamente los muebles, ya estaba acostumbrado debido a que era su obligación en casa de los Dursley. Harry se quedó de pie pensativo, recordando a la pelirroja. Molly comenzó a buscar a Harry por toda la casa, fue al cuarto en dónde dormía, lo encontró en perfecto orden y totalmente aseado; así también pasó lo mismo en la habitación de los gemelos, finalmente llegó a la recámara de Ginny, observó a Harry estar de pie, su semblante se veía melancólico. Molly sintiéndose mal por interrumpir los pensamientos de Harry le llamó para comer. Ambos bajaron a la cocina, Harry tomó asiento viendo la enorme olla en dónde la pelirroja había servido la sopa.
-Hice sopa de dragones –dijo Molly muy sonriente mientras tomaba el plato de Harry para servirle.
-Sopa de dragones? –preguntó Harry imaginándose a que rayos sabrían esos animales... en nada se le apetecían comerlos.
-Bueno, no precisamente de dragones, Harry –lo corrigió Molly al ver el gesto que el chico había puesto viendo su plato- es sopa con figuras de dragones combatiendo... y si no tienes cuidado, quizás te lancen fuego –dijo sonriendo muy cariñosa. Harry volvió a dirigir la vista nuevamente a su plato, cómo suponían que él podría comer esa sopa si los dragones podrían lanzarle fuego?
-L-lanzarme fuego? –preguntó dudoso.
-No te asustes Harry –sonrió divertida Molly- veo que no estas muy familiarizado con la "sopa de dragones" de aquí. Ahora te explico, mira, los dragones escupen fuego pero no te queman, solo es para entretener a los niños... es una sopa para niños... no has oído eso de "come tu sopa antes de que te la pulverice el dragón"?
-N-no... –dijo totalmente extrañado, pero comenzaba a parecerle muy interesante el hecho de que los dragones se estaban peleando en su sopa.
-Bueno, es un dicho de aquí Harry –dijo sonriendo y comiendo de la sopa- vamos, pruébala, no tengas miedo...
-No tengo miedo... –dijo tratando de sonreír y sin poder despegar la vista de esos dragones que parecían tan reales en su plato; tomó una cuchara y la sumergió en la sopa, la sacó y vio como un pequeño dragón color rojo se movía en su cuchara; lentamente fue acercándosela a la boca, entre más cerca estaba de su boca más extraño era el gesto que hacía, Molly ya no había comido pues se encontraba intrigada viendo a Harry tratando de meterse ese dragón a la boca. Harry cerró los ojos y olvidándose de que se iba a comer un dragón, se metió la cuchara a la boca. Pasó un instante y el gesto en el rostro del chico había cambiado a una sonrisa divertida –sabe muy rica... y se siente cosquillas cuando el dragón está dentro de la boca.
-Entonces te gustó, Harry? –le preguntó dulcemente Molly.
-Sí, sabe muy bien... yo no sabría preparar una sopa tan rica cómo esta.
-Sabes cocinar, Harry? –preguntó totalmente extrañada.
-Sí, en casa de los Dursley tenía que preparar el desayuno, la comida y algunos dias la cena... –dijo cómo si fuera algo muy normal, Molly se sintió mal por él- por cierto, también aprendí a hacer galletas de chispas de chocolate...
-En serio? –preguntó Molly aún sin entender cómo era que habían sido capaces de poner a cocinar a Harry, eso era algo imperdonable.
-Sí, que le parece si más tarde preparamos unas galletas? –preguntó Harry emocionado, seguramente iba a ser una gran experiencia el cocinar al lado de Molly, aunque a él le hubiera gustado el hacerlo con su madre, pues el pasar ese tiempo compartiendo con la mamá Weasley iba a ser tanto igual.
-Claro Harry –le sonrió finalmente Molly, ambos siguieron comiendo mientras conversaban de otras cosas.
