Esos recuerdos que duelen

El mundo estaba distante. En ese momento los ruidos, los olores, los colores y la gente estaban fuera del mundo de Harry. Era como sentirse flotar en la nada circundante, un caminar en una eterna avenida. Esa mañana se había levantado con tantos planes, con tantas ilusiones que hubiera jurado que el sueño de su vida estaba a punto de cumplirse. Y ahora se hallaba sentado en la banca de un parque, solo y con los sueños destrozados.

Y es que era un estúpido. Un idiota que no recordó a tiempo que la felicidad no estaba hecha para él. Harry Potter no era alguien que mereciera ser feliz, por supuesto que no. Cuando murieron sus padres y tenía edad para comprenderlo, pensó que la vida había decidido que fuera así porque su destino traería brillantes cosas. Cuando murió Cedric, su compañero, por estar en el momento y lugar equivocados, Harry pensó que posiblemente era por el bien del mundo mágico y era una de las vidas que ayudarían a salvar a otras. Cuando murió Sirius, el dolor era más intenso al ser éste el único nexo que le quedaba con su familia, pero supuso que al final del camino las lágrimas iban a terminar de parar algún día.

Después, la guerra con Lord Voldemort vino y más muertes se sumaron a las anteriores. Y cuando todo pasó, cuando por fin la calma reinaba a su alrededor, sus mejores amigos se casaron y se fueron a vivir lejos de ahí. Canadá estaba extremadamente lejos, pero Hermione estaba feliz trabajando con el ministerio de magia de ese país, implementando nuevas leyes contra la esclavitud de los elfos domésticos y ayudando en la elaboración de planes institucionales para la correcta comunicación entre el departamento Muggle y el Mágico. Y Ron, su mejor amigo y confidente, había sido aceptado para ocupar el cargo de profesor en artefactos Muggles en una escuela reconocida. Después de tantos años juntos, cuando la guerra había terminado, Harry sintió que una parte de su corazón se iba con sus amigos al otro lado del océano. Pero de nuevo intentó verle el lado positivo e intentó que las lágrimas de despedida fueran de felicidad por ellos.

Luego llegó el trabajo y a pesar de no tener buenas relaciones con el ministro de magia, las nuevas elecciones trajeron consigo no sólo un nuevo ocupante del puesto sino además una interesante propuesta para Harry al convertirse en el auxiliar de éste, y así poder participar de forma activa en la creación de nuevas leyes con respecto a muchas de las cosas que a Harry le interesaba remediar. Tal es el caso de las leyes que correspondían a las profecías, y el impedir que cayeran de nuevo en las manos de personas no adecuadas, así como el informar a tiempo de las predicciones de estas a las personas que les concernían para que no fueran tomadas por la sorpresa del destino. Como le pasó a él.

Mientras Harry continuaba llorando sentado en la banca de un parque, con la gente pasando a su lado mientras jugaban en el césped, los recuerdos comenzaron a invadirlo. Esas imágenes que tu mente trae a la superficie cuando menos quieres que regresen, cuando más quieres borrarlas de tu memoria. Recuerdos que sólo lastiman y que ya no volverán…

Seis años atrás…

Fue cuando terminaba de hacer el breve internado de un año con el ministro y comenzaba a trabajar de tiempo completo, con a penas 19 años de edad, que Harry volvió a encontrarse con Draco Malfoy. El joven rubio era igual de delgado y con la misma cara afilada de siempre. Blanco como la nieve, aunque su cabello ligeramente más largo que de costumbre; mismo que lucía suelto sobre sus hombros en un destello constante como si fuera de oro.

Era guapísimo, y Harry, quién ya había descubierto sus preferencias desde el séptimo grado, no podía dejar de mirarle cada vez que Malfoy visitaba las oficinas del ministro. Al parecer las posesiones de su padre y los permisos de visita que los familiares debían adquirir cada semana para ver a Lucius en Azcabán eran las principales ocupaciones de su guapo ex – rival.

Un día cuando Harry llevaba demasiados papeles frente de sí, tropezó de repente con alguien y éstos salieron volando por todos los lugares. Fue después de una breve y penosa disculpa que pudo percatarse que su obstáculo humano había sido nada más y nada menos que Draco Malfoy. Al principio Draco lo miró con desdén, pero cuando Harry le pidió perdón, las facciones del chico cambiaron y su rostro se suavizó.

--- "Deberías tener más cuidado, Potter"

--- "Sí, perdón. Es que la pila de documentos era enorme y no alcanzaba a verte." --- dijo Harry mientras se arrodillaba para organizar de nuevo los archivos que se hallaban despilfarrados por el suelo.

En esa ocasión no hubo más interacción pues Draco en lugar de ayudarle se dirigió a la puerta de la oficina del ministro y desapareció tras ella. Pero en las semanas que siguieron los encuentros aumentaron. Algunas veces Harry se encontraba caminando por los pasillos cuando Draco llegaba al edificio y se saludaban de manera momentánea; pero en muchas otras ocasiones Harry se hallaba concentrado en se escritorio y en el múltiple papeleo, cuando sentía que una mirada caía sobre él. Sabía que era la mirada de Malfoy desde la puerta del despacho, pero nunca se atrevía a levantar la vista. Hasta que un día se atrevió.

Y efectivamente Draco estaba ahí parado, como un gato al acecho, con una sonrisa exquisita en los labios, nada parecida a las risas burlonas de la escuela, y los brazos cruzados en el pecho mientras su hombro derecho se recargaba en el marco de la puerta.

--- "¿Necesitas algo, Malfoy?" --- dijo Harry tratando de olvidar la sensación que la mirada constante de su interlocutor le producía.

--- "Draco"

--- "¿Qué?"

--- "Me llamo Draco. Creo que después de toda nuestra historia podemos llamarnos por nuestro nombre, ¿no lo crees?" --- dijo el rubio visitante sin dejar de sonreír ligeramente. Harry no sabía si ponerse nervioso por esa bella sonrisa, por el intentar llamar a Malfoy por su nombre de pila, o por el hecho de que su subconsciente estaba al tanto de que ese guapísimo hombre estaba evidentemente coqueteando con él.

--- "Mmm… sí… claro. ¿Deseabas algo, Draco?

Draco se despegó de la puerta y se dirigió a la silla que estaba colocada frente al escritorio de Harry. Pero no se sentó, sólo se limitó a tomarla por el respaldo mientras no apartaba su mirada de Harry.

--- "Tanto como desear… pues…"

La frase quedó inconclusa. El aire era denso y ambos se observaban como retándose, hasta que la voz de Draco irrumpió de nuevo.

--- "¿Tienes algo que hacer esta noche?"

--- "¿Qué?" --- Harry no podía creer a sus oídos.

--- "Vamos Potter, es tu segundo 'qué' ¿Acaso a todo lo que te diga vas a responderme con un 'qué' en los labios?"--- dijo Draco con una sonrisa maliciosa.

Harry se sonrojó ligeramente pero salió con rapidez de ello.

--- "Harry"

--- "¿Qué?" --- dijo Draco

--- "Que me llames Harry, al menos así lo has propuesto al intentar esta conversación. ¿A todo lo que te diga vas a responderme con un 'qué' en los labios, Draco?"

Draco sonrió más abiertamente. Era bueno estar frente a Potter de nuevo. La vida era mucho más divertida cuando tenía un rival digno para practicar un juego de poder. Que mejor que Harry Potter, su mayor dolor de cabeza durante su época de estudiante, para ponerlo al día en los dimes y diretes de un reto constante. Además, el joven mago y salvador del mundo mágico estaba mejor que nunca. Se veía divino detrás de esas gafas y entre tantos papeles.

--- "Tienes razón… Harry. Pero no has contestado mi pregunta. ¿Tienes algo que hacer esta noche?"

--- "No, sólo terminar estos archivos en casa y…"

--- "¡Por Merlín!... ¿En viernes?... ¿no me digas que te llevas el trabajo a casa?"

Harry desvió la mirada para que Draco no viera lo patética que se había vuelto su vida cuando a penas tenía 19 años de edad.

--- "Bueno, pues esta noche no será así"

--- "¿Estás proponiendo algo, Draco?"