Ron estaba acostado en la cama, totalmente aburrido y con la mirada directa al techo, aún recordaba cómo había rodado por la nieve y se había estrellado en el árbol, sintió que su orgullo dolía más que el golpe que se había dado. Tenía unas ganas inmensas de ponerse de pie e ir hasta el árbol causante de la vergüenza que sentía frente a su novia, y darle de patadas hasta que la madera de su tronco se gastara tanto cómo el había sentido herido su "pequeño triunfo momentáneo". Hermione observaba a Ron sentada a un lado de él en la cama, se sentía muy culpable; pensó que todo eso no hubiera pasado si no hubiera estado tan ofendida por una "no visita inesperada". Se sentía tan tonta, cómo podía ella haber sido tan superficial y dejarse llevar sólo por una estupidez cómo esa? Después de todo, Ron nunca le dijo que iría a hacerle una visita nocturna a su cuarto... estúpida que se sentía.
-Ron...
-Qué?
-Siento mucho esto que paso... –dijo sin tener el valor de levantar la vista y depositarla en los ojos azules del pelirrojo- todo esto fue mi culpa...
-Tu culpa? –le preguntó. Claro que Ron estaba de acuerdo con ello, pero, primero la caballerosidad antes que otra cosa- no fue tu culpa Hermione...
-Sí lo fue... –le dijo llorosa- debí haberte advertido del seguro de la tabla...
-Seguro? –preguntó... por supuesto! Esa estúpida tabla tenía un seguro... cómo diablos iba a saberlo él?... se lo hubiera advertido desde antes, pero claro, era Hermione y estaba aceptando su culpa después de todo- bueno... quizás se te olvido mencionarlo.
-Perdóname Ron... –le dijo dolida. Ron sonrió, cómo no iba a perdonarla? Era Hermione! Por supuesto que no iba a molestarse por eso.
-No te preocupes Hermione, también fue mi culpa –le mencionó- yo también debí haberte preguntado cómo se usaba el equipo.
Hermione sonrió ante el gesto de su novio y, algo cariñosa, acarició su brazo –te duele mucho todavía, Ron?
-No tanto –le dijo haciéndose el valiente- he tenido golpes más fuertes que este.
-Es que eres muy fuerte, Ron... –le dijo entre coqueta y entre tímida... esos ojos miel brillaban de manera extraña y sugerente para el pelirrojo. Ron observó esa mirada, tratando de descifrarla.
-Lo sé... –afirmó el comentario, viendo como Hermione se acercaba cada vez más a su rostro, Ron sonrió para sí, nunca se hubiera imaginado que ese tremendo trancazo le hubiera conseguido una buena recompensa. Sonrió encajando su mirada azul a los labios de Hermione, poco a poco se fueron acercando hasta que sus labios fueron tocándose lentamente, primero en un ligero rose y después en un apasionado beso.
-Ron... –dijo Hermione apartándose tan solo un poco de los labios del pelirrojo.
-Sí?
-Me da gusto qué estés aquí conmigo... –le dijo apenada, Ron sonrió satisfecho y sintiéndose el rey de ese momento, abrazó a la chica y volvió a besarla mientras, para asombro de la castaña, la iba recostando lentamente hacia la cama y éste iba cubriéndola con el calor de su cuerpo. Poco a poco los besos iban subiendo de tono y las manos de Ron comenzaban a dibujar lentamente la frágil silueta de Hermione, acariciando sus sutiles curvas y explorando la cálida y suave piel que se mostraba sensible a su tacto. Las ropas comenzaron a estorbar, Ron se despegó un poco de Hermione, notó cómo las mejillas de la chica estaban teñidas con un suave color melocotón mientras sus labios lucían un tentativo color cereza y lo incitaban a seguirla besando. Hermione, sabelotodo y refunfuñona, ahora se mostraba tan plácida e incitante para el pelirrojo; y era de él, estaba dispuesta a entregarse a él... recorrió lentamente el desnudo y grácil cuerpo de la castaña, su piel desprendía un cierto brillo que era insinuante a los ojos de Ron, su pequeños pechos lo invitaban a probarlos, a embriagarse en ellos. Ron se lamió los labios mientras seguía disfrutando de ese recorrido, su estómago firme desembocaba en la sugerente pronunciación de su ombligo, mientras su vientre lo llamaba a besarlo... ahí estaba Hermione, temblando ante el tacto de sus manos en su cuerpo, estaba ahí para él, entregándosele completamente...