--- "¿Ves?... A pesar de todo, sí eres inteligente." --- dijo Draco mientras se paraba de su asiento y se dirigía a la puerta. --- "Nos vemos en el restaurante 'La Gaviota' a las 7:30 de la noche."

--- "Espera, Draco… pero…" --- dijo Harry tratando de detener al chico que ya se iba. Draco se volteó casi al llegar a la puerta y permaneció expectante. --- "es que… bueno… no somos amigos… de qué podemos hablar"

Una mirada de oscura pasó por los ojos de Draco, terminó de voltearse completamente hacia Harry y se acercó de nuevo a su escritorio extendiendo la mano.

--- Si no fuimos amigos hace años, créeme que no fue por mi culpa, Harry. ¿Ahora sí crees poder aceptar mi mano?

Harry contempló la mano extendida frente a él y observó a Draco. El chico tenía miedo, pero lo sabía ocultar muy bien bajo ese disfraz de seguridad y altivez. Harry por fin levantó la mano, y llevándola a estrechar el ofrecimiento de amistad, dijo:

--- Por supuesto que sí, Draco. Me encantaría.

Y así de sencillo comenzó lo que por un año fue una amistad muy profunda. Draco y Harry compartieron anécdotas que desde chicos querían comentar y cuya rivalidad no les permitía hacerlo. Incluso, a petición de Harry, Draco había hecho las pases con Ron y Hermione. A pesar de que ambos radicaban en otro continente, vivían pendiente de su amigo, y se les hacía muy extraño esa repentina y creciente amistad con Draco Malfoy. Después de todo, no era de todos los días que tu peor enemigo estudiantil se convirtiera en tu inseparable de la noche a la mañana.

Fue hasta después de ese año, que Draco, en el cumpleaños número veinte de Harry, y con unas copas de más, le confesó que siempre había querido ser su amigo pues desde pequeño había escuchado historias sobre el niño que venció a Lord Voldemort y que para él, Harry era su héroe. Por esa razón, cuando el niño inexperto le negó el saludo y su amistad al preferir a Ron Weasley como amigo, Draco se sintió devastado y de alguna manera tenía que encubrir esa desilusión. Obviamente la única forma de lograrlo era intentando hacerle la vida imposible a Harry.

Harry se conmovió tanto por las palabras de borracho que su amigo le profesaba, que desde ese momento procuró compensarlo con detalles. Lo acompañaba siempre que podía a las prácticas de Quidditch, le preparaba cosas especiales cada vez que podía, etc. Hasta que un día, en pleno juego se encontró con Oliver Wood.

--- "Harry, qué alegría verte en un juego de Quidditch. Supe que te retiraste y ya no juegas profesional. Pudiste haber sido grande, ¿lo sabes, verdad?"

--- "No, Oliver. Creo que aunque me encanta el Quidditch, lo mío no es la fama ni el glamour." --- dijo Harry mientras abrazaba con cariño a su antiguo compañero.

--- "Te ves muy bien, has crecido bastante. Te han caído muy bien estos años" --- comentó Oliver mientras acariciaba a Harry por el brazo. Su mano parecía permanecer más tiempo del necesario sobre la chaqueta que vestía Harry, y éste se ruborizó. Oliver siempre había sido muy galante.

Cuando comenzaron a platicar animadamente, Harry dejó de prestar atención al juego. Draco se encontraba a punto de atrapar la Snitch, casi la tenía en la palma de su mano, pero cuando volteó a ver a Harry y notó la cercanía que tenía con Wood, perdió el equilibrio.

La conmoción fue total. El público comenzó a vociferar para que alguien ayudara al pobre mago que caía 30 metros sin obstáculo alguno. Fue entonces cuando el ruido logró que Harry volviera su atención al juego y lo que vio fue espantoso. Rápidamente corrió entre las butacas y se dirigió al centro del campo, donde el arbitro ya había minorizado el descenso de Draco en el aire para asegurar que el jugador cayera con suavidad en el césped.

Cuando Harry arribó al lugar donde el cuerpo médico estaba atendiendo a Draco, se arrodilló para cerciorarse de que su amigo se encontraba bien. Pero Draco, a pesar de que se encontraba en perfectas condiciones y completamente conciente, no quiso contestar ninguna de las preguntas de su amigo.