-Qué se supone que están haciendo?? –se escuchó el sonido fuerte de la puerta y cómo alguien había irrumpido en la habitación.
Harry dejó caer su amasijo mientras veía entre asustado y confundido a Arthur verlos totalmente ofendido. Harry dirigió su mirada hacia Molly, notó como la pelirroja se había quedado sin habla mientras Arthur se acercaba poco a poco hacia ellos y veía que hacían galletas –cómo pudiste, Molly??
Harry se encontraba totalmente confundido, qué era algo trágico el hacer galletas en el mundo mágico?... quizás y él no lo sabía. Vaya problema en que se habían metido él y Molly. Escuchó la voz trastabillada de la pelirroja tratando de dar una explicación a su marido.
-Lo siento, Arthur, Harry me estaba enseñando una receta que aprendió en casa su tía...
-Pero... pero... – Arthur le dirigió una mirada ofendida al boll de la masa, se acercó nuevamente y volvió a hundir la vista hacia la masa dulce - pero esto lo hacíamos tu y yo solos, Molly, porqué no me esperaste??
Ok, para este momento Harry estaba más que confundido, estaba consternado ante tanto drama de los Weasley, sólo eran unas patéticas galletas!! No estaban haciendo nada malo como para que Arthur se pusiera así, de modo que tratando de quitarse de dudas y mostrando toda la perplejidad que sentía, sonrió nervioso y confundido hacia Arthur.
-Hicimos algo malo... Arthur? –preguntó Harry- qué sucede?
-P-pues verás... Harry –tartamudeó Arthur mientras Harry notaba como su rostro iba subiendo de color- pues... lo que sucede es que... las galletas... pues... cómo te explico? –dijo entre pensativo y dudoso. Harry dirigió su mirada hacia Molly y la encontró aún más roja que el propio Arthur, bien, qué diablos estaba pasando? Definitivamente alguien debía explicarle que ocurría.
-Sí...? –dijo invitando a que Arthur siguiera con su "explicación", si pudiera llamársele así.
-Pues... las galletas... Harry...
-Es porqué no le gustan las chispas de chocolate?
-No claro que no es eso... –esta vez intervino Molly- es sólo que... pues... explícale Arthur. –Entre los dos ya tenían a Harry más que confundido, y solo dirigía su vista de Arthur a Molly y viceversa.
-Sí... yo le explico... –dijo, más granate no podía verse- verás Harry, lo que sucede es que... a causa de las galletas... pues... fue que Ron nació...
"Gracias a las galletas??" -pensó Harry, luego volvió la vista confundido hacia Arthur- Ron nació de una galleta?? –le preguntó mientras dirigía ahora su mirada hacia el amasijo que tenía en su mano, sin tiempo que perder soltó la masa y dio dos pasos hacia atrás, sí es que así había nacido Ron, entonces él no quería verse de pronto teniendo hijos de una galleta... porque estaba en el mundo mágico, y quien sabe cuántas locuras más no conocía de ese lugar.
-No, no Harry... no es eso... –intervino rápidamente Arthur- lo que sucede es que... Molly y yo.. algunas veces acostumbramos hacer galletas a la manera muggle... pero entonces... pues... sabrás que es muy divertido para nosotros...
-Arthur... –interrumpió Molly al tiempo que su piel lucía escarlata, Harry trató de no reír ante los rostros "amanzanados" de los Weasley.
-Harry... cuando llegas a adulto, y tienes una pareja como Molly... –se quedó callado- bueno, no digo que como Molly necesariamente, sino que cuando tengas tu pareja, pues...
-Sí? –preguntó Harry muy divertido, esa explicación del señor Weasley prometía ser más divertida que su próximo encuentro con los malabaristas mágicos.