Después de cuatro días en los que Draco se había negado a verlo, Harry por fin se cansó de la actitud de su amigo y decidió visitarlo. El elfo doméstico que lo recibió frunció el ceño y comenzó a murmurar algo. Los oídos de Harry alcanzaron a percatarse de algunas palabras como 'sangre impura' y 'cómo se atreven'. Pero Harry sonrió al recordar a Kreacher y al cuadro de la Sra. Black que colgaba en su casa. Al parecer todos los elfos que servían a las familias puras estaban algo locos.

El elfo no permitió la entrada a Harry, y después de lo que parecieron horas, Draco apareció en la puerta con una mirad fría e indiferente.

--- "¿Qué quieres, Potter? ¿Estoy ocupado?"

--- "¿Qué quiero? ¿En verdad me lo preguntas, Draco? Quiero saber cómo estás, quiero que me digas por qué me has rehuido estos días. Y lo más importante… ¿Por qué me llamas de nuevo 'Potter'?

--- "En primer lugar estoy bien, en segundo no he huido, siempre he estado aquí. Y en tercera, así te llamas. ¿Algo más?"

Harry lo miró con tristeza, no sabía qué le sucedía a su amigo para que lo tratara así. Pero no estaba dispuesto a seguir con ese comportamiento de niños.

--- "Déjate de estupideces, Malfoy. Sabes a qué me refiero. No contestas mis cartas, la lechuza siempre regresa sin alguna contestación de tu parte. Además no has ido a nuestra cita de esta semana para ver la nueva tienda que abrieron en el centro y…"

--- "¡Ah!... es decir que te interesa todavía ser mi amigo. No parecía así durante el partido" --- la mirada de Draco había cambiado, había dolor y cierta rabia.

Harry se descontroló. Era extraño, ¿qué tenía que ver el partido con su amistad?

--- "Draco…"

--- "No, Potter." --- interrumpió Draco. --- "Dime… ¿fuiste a algún lado después de que me llevaron a San Mungos? ¿Oliver Wood te llevó a alguna parte?

La voz de Draco se parecía cada vez más a un reclamo.

--- "¿Oliver? ¿Qué tiene que ver Oliver con lo que estamos discutiendo?" --- Harry no entendía nada. Era como su le dijeran que las galletas se las había comido un troll porque la tía de Ron no quiso comprar su varita ese día. En otras palabras, nada de lo que Draco decía tenía sentido.

--- De seguro te fuiste con él. ¡Después de todo a mí que me lleve la madre!

Harry retrocedió un paso. Draco se agitaba cada vez más.

--- Draco, no sé que sucede, pero espero que te calmes y me expliques mejor porque…

--- No hay nada que explicar… dime… ¿hace mucho que sales con él?

Definitivamente algo sucedía y la noticia no había llegado a oídos de Harry. No era posible que el mundo se volviera loco y él sin saberlo. Por momentos parecía como si Draco estuviera enojado por su amistad con Oliver, como si Draco estuviera…

Y en ese momento la luz se hizo.

--- Draco, ¿estás celoso?

Por un momento Harry pensó que el rubio no contestaría. Sus ojos parecieron tener miedo pero luego algo parecido a la rabia volvió a inundarlos.

--- ¿Sabes lo que sentí cuando él te tocaba, Harry? ¿Sabes lo que se siente desear algo que sabes que nunca tendrás? ¿Tienes una idea de lo que es verte todos los días y desear besarte y hacerte mío cuando para ti sólo soy un amigo?

Harry no podía creer lo que escuchaba. Era demasiado bueno para ser verdad. Durante varios meses la atracción por Draco había comenzado a ser muy fuerte, tanto que todas las noches necesitaba masturbarse pensando en sus labios, en su boca sobre la suya, en su cuerpo caliente y suave su lado. Pero no se atrevía a decir algo al respecto por miedo a ser rechazado, por miedo a que el joven Slytherin acabara con la amistad una vez que lo supiera.