-Pues sí... –pasó saliva con dificultad mientras su rostro ya había pasado todas las tonalidades que se pudieran sacar del color rojo- hay cosas que harás con ella, es decir, formas de mostrarse su amor... mira, cuando un hombre y una mujer se aman mucho... –se quedó otra vez pensativo- y están casados –afirmó- ... pues... mira... los hombres tienen una "semillita" y cuando están con su pareja ...
-Ahhh... –Harry trató de ocultar su "sonrisita traviesa", en realidad no se imaginaba aquí a Arthur tratando de explicar cómo era que los papás plantaban las "semillitas" en las mamás, mientras Ron allá en los Alpes quizás ya hasta había plantado todo un jardín en Hermione- entiendo... pero lo que todavía no tengo muy claro es que tienen que ver las galletas con lo otro...
-Pues... Harry... el hacer galletas para mi y para Molly... pues... es algo... como decirte... íntimo –no pudo decir exactamente a lo que quería referirse, pues ya estaba demasiado apenado con Harry como para poder hablar francamente con él.
-Vaya... –contestó finalmente ante esa "explicación que no explicaba absolutamente nada" de Arthur- pues... ahora veo... –mintió descaradamente, era lo mejor en ese momento, si no, era probable que las cabezas de Arthur y Molly explotaran ante tanta pena acumulada.
-Bueno, entonces... chispas de chocolate! Molly y yo solo hemos intentado hacer galletas de naranja– dijo Arthur arremangándose las mangas de la camisa dando por terminado el tema.
-Polvorones? – preguntó Harry pensando en cierta marca "muggle" conocida y extrañado por la palabra 'intentado' – y que tal les quedan?
-Pues verás... Harry... –los rostros de Arthur y Molly de nuevo estallaron en un rojo granate- ... la verdad es que... pues... siempre se nos queman...
-Ahhhhh, vaya... –dijo Harry comprendiendo al fin que tenían que verlas galletas con Ron, y con los gemelos, y con Percy y ... mejor no seguir contando Weasleys, trató de no reír- bueno, si quieren, yo me encargo de cuidarlas esta vez... digo, si "de pronto se vuelve demasiado divertido para ustedes"...
Arthur y Molly compartieron unas miradas abochornadas y sonrieron realmente muy apenados tratando de concentrarse en la preparación de las galletas mientras trataban de no mirar a Harry, realmente tenían cara de que deseaban esconder la cabeza entre la masa de las galletas. Harry subió a arreglarse para su salida, pasó un rato y de una de las ventanas de la cocina se desprendía un agradable aroma a pan dulce, bajo a la sala a esperarlos y al pasar por la cocina vía a Arthur limpiando la mesa mientras Molly guardaba las galletas en una cesta y después que se hubieron metido a dar una ducha, obviamente por separado, partieron hacia su paseo.
Harry caminaba viendo asombrado el lugar en dónde se encontraban los torneos y eventos mágicos; parecía un sitio salido de algunas ilustraciones medievales que había visto dibujadas en algún libro de cuentos que había abandonado Duddley y que él tantas veces había leído tratando de escaparse de esa casa, aunque fuera mentalmente. Cada vez encontraba más emocionante y divertido el mundo mágico, sonrió viendo la fila de los que iban a participar para el torneo de arquería mágica, otra fila más para los que se enlistaban para un combate de duelos (nada peligroso). Por fin vio a lo lejos unas pequeñas gradas rodeadas de banderines y en las cuales ya había algunas personas sentadas esperando a que empezara el espectáculo. Harry acompañado de Molly y Arthur, tomó lugar entre la gente a esperar a que iniciara el show de malabarismo mágico.
De pronto se apareció frente a todo ojo, un hombre vistiendo extrañas ropas y lanzando por los aires bolas de fuego y jugando con ellas sin que éstas quemaran sus manos. Una mujer a un lado de él, la que parecía ser su ayudante, comenzó a lanzarle también bolas de hielo, así que el malabarista estaba manejando fuego y hielo sin que sus manos se vieran afectadas por esto. Todo el publico aplaudió, pero aún más fuerte lo hicieron cuando ésta persona, comenzó a levitar por el aire y las bolas de fuego y hielo comenzaban a rodear su cuerpo y bailar a su alrededor mientras este giraba y levitaba encima de todo el publico quien miraba sorprendido aquel acto. Harry se maravillaba ante todo lo que veía, encontraba fascinante el que su primer visita al circo fuera en el mundo mágico, estaba totalmente seguro de que era mil veces mejor que el del mundo muggle.
-Quieres un helado, Harry? –le preguntó Arthur. Harry le sonrió y le respondió con una sonrisa sincera y feliz.
-Claro, me encantaría Arthur –dijo, nunca en su vida había sentido lo que era el calor y el cariño de unos padres y ahora que lo tenía, amaba el sentirse así.
La noche comenzó a cubrir el lugar, el día había transcurrido divertido para unos, mientras para otros había sido un día de pruebas y reflexiones. Harry por su parte, acostado en su cama, aún recordaba todo lo que había ocurrido en ese día. Una risita salió de sus labios al recordar las explicaciones de Arthur, de pronto se le vino a la mente Ron, que estaría haciendo?... estaría plantando "semillitas" en Hermione? Harry sonrió de buena gana y se fue quedando dormido.
A la mañana siguiente, se despertó por el ruido en su ventana, se puso de pie y encontró a una lechuza picoteando el cristal. Harry le abrió la ventana y tomó el sobre que traía en sus patas y le dio una migaja de pan. Se sentó en la cama y se puso a leer. Harry sonrió mientras leía su contenido, era una carta que Ron le había mandado desde los Alpes.
Harry:
Sabes? Ha pasado algo que... bueno, necesito platicar contigo... tu eres como mi hermano, después de todo, verdad?
(Claro... cómo si lo fuera –pensó Harry sonriendo).
Bueno... es algo muy importante Harry... algo que tiene que ver con "tu-ya-sabes-quien"...
(Yo se quien?? –se preguntó Harry- Hermione o Voldemort??... de que rayos esta hablando Ron? –se quedó consternado, pero obviamente, de tal padre tal hijo y Harry encontraba realmente obvia esa frase, seguro que su amigo se estaba refiriendo a su novia... "tu-ya-sabes-quien", vaya forma de referirse a ella).
Te explicó a mi regreso, ya mañana nos veremos por allá, espero que estés bien, saludos a mis padres y diles que estamos bien y que mañana nos recojan a la "estación" de "aeroaviones" (aeropuerto Ron- corrigió Harry mentalmente), en serio Harry, es muy importante... es una plática hombre a hombre...
Ron.
-Hombre a hombre? –pensó Harry en una sonrisa, obvio que eran hombres pero el que Ron ya se estuviera tratando el sólo como una persona muy madura era algo nuevo. Harry dobló la carta y la colocó bajo su almohada mientras aún sonriendo, se dirigió al cuarto de baño para tomar una ducha.
El día era soleado, el viento se mecía entre la copa de los árboles y Harry salió llenando sus pulmones de aquel aire puro. Sonrió al ver a Arthur afuera, parecía que estaba hablando con alguien. Se acercó hacia ellos y pudo confirmar que se trataba nada menos que de Xenophilius Lovegood, el padre de Luna.
-Buenos días, Señor Lovegood, cómo esta? –saludo Harry.
-Buenos días, Harry Potter –le respondió, tal parecía que el padre de Luna encontraba "encantador" el decir el nombre completo del chico, "la leyenda".
-Y Luna?
-Ah –sonrió- mi Luna se encuentra en la casa, esta ayudándome a reconstruirla... ya ves lo que ocurrió con el ataque de los mortífagos... por cierto, entonces Arthur, no tendrás ese recoge-larvas de casualidad?
-No Xenophilius –dijo Arthur- lo tiramos después de que Fred lo encantó para que en lugar de recogerlas las reprodujera...
-Pero porqué lo tiraste?? –le preguntó consternado- eso es maravilloso!! Imagínate!! Reproducir las larvas de "babácidas" sería perfecto!! Todo un ingenioso invento! Nunca dejo de maravillarme de las "sabias decisiones" e "incomparables inventos" de tus gemelos, Arthur...