Con mucho cuidado, Harry se acercó a Draco y le tomó el rostro con las manos, acercando sus labios hasta que sólo estaban separados por el aire.

--- Por supuesto que lo sé, Draco. Por supuesto que lo sé…

Y de la manera más dulce el primer beso sucedió. Un beso que pronto se convirtió en pasión encendida, y que los llevaría a una de las relaciones más significativas en la vida de Harry.

Pero ahora todo eran recuerdos. A sus veinticinco años Harry se sentía con un pasado que le dolía y un futuro incierto. ¿Qué haces cuando el resto de tu vida lo tenías planeado con una persona que jamás te consideró dentro de sus planes? ¿Qué haces con tanto amor guardado en el pecho? ¿Cómo borras cinco años de relación y seis de amistad? ¿Cómo le pides a tu corazón que borre su recuerdo, su olor, su rostro, su sonrisa, sus besos? ¿A quién le pasas la factura de tus ilusiones?

Harry seguía contemplando a la gente del parque. Sus opciones no eran muchas. No quería regresar a casa para encontrarse de nuevo con Draco y comprobar lo poco que significaba para él. Tampoco quería quedarse donde pronto leería en los diarios que la boda del año se realizaría en la mansión de los Malfoy.

Harry cerró los ojos. Dolía demasiado. Más que las muertes que de joven le habían tocado vivir, más que los años de maltrato de los Dursley, más que saberse solo en el mundo por el resto de sus días. Harry lo había amado, le había entregado el alma entera a Draco sin pensarlo dos veces. Y si se lo hubiera pedido también le hubiera cedido sus bienes y dinero. A Harry nunca le había importado la posición económica. El trabajo no lo asustaba, y a lo largo de su corta vida había aprendido que no bastaba el dinero para ser feliz. Si así fuera pagaría lo que fuera para que sus padres volvieran a la vida, y sin lugar a dudas, daría todo lo necesario para que Draco lo amara con la misma lealtad e intensidad con la que lo amaba él.

Pero eso no era posible y Harry debía tomar una decisión. Llevaba muchas horas ahí sentado. Cuando salió de la casa eran poco más de las ocho de la noche. Después de deambular por tres horas en la calle, logró dar con un bar sombrío y poco frecuentado que le ofreció la tranquilidad que necesitaba, donde pasó el resto de la noche en compañía de una botella de vino y sus pensamientos.

Fue hasta las seis o siete de la mañana, cuando el cantinero lo invitó a salir, luego de despertarlo por segunda vez mientras bebía en la barra. No había bebido demasiado, pero después de varias horas de llorar en exceso, la mezcla del alcohol sirvió como sedante y logró que Harry conciliara el sueño aunque sea por un par de horas. Al cantinero le dio lástima despertarlo por verlo en ese estado, y porque después de leer los diarios esa mañana, comprendía lo difícil que para Harry Potter debía ser ese día. Así que lo dejó dormir un poco gracias a la poca clientela que tenía esa noche. Salvo Harry, sólo dos sujetos más llenaban el lugar, mismos que jugaron animadamente a las cartas toda la noche, y no prestaron atención a los lloriqueos de ese pobre individuo sentado en la barra.

Y era así, como pasadas de las nueve de la mañana, todavía con el cielo un poco nublado y el frío matutino de Londres, Harry se hallaba sentado en ese parque. Lleno de los recuerdos que quería olvidar pero como ladrones regresaban para robarle su tranquilidad.

Cansado y desilusionado dejó los pensamientos a un lado y recordó a sus amigos. Sí, pasar algún tiempo con sus amigos lo libraría de permanecer en el país cuando se llevara a cabo la boda con la mujer que Draco seguramente se casaría. Necesitaba aire fresco y unos brazos que lo abrazaran, y quién mejor que sus amigos. El permiso para las vacaciones que había solicitado como luna de miel en caso de que Draco aceptara el anillo seguía en pie, y lo mejor sería aprovechar la oportunidad pues se trataba de varias semanas que el ministro le debía.

Sí, definitivamente Canadá sería una buena opción por algún tiempo.

Continuará…

Ok, chicos, qué opinan hasta ahora? Espero les esté gustando. Nos vemos para la próxima entrega.