-Sí... sí... muy "ingeniosos" –dijo Arthur en una sonrisa incrédula.
-Bueno, es una terrible pérdida el que lo hayas tirado, Arthur –dijo tristemente el padre de Luna- bueno, entonces me retiro para seguir ayudando a mi querida Luna, nos vemos Arthur... adiós Harry Potter.
-Adiós señor Lovegood –se despidió también Harry mientras volvía su mirada hacia Arthur.
-Así que otra "bromita" de Fred y George?
-Así es Harry... –le sonrió Arthur mientras le recargaba el brazo en los hombros y se encaminaban hacia el cobertizo- y esa "pequeña bromita" nos costó muchas cosas.. imagínate...
-Pero que son las babácidas??
-Ah son unas larvas que cuando se hacen ya gusanitos, pues dejan tras de si un rastro de baba, pero de una baba ácida que corroe todo lo que toca, así que de esa forma nos quedamos sin algunos muebles y más cosas...
-Vaya, sí que a de haber sido todo un "trabajo" el deshacerse de ellas.
-Puedes estar seguro Harry –le respondió Arthur y entre pláticas de la familia Weasley, se pusieron a asear el lugar. Terminaron y al salir de ahí, Arthur se volvió hacia el chico- oye Harry, no te gustaría ir de pesca?
-En serio?
-Claro... tengo unos equipos para pesca, son "muggles", creo que no te serán tan difícil de manejarlos –le sonrió. Difícil de manejarlos? Harry sonrió ante la "simpleza" del señor Weasley.
-Espero que no me sea difícil el manejar un aparato "muggle" –le guiñó el ojo y sonrió. Arthur sin advertir la intención del comentario de Harry le devolvió la sonrisa y dirigiéndose hacia el garaje, sacó dos cañas de pescar junto con unos botecitos donde estaban las carnadas y ambos se dirigieron hacia el río para pescar. Sería un día Padre-Hijo.
Mientras en los Alpes, el frío del lugar no impedía el calor dentro de la habitación de Hermione, ahora había sido Ron quien había ido a hacerle una "temprana visita" a su novia, y ambos se encontraban muy acarameladitos entre los cálidos edredones, besándose y entregándose su amor, Hermione podía sentir el calor y el peso del cuerpo de Ron encima de ella, cada poro de su piel estaba sensible al toque del pelirrojo, hasta podía sentir "cierta parte" del cuerpo de Ron entre sus muslos.
-Esta enorme!! –gritó.
-Claro Harry –dijo Arthur en una sonrisa afirmando la expresión del ojiverde- es lo que sucede cuándo ya eres un experto en estos equipos de pesca muggles, he atrapado cada pez enorme que con solo dos nos alcanza para alimentar a todo el "regimiento" Weasley.
-No sabía que usted acostumbraba a pescar, Arthur.
-No lo estaba Harry, pero cuando todavía era joven, mi padre una vez me regaló uno de estos "jala-peces" y con el tiempo me volví muy hábil en su uso.
-Me sorprende en verdad –sonrió Harry.
Pasaron las horas y Arthur y Harry se encontraban verdaderamente compartiendo un muy feliz momento. Harry nunca había experimentado lo que era el compartir tiempo con un padre, y ahora que se estaba dando eso, sentía que no podía pedir más... en verdad que la vida se estaba encargando de regresarle tantos momentos infelices que le había dado. Sonrió feliz, y cómo ya era algo tarde regresaron a la madriguera, con la cena (los peces) en un bote y listos para cocinarlos. Caminaban hacia la casa, Harry vio desde lo lejos como Molly los esperaba con una sonrisa en los labios mientras la agradable luz que desprendía la madriguera de noche desprendían cierto aire de nostalgia y felicidad para Harry, sonrió mientras se encaminaba hacia la pelirroja. Esa era, en verdad, la familia que nunca tuvo.
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Gracias por sus comentarios, espero que este capítulo les sea de su agrado.